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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El nombre que no debía recordar

La habitación estaba sumida en un silencio tenso, un silencio que no pertenecía a un hospital sino a un espacio entre dos mundos: el pasado que Liam intentaba alcanzar y el presente que Mía intentaba proteger.

Ella seguía con la frente apoyada contra la de él. Podía sentir el temblor sutil en su respiración, la urgencia silenciosa de un hombre que había despertado sin certezas… salvo una.

Ella.

—Liam… —susurró Mía, obligándose a mantener la voz estable—. No deberías esforzarte tanto. Los recuerdos regresarán cuando estén listos.

Pero él negó.

—No es eso —dijo con firmeza—. Es que no encaja, Mía. Si te conocí antes… ¿por qué no estabas en mis recuerdos cuando desperté? ¿Por qué no estabas… ahí?

La pregunta la desgarró.

Porque la respuesta era simple.

Y devastadora.

Su rostro apagado, su voz fría, su distancia cruel durante dos años… no habían sido casualidad. Él había decidido olvidar lo que había pasado entre ellos esa noche. Lo había enterrado. Lo había convertido en una sombra que no debía existir.

Mía retrocedió medio paso, tragando el nudo en su garganta.

—No lo sé —mintió—. Las lagunas de memoria son complicadas.

Liam la sujetó de la muñeca antes de que pudiera alejarse más. Su agarre no era fuerte, pero sí decidido.

—Mía —dijo, bajando la mirada hacia sus dedos entrelazados con los de ella—. Cuando dije tu nombre, antes de despertar… sonaba como si ya lo hubiera dicho muchas veces. No como el nombre de una asistente. Como el de alguien… importante.

La respiración de Mía tembló.

No.

No debía ir por ese camino.

No todavía.

Si él recordaba todo de golpe… no solo dolería.

Sería peligroso.

—Podría significar muchas cosas —susurró ella—. No asumas lo peor.

Él la miró en silencio.

Ese silencio pesaba más que cualquier palabra.

El médico entró sin tocar, interrumpiendo la tensión.

—Señor Vander —saludó—, me avisaron de un episodio de estrés intenso. Necesito revisar sus signos vitales.

Mía soltó su mano con suavidad, dando espacio. Liam la siguió con la mirada hasta que se alejó dos pasos, como si temiera perderla de vista.

El médico examinó su pulso, revisó el monitor, evaluó la herida en la frente.

—Su frecuencia cardíaca sigue alta —anunció—. Es normal después de un episodio traumático, pero necesitamos evitar detonantes emocionales. ¿Ha tenido recuerdos fragmentados?

Liam dudó, pero terminó asintiendo.

—Sí. Pero incompletos.

—Evite forzar su memoria —advirtió el médico—. Los recuerdos que regresan de forma brusca pueden… desordenar más que ayudar. Necesita calma.

Liam miró a Mía de reojo.

Como si la calma solo existiera cuando ella estaba cerca.

Mía sintió ese peso sobre ella. Ese peso que no podía cargar sola.

Después de revisar algunas cosas más, el médico se retiró, dejando la atmósfera cargada nuevamente.

Mía respiró hondo.

—Voy a traer algo de agua —anunció, más para arrancarse a sí misma de esa tensión que por verdadera necesidad.

Pero antes de que pudiera dar dos pasos, Liam habló:

—No me mentiste, ¿verdad?

Ella se quedó congelada.

No se atrevió a girarse.

—¿Sobre qué? —preguntó, aunque sabía exactamente de qué.

—Sobre si nos conocimos antes. Sobre si pasó algo.

Sus dedos se apretaron alrededor del vaso de plástico que había tomado.

Se dio la vuelta lentamente.

—Si hubiese pasado algo… —dijo con un hilo de voz—, lo sabrías.

Una media verdad.

Una media mentira.

Liam asintió, pero su mirada decía que no estaba convencido.

Cuando salió al pasillo, Mía tuvo que apoyarse en la pared para respirar.

No podía seguir así.

Él estaba recordando demasiado rápido.

Y las piezas que regresaban no eran las que ella quería que regresaran primero.

Necesitaba tiempo.

—Mía.

La voz la sobresaltó.

