Diego Román siempre fue un hombre demasiado consciente de su belleza. Coqueto, encantador y famoso entre las mujeres, disfrutaba de la atención como si hubiera nacido para recibirla. Nunca tuvo novia fija porque prefería divertirse, hablar bonito y robar sonrisas donde fuera.
Pero toda su vida termina absurdamente cuando el teleférico en el que viajaba se desploma hacia el vacío.
Y la muerte… no fue el final.
Cuando despierta otra vez, ya no está en su mundo ni en su cuerpo.
Ahora es Liana Duar, la hija de una familia noble humana destinada a convertirse en la esposa del temido Rey de los Insectos, una criatura mitológica que gobierna un reino oculto lleno de seres venenosos, mariposas gigantes y monstruos alados.
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Capitulo 7 — El atrevimiento de un rey.
Liana seguía atrapada entre la pared y Aster.
Y eso era un problema enorme.
Porque mientras más cerca estaba del rey, más difícil se volvía pensar correctamente. El aroma suave sobre él, la manera tranquila en que la miraba y esas alas oscuras moviéndose apenas detrás de su espalda hacían que toda la situación se sintiera demasiado intensa.
Aster seguía observándola con calma.
—¿Ya dejó de intentar provocarme?
Liana tragó saliva intentando mantener dignidad.
—Jamás pensé que usted respondería así.
—¿Así cómo?
—Como alguien peligrosamente consciente de que es atractivo.
La pequeña sonrisa del rey regresó inmediatamente.
—¿Y eso la pone nerviosa?
—Eso me pone molesta.
—Mentira.
Liana abrió la boca indignada.
Pero antes de responder, Aster inclinó el rostro hacia ella.
Demasiado rápido.
Y antes de que pudiera procesarlo, la besó.
El cerebro de Liana dejó de funcionar unos segundos.
Sus manos reaccionaron primero empujándolo apenas por sorpresa, aunque sinceramente Aster ni siquiera se movió. El beso fue lento y firme al mismo tiempo, como si el rey estuviera completamente seguro de que ella no iba a apartarse realmente.
Y eso era todavía más irritante.
Cuando finalmente logró separarse un poco, Liana quedó respirando rápido mientras lo miraba completamente roja.
—¡¿Qué fue eso?!
Aster parecía demasiado tranquilo para alguien que acababa de besarla contra una pared.
—Un beso.
—¡Ya sé que fue un beso!
—Entonces no entiendo la pregunta.
Liana lo miró indignada.
Ese hombre iba a acabar con su paciencia.
Intentó apartarse completamente, pero Aster volvió a tomarla de la cintura acercándola otra vez hacia él.
—¿A dónde va?
—¡A recuperar estabilidad emocional!
El rey soltó una risa baja.
Liana odiaba que esa risa le gustara tanto.
Aster la observó unos segundos más y luego hizo algo todavía peor.
Se mordió ligeramente el labio inferior.
Hasta hacerlo sangrar.
Liana abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué está hacie…?
No terminó la frase.
Porque Aster volvió a besarla.
Y esta vez sintió claramente el sabor metálico de la sangre.
Liana se tensó inmediatamente intentando apartarse otra vez, pero el rey sostuvo suavemente su rostro mientras el beso duraba apenas unos segundos más.
Cuando finalmente se separó, Liana lo miró horrorizada.
—¡¿Está loco?!
Aster limpió tranquilamente el pequeño hilo de sangre de su labio.
—No.
—¡Me besó con sangre!
—Sí.
—¡¿Por qué haría eso?!
El rey respondió con total tranquilidad:
—Para darle mi veneno.
Completo silencio.
Liana parpadeó lentamente.
—…¿Qué?
—Ahora es inmune a la mayoría de venenos del reino insecto.
Ella sintió el corazón detenerse.
—¡¿QUÉ?!
Retrocedió inmediatamente tocándose los labios.
—¡Estoy envenenada!
Aster la observó divertido.
—Lo estaría si no la hubiera besado con mi sangre.
—¡Eso no ayuda!
—Mi sangre neutraliza el veneno.
Liana seguía en crisis.
—¡¿Y no podía explicarlo antes de lanzarse como un psicópata romántico?!
El rey cruzó los brazos tranquilamente.
—Lo pensé.
—¿Y?
—Preferí besarla.
Silencio otra vez.
Liana lo miró completamente roja.
—Usted disfruta molestarme.
—Muchísimo.
Ella cubrió su rostro con ambas manos soltando un sonido frustrado.
—Voy a morir aquí.
Aster volvió a acercarse lentamente.
—No, justamente evité eso.
Liana bajó apenas las manos mirándolo.
—¿Todos los reyes insecto hacen eso?
—Sí.
—¿Y todos besan así de repente?
El rey pareció pensar unos segundos.
—No lo sé. Nunca observé a otros hacerlo.
—Qué alivio, ahora la conversación es todavía más rara.
Aster volvió a reír.
Y sinceramente, Liana ya empezaba a odiar lo mucho que le gustaba verlo sonreír.
Los días siguientes fueron todavía más extraños.
Porque lentamente comenzó a acostumbrarse al Reino Noctis.
Bueno… un poco.
Seguía sorprendiendo verla cantidad de insectos humanoides caminando por el palacio y todavía se sobresaltaba cuando alguien desplegaba alas enormes detrás suyo sin aviso.
Pero también empezó a notar otras cosas.
