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A Tu Merced

A Tu Merced

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor a primera vista / Casada con el millonario / Matrimonio contratado / Completas
Popularitas:15.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fer.

Lía Aristizábal, una fotógrafa colombiana que llegó a España con el sueño de construir una nueva vida, decide convertirse en madre soltera mediante inseminación artificial después de alcanzar la estabilidad que tanto buscó. Sin embargo, todo cambia cuando descubre que los bebés que espera pertenecen al hombre más egocéntrico e insoportable que ha conocido.

Harold Veneti, dueño del imperio constructor más grande del mundo, siempre soñó con ser padre, pero jamás encontró a la mujer indicada. Lo que nunca imaginó fue que, por un error de la clínica de fertilidad, su esperma terminaría siendo utilizado para inseminar a una latina decidida a criar sola a sus hijos.

Obligados por el destino a compartir mucho más que unos bebés, Lía y Harold deberán aprender a convivir entre discusiones, diferencias y una atracción imposible de ignorar.
¿Podrá el amor surgir entre dos personas tan distintas… o sus personalidades chocarán demasiado como para estar juntos?

NovelToon tiene autorización de Fer. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte 16 (+18)

Harold

Cuando me extendió el celular, supe que tenía dos opciones: podía rechazarlo, dejar que el miedo me venciera, y eso sería como admitir que todas las palabras que había dicho antes eran vacías, sin compromiso real. O podía aceptarlo, tomar el teléfono y hablar con la sinceridad y determinación que Lía merecía, esa que demostrara que mis promesas no eran solo palabras al viento.

Elegí la segunda.

—Señora Aristizábal —dije, intentando que mi tono firme pero respetuoso bajara la tensión, porque desde el otro lado ya sentía cómo empezaba a discutir—. No quiero nada malo para su hija. Voy a protegerla y amarla con todo lo que soy.

Sentí la mirada de Lía sobre mí. Ella sonreía, jugueteando con mis dedos que estaban firmemente apoyados en su cintura, mientras seguía sentada en mi regazo. No podía evitar pensar que esa era la manera en la que siempre querría verla, así, tan cerca, tan tranquila. Parecía un sueño hecho realidad, y, por un instante, todo se sintió en calma, hasta que la voz de su madre volvió a tensar el aire.

—Usted no conoce nada de ella, y si no me habló de usted antes, es por algo —replicó la señora Aristizábal, con esa mezcla de escepticismo y desconfianza que solo puede tener una madre protectora.

Respiré profundo, recordando que no había vuelto para dar marcha atrás.

—Nos conocimos hace poco, es cierto. Pero, señora, su hija ya es grande y puede conocer a quien quiera sin pedir permiso. Confíe en ella. Lo está haciendo muy bien, y no necesita ser tratada como una niña.

—Es una niña, señor —insistió, con una exasperación que solo podía salir de alguien que cree saber lo mejor para su hija—. Ella no sabe aún lo que es la vida. Mi esposo y yo hemos sido muy permisivos, tal vez demasiado.

—¿Está segura? —respondí, tratando de darle una pausa, de que realmente escuchara mis palabras—. Porque cada vez que la veo, no veo a una niña. Veo a una mujer que ha sido criada con amor, dedicación y esmero.

Hubo un momento de silencio, uno en el que pensé que tal vez la había hecho reflexionar, pero su voz reapareció con aún más fuerza.

—No, ¿sabe qué? Mejor envío al hermano de ella para que vea cómo están las cosas —sentenció—. No puedo esperar hasta el día en que él se case. Así estaré tranquila.

En ese momento, no pude evitarlo, las palabras salieron solas, impulsadas por el cansancio de tantos prejuicios.

—¿Le diría lo mismo si ella fuera hombre? —pregunté, notando cómo el tono de su voz cambiaba al otro lado de la línea. Sabía que mi pregunta la había descolocado.

—No entiendo su punto, señor —respondió, pero su voz había perdido algo de su dureza. Algo le había hecho eco.

—Claro que lo entiende —dije, con suavidad pero con firmeza—. Su hija es la mujer más fuerte que he conocido, y quiero que sepa que la respeto y la valoro. Pero además, señora, ya no hay muchas opciones. Ella es mi esposa, y pronto será la madre de mi hijo.

Sin pensarlo dos veces, colgué el teléfono, dejando la conversación en el aire. Miré a Lía, quien me observaba con una mezcla de sorpresa y alivio en sus ojos.

—¿Qué fue eso? —preguntó, con un tono incrédulo y una leve risa que intentaba ocultar.

—He lidiado con personas que adoran discutir, pero sí, me queda claro que las latinas tienen un carácter fuerte —respondí con una sonrisa, bromeando para quitarle un poco de hierro al asunto.

—¿Tu mamá es igual de intensa que la mía? —me preguntó, y me tomó un segundo pensar en mi madre y en mi abuela.

