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Un Buen Amor

Un Buen Amor

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Amor a primera vista
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

León es un Omega dominante que odia a los alfas debido a su niñes donde muchos abusaron de el y lo maltrataron, el se niega a ser el Omega de un alfa pero se le hará difícil cuando encuentra su alfa destino Mateo que es una ternura El buscará conquistar a su Omega a como de lugar

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capitulo 5

—Estoy bien —insistió Mateo, aunque su mano aún presionaba suavemente el lugar donde el golpe había impactado.

León lo miró con intensidad, buscando cualquier señal de dolor que delatara la mentira. No encontró ninguna. O tal vez Mateo era simplemente demasiado bueno ocultando su sufrimiento. Suspiró, resignado, y asintió. Se calmaría. Por él. Porque ver a Mateo preocupado le dolía más que cualquier patada.

Pero Cala no había terminado.

Desde el otro lado de la cancha, aún sujetado por dos profesores que habían llegado para controlar la situación, el Alfa lanzó su última flecha envenenada. Sus ojos brillaban con malicia, con el deseo de herir de la única forma que le quedaba: con palabras.

—¿Qué pasa, Omega? —gritó, su voz resonando en todo el gimnasio—. ¿Estás enamorado de ese Omega bonito? ¿Por eso lo proteges tanto? ¡Miren al gran León, el que odia a los Alfas, derritiéndose por otro Omega!

Las risas nerviosas comenzaron a brotar entre los estudiantes. Cala, viendo que había encontrado una fibra sensible, continuó con más fuerza.

—Esto es lo que pasa cuando no te dejas follar por un Alfa de verdad. Te vuelves un desviado. Pero no te preocupes —su sonrisa era una promesa cruel—, yo te haré mi Omega. Te voy a enseñar cuál es tu lugar en la cadena. A ti y a tu amiguito maricón.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Las palabras de Cala, cargadas de odio y de esa violencia que los Alfas como él ejercían con tanta naturalidad, quedaron flotando en el aire como un veneno. Y como todo veneno, comenzó a filtrarse en las conversaciones, en las miradas, en los susurros.

Esa misma tarde, los rumores ya corrían por toda la universidad.

¿Escuchaste? León está enamorado de otro Omega.

Qué asco, ¿no? Eso no es natural.

Siempre supe que algo raro pasaba con él. Por eso odia tanto a los Alfas.

Dos Omegas juntos... no tiene sentido. ¿Quién protege a quién?

Es un error. Tarde o temprano se darán cuenta.

León escuchaba los susurros a su paso, pero mantenía la cabeza en alto. No les daría el placer de verlo derrumbarse. No sabían nada. No entendían nada.

—Vamos, muchachos —dijo Caín, apareciendo como un ángel salvador. El beta pasó un brazo por los hombros de Mateo y otro por los de León, guiándolos fuera del gimnasio—. Fuera de aquí. Necesitan aire fresco, no este nido de víboras.

Los llevó a un rincón tranquilo del campus, cerca de los viejos robles, donde el ruido de las aulas apenas llegaba. Allí, Mateo y León se sentaron en un banco de madera, mientras Caín permanecía de pie, observándolos con una expresión pensativa.

Cuando Mateo se alejó unos pasos para contestar una llamada, Caín aprovechó el momento.

—¿Realmente te gusta ese Omega? —preguntó, sin rodeos.

León lo miró, sorprendido por la pregunta directa. Dudó. Las palabras de Cala aún resonaban en su cabeza, pero también resonaba el latido de su corazón cada vez que veía a Mateo.

—No lo sé —admitió al fin, su voz baja—. Solo estoy... confundido.

Caín asintió, comprensivo. Pero algo en su expresión cambió. Se volvió más seria, más analítica.

—Mira, no quiero meterte ideas raras en la cabeza —dijo, cruzando los brazos—. Pero yo realmente no siento que Mateo sea un Omega. He visto sus actitudes, la forma en que se mueve, cómo reacciona ante el peligro. Y él... no sé cómo explicarlo. Parece un Alfa.

León frunció el ceño, una chispa de molestia encendiéndose en su pecho.