Era Sophie, que la esperaba apoyada en el final del pasillo, con los brazos cruzados.

—¿Estás bien? —preguntó Sophie, dejando ver un destello de humanidad inusual en ella.

Mía dudó antes de asentir.

—Sí. Solo fue… un momento difícil.

—Va a empeorar —dijo Sophie sin suavidad—. Si empieza a recordar de forma desordenada, podría entrar en un estado de paranoia o agresión. O podría recordar algo que no debería. Algo que lastime a los dos.

Mía sintió el golpe de esas palabras.

—Sophie… ¿a qué te refieres con “algo que no debería”?

Sophie bajó la voz.

—Poco antes del accidente, Liam estaba investigando algo. Algo que no compartió con nadie, ni conmigo. Reuniones privadas, correos encriptados, llamadas que hacía desde habitaciones distintas cada noche. Y todo comenzó… —la miró fijamente— después de un incidente contigo.

El corazón de Mía se detuvo.

—¿Conmigo? —su voz sonó demasiado temblorosa.

—Sí —afirmó Sophie—. No sé qué pasó. Pero él cambió. Se volvió más frío. Más obsesivo. Y más… protector.

Mía bajó la mirada.

Ese incidente había sido la noche del vidrio roto.

La noche en que alguien había intentado hacerle daño.

La noche en que Liam había llegado demasiado tarde.

La noche que ambos habían enterrado.

—Si él recupera ese recuerdo —continuó Sophie—, toda su amnesia colapsará. Y tú quedarás atrapada en medio. No debes permitir que llegue tan lejos sin control.

Mía levantó la vista.

—¿Qué estás sugiriendo?

Sophie suspiró.

—Mantén la narrativa estable. Dale información parcial. Condúcelo. No mientas… pero tampoco dejes que arme el rompecabezas solo.

Mía sabía que Sophie tenía razón.

Pero también sabía que estaba jugando con fuego.

Con un hombre que, incluso sin recuerdos, ya la estaba empezando a mirar como si ella fuera la única verdad que tenía.

Sophie la observó unos segundos antes de añadir:

—Y hay otra cosa. Deberías saberlo.

Mía sintió un nudo en la espalda.

—¿Qué cosa?

Sophie se acercó más.

—Alexander no está tranquilo. No le gusta que tú seas la única persona en quien Liam confía. Y cuando Alexander se siente desplazado… hace cosas imprudentes.

Mía tragó saliva.

—¿Como qué?

—Como meterse en la habitación de un paciente cuando tú no estás ahí.

Mía se quedó helada.

—¿Cómo sabes que…?

—Porque lo vi salir hace diez minutos.

El corazón de Mía se disparó.

Sin perder un segundo, corrió hacia el elevador.

Cuando llegó a la habitación, su mano temblaba al girar la manija.

La puerta se abrió.

Y lo que vio le clavó las uñas en la piel.

Liam estaba sentado en la cama, respirando agitadamente.

En el suelo, a sus pies, había un objeto caído.

Un sobre.

Uno que no estaba ahí antes.

—Liam… —susurró Mía, entrando con cautela—. ¿Qué pasó?

Él levantó el sobre.

Sus manos temblaban.

—Él vino —dijo Liam, sin pronunciar el nombre porque no hacía falta—. Y dejó esto.

Mía se acercó lentamente.

—¿Lo abriste?

Liam la miró con una mezcla de miedo y rabia.

—No. —Tragó saliva—. Me pidió… que lo abriera cuando tú no estuvieras. Dijo que… había cosas que tú no querías que yo supiera.

El corazón de Mía se rompió en un golpe seco.

—Liam, no le creas. Alexander está… confundido. No sabe—

Pero Liam la interrumpió.

No con palabras.

Sino con una pregunta.

Una pregunta que la dejó sin aire.

—Mía… —sostuvo el sobre con firmeza—. ¿Qué pasó entre tú y yo la noche del vidrio?

Porque sé que pasó algo. Y ese sobre… —su voz se quebró—… lo confirma.

Ella sintió cómo el mundo se derrumbaba a sus pies.

El pasado estaba llegando.

Ya no era una sombra.

Era una puerta.

Y Liam estaba a punto de abrirla.

Con o sin ella.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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