Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 4: No me cansaré contigo.
______ al día siguiente.
La sala estaba llena de flores, cajas abiertas con adornos, vestidos colgados cuidadosamente en percheros, y varias mujeres caminaban de un lado a otro revisando listas.
Verónica estaba sentada frente al tocador de su habitación mientras una estilista terminaba de arreglar su cabello. Su reflejo en el espejo mostraba a una novia perfecta, maquillaje suave, el cabello recogido con elegancia, la piel impecable. Cualquiera que la viera habría pensado que estaba tranquila, que era una mujer feliz a punto de casarse.
Pero la mirada de Verónica no tenía ilusión.
Sus ojos observaban cada detalle con una calma que ocultaba pensamientos mucho más profundos. Probarse estas cosas de nuevo le da una sensación de reafirmar lo que va a hacer.
Detrás de ella, su amiga Laura hablaba con entusiasmo mientras revisaba el vestido que colgaba cerca de la cama.
—No puedo creer que por fin llegó el día —dijo mientras acomodaba la tela—. Estabas esperando esto desde hace meses, y Andrés también. Anoche me llamó para preguntarme si estabas nerviosa, parecía más ansioso que tú.
La estilista sonrió ligeramente mientras colocaba un broche en el cabello de Verónica.
—Eso pasa siempre —comentó—. Los novios suelen ponerse tensos cuando se acerca la ceremonia.
Laura rió con suavidad.
—No me sorprende. Andrés es muy orgulloso, pero contigo siempre parece más relajado.
Verónica escuchaba cada palabra sin interrumpir.
En su mente, la conversación que había tenido con Andrés el día anterior seguía presente. El tono confiado de su voz, la seguridad con la que hablaba del futuro que creía tener asegurado.
Laura levantó el vestido de novia con cuidado.
—Deberías probártelo otra vez antes de salir —dijo con una sonrisa—. Quiero verte completamente lista.
La estilista terminó su trabajo y se apartó.
—El maquillaje está perfecto —comentó—. Solo faltará el vestido.
Verónica se levantó lentamente de la silla. Caminó hacia el vestido y lo observó durante unos segundos.
Laura notó la pausa.
—¿Todo bien?
Verónica sostuvo la tela entre sus manos.
—Sí.
Las palabras fueron tranquilas.
Se cambió con ayuda de las dos mujeres y, unos minutos después, el vestido estaba perfectamente colocado. La tela blanca caía con elegancia, ajustándose a su figura con precisión.
Laura la miró con una expresión emocionada.
—Estás increíble.
La estilista también asintió.
—Cualquiera diría que esta es la boda perfecta.
Verónica se observó en el espejo.
Recordó otra vez el hospital, el dolor en su cuerpo, la voz del médico diciendo que su bebé no sobrevivió. Recordó la frialdad de Andrés cuando le pidió el divorcio, la forma en que habló de Clara con absoluta tranquilidad. El recuerdo no provocó lágrimas. Laura se acercó a ella.
—¿En qué estás pensando?
Verónica giró ligeramente el rostro.
—En lo rápido que cambian las cosas.— expresó con un suspiro cansado.
Laura frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Antes de que Verónica respondiera, alguien tocó la puerta. Una organizadora entró con una carpeta en la mano.
—Señora Andrade, el automóvil está listo. La ceremonia empezará en cuarenta minutos, deberíamos salir en diez.
Laura sonrió con emoción.
—¿Escuchaste? Este es el momento.
La organizadora observó a Verónica esperando confirmación.
Verónica respiró con calma.
—Gracias. ¿Podrías dejarnos solas un momento?
La mujer asintió.
—Claro.
Cuando la puerta se cerró, el silencio quedó entre ellas.
Laura se acercó un poco más.
—Estás muy callada hoy.
Verónica la miró con atención.
—Laura.
—¿Sí?
—¿Qué harías si supieras que estás a punto de cometer el peor error de tu vida?
La pregunta sorprendió a Laura.
—No sé... supongo que trataría de detenerlo.
—Incluso si ya todo está preparado.
—Claro —respondió ella con una pequeña risa nerviosa—. ¿Por qué preguntas eso ahora?
Verónica sostuvo su mirada unos segundos más.
—Porque eso es exactamente lo que voy a hacer.
Laura tardó un momento en entender.
—Espera... ¿qué?
Verónica caminó hacia la silla y tomó su teléfono.
—No voy a casarme con Andrés.
Laura abrió los ojos con incredulidad.
—¿Estás hablando en serio?
—Completamente. Al verme con todo este disfraz lo entendí mejor.
—Verónica, hay cientos de personas esperando en el lugar de la ceremonia.
—Lo sé.
—Andrés ya está allí.
—También lo sé. Y no me importa si el pasa vergüenza.
Laura parecía no saber qué decir.
—Esto no puede ser una broma. ¿Pasó algo entre ustedes?
Verónica pensó en la escena de la sala, en Clara, en el hospital.
—Sí —respondió—. Pasaron muchas cosas.
Laura dio un paso hacia ella.
—Entonces deberías hablar con él, no cancelar todo de esta forma.
Verónica negó con suavidad.
—Hablar con él no cambiaría nada.— dijo con una leve rabia.
El teléfono vibró en su mano. El nombre de Andrés apareció en la pantalla.
Verónica contestó