Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 19
Elliot no se movió de inmediato.
Abrió los ojos por completo, pero mantuvo la respiración controlada, como si aún estuviera dormido. Su atención se concentró en ese sonido leve, casi imperceptible, que provenía del otro lado de la puerta.
Un roce.
Como tela contra madera.
Alguien estaba ahí.
Giró apenas la mirada hacia Polet. Seguía dormida, tranquila, ajena a todo. Por un segundo pensó en dejarla así, no despertarla, encargarse él solo de la situación… pero recordó sus propias palabras.
“Confía en mí.”
Se incorporó lentamente y, con cuidado, extendió la mano hasta tocar suavemente el hombro de Polet.
—Polet… —susurró.
Ella se movió apenas.
—Mmm…
—Despierta.
Polet abrió los ojos con dificultad, desorientada.
—¿Qué pasa…?
Elliot llevó un dedo a sus labios, indicándole silencio.
Y entonces ella lo entendió.
Se quedó completamente quieta.
El sonido volvió.
Más claro esta vez.
Polet se tensó de inmediato.
—¿Es…? —murmuró apenas.
Elliot asintió levemente.
—Alguien está afuera.
El corazón de Polet comenzó a latir con fuerza.
—¿Qué hacemos?
Elliot se levantó con cuidado, moviéndose sin hacer ruido.
—No te levantes aún.
—Claro que me voy a levantar —susurró ella, ya incorporándose— no me voy a quedar ahí sola.
Elliot la miró un segundo.
Y no discutió.
Le hizo un gesto para que se mantuviera detrás de él.
Polet asintió, aunque sus manos temblaban un poco.
Elliot avanzó hacia la puerta con pasos silenciosos. Cada movimiento estaba medido, cada respiración controlada. Se detuvo justo antes de llegar, escuchando con atención.
Silencio.
Demasiado silencio.
Polet, detrás de él, intentaba no hacer ningún ruido, pero su mente iba a mil. ¿Y si eran los mismos del bosque? ¿Y si esto era parte de algo más grande? ¿Y si—
Un pequeño golpe.
En la puerta.
Suave.
Pero claro.
Polet dio un pequeño salto del susto.
Elliot giró apenas el rostro hacia ella.
—Tranquila.
—No estoy haciendo ruido… —susurró ella.
—Tu cara sí.
Polet lo miró ofendida… incluso en ese momento.
—No es momento.
Elliot casi sonríe.
Pero su expresión volvió a la seriedad de inmediato.
El golpe se repitió.
Esta vez, acompañado de una voz baja.
—Majestad…
Elliot frunció ligeramente el ceño.
Reconocía esa voz.
Abrió la puerta con rapidez, pero sin hacer escándalo.
Afuera, uno de los guardias estaba de pie, con expresión tensa.
—Perdón por la hora, majestad, pero tenía que informarle.
Elliot salió apenas al pasillo, dejando la puerta entreabierta.
—Habla.
Polet, desde adentro, se acercó lo suficiente para escuchar.
—Hemos detectado movimiento en las zonas internas del castillo —dijo el guardia en voz baja— no es personal nuestro.
Elliot entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Intrusos?
—No lo sabemos con certeza… pero alguien está evitando las rutas principales.
Polet sintió un escalofrío.
—¿Han informado al rey Arturo? —preguntó Elliot.
El guardia dudó un segundo.
—No aún… consideramos que podría…
—¿Estar involucrado? —terminó Elliot por él.
El guardia no respondió.
Pero no era necesario.
El silencio lo decía todo.
Elliot asintió lentamente.
—Mantengan vigilancia discreta. No hagan ruido, no alerten a nadie más.
—Sí, majestad.
El guardia se retiró.
Elliot cerró la puerta con cuidado.
Cuando se giró, Polet ya estaba de pie frente a él.
—¿Qué está pasando?
Elliot no respondió de inmediato.
—No estamos seguros aún.
—Pero no es bueno —insistió ella.
—No.
Polet cruzó ligeramente los brazos, intentando mantener la calma.
—Entonces… no estamos seguros ni aquí.
—No completamente.
El silencio volvió a instalarse en la habitación.
Pero esta vez era más pesado.
Más real.
Polet suspiró.
—Genial… justo lo que necesitaba para dormir tranquila.
Elliot la observó.
—Puedes volver a la cama.
Polet lo miró como si hubiera dicho algo absurdo.
—¿Después de eso?
—Necesitas descansar.
—Y tú necesitas dejar de decir cosas imposibles.
Elliot no respondió.
Polet caminó un poco por la habitación, claramente nerviosa.
—¿Y si entran?
—No lo harán.
—¿Cómo sabes?
Elliot la miró.
—Porque no los voy a dejar.
Polet se detuvo.
Lo observó unos segundos.
—Eso suena muy seguro para alguien que no sabe qué está pasando.
—No necesito saberlo todo para actuar.
Polet soltó un suspiro.
—Está bien… entonces… ¿qué hago yo?
Elliot dudó un segundo.
—Quédate cerca de mí.
Polet alzó una ceja.
—Eso no es muy específico.
—Es suficiente.
Polet lo miró… y luego, sin decir nada más, se acercó.
Se quedó a su lado.
Más cerca de lo que había estado antes sin una excusa.
—Listo —murmuró.
Elliot la miró de reojo.
—Listo.
Hubo un pequeño silencio.
Y luego Polet habló, en voz baja.
—Oye…
—¿Sí?
—Si aparece alguien… y yo grito… ¿me vas a juzgar?
Elliot la miró.
Y, por primera vez en ese momento de tensión…
Sonrió.
—Solo un poco.
Polet lo empujó ligeramente del brazo.
—¡Oiga!
Ese pequeño gesto rompió la tensión por un segundo.
Pero solo un segundo.
Porque afuera…
Las sombras seguían moviéndose.
Y esta vez…
No estaban tan lejos.