Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 6: Legalizar lo que es mío.
La casa estaba en silencio cuando Andrés se marchó. La puerta se cerró con un golpe seco y el sonido quedó en la sala durante unos segundos. Laura permanecía de pie cerca del sofá, todavía mirando hacia la entrada como si esperara que Andrés regresara para continuar la discusión.
Verónica volvió a sentarse con calma. Tomó su teléfono, revisó algunos mensajes que seguían llegando sin detenerse demasiado en ninguno, luego lo dejó sobre la mesa.
Laura finalmente rompió el silencio.
—No puedo creer que él tenga una amante—dijo con incredulidad.
Verónica levantó la mirada hacia su amiga.
—¿De verdad me crees?
Laura cruzó los brazos.
—Por supuesto. Andrés se notó nervioso. Y eres mi amiga. Bien. Cuéntame de ella.
Verónica apoyó la espalda en el sofá.
—A Clara nadie la conoce. Por eso Andrés la pudo ocultar. Lo descubrí por unos mensajes.—mintio solo en eso—. Ella no es tan inocente.
Laura frunció el ceño.
—Pero apenas la conoces.
Verónica sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Ella sabía que Andrés estaba comprometido conmigo. Así que se con que calamidad me libre.
Laura suspiró.
—Hay algo que no me estás contando.
Verónica no respondió de inmediato. Sus pensamientos se movían en otra dirección, hacia recuerdos que aún estaban demasiado presentes.
Recordó la oficina que había compartido con Andrés después de la boda; una sala amplia en el último piso del edificio que ambos habían presentado como el inicio de su proyecto empresarial conjunto. En aquel momento ella creyó que estaban construyendo algo juntos, creyó que él quería aprender de su experiencia y participar activamente en el crecimiento de la empresa.
Pero los años demostraron otra cosa.
Recordó las noches en que ella se quedaba revisando informes financieros mientras Andrés se marchaba temprano diciendo que tenía reuniones sociales importantes. Recordó la forma en que él siempre insistía en que firmara ciertos documentos con rapidez, asegurando que eran trámites simples que permitirían agilizar inversiones o cerrar acuerdos con nuevos socios.
En aquel entonces no había visto peligro en esas solicitudes.
Ahora recordaba cada uno de esos papeles.
Laura se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Verónica, te conozco desde hace años. Cuando te quedas callada de esa forma es porque estás pensando demasiado.
Verónica salió de sus recuerdos y la miró.
—Estoy pensando en decisiones que no volveré a cometer.
—¿Qué decisiones?
—Las que me llevaron a confiar demasiado en Andrés.
Laura se sentó frente a ella.
—Entiendo que estés enfadada con él, pero eso no explica todo lo que está pasando.
—Algún día te explicaré todo. Laura. Solo dame tiempo..
Verónica abrió su correo electrónico y comenzó a revisar varios mensajes.
Laura observó la pantalla con curiosidad.
—¿Qué estás haciendo?
—Revisando documentos.
—¿Qué documentos?
—Los acuerdos financieros que Andrés quería que firmara después de la boda.
Laura se inclinó un poco más para mirar.
—¿Te los envió antes?
—Sí.
Laura tomó uno de los papeles que estaba sobre la mesa.
—Esto parece un contrato de inversión.
Verónica asintió.
—Eso dice.
—¿Y cuál es el problema?
Verónica señaló una sección específica del documento.
—Lee esa cláusula.
Laura comenzó a leer en silencio. Después de unos segundos levantó la mirada.
—Dice que ambos tendrán participación en la nueva división de la empresa.
—Sigue leyendo.
Laura bajó la mirada otra vez.
—También menciona que Andrés tendrá autoridad para representar la empresa en ciertos acuerdos financieros.
—Exactamente.
Laura frunció el ceño.
—Eso no suena tan grave.
Verónica la observó con paciencia.
—Ese es solo el primer documento.
