Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Habitación 2
Finalmente… Damian se levantó.
Con cuidado.
Sin hacer ruido.
Observó a Rachel una última vez, asegurándose de que descansaba profundamente… y luego salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad tras de sí.
La noche fue corta.
Demasiado corta.
Durmió poco… y mal.
Su mente no se detenía.
El ataque.
La ruta.
Las decisiones.
Y, aunque no quisiera admitirlo… ella.
Al amanecer ya estaba de pie.
Como si su cuerpo ignorara el cansancio por costumbre.
Hizo un recorrido por la posada, revisando posiciones, hablando con los guardias, asegurándose de que todo estuviera en orden.
—¿Algún incidente?
—Ninguno, señor.
—¿Movimiento en los alrededores?
—Negativo.
Todo estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Pero al menos… nadie había notado nada.
Eso le dio un leve respiro.
Aun así, su mirada se dirigió más de una vez hacia el piso superior.
[Rachel sigue dormida.]
Y con ese pensamiento… algo incómodo se instaló en su pecho.
—…Soy un imbécil —murmuró para sí mismo.
Había tomado la decisión lógica.
La correcta.
Pero no se sentía bien.
[La dejé sola.]
Después de todo.
Después de esa noche.
Frunció el ceño.
Molesto… consigo mismo.
Se giró hacia sus oficiales.
—Avisaré a Lady Rachel sobre la ruta.
Uno de ellos se adelantó.
—Puedo enviar a una doncella, señor.
Damian negó de inmediato.
—No.
El oficial dudó un segundo… y luego, con una leve sonrisa contenida, dijo..
—Quizás sería lo mejor.
Damian lo miró.
—¿Por qué?
El hombre carraspeó.
—Bueno… Lady Mason no parecía muy… complacida con usted ayer.
Un par de soldados cercanos bajaron la mirada, ocultando sonrisas.
Todos lo habían notado.
La tensión.
La molestia.
Damian no respondió.
Pero tampoco lo negó.
—Además.. podría evitar… otro enfrentamiento.
Silencio.
Damian exhaló por la nariz.
Breve.
—Moveré la guardia del pasillo.
Y sin decir más… se dirigió hacia las escaleras.
El pasillo estaba en calma.
Ordenó discretamente a los guardias que se retiraran un poco más lejos.
Y entonces… llegó a su puerta.
La de ella.
Dudó apenas un segundo.
Y luego… entró.
La habitación estaba en silencio.
Rachel dormía profundamente.
Pero no de forma ordenada.
No como una dama perfecta.
Estaba cruzada sobre la cama, ligeramente enredada entre las mantas, el cabello extendido sin cuidado.
Despreocupada.
Vulnerable.
Real.
Damian la observó unos segundos.
Y algo en su expresión… se suavizó.
Se acercó. Con pasos lentos.
Y, con cuidado, la llamó..
—Rachel.
No respondió.
—Rachel.
Esta vez, se movió levemente.
Y entonces… sin abrir completamente los ojos… se acercó.
Y lo abrazó.
Damian se quedó quieto. Sorprendido.
Sus brazos se tensaron apenas… antes de relajarse.
Una sonrisa muy leve apareció en su rostro.
Casi imperceptible.
Pero real.
—…Buenos días —murmuró ella, aún medio dormida.
Abrió los ojos lentamente.
Y cuando lo vio… no se sobresaltó.
No se apartó. Solo lo miró. Tranquila.
Damian recuperó un poco la compostura.
—Debemos hablar.
Su tono volvió a ser serio… pero no frío.
—Lo mejor es que regrese a su casa.
Rachel lo miró en silencio.
—Los caminos no son seguros.. La escoltaré.
Ella lo observó unos segundos más.
Y luego… asintió.
Sin discutir.
Sin insistir.
—Está bien…
Su voz era suave. Adormilada.
Y entonces, con total naturalidad, preguntó..
—¿Puedo seguir durmiendo?
Damian parpadeó.
