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La Bebe Del Playboy

La Bebe Del Playboy

Status: En proceso
Genre:La mimada del jefe / Amor a primera vista / Padre soltero
Popularitas:14.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Evelyn Sanchez

LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Aceptó

​El despacho de Lucian Santos se sentía más pequeño esa noche, como si las paredes de caoba y cuero estuvieran absorbiendo el oxígeno. Lucian, un hombre que se enorgullecía de su control absoluto sobre cualquier situación, se encontraba caminando de un lado a otro frente a su escritorio. Sus dedos tamborileaban rítmicamente sobre el cristal de su reloj, un tic nervioso que solo aparecía cuando estaba a punto de ejecutar una maniobra de alto riesgo.

​La propuesta que tenía en mente era, en términos legales, una aberración. En términos personales, era una locura. Pero la presión de su madre, Victoria, actuaba como una prensa hidráulica sobre su pecho. No podía permitir que una extraña, una baronesa o una heredera elegida por catálogo, entrara en su vida y en la de Mikeila para imponer sus reglas. Necesitaba un escudo, y ese escudo tenía nombre y apellido: Elena Rivas.

​Cuando la puerta se abrió tras un suave toque, Lucian se detuvo en seco. Elena entró con su habitual paso silencioso, cargando una pequeña tableta con los pendientes del día siguiente. Se veía cansada; las ojeras bajo sus gafas delataban las noches en vela cuidando a la bebé, pero su postura seguía siendo impecable.

​—¿Quería verme, señor Santos? —preguntó ella, manteniendo la distancia profesional que había definido su relación durante dos años.

​Lucian no perdió el tiempo con preámbulos. Sabía que si lo pensaba demasiado, la lógica terminaría por detenerlo.

—Rivas, siéntate. Lo que voy a decirte no tiene nada que ver con la logística de la empresa, sino con la supervivencia de esta familia. Mi madre no va a detenerse. Mañana empezará el desfile de candidatas y, tarde o temprano, me obligará a elegir una. A menos... que yo ya esté fuera del mercado.

​Elena lo observó, sus ojos café ocultos tras el reflejo de sus gafas. Lucian soltó la bomba.

—Quiero que te cases conmigo. Por contrato. Un matrimonio legalmente vinculante ante el mundo, pero una farsa entre nosotros. Mi amigo en el registro civil puede arreglar los documentos para que parezca que nos casamos hace un año, en secreto, para proteger la privacidad del embarazo y el nacimiento de Mikeila.

​Lucian se preparó para el impacto. Esperaba que ella gritara, que llorara, que le preguntara si se había vuelto loco o que exigiera una compensación astronómica. Pero lo que ocurrió lo dejó descolocado.

​—Acepto —dijo Elena.

​Fue una sola palabra, lanzada sin un miligramo de duda. No hubo parpadeos, no hubo temblor en su voz. Aceptó con la misma eficiencia con la que confirmaba una reserva de vuelo.

​Lucian se quedó callado, observándola como si fuera la primera vez que la veía. Una punzada de cinismo, su mecanismo de defensa habitual, se activó en su mente. "Vaya", pensó, "sus deudas deben ser verdaderamente catastróficas para que acepte vender su libertad así de rápido". Por un momento, se sintió como un depredador aprovechándose de la necesidad de su presa, pero la urgencia de su propio problema aplastó cualquier escrúpulo.

​—Bien —dijo Lucian, recuperando su tono de mando—. No perdamos tiempo. Mañana a las siete de la mañana iremos al registro. Julián, el encargado, es un viejo amigo mío de la universidad. Él se encargará de que el acta tenga fecha de hace trece meses. Una vez que tengamos ese papel, mi madre no tendrá poder legal para intervenir. Prepara tus cosas, a partir de mañana serás, ante el mundo, la señora Santos.

