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El Bully Que Se Enamoró

El Bully Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Verano

El verano en El Trébol es sol que te quema la espalda, piletas de lona en las veredas y la plaza llena hasta las once de la noche. El colegio cerró y de golpe dejé de ver a Thiago todos los días.

El primer mensaje me lo mandó el 20 de diciembre: “feliz navidad adelantada. no tengo regalo.” Le contesté: “yo tampoco.” Me puso: “te debo un alfajor.”

No nos vimos en Navidad. Yo fui a lo de la abuela con mamá y Lucas. Él se fue con el padre a Rafaela dos días. El 26 me mandó una foto: él con la camiseta del club, todo transpirado, al lado de un arco. “picadito. te extraño.”

Lo leí tres veces. Le contesté: “yo también.”

No me preguntó si nos veíamos. Yo tampoco.

El 29 mamá me dijo que iba a lo de la tía en Cañada Rosquín el 31 y que si quería me quedaba en casa con Lucas o iba con ella. Le dije que me quedaba. No le dije por qué.

A las diez de la noche del 30 me vibró el teléfono. Thiago: “estás?”

Le puse que sí. Me llamó.

—¿Qué hacés mañana? —preguntó sin saludar.

—Nada. Mamá se va a lo de la tía.

—¿Y vos?

—Me quedo con Lucas.

—¿Puedo pasar?

Me quedé callada.

—Un rato —dijo—. Te llevo algo.

—¿Qué?

—Sorpresa.

—Bueno.

Cortamos. Me quedé con el teléfono en la mano un rato largo.

Llegó a las tres de la tarde con la bicicleta y una mochila. Traía dos latas de Coca frías y un alfajor triple.

—Para el calor —dijo.

Lucas lo miró desde la puerta.

—¿Es tu novio? —le preguntó a mí, sin vergüenza.

—Lucas —le dije.

—Sí —dijo Thiago—. Soy.

Lucas se rio y se fue a jugar a la play.

Nos sentamos en el patio de atrás, en la sombra. Hacía 35 grados y el ventilador de adentro no daba abasto.

—Te traje esto —dijo, y sacó un cuaderno de la mochila. Era igual al mío, tapa azul.

—¿Para qué?

—Para que escribas. Me dijiste que te gusta escribir.

No le había dicho. Lo había visto.

—Gracias —le dije, y me puse colorada.

Tomamos la Coca. Hablamos de nada: que Ramiro se fue a la costa, que Santiago aprobó todo, que él tenía que rendir Matemática en febrero.

—¿Me ayudás? —preguntó.

—Sí.

—¿En serio?

—Sí, Thiago.

Se rio. —Me gusta cuando decís Thiago y no Benítez.

—Me gusta cuando no me decís Cuatro ojos.

—No te digo más.

—Ya sé.

Nos quedamos callados. Lucas gritaba desde adentro porque perdió en la play.

—Che —dijo Thiago después.

—¿Qué?

—Mi vieja me preguntó si seguís siendo mi novia.

—¿Y qué le dijiste?

—Que sí. ¿Vos qué le dijiste a la tuya?

Me quedé mirando la lata.

—No le dije nada. Pero sabe.

—¿Sabe qué?

—Que sí.

Asintió. Después se acercó y me besó. No corto. Largo, con la mano en mi nuca y la otra en la cintura. Yo le agarré la remera y se la arrugué toda.

Cuando nos separamos tenía la cara colorada y los anteojos empañados.

—Te amo —dijo, bajito, y se le quebró la voz al final.

No lo había pensado. No lo había ensayado. Se le salió.

Me quedé mirándolo. Tenía diecisiete, la remera transpirada, el pelo todo revuelto y los ojos verdes fijos en mí.

—Yo también —le dije.

No lloré. Él tampoco. Pero se le puso la cara toda rara y me abrazó fuerte, y yo le devolví el abrazo y le sentí el corazón latiéndole rápido contra el mío.

Lucas salió justo en ese momento.

—¡Guácala! —gritó.

Nos separamos riéndonos.

—Andá adentro, Lucas —le dije.

—No me mandás.

—Andá.

Se fue.

Thiago se quedó hasta las cinco. Antes de irse me dio el otro alfajor.

—Para después —dijo.

—Gracias.

En la puerta, antes de subirse a la bici, me miró.

—¿Nos vemos mañana? —preguntó.

—Sí.

—Bueno.

Se fue pedaleando rápido, como siempre que no sabía qué hacer con lo que le acababa de pasar.

Entré. Lucas estaba tirado en el sillón.

—¿Te dijo que te ama? —me preguntó.

—Sí.

—¿Y vos?

—También.

—Guácala —dijo otra vez, pero se reía.

Esa noche escribí en el cuaderno nuevo que me regaló Thiago. Primera hoja. Puse la fecha: 30/12.

Abajo: Me dijo te amo en el patio de atrás con calor y Coca tibia. Yo le dije yo también. Lucas dijo guácala. No me importa.

Lo cerré.

Cuando mamá volvió el 1 a la mañana me preguntó si había estado bien. Le dije que sí. Me miró un rato largo.

—¿Vino Thiago? —preguntó.

—Sí.

—¿Te trató bien?

—Sí.

Asintió.

—Está bien —dijo, y se fue a desarmar el bolso.

No me preguntó más. Pero cuando pasé por la cocina había dos latas de Coca en la heladera. Yo no las había comprado.

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Veronica Asuncion Caglia Mongelos
me encanto la historia de los dos.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia
Melu♡: muy buena sugerencia 🥰 la voy a tener en cuenta. besos
total 2 replies
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