En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
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Capítulo 20 — Ecos de Guerra.
El interior del cuartel cambió sin previo aviso.
No fue un temblor.
No fue una explosión.
Fue… un recuerdo.
Las luces antiguas parpadearon y, de pronto, el polvo desapareció del aire. Las paredes oxidadas recuperaron pintura fresca, los casilleros cerrados volvieron a alinearse perfectamente y el olor a humedad fue reemplazado por metal limpio y sudor humano reciente.
Mateo parpadeó.
—…¿Ya limpiaron o qué?
Zhao Ren permaneció inmóvil.
Sus ojos cerrados apuntaban al pasillo principal.
—No —dijo con calma—. Estamos viendo el pasado.
Y entonces aparecieron.
Soldados.
Decenas de ellos caminando por el corredor, riendo, hablando, cargando equipo militar. Ninguno miró a los detectives. Ninguno reaccionó a su presencia.
Eran sombras vivas.
Un video reproduciéndose en tres dimensiones.
—Somos espectadores —murmuró Zhao Ren.
Mateo silbó bajo.
—Está potente el Netflix paranormal.
Un grupo de reclutas pasó corriendo frente a ellos.
Entre ellos… un joven comandante.
Cabello rojizo oscuro ligeramente desordenado.
Postura relajada.
Sonrisa tranquila.
Mateo abrió la boca lentamente.
—…Ren.
El joven era Zhao Ren.
Pero más joven.
Mucho más.
Diecisiete años, quizá menos.
Daba instrucciones mientras caminaba entre los soldados con una tranquilidad imposible para alguien de su edad.
—Formación más rápida —decía el recuerdo—. Si dudan, mueren.
Su voz era amable.
Pero firme.
Los soldados lo obedecían sin cuestionar.
Mateo cruzó los brazos.
—No manches… sí eras general de verdad.
Zhao Ren observó en silencio.
No había orgullo en su expresión.
Solo nostalgia… y algo más oscuro.
El escenario cambió bruscamente.
Un sonido de alarma inundó el cuartel.
Luces rojas.
Gritos.
Camillas entrando.
Soldados heridos.
El ambiente se volvió pesado.
—Aquí empezó —susurró Zhao Ren.
Las ilusiones mostraron discusiones entre oficiales.
Documentos clasificados.
Experimentos psicológicos.
Hombres encerrados en habitaciones oscuras durante días.
Mateo frunció el ceño.
—Esto ya no es entrenamiento…
—No lo era —respondió Zhao Ren.
Una puerta metálica apareció frente a ellos.
Marcada con advertencias militares.
Dentro, soldados permanecían sentados, inmóviles, mirando la pared.
Respiraban… pero sus ojos estaban vacíos.
—Intentaron crear soldados sin miedo —dijo Zhao Ren—. Pensaron que eliminar el miedo los haría perfectos.
Silencio.
—Pero el miedo es lo que mantiene humano a alguien.
El recuerdo mostró al joven Zhao Ren discutiendo con superiores.
Golpeando una mesa.
Negándose.
Luego…
Oscuridad.
Un disparo.
La escena se fragmentó como vidrio roto.
Mateo sintió un escalofrío.
—Ese lugar está reviviendo todo esto… como si alguien quisiera que lo vieras otra vez.
En ese instante, el humo oscuro comenzó a salir del pecho de Mateo nuevamente.
Pero esta vez no fue solo humo.
Tomó forma.
Pequeña.
Ligera.
Un niño apareció lentamente, materializándose sobre su espalda.
Cabello blanco suave.
Piel pálida casi translúcida.
Ojos rojo carmesí vacíos… profundos como un abismo tranquilo.
El niño bostezó.
—Qué flojera caminar…
Mateo saltó.
—¡AY! ¿QUÉ TRAIGO ENCIMA?
El pequeño abrazó su cuello cómodamente.
—Soy yo.
—¿¡TÚ ERES LA VOZ!?
El niño asintió.
—Soy la muerte. Bueno… una parte.
Zhao Ren inclinó ligeramente la cabeza, curioso.
—Así que decidiste manifestarte.
El niño miró alrededor aburrido.
—Este lugar huele a recuerdos podridos.
Mateo suspiró resignado.
—¿Y ahora qué?
El pequeño señaló un pasillo oscuro.
—La fuente está allá. Algo mantiene atrapado este recuerdo… y quiere devorar a los hombres que estuvieron aquí.
Se acomodó mejor sobre la espalda de Mateo.
—Guíame, portador. Me da flojera bajar.
Mateo caminó.
—Genial. Ahora soy transporte oficial de la muerte.
El niño apoyó la mejilla en su hombro.
—Sí.
—
División Este — Sala de Análisis
Mientras tanto, Lin Yue y Aiko revisaban archivos digitales del caso.
King corría sobre la mesa entre carpetas abiertas.
Aiko detuvo un documento.
—Esto… no coincide.
Lin Yue se acercó.
Los registros del cuartel estaban incompletos.
Años enteros eliminados.
Archivos reescritos.
Firmas borradas.
—Ocultaron algo —dijo Lin Yue.
Aiko abrió un archivo más profundo.
Apareció un sello gubernamental antiguo.
PROYECTO: SILENCIO VALIENTE
Ambas intercambiaron miradas.
El documento describía experimentos psicológicos militares destinados a eliminar emociones humanas para crear soldados perfectos.
Resultado final:
Fracaso total.
Sujetos desarrollaron manifestaciones paranormales colectivas.
Lin Yue sintió un frío recorrer su espalda.
—No es un accidente… alguien selló este lugar deliberadamente.
Aiko señaló otra línea.
—Supervisor del proyecto… transferido posteriormente a una división desconocida.
El nombre estaba tachado.
Pero debajo…
Una nota reciente.
Caso reactivado tras regreso del ex General Zhao Ren al área operativa.
Silencio absoluto.
King chilló nervioso.
Lin Yue apretó los puños.
—No enviaron a Zhao Ren por coincidencia.
Aiko asintió.
—Lo llamaron de vuelta.
—
Cuartel — Nivel Subterráneo
Mateo caminaba guiado por el pequeño espíritu sobre su espalda mientras las ilusiones militares los rodeaban.
Soldados marchaban atravesándolos.
Recuerdos repitiéndose.
Un bucle vivo.
El niño señaló una puerta negra al final del pasillo.
—Ahí duerme el origen.
Zhao Ren sonrió apenas.
—Entonces terminemos esto.
Las luces se apagaron de golpe.
Y algo detrás de la puerta… respiró.
Como si hubiera esperado años.
Esperándolo a él.
continuará....
[Imagen promocional de como se ve la pequeña figurita de una fracción de la parca]