—¿Qué tonterías dices? —replicó, su tono más cortante de lo que pretendía—. Está más que claro que Mateo es un Omega. Un Omega maravilloso, por cierto. ¿Acaso no lo has visto? Es dulce, amable, cocina, cuida de su hermana...

—Todo eso puede hacerlo un Alfa también —señaló Caín con calma—. No es exclusivo de los Omegas. Y la forma en que te protegió hoy... León, eso no fue un Omega defendiendo a otro Omega. Eso fue un Alfa protegiendo a su pareja. Instinto puro.

León abrió la boca para discutir, pero las palabras no llegaron. Porque en el fondo, muy en el fondo, algo en él sabía que Caín no estaba del todo equivocado. Pero no quería escucharlo. No podía.

Porque si Mateo era un Alfa, entonces todo lo que sentía era un error. Todo lo que estaba construyendo se derrumbaría. Y él no podría soportarlo.

Mateo regresó en ese momento, su sonrisa iluminando el espacio entre ellos.

—¿Todo bien? —preguntó, mirando a ambos—. ¿Discuten algo interesante?

—Nada importante —respondió León rápidamente, levantándose—. ¿Nos vamos?

Mateo asintió, y Caín lanzó una última mirada significativa a León antes de despedirse.

---

El resto de la tarde, Mateo se dedicó a borrar cualquier rastro de preocupación del rostro de León. Lo llevó a comer un helado, le contó historias divertidas de su hermana pequeña, le hizo reír con imitaciones de sus profesores. Y funcionó. Poco a poco, León fue relajándose, olvidando los rumores, olvidando las palabras de Caín, olvidando todo excepto la forma en que Mateo lo miraba.

—Tengo un lugar especial —dijo Mateo de repente, cuando el sol comenzaba a descender—. Mi lugar seguro. ¿Quieres conocerlo?

León asintió, curioso.

El viaje fue corto. Unos minutos en autobús, unas cuadras caminando, y de repente estaban frente a un vivero. No era especialmente grande, pero estaba lleno de vida. Macetas colgantes con flores de colores, hileras de plantas aromáticas, árboles frutales enanos en recipientes de barro. El aire olía a tierra húmeda, a jazmín, a algo verde y puro.

—Este lugar es hermoso —susurró León, girando sobre sí mismo para absorberlo todo.

—Eso no es todo —dijo Mateo, y había un brillo especial en sus ojos—. Quiero mostrarte algo muy importante.

Tomó la mano de León y lo guió hacia un rincón apartado, detrás de unos helechos gigantes. Allí, en una cucha de madera forrada con mantas suaves, había una camada de gatitos recién nacidos.

Eran cinco bolitas de pelo, aún con los ojos cerrados, acurrucadas contra su madre, una gata carey que los observó con desconfianza pero sin agresividad.

León sintió que el corazón se le derretía.

—Son hermosos —murmuró, arrodillándose con cuidado para no asustarlos. Extendió un dedo tembloroso y acarició el lomo de uno de ellos, tan suave que parecía imposible.

—Los encontré cuando alguien los tiró al río —dijo Mateo, arrodillándose a su lado—. Cerca de mi casa. No sé quién pudo hacer algo tan horrible. Me tuve que meter al agua para sacarlos. Estaban dentro de una caja, casi ahogándose.

León levantó la vista, sus ojos encontrando los de Mateo.

—Los salvaste.

—No podía dejarlos morir —respondió Mateo, encogiéndose de hombros como si fuera lo más natural del mundo—. Así que los traje aquí. A veces ayudo al dueño del vivero a cuidar las plantas y los gatitos. Es un intercambio: él me deja venir cuando necesito paz, y yo le echo una mano.

León lo miró. Realmente lo miró.

La luz del atardecer entraba por los ventanales del vivero, tiñendo todo de tonos naranjas y dorados. Iluminaba el perfil de Mateo, sus facciones delicadas, la sonrisa suave con la que observaba a los gatitos. Su aroma se mezclaba con el jazmín, creando una fragancia única que León quería guardar en la memoria para siempre.

Y entonces lo entendió. No quería dudar de él. No quería tener que alejarse. No quería escuchar a Caín, ni a los rumores, ni a nadie. Porque Mateo era la única persona que había logrado hacer florecer su corazón después de años de sequía y dolor.