Un segundo.
Y luego asintió.
—Sí.
Rachel sonrió apenas.
Levantó una mano… y, con un gesto lento, le acarició el rostro.
Suave.
Cálido.
Sin tensión.
Y luego… se acomodó nuevamente bajo la manta.
Cerró los ojos.
Y en cuestión de segundos… volvió a dormirse.
Damian se quedó ahí.
De pie.
Observándola.
En silencio.
Sin moverse.
Porque por primera vez en mucho tiempo… no sabía muy bien qué hacer a continuación.
Y eso… no era algo que le ocurriera seguido.
Cerca del mediodía, la posada volvió a llenarse de movimiento.
Las doncellas, que habían estado esperando con paciencia el momento adecuado, finalmente pudieron entrar a la habitación de Rachel.
—Mi lady… es hora de prepararse.
Rachel abrió los ojos lentamente.
Por un segundo… no recordó dónde estaba.
Luego todo volvió.
El viaje.
El ataque.
La posada.
Y… Damian.
Se incorporó despacio, sintiendo aún el peso de la noche anterior en su cuerpo y en su mente.
—Sí… Tienen razón.
Las doncellas comenzaron a moverse con rapidez, pero con delicadeza. Le prepararon agua para asearse, organizaron su ropa, cepillaron su cabello con cuidado.
Rachel se dejó hacer.
En silencio.
Pero su mente no estaba en calma.
Cada pequeño gesto… le recordaba.
Cada movimiento… cada roce de la tela… todo la llevaba de vuelta a lo ocurrido.
Y eso hacía que su respiración se volviera un poco más irregular.
[¿Cómo se supone que debo actuar ahora…?]
No tenía respuesta.
Nunca había estado en una situación así.
No en esa vida.
No en ninguna.
—¿Este vestido, mi lady? —preguntó una doncella, mostrando una opción más sobria, adecuada para el viaje.
Rachel asintió.
—Sí… ese está bien.
Hoy no quería llamar la atención.
Hoy quería… pasar desapercibida.
El proceso terminó más rápido de lo habitual.
Un vestido elegante, pero sencillo.
Cabello recogido con discreción.
Sin excesos.
Sin brillo innecesario.
Cuando finalmente estuvo lista, respiró hondo frente al espejo.
—Bien… Solo actúa normal.
Pero eso… era más difícil de lo que parecía.
Al bajar las escaleras, el murmullo de la posada la recibió.
Soldados comiendo.
Guardias organizándose.
El ambiente ya no era de caos… pero tampoco de total calma.
Y entonces.. lo vio. Damian.
De pie, hablando con uno de sus oficiales.
Tan serio como siempre.
Tan controlado.
Como si nada hubiera pasado.
Rachel sintió cómo el calor subía de inmediato a sus mejillas.
[…Esto es incómodo.. Muy incómodo.]
Porque la diferencia era abismal.
Anoche… habían cruzado todos los límites.
Habían dejado de lado toda formalidad.
Toda distancia.
Y ahora… debían fingir que nada había ocurrido.
Que eran practicamente desconocidos.
Que no había pasado nada.
Rachel bajó la mirada un segundo.
Respiró.
Y siguió caminando.
Pero al acercarse… no pudo evitar mirarlo otra vez.
Y esa vez.. sus miradas se cruzaron.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
Porque en ese cruce silencioso había demasiadas cosas sin decir.
Demasiada memoria.
Demasiada tensión.
Rachel desvió la mirada casi de inmediato.
Acomodó ligeramente sus guantes.
Intentando recuperar la compostura.
—Buenos días —dijo, con un tono correcto.
Formal.
Como si nada.
Como si él fuera solo… alguien más.
Pero su voz… tenía un leve matiz distinto.
Algo más suave.
Más contenido.
Porque por dentro… no era tan sencillo.
Nada sencillo.
Y eso hacía que cada segundo frente a él… se sintiera extrañamente más intenso que la noche anterior.