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Arde El Cielo

Arde El Cielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
🔞🚫No me denuncien por hechar volar mi imaginación.🚫🔞

Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hrim nunca ganaría esta guerra

La iglesia de San Judas, en las afueras de Dion City, era un esqueleto de piedra y madera que el tiempo había olvidado. Los vitrales rotos dejaban pasar una luz lunar plateada que dibujaba sombras alargadas sobre los bancos polvorientos. Natt pateó la puerta pesada, asegurándola con un madero, mientras Dag se dejaba caer contra el altar de mármol frío, jadeando.

El aire olía a incienso viejo y residuos del poder de Dag.

-¿Estás bien?- Preguntó Natt, acercándose con urgencia. Sus ojos ámbar brillaban en la oscuridad, fijos en la marca dorada que ahora cubría casi toda la mejilla de Dag.

-Siento... que tengo el sol bajo la piel.- Susurró Dag. Sus manos temblaban, emitiendo pequeños pulsos de luz blanca que iluminaban el polvo flotante -Natt, cuando toqué a ese Ejecutor... no sentí miedo. Sentí que él era el que no pertenecía a este mundo.-

Natt se detuvo frente a él. La presencia del ángel era imponente en ese espacio en ruinas. Se deshizo de su chaqueta de cuero y de la camiseta, dejando ver su torso marcado por cicatrices de oro que palpitaban al ritmo del corazón de Dag.

-Eres un Brote, mi amor. Tu cuerpo se está reescribiendo.- Natt tomó las manos de Dag, y el contacto fue como unir dos cables de alta tensión. Dag soltó un gemido, arqueando la espalda -El fuego en tus venas necesita ser canalizado antes de que te consuma. Y yo... yo necesito esa luz para no volverme cenizas después de la batalla.-

Dag no esperó a que Natt dijera nada más. Se puso de pie y lo rodeó con los brazos, buscando su boca con una ferocidad que hizo que Natt soltara un gruñido de sorpresa y deseo.

El beso fue violento, una colisión de lenguas y aliento caliente. Sus bocas se buscaron con una urgencia que rayaba en la desesperación, intercambiando babas y suspiros cargados de electricidad. Dag empujó al ángel contra el altar de mármol, y el ángel lo subió sobre la superficie fría, abriendo sus piernas para encajarse entre ellas.

Natt se deshizo de la ropa de Dag con movimientos frenéticos, desgarrando la tela si era necesario. Cuando ambos quedaron desnudos en el centro del altar, el resplandor que emanaba de sus pieles era tan intenso que las sombras de la iglesia retrocedieron hacia las esquinas.

-Mírame, mi amor.- Ordenó Natt, su voz vibrando con un eco celestial -No somos barro y estrellas. Somos lo mismo.-

Natt bajó su cabeza hacia el pecho de Dag, lamiendo la marca dorada que palpitaba sobre su corazón. Su lengua era de fuego, y cada lamida dejaba un rastro de chispas plateadas sobre la piel humana. Dag echó la cabeza hacia atrás, sus dedos clavándose en los hombros de Natt, allí donde el ángel alguna vez tuvo sus alas. Gemía sin control, su voz rebotando en las paredes de la iglesia mientras sentía que su interior se derretía.

Natt no fue delicado. Su deseo era el de un guerrero que ha encontrado su recompensa tras miles de guerra. Sus manos recorrieron los muslos de Dag, apretando la carne con una posesividad feroz, dejando marcas rojas que sanaban y brillaban al instante. Cuando finalmente se unieron, el estallido de luz fue tal que los cristales que quedaban en los vitrales vibraron hasta quebrarse.

Dag soltó un grito que fue puro éxtasis. No era solo carne encontrando carne, era una fusión. Con cada embestida de Natt, el chico sentía que su conciencia se expandía. Veía las estrellas nacer y morir, sentía el peso de la eternidad y la fragilidad del segundo. Sus lenguas volvieron a encontrarse, un intercambio de fluidos y poder que los mantenía borrachos de deseo. Las babas resbalaban por sus cuellos unidos mientras Natt buscaba el punto exacto donde la luz de Dag era más fuerte.

-¡Natt! ¡Más!- Suplicaba Dag, sus piernas rodeando la cintura del ángel, atrayéndolo hacia lo más profundo de su ser.

El sudor de ambos brillaba como oro líquido, resbalando por sus cuerpos entrelazados y goteando sobre el mármol del altar. Natt aceleró el ritmo, sus ojos ámbar fijos en los de Dag, viendo cómo el ojo izquierdo del chico se volvía blanco puro por el placer y el poder. El ángel sentía que la humanidad de Dag lo anclaba a la tierra, mientras que Dag sentía que la divinidad de Natt lo elevaba hacia el infinito.

El orgasmo llegó como una explosión de cenizas y fuego. Una onda de choque de luz blanca y carmesí salió disparada desde el altar, recorriendo toda la iglesia y rompiendo las puertas que Natt había bloqueado. El joven se aferró al caído como si fuera lo único sólido en un universo que se desintegraba, mientras el ángel se hundía en él con un rugido que sonaba como el trueno final.

Se quedaron allí, jadeando sobre el altar frío, envueltos en una nube de vapor y el aroma a sexo sagrado. La marca en el rostro de Dag se había estabilizado, convirtiéndose en un tatuaje de luz intrincado que llegaba hasta su mandíbula. Natt, por su parte, se sentía más fuerte que nunca. La mordida del perro de caza había desaparecido por completo, reemplazada por la piel inmaculada que Dag había purificado.

-Ya no hay vuelta atrás.- Susurró Natt, besando el párpado del ojo ámbar de Dag -El Cielo ya no puede reclamarnos. Somos nuestro propio Edén.-

Dag sonrió, una sonrisa cargada de una madurez nueva y peligrosa.

-Que vengan por nosotros, mi ángel. Ahora sé cómo arde un dios.-

En la oscuridad de la entrada de la iglesia, una sombra los observaba. Laura estaba allí, con la daga de cristal en la mano, pero no atacó. Sus ojos plateados estaban llenos de una envidia que la quemaba por dentro. Había visto la unión, había sentido la luz del Brote, y supo en ese instante que Hrim nunca ganaría esta guerra. El amor que acababa de presenciar era un incendio que no se podía apagar con leyes divinas.

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💗🌷Lizi🌷💗
No manches amor a primer intentó de asesinato 🤭😶
Skay P.: Así son las cosas.😄
Es como "...me quiso robar el celular, pero nos enamoramos y ahora estoy embarazada".😅🤞
total 1 replies
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