Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.
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Capítulo 14: Promesas Bajo la Lluvia
En la mansión de los Cullen, a las diez de la noche, el ambiente se sentía extraño. Afuera, la lluvia seguía golpeando las ventanas, aunque ya no con la misma fuerza de antes. El bosque de Forks estaba cubierto por una neblina espesa, y el viento hacía crujir las ramas de los árboles alrededor de la casa. Dentro, todo parecía demasiado silencioso después de la pelea.
Bella estaba de pie junto a la puerta principal, abrazándose a sí misma sin darse cuenta. Tenía el corazón acelerado desde que Alice se había marchado al bosque. No podía quedarse quieta. Cada pequeño sonido la hacía levantar la mirada esperando verla regresar.
Charlie también estaba allí. Había llegado hacía media hora después de la llamada de Esme, y desde entonces no había dejado de caminar de un lado a otro por la sala como un animal encerrado. Su expresión estaba tensa, dura, aunque Bella sabía que detrás de ese gesto serio solo había preocupación.
Cuando la puerta finalmente se abrió, Bella soltó el aire que llevaba reteniendo quién sabe cuánto tiempo.
Alice apareció primero.
Tenía el cabello desordenado, la ropa rota en algunas partes y manchas oscuras cubriéndole el hombro. En una mano llevaba una venda húmeda manchada de sangre.
Bella sintió un vacío horrible en el pecho al verla herida.
—Alice… —susurró, caminando rápido hacia ella.
Charlie fue más directo.
—¿Estás herida? —preguntó con el ceño fruncido, mirando la sangre sobre su ropa.
Alice bajó la vista hacia su hombro y luego soltó una pequeña sonrisa cansada.
—No toda es mía. Aunque sí, una parte me pertenece.
Bella se acercó más de inmediato.
—¿Qué pasó?
Antes de responder, Alice levantó un poco la venda que llevaba en la mano.
—La mayor parte de esto es sangre de Jacob.
Charlie levantó la cabeza de golpe.
—¿Jacob Black? ¿El hijo de Billy?
—Sí —respondió Alice con calma—. Nos ayudó allá afuera.
La mandíbula de Charlie se tensó enseguida. Bella conocía esa expresión. Era la misma que ponía cuando algo no le gustaba, pero intentaba no explotar.
—Ese chico siempre termina metido en problemas —murmuró él—. Los lobos deberían mantenerse lejos de los asuntos de vampiros.
—Nos metimos porque Bella también nos importa.
La voz vino desde la entrada.
Todos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Jacob estaba apoyado contra el marco de la puerta. Tenía la piel más pálida de lo normal y la mano vendada, pero aun así mantenía esa expresión desafiante que siempre llevaba encima. Edward permanecía a su lado, silencioso, aunque no dejaba de observarlo de reojo, como asegurándose de que siguiera de pie.
Bella notó inmediatamente el cansancio en ambos.
Charlie los miró durante unos segundos.
Después sus ojos bajaron hacia la mano herida de Jacob.
—Así que tú ayudaste a protegerla —dijo finalmente.
Jacob se encogió apenas de hombros.
—No lo hice por ella.
Bella levantó una ceja.
—¿Entonces por quién?
Jacob miró a Edward apenas un instante antes de responder.
—Por él.
El silencio que siguió fue tan incómodo que Bella sintió ganas de desaparecer.
Charlie miró primero a Jacob. Luego a Edward. Después otra vez a Jacob.
Parecía estar intentando entender algo que claramente no quería entender.
—Ya veo… —murmuró al final.
Pero por el tono de su voz, Bella tuvo claro que no veía absolutamente nada.
Edward carraspeó suavemente.
—Charlie…
—No. —Charlie levantó una mano enseguida—. No quiero explicaciones. De verdad, no las quiero.
Alice soltó una pequeña risa por lo bajo.
Bella, a pesar del cansancio y el miedo que todavía tenía encima, terminó sonriendo también.
Charlie suspiró pesadamente y se pasó una mano por el rostro.