​La mañana siguiente nació bajo un cielo gris y plomizo. El trayecto hacia el registro civil se realizó en un silencio sepulcral. Lucian conducía mientras Elena miraba por la ventana, perdida en sus propios pensamientos. Ella no estaba pensando en el dinero ni en el estatus; estaba pensando en la conversación con García. Estaba pensando en que ese papel, aunque nacido de una mentira de Lucian, era su verdad más sagrada: el derecho de estar con su hija.

​Al llegar, Julián los esperaba en una oficina privada, lejos de las miradas de los ciudadanos que esperaban su turno. Julián, un hombre de sonrisa fácil que conocía las andanzas de Lucian, los recibió con un abrazo efusivo.

​—¡Lucian! Sigues siendo el mismo rebelde de siempre —río Julián mientras revisaba los formularios—. Casarte en secreto con tu mano derecha... es la jugada más audaz que te he visto hacer. Es casi romántico, si no supiera que eres un témpano de hielo.

​Elena firmó los documentos con una mano que, esta vez, sí temblaba ligeramente. Al plasmar su nombre junto al de Lucian, sintió que el círculo se cerraba. Hace un año y un poco mas, estaba sola y aterrada; hoy, estaba uniendo su nombre al del hombre que amaba, aunque fuera bajo el velo de un contrato de negocios.

​—Listo —dijo Julián, sellando el acta con un golpe seco—. Según el estado de Nueva York, ustedes son marido y mujer desde hace un año y un mes. Felicidades... supongo. Tienes que salir conmigo a celebrar esta noche, Lucian. Hace siglos que no te veo fuera de las páginas de Forbes.

​Lucian aceptó la invitación de su amigo, sintiendo que un peso inmenso se levantaba de sus hombros. Al salir del edificio, el aire frío le pareció revitalizante. Tenía el arma perfecta contra Victoria.

​Al regresar al Penthouse, Lucian entró directamente en su despacho y llamó a García. El éxito de la mañana no había borrado la duda que le había asaltado la noche anterior: ¿Quién era realmente Elena Rivas? ¿Por qué nunca se había molestado en investigar la vida privada de la mujer que controlaba su agenda?

​—¿Es todo lo que hay? —preguntó Lucian, señalando la carpeta que García acababa de poner sobre su escritorio.

​—Es todo lo que los registros públicos y privados permiten ver sin violar leyes federales, señor —respondió García, manteniendo su máscara de impasibilidad—. La señorita Rivas ha tenido una vida marcada por el deber.

​Lucian hojeó los papeles. Se detuvo en la sección de sus ausencias laborales.

—Este permiso que pidió hace poco menos de un año... se extendió por varios meses. ¿Qué estuvo haciendo exactamente?

​García sintió que el pulso se le aceleraba por un instante. "Llevando a tu bebé en su vientre, alimentándola con su propia sangre mientras tú salías con modelos", pensó el jefe de seguridad con una amargura que no mostró.

​—Estuvo cuidando de su padre, señor —dijo García con voz firme—. El señor Rivas padeció una enfermedad degenerativa muy agresiva.

Elena agotó sus ahorros en tratamientos experimentales y enfermeras. El hombre estuvo en fase crítica durante ese tiempo, por eso ella necesitó la extensión. Volvió al trabajo apenas él se estabilizó un poco, simplemente porque ya no tenía cómo pagar las cuentas.

​Lucian cerró la carpeta lentamente. Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo que no sabía procesar: compasión. Miró hacia la puerta de su despacho, sabiendo que al otro lado estaba Elena, probablemente atendiendo a Mikeila o revisando correos.

​—Vaya que su vida ha sido dura —susurró Lucian, y su voz sonó inusualmente suave—. Ha estado cargando con el mundo sobre los hombros mientras yo me quejaba de la temperatura de mi café.

​Se puso de pie y se acercó a García, su mirada volviéndose severa.