—Luego te daré las llaves —dijo Mateo de repente, rompiendo el hechizo—. Para que cuando necesites un refugio, puedas venir aquí. Es mi lugar seguro. Pero quiero compartirlo contigo.

Los ojos de León se iluminaron como nunca.

¿Compartir su lugar seguro? ¿Con él?

Nadie había hecho eso antes. Nadie le había ofrecido un espacio donde pudiera bajar la guardia, donde pudiera ser simplemente León, sin la armadura, sin la furia, sin el odio. Siempre había sido él contra el mundo. Siempre había estado solo en sus trincheras.

Pero Mateo le estaba tendiendo una mano. Le estaba ofreciendo un refugio.

—No sé qué decir —susurró León, y su voz temblaba—. Muchas gracias, Mateo.

Y entonces lo abrazó.

No fue un abrazo calculado ni pensado. Fue un impulso, una necesidad, un desbordamiento de todo lo que sentía y no podía expresar con palabras. Se aferró a Mateo como si fuera un salvavidas en medio del océano.

Mateo se quedó rígido por un momento. Sus manos flotaban en el aire, a un centímetro del cuerpo de León, sin atreverse a tocarlo del todo. No quería equivocarse. No quería hacer un movimiento brusco que rompiera la magia del momento. No quería que León se sintiera incómodo o atrapado.

Pero entonces recordó: este era su Omega. Su destinado. La persona por la que su alma había esperado sin saberlo.

—¿Puedo? —preguntó, su voz apenas un susurro.

León, con el rostro enterrado en su hombro, asintió.

—Sí.

Y entonces Mateo lo abrazó.

Lo abrazó con todo lo que tenía. Con todo lo que era. Sus brazos rodearon el cuerpo delgado de León y lo apretaron contra sí, sintiendo cada latido de su corazón, cada temblor de su piel. Inhaló su aroma, canela y libertad, y supo que no importaba lo que pasara después. No importaba la verdad que debía decir, ni el miedo que lo carcomía por dentro. En ese momento, solo importaba esto.

Protegerlo. Amarlo. Sanarlo.

Porque León era su Omega destinado. Una parte de él. Pero esa parte había sido herida cruelmente, marcada por años de dolor y abandono. Y Mateo juró en silencio, con los brazos alrededor de su tesoro más preciado, que haría todo lo posible por protegerlo. A como diera lugar. Contra quien fuera. Incluso contra sí mismo, si era necesario.

El atardecer seguía tiñendo el vivero de dorado. Los gatitos dormían plácidamente. El aroma a jazmín los envolvía como un manto.

Y allí, en ese lugar seguro, dos almas rotas comenzaban a sanar juntas.

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Yudiela Arboleda
no pienso que halla sido orgullo por qué Mateo dejó de lado quien era para estar a la altura de león el no lo supo apreciar y todo por la falta de comunicación que le costaba decir lo que estaba pasando
Samuel Hernández
Porfa reúnelos sip🙏 aquí me tienes triste y con el moco tendido 😭solo los quiero ver felices pero siempre tiene que haber alguien que arruina todo 😤 aquí estaré esperando más capítulos 👋
Bunny 🐇: 😭 Es que nuestro León no Pudo con sus inseguridades
total 1 replies
Samuel Hernández
Que hermoso amor 😍 yo quiero un Alfa así de amoroso como Mateo 😗ya dale su merecido a Cala que entienda lo que no le pertenece no lo debe de tocar😤
Ji Sang
si lo protege hasta el final
Marleni Pacheco aguilar
me puse triste es la realidad de muchas mujeres 😿
espero el siguiente capítulo
Marleni Pacheco aguilar
gracias estuvo muy bueno actualización más rápido si plis
Marleni Pacheco aguilar
el capítulo de hoy autora esta super dónde se quedó quiero ver el tema de celos de nuestro Omega
Marleni Pacheco aguilar
Gracias por el capítulo estuvo muy bueno la verdad me gustó mucho pero porfis actualiza el día de hoy 14 de febrero día del amor y la amistad gracias que son para tus seguidoras
Marleni Pacheco aguilar
cuando sale el próximo autora
♥️Lisseth♥️
Excelente gracias
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