Negué con la cabeza.

—Ellas son más tranquilas —respondí, esbozando una pequeña sonrisa—. Mi abuela, sobre todo, es observadora, se guarda todo hasta que siente que debe decir algo. Es su estilo.

Lía asintió, pensativa, mientras jugaba con mis dedos. De pronto, el teléfono vibró en su mano, y al ver el nombre "Mamá" en la pantalla, lo silenció con un suspiro antes de ver la hora.

—Necesitamos dormir un poco si vamos a despertarnos temprano —murmuró, con una sonrisa cansada.

—Sí, y además yo tengo que manejar —dije, viendo su expresión sorprendida cuando se dio cuenta de lo que significaba.

—¿Otra vez? —exclamó, con preocupación en sus ojos—. Si me hubieras dicho, habría hecho algo para que no te diera sueño en el viaje.

La observé, sintiendo cómo el cansancio se esfumaba un poco con solo mirarla.

—No te preocupes, no soy de los que duermen mucho de todos modos —respondí, acariciando su mejilla y sonriendo. Porque, aunque el cansancio estuviera ahí, el solo hecho de tenerla cerca hacía que todo valiera la pena.

Esa noche ambos nos acomodamos en una cama que, a pesar de ser demasiado grande para nosotros dos, hasta hace muy poco había sido ocupada solo por una persona. Era curioso pensar en cómo habíamos llegado hasta aquí, a este punto donde compartirla se sentía tan natural, tan necesario, como si nuestros cuerpos y almas hubieran esperado este momento desde siempre. No tenía ni idea de cuándo fue que cruzamos esa línea y terminamos durmiendo juntos, pero sabía que a ambos nos gustaba la presencia del otro. Habían sido tan pocos días, y, sin embargo, aquí estábamos, como si nada más tuviera sentido.

En la mañana, el silencio de la habitación y la ausencia de su calor junto a mí me sacaron lentamente del sueño. Extendí una mano al lado vacío de la cama y, al no sentirla, me levanté, aún algo desorientado, y empecé a buscarla. Al llegar a la cocina, la encontré de pie, en pijama, con el cabello un poco desordenado, sosteniendo su celular en una mano mientras comía despreocupadamente un cereal en la otra. Observé la escena en silencio por un momento, sintiendo una ternura que me llenaba por completo.

—Buenos días —dijo ella sin apartar la vista del celular, con esa voz suave que aún llevaba un rastro de sueño.

—Pensé que íbamos a desayunar mientras íbamos a la cabaña —le respondí, acercándome y mirándola con una sonrisa.

Lía levantó la vista y me devolvió la sonrisa, con esos ojos que siempre parecían brillar. Hizo una pausa y asintió.

—También te acepto esa comida —respondió con una pequeña risa—, tengo mucha hambre.

Sin pensarlo, me incliné para besarle la frente, sintiendo que no podría pasar un solo día sin esos pequeños gestos.

—¿Nos bañamos juntos? —propuse, quizá un poco en broma, sin estar seguro de cómo respondería. Vi que la cuchara que iba camino a su boca se detenía en el aire. Mis labios estaban listos para decirle que era solo una broma, que no se sintiera incómoda... pero, entonces, ella me miró.

Con esa chispa traviesa en los ojos y una sonrisa juguetona que hacía latir mi corazón a toda velocidad, me sorprendió con una respuesta inesperada.

—Sí, vamos —respondió, dejando su cereal de lado.

Me quedé un momento procesando su respuesta, mientras ella sonreía con esa mezcla de picardía y dulzura. Con una risa, entre emocionado e incrédulo, extendí mi mano hacia ella, y caminamos juntos hacia el baño.

Mientras ella desviste, puedo imaginar como será cuando se le note bien el vientre de embarazada. Ella no era delgada, pero tampoco es que la quisiera así, me gustaba tal cual era. Veo sus pech*os, que definitivamente eran una naranja. Puedo ver como sus mejillas están rojas, aunque no sabía si era por el agua que estaba saliendo caliente o por la situación.

—Creo que es la primera vez que te veo así —Una vez la vi por accidente cuando se cambiaba, pero nunca porque se desnudar*a para mí.

—Sí, ¿no crees que es raro? Después de todo ya estoy embarazada —Acaricia su vientre con una sonrisa llena de amor, parece que mi mayor rival sería nuestro bebé.

—No, no juzgó el destino, me adapto —Me acerco para darle un beso suave, escucho su risa.

—Creo que alguien se quiere unir a la fiesta —Mira hacia abajo y yo me muerdo el labio, porque lo estaba mirando muy fijamente —¿Puedo ayudarlo? Parece que duele —Siento un temblor en mi interior al escucharla, mi parte más primitiva decía que decía ponerla contra la pared y hacerla mía.