—García, ahora que es mi esposa ante la ley, su posición es extremadamente vulnerable. Conozco a mi madre; puedo percibir su desprecio por Elena. Victoria no aceptará esto fácilmente. Intentará buscar grietas, intentará humillarla o asustarla para que se vaya.

​—Lo sé, señor. La señora Victoria es persistente —asintió García.

​—Necesito que pongas a tu mejor gente a su cuidado —ordenó Lucian—. No quiero que Elena dé un paso fuera de este edificio sin protección.

Ella es el eslabón que mi madre intentará romper primero para llegar a mí y a la niña. No permitas que nadie la toque ni la insulte. A partir de hoy, Elena Rivas es una Santos, y los Santos nos protegemos entre nosotros.

​García asintió, ocultando una pequeña sonrisa de satisfacción. Sabía que Lucian estaba empezando a desarrollar un instinto protector hacia Elena que iba más allá del contrato. El jefe de seguridad sabía que el camino sería difícil, pero mientras salía del despacho, se sintió tranquilo. Por fin, la madre y la hija estaban bajo el mismo escudo, y Lucian, sin saberlo, estaba empezando a construir la familia que siempre había negado necesitar.

​En el pasillo, García se cruzó con Elena, que llevaba a Mikeila en brazos. Sus miradas se encontraron por un segundo. No hubo palabras, solo un asentimiento de García que decía: "El primer paso está dado. Ahora, aguanta".

​Elena apretó a la bebé contra su pecho y caminó hacia el salón, lista para enfrentar la tormenta que, estaba segura, llegaría en cuanto Victoria Santos viera el acta de matrimonio.

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Carola 🦋
Q maravilloso momento eso va ayudarla mucho 🥰
Carola 🦋
Este hombre me mata de risa 🤣 😂
Carola 🦋
Ya me enamoré de este hombreeee
Jazmín Adriana Muelas Morales
Que hermoso capítulo 🥰 😍 me encanta llore y reí mucho... me encanta
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente historia me he reído mucho con ella, gracias autora bendiciones
Maria Elena Martinez Lazaro
🤣🤣🤣🤣Que rápido vuela tu imaginación Lucian de razón eres el tiburón de los negocios 🤣🤣🤣
mariela
Muy divertida como Lucían todo lo convierte en proyecto, operaciones y negocios hasta para darle de comer y cambiar un pañal a Mikeila jajaja🤣😂 el conejo emperador pobre Elena pero así lo ama.
mariela
Me encanto este capitulo Lucien acaba de decir nosotros que el matrimonio va hacer verdadero y luchara contra ella con todo para salvarla así se habla así que Elena a pensar positivo y lucha con todo.
mariela
Lucien ahora si a salvar a Elena te diste cuenta que la quieres que es la madre de tu hija y para no dejarla sola por su enfermedad heredada de su padre.
mariela
Elena las mentiras tienen patas cortas y la enfermedad te esta cercando y no vas aguantar mucho tendrás que decir la verdad sobre tu hija y tu salud.
keila arias
Excelente mucha frescura
Ale 🇨🇱
Buena, buenísima!!
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭🤭
Juani Dorado
jajjajaa morí de risa con el conejo emperador ese papá y la bebé son tremenda bomba juntos me encantan ❤️🥰👏
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente historia buenísima y emocionante, conmovedora 👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Capítulo emotivo y conmovedor ❤️❤️❤️❤️
Jazmin Morales
me hiciste la noche con el dicho de un conejo con complejo de emperador🤣🤣🤣 yo le digo que en sus tiempos no tenían tele... mi abuelo quería repoblar el mundo con mi abuela teniendo 19 hijos 🤣🤣🤣
Nairobis Cardozo Portillo
Elena tienes que hacer el tratamiento por tú hija y por ti
Ale 🇨🇱
Me encantó la forma que lo supo. No hubo malos entendidos, ni nada por el estilo que los separara y la hiciera sufrir más de lo que ya sufre por la enfermedad.
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