Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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compromiso
Nicol estaba un poco triste. Su papá no llegó.
Suele pasar que a veces, a último momento, se presenta algo… pero ella llevaba días esperándolo.
Ahora que estaba con su abuelo, sus ánimos habían mejorado. Corría feliz por los jardines mientras Marta la observaba; aunque el lugar era seguro, podía caerse mientras corría.
La señora Estela llevó a Kataleya a su habitación y le presentó a las empleadas que la ayudaban en casa. Luz y Dana eran chicas muy amables.
—Ven, Kataleya. Vamos al jardín a dar un paseo, así podemos conocernos un poco más —la invitó Estela amablemente—. Te mostraré una flor que lleva tu nombre.
—¿De verdad?
-Sí, claro, vamos.
Señoritas, ¿pueden ayudarme con el coche de la bebé? Aún no sé cómo ajustarlo, así mi pequeña Celeste estará más cómoda —les dijo con amabilidad a las empleadas.
- Si señorita- asintieron las empleadas y se apresuraron a desplegar y a acomodar el coche de la bebé.
- sé que debes estar cansada del viaje, tantas horas en el auto, una caminata te ayudará, mi esposo y mi hijo tienen asuntos de que hablar, más tarde nos reuniremos todos de nuevo.
- Si señora - asintió - tiene razón además también quiero conocer esta hermosa casa.
Salieron rumbo al jardín...
—Su jardín es muy hermoso, señora.
—Se lo debo a Jarry, nuestro jardinero. Mira, esta es la flor de la que te hablaba. Es una Kataleya, también le llaman orquídea. Son muy hermosas y hay mucha variedad. He logrado conseguir algunas en diferentes colores. Mira.
—Son realmente hermosas. No sabía que llevara el nombre de una flor tan preciosa.
—¿Te gustan los caballos?
—Sí, señora.
—Aún es temprano. Ven, te mostraré la caballeriza.
A mi esposo le fascinan. Tenemos algunos ejemplares pura sangre. Han ganado distintas ferias y sus crías se venden a muy buen precio.
—¿De verdad? Papá tenía caballos en la hacienda, pero eran animales de carga. Nunca pensé que se pudiera tener un negocio rentable con caballos.
—Querida… ahora que lo mencionas, ¿dónde están tus padres?
—Murieron hace mucho, señora… igual que mis hermanos. Quedé huérfana a los trece años.
—Lo lamento. Creo que fui imprudente… solo tenía curiosidad. Perdón, hija…
Cambiando de tema, ¿ya fijaron fecha para la boda?
—¿Boda? ¿Qué boda?
—La tuya, con mi hijo. ¿De qué otra boda estaría hablando?
—Sí… qué tonta soy… cuál otra boda…
No… aún no lo hemos hablado.
—No esperen mucho tiempo. Sé que te quiere mucho. Lo veo en la forma en que te cuida a ti y a tu hija, sin importar que no sea de él.
¿Y el papá de la bebé te ayuda con su crianza?
—No, señora. Nunca tuve la oportunidad de decirle que sería papá. Pero eso no importa, mi hija me tiene a mí… no lo necesita.
—Qué pena, hija… creo que fui imprudente otra vez. Hay tantos jóvenes sin escrúpulos que andan por ahí enamorando jovencitas para usarlas y luego abandonarlas… Pero no te preocupes, a tu hija no le faltará nada.
¿Puedo tratarla como si fuera mi nieta? No te molesta, ¿verdad? Me encantan los bebés.
Kataleya miró a Celeste, que dormía plácidamente en el cochecito. Pensó:
"Realmente eres una bebé afortunada… ya tienes abuela y un papá."
Luego respondió:
—Claro, señora. Está bien que la trate como su nieta… pero creo que la pequeña Nicol se sentirá celosa.
Las dos rieron. En ese momento Marta llegó con Nicol. Habían estado cabalgando, una de las actividades que Marta más disfrutaba.
—Mamá, veo que se están conociendo. Kataleya es una gran chica.