Como que Aster la consentía demasiado.
Ridículamente demasiado.
Todo comenzó una mañana durante el desayuno.
Liana estaba probando unas frutas oscuras mientras miraba por la ventana.
—Extraño las fresas humanas —murmuró distraídamente—. Las de aquí son buenas, pero no saben igual.
Aster apenas levantó la mirada desde unos documentos.
—Entiendo.
Y eso fue todo.
O eso creyó ella.
Porque al día siguiente aparecieron comerciantes humanos en el palacio trayendo enormes cajas llenas de fresas frescas desde territorios lejanos.
Liana quedó mirando las cajas completamente confundida.
—¿Qué es esto?
Una sirvienta sonrió.
—Su Majestad ordenó traerlas para usted.
Liana giró lentamente hacia Aster.
El rey seguía tomando té como si nada.
—…¿Usted mandó traer fruta cruzando medio continente?
—Dijo que las extrañaba.
—¡Era un comentario casual!
—Ahora ya no las extraña.
Qué hombre tan absurdo.
Y empeoró todavía más.
Esa noche estaban caminando por uno de los jardines nocturnos del palacio cuando Liana se estremeció apenas por el frío.
—Aquí baja demasiado la temperatura.
Aster la miró unos segundos.
—¿Tiene frío?
—Un poco.
Dos días después llegaron costureros reales mostrando mantos especialmente diseñados para ella.
Negros por fuera, suaves por dentro y bordados con detalles plateados similares a alas.
Liana sostuvo uno completamente en shock.
—No puede seguir solucionando todo así.
Aster parecía confundido.
—¿Por qué?
—¡Porque no es normal!
—¿No es normal cuidar de mi prometida?
Esa respuesta dejó callada a Liana varios segundos.
Maldito hombre.
Las sirvientas del palacio ya empezaban a verla con expresiones extrañas.
Especialmente porque Aster jamás había tratado así a nadie.
Los rumores crecían rápidamente entre los nobles insecto.
Liana lo notó durante una cena formal.
Cada vez que Aster le servía comida personalmente o acomodaba algo para ella, varios nobles intercambiaban miradas sorprendidas.
Uno de los hombres insecto incluso dejó caer una copa.
Después de la cena, Liana caminaba junto a una de las sirvientas mientras sostenía uno de los nuevos mantos.
—¿Su Majestad siempre fue así?
La mujer con antenas pequeñas soltó una risa suave.
—No.
—¿Entonces?
—Nunca había mostrado interés tan evidente por alguien.
Liana intentó ignorar el pequeño calor que subió a su rostro.
—Tal vez solo se siente responsable porque soy humana.
La sirvienta sonrió apenas.
—Lady Liana, Su Majestad jamás haría algo que no desea hacer.
Eso la dejó pensando demasiado tiempo.
Porque sinceramente ya no sabía qué hacer con Aster.
Cada vez que intentaba provocarlo terminaba perdiendo.
Cada vez que intentaba actuar confiada, él encontraba alguna manera de ponerla nerviosa otra vez.
Y encima seguía siendo absurdamente atento.
Una tarde finalmente descubrió otra cosa importante.
Las alas de Aster reaccionaban según sus emociones.
Lo notó durante una reunión política.
Un noble estaba discutiendo sobre problemas fronterizos mientras Aster permanecía sentado escuchando tranquilamente.
Pero entonces el hombre mencionó algo sobre “humanos inútiles”.
Y las motas moradas de las alas negras del rey comenzaron a brillar intensamente.
Liana lo vio inmediatamente.
El ambiente entero cambió.
Incluso los otros nobles se tensaron.
Aster levantó lentamente la mirada hacia el hombre.
—Repita eso.
La voz salió tranquila.
Demasiado tranquila.
El noble palideció al instante.
—Su… Su Majestad, yo…
—Escuché perfectamente. Solo quiero saber si tiene suficiente valentía para repetirlo mirándome directamente.
Las alas detrás del rey brillaban cada vez más.
Liana sintió escalofríos.
Porque hasta ahora había visto a Aster relajado, divertido o tranquilo.
Pero molesto…
Eso era completamente distinto.
El noble bajó la cabeza rápidamente.
—Me disculpo.
Aster lo observó unos segundos más antes de responder:
—Retírese.
El hombre prácticamente salió huyendo.
Y solo entonces las alas volvieron lentamente a la normalidad.
Liana seguía mirándolo.
Aster giró apenas hacia ella.
—¿Qué ocurre?
—Sus alas brillan cuando está enojado.
El rey pareció sorprendido.
—¿Lo notó?
—Era difícil no notarlo. Casi parecían amenazar a todos.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Aster.
—Tal vez lo hacían.
Esa noche, mientras caminaba por uno de los corredores del palacio, Liana escuchó voces cerca de una puerta entreabierta.
—No entiendo por qué Su Majestad insiste tanto con una humana.
—Los otros clanes ya empezaron a molestarse.
—Escuché que algunos nobles consideran humillante que la futura reina no sea insecto.
Liana se quedó quieta.
Las voces continuaron.
—Si otros clanes empiezan a presionar, esto podría convertirse en un problema político.
—Y todavía no conocen realmente a lady Liana.
—Eso no importa. Para ellos seguirá siendo humana.
Liana bajó lentamente la mirada.
Y entendió algo importante.
El verdadero problema apenas estaba comenzando.
Mejor quedate calladita