Tomó otro papel y lo colocó sobre la mesa.
—Lee este.
Laura lo hizo con atención.
—Aquí dice que se creará una nueva sociedad para manejar algunas inversiones externas.
—Sigue.
—La administración quedará a cargo de Andrés.
Laura levantó la mirada lentamente.
—Espera un momento.
Verónica asintió.
—Ahora entiendes.
Laura dejó el papel sobre la mesa.
—Esto significa que si firmabas todo esto, él habría tenido control sobre muchas decisiones importantes.
—Exacto.
Laura se reclinó en el sofá con expresión seria.
—¿Y pensabas firmarlo antes de cancelar la boda?
Verónica recordó la conversación que había tenido con Andrés semanas antes.
Él había entrado en su oficina con varios documentos en la mano y una sonrisa confiada.
“Son solo formalidades”, había dicho.
En ese momento ella había confiado.
Ahora sabía lo que habría ocurrido después.
Verónica volvió a mirar a Laura.
—Sí.
Laura soltó un suspiro largo.
—Entonces tu decisión de cancelar la boda no fue solo emocional.
—No. Nunca lo fue. Solo que Andrés lo maquillo así
Laura guardó silencio durante unos segundos.
—Esto cambia las cosas.
Laura tomó nuevamente uno de los contratos.
—Si hubieras firmado todo esto y luego se hubieran divorciado, Andrés habría tenido acceso legal a gran parte de la empresa.
—Eso era lo que planeaba.
Laura levantó la mirada con sorpresa.
—¿Estás segura de eso?
Verónica sostuvo su mirada.
—Completamente.
Laura se quedó pensando.
—Entonces todo esto estaba preparado desde antes de la boda.
—Sí.
—Eso es bastante loco.
Verónica respondió con calma.
—Andrés siempre ha sido muy cuidadoso cuando se trata de dinero. Yo era su monedero de la suerte.
Laura dejó los papeles sobre la mesa.
—¿Y ahora qué vas a hacer?
Verónica se levantó del sofá.
—Lo primero es asegurar que ninguno de estos documentos tenga validez.
—¿Cómo?
—No firmándolos.
Verónica miró las cláusulas una vez más.
—Ya no puede usarme para controlar la empresa.
Laura apoyó el codo en el respaldo del sofá.
—Andrés no parece el tipo de persona que acepta perder fácilmente.
—No lo es.
—Entonces esto podría ponerse complicado.
Verónica dobló los documentos con cuidado.
—Estoy preparada.
Laura la observó con atención.
—Hay algo diferente en ti desde que cancelaste la boda.
Verónica levantó la mirada.
—¿Diferente?
—Sí.
—¿En qué sentido?
Laura pensó unos segundos antes de responder.
—Antes confiabas demasiado en la gente.
—¿Y ahora?
Laura sonrió ligeramente.
—Ahora parece que sabes exactamente lo que cada persona va a hacer.
Verónica no respondió de inmediato.
En su mente aparecieron nuevamente escenas de su vida anterior; la discusión en la sala, el hospital, el divorcio, los papeles que Andrés firmó con rapidez para quedarse con la empresa.
Todo estaba claro ahora.
Volvió a mirar a Laura.
—Abrir mi tercer ojo. Por eso veo el futuro.
Laura se rió.
—Entonces Andrés acaba de perder algo mucho más grande que una boda.
Verónica colocó los documentos dentro de una carpeta.
—Eso apenas empieza.
El teléfono volvió a vibrar una vez más.
Esta vez Laura ni siquiera miró la pantalla.
—Déjame adivinar —dijo con una pequeña sonrisa—. Andrés otra vez.
Verónica tomó la carpeta y se levantó.
—Probablemente.
—¿Y no piensas responderle nunca más?
Verónica caminó hacia el escritorio.
—Solo cuando sea necesario.
Laura cruzó los brazos.
—Tengo la sensación de que esto va a volverse mucho más interesante.
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