—Mientras nadie le haga daño a mi hija, hagan lo que quieran con sus dramas sobrenaturales.
—Papá… —empezó Bella, avergonzada.
—No, Bells. En serio. Ya he aceptado demasiadas cosas esta semana. Déjame conservar un poco de paz mental.
Eso hizo que incluso Jacob dejara escapar una risa cansada.
Charlie caminó hacia la puerta otra vez, pero antes de salir se detuvo junto a Alice.
La miró fijamente.
—Cuídala.
Alice lo sostuvo la mirada sin bromear esta vez.
—Lo haré.
Charlie asintió una sola vez.
—Porque si algo le pasa, te clavo una estaca donde no te da el sol.
Alice soltó un suspiro teatral.
—Siempre amenazándome con estacas…
—Funciona, ¿no?
Bella terminó riéndose otra vez. Y sinceramente, necesitaba hacerlo. Después de toda la tensión de esa noche, reír se sentía como poder respirar otra vez.
Cuando Charlie se marchó, la mansión quedó en silencio.
Un silencio más tranquilo.
Más cálido.
Esme apareció poco después con mantas, ropa limpia y expresión preocupada. Carlisle comenzó a revisar las heridas de Alice y Jacob, mientras Edward permanecía cerca, sin alejarse demasiado del lobo ni un segundo.
Bella notó eso.
Y también notó la forma en que Jacob miraba a Edward cuando creía que nadie lo veía.
Había algo nuevo entre ellos.
Algo torpe. Confuso. Pero real.
Más tarde, cuando todo se calmó, Bella terminó acostada junto a Alice en la enorme habitación de la mansión. La lluvia seguía cayendo afuera, aunque ahora sonaba suave contra el techo de cristal.
La venda hecha con la sangre de Jacob descansaba alrededor de su muñeca.
Tenía un aroma cálido. Extraño. Como madera mojada, canela y aire de tormenta.
Alice estaba acostada detrás de ella, rodeándole la cintura con un brazo.
Bella podía sentir el leve latido de su corazón contra su espalda.
Todavía no se acostumbraba a eso.
Y tal vez nunca lo haría.
—¿Crees que Selene vuelva? —preguntó Bella en voz bajita.
Alice tardó unos segundos en responder.
—Sí. Pero no esta noche.
Bella giró apenas la cabeza para mirarla.
—¿Seguro?
—Le rompí el brazo. Va a necesitar tiempo para recuperarse… y para planear cómo vengarse.
Bella hizo una pequeña mueca.
—Eso no me tranquiliza mucho.
Alice sonrió apenas y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—No quiero mentirte, Bella. Las cosas van a ponerse difíciles.
—¿Entonces qué hacemos?
Alice la observó durante unos segundos. Sus ojos dorados brillaban suavemente en medio de la oscuridad.
—Vivimos.
Bella frunció un poco el ceño.
—¿Vivimos?
—Sí. Peleamos cuando sea necesario. Nos protegemos. Nos preparamos. Pero también vivimos. Porque no pienso dejar que el miedo nos quite todo esto.
Bella sintió algo cálido en el pecho al escucharla.
—¿Todo esto qué?
Alice sonrió más despacio esta vez.
—Tú y yo.
Bella se quedó mirándola en silencio.
Y entonces entendió que, incluso con los Volturi acercándose, incluso con Selene cazándolas y el peligro respirándoles encima… Alice seguía eligiendo quedarse a su lado.
Eso le dolió bonito.
Alice se inclinó lentamente y la besó.
Fue un beso suave. Tranquilo. Sin desesperación ni miedo.
Solo cariño.
Solo amor.
Cuando se separaron, Bella apoyó la frente contra la de ella y cerró los ojos.
Por primera vez en semanas, su cuerpo se sintió realmente en calma.
Sin ansiedad.
Sin pesadillas esperando en la oscuridad.
Solo Alice.
Y esa noche, mientras la lluvia seguía cayendo sobre Forks, Bella se quedó dormida escuchando el corazón de Alice latiendo cerca del suyo.
Continuará 🔥