—Sí, hija, lo es. Tu hermano es muy afortunado. Después de todo lo que ha pasado… es un buen hombre. Tiene un temperamento fuerte, pero es muy sensible.
—¿Temperamento fuerte? —replicó Kataleya.
—Sí, a veces… o tal vez lo era. Desde que te conoció no lo he visto de mal humor como solía estar antes. Solo Nicol lo hacía reír —respondió Marta—.
Por cierto, estuve en los viñedos. Hay muy buena cosecha este año. Tal vez mañana podemos ir a recoger algunas uvas.
—¿Uvas? No sabía que se podían cultivar uvas aquí.
—Sí, Kataleya. Una de las ventajas de vivir en la zona ecuatorial es que no debes esperar hasta primavera u otoño para comer uvas. Casi todo el tiempo hay cosecha —respondió Marta.
Nicol aún estaba con su mamá en el caballo.
—Mami, ¿dónde está mi tío?
—Está con tu abuelo en el estudio, tratando algunos asuntos importantes.- respondió Estela.
—¿Hay algún problema, mamá?
—No, hija. Al contrario. Creo que en la cena hay varias sorpresas que las alegrarán mucho. Vamos, ya casi es hora de cenar.
—¡Sí, vamos mami! ¡Yo ya quiero ver la sorpresa del abuelo! —dijo Nicol emocionada.
La mesa estaba servida, pero María Celeste se despertó. Kataleya fue a la habitación para cambiarla y amamantarla. Darvi la sorprendió allí.
—¿Cómo te fue con mi madre?
—Bien, cariño. Tu mamá es una mujer excepcional. Me pidió permiso para tratar a María Celeste como su nieta.
¿Y a ti cómo te fue? Estuviste toda la tarde con tu papá.
—Bien. Hablamos un poco. Quiere hacer cambios radicales. Al principio no estaba muy convencido de sus propuestas, pero creo que me convenció.
También te aprecia desde que te vio. Me preguntó cómo nos conocimos…
—¿Qué le dijiste? ¿Le contaste la verdad?
—No. Le dije que te había visto en los semáforos vendiendo dulces y flores un par de veces, y que tus ojos me intrigaban… pero como estaba casado, no te presté mayor atención.
Le conté que hace unas semanas una patrulla te encontró inconsciente con tu bebé en brazos, y que me asignaron el caso para investigar… y que al verte, mi alma volvió a vivir.
—Creo que eres un mentiroso profesional.
—Si les digo de dónde vienes, desconfiarán de ti. Marta lo sabe y prometió guardar el secreto. Además… lo último no fue mentira.
Cuando te vi… fue como si volviera un poco de esperanza a mi vida. Y tu hija… tu hija es algo muy tierno. No se describir lo que sentí al verla.
Hizo una pausa.
—Sé que vamos muy rápido… pero he pasado todo el día esperando para decirte esto.
La verdad quería llevarte a los viñedos, pero mi padre me sorprendió con sus planes. Sé que en la cena hay muchas sorpresas… así que antes quiero proponerte que te cases conmigo.
Darvi sacó de su bolsillo un estuche con un anillo de oro y plata, tallado con pequeñas lunas y una piedrita azul muy llamativa.
—Por favor… acepta. Mi dulce Kataleya, tan dulce y única como las flores que llevan su nombre.
Kataleya estaba sorprendida… muy sorprendida. Pero también emocionada. En su vida imaginó una propuesta de matrimonio así.
—Sí… sí acepto.
Aunque aún alimentaba a su hija, hizo una pausa para que Darvi le colocara el anillo. La pequeña ya había terminado de comer. Ellos reafirmaron su compromiso con un beso.
—Ven, nos esperan en el comedor. Yo llevo a María Celeste.
Él tomó a la bebé en brazos. Kataleya se aferró a su brazo y juntos se dirigen al comedor.
—Qué bien, ya están aquí —dijo Marta—. Ahora sí podemos empezar.
—No, aún no —dijo el padre de Darvi mirando su reloj—. Falta un invitado. No tarda en llegar. Esperaremos.
En ese momento sonó el timbre.
—Bueno… creo que ya llegó.
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