—Siempre me pones así —Confieso mientras me relamo los labios, ella se me queda mirando fijamente, no duda en segundo en poner su boca al nivel de mi amigo. —Ten cuidado —Acaricio su cabello, estaba ya un poco mojado, pero eso no la detuvo cuando lo empezó a acariciar, suave al principio. —¿Hace cuánto no haces esto?

—Tres años, más o menos —Responde en automático, para seguir tocando con gran habilidad mi amig*o, quería coger su cabello y meterlo —Sabes… Me gustan los hombres dominantes —Cierro los ojos para controlar mis impulsos, pero cuando lleva su mano a una de mis bol*as, no dudo ni un segundo en agarrar su cabello en una cola y ponerla frente a mi poll*a.

—Mi niña, serás mi jodida perdición —Le meto suave mi miembr*o a su linda boquita, hubiera retrocido si no hubiera sido porque se demostraba de una que estaba feliz con que hubiera hecho esto. —Eres una pervertid*a, ¿sabes? —Alejo un poco su rostro, ella me sonrie.

—Pero tuya, ¿no? —Vuelvo a meterl*o a su boca, me quedo así, manejando todo el ritmo, ella se veía tan feliz que lo hace. Ya tenía un plan en la cabeza, la haría por primera vez mía en la cabaña, que era un lugar más bonito que un baño.

Así con ese movimiento y ella ayudándose con las manos, me veng*o en su linda boquit*a.

—Serás mi maldita condena, mi amor —Suelto en italiano mientras le ayudo a levantarse y le robo un beso, para empezar a lavar su cabello.

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ana luisa
Me encantó este capítulo en una familia Feliz me encantó ese capítulo porque ya tiene sus dos hijos bueno y son felices
ana luisa
Así se hace nada más a tu padre no a tu hermano que nunca te ayudo
ana luisa
Espero que por favor no me muevan con Mariela ella debe estar de segunda
ana luisa
Me encantó el Epílogo gracias por esta gran novelas
ana luisa
Me encantó el capítulo está buenisimo quien es esa mujer
ana luisa
Me encantó el capítulo de hoy está buenísima quien es esa mujer que cuchillo a Harold
ana luisa
Me me encantó el capítulo está bueno pero falta más acción no sé otra mujer para Harold alguien que venga para poner más acción esta novela pero me encanta
ana luisa
Harold es un hombre precavido pero no tenga miedo es normal que ya tenga qué quiera hacer amor todavía pueden hacerlo hay Harold
ana luisa
porque de segunda no puede ser
ana luisa
Me encantó el capítulo está muy bueno la familia de Harold la quieren mucho no como su familia
ana luisa
No me quiten de mi primer lugar si tengo 2 horas y no Mariela
ana luisa
Me encantó el capítulo está bueno qué Lia y Harold no pierda a los bebé por ese accidente por favor
ana luisa
Porque de segunda debería ser de primera y no Mariela no puede ser
ana luisa
Me encantó el capítulo está bueno será que el día no hija de la vieja porque siempre la a ha tratado mal a ella qué fue que lo descubras Harold la verdad
mariela
Complacida Lía te dieron como pandereta de aleluya en la iglesia dos buenos deliciosos para que no hagas berrinche.
mariela
Harold quien te dijo que no podías complacer y hacerle un buen delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 a Lía por eso esta de mal humor porque le falta sexo es lo mejor para una embarazada para luego es tarde.
mariela
Que bueno que se sacudió a su familia para tener y terminar su embarazo en paz la rabia los debe tener mordiéndose los codos no poder sacarle dinero cada vez que les diera la gana.
Aquí vamos a Italia toda la familia Venti para que los gemelos nazcan allá.
mariela
Es tanta la presión entre el trabajo y su problema familiar Lía que esta afectando su embarazo ya vino el primer sangrado lo bueno es que Martin se dio cuenta rápido por ser medico ahora a guardar reposo que se deje apapachar por Harold y toda su familia que mas quisiera ella que su madre tuviera un mínimo cariño por ella como lo hace la madre Harold.
Que descarado y egoísta del hermano querer que ella cargue sola con la responsabilidad de darle dinero a sus padres porque el esta en proceso de divorcio con apenas tres meses de casado que comodidad delegar esa responsabilidad a Lía no mereces ser su hermano.
mariela
Porque Lía tiene que solucionar los problemas que tienen sus familiares madre nunca la trato con cariño, su padre fue indiferente al trato que le daban y el hermano tampoco la trato bien fue indiferente pero ahora que esta mal financieramente si es su hija por estar casada con un millonario hay un dicho que dice que el amor y el interés se fueron al campo un día y mas pudo el interés que el amor que le tenia así que Lía que se las arreglen como pueda tu no eres cajero y mucho menos banco.
Porque tanta discriminación a una persona que venga de otro país a trabajar y surgir decirle animales tremendo susto para Harold hay Lía deja que te protejan.
ana luisa
Me encantó el capítulo está bueno ese Harold ama mucho a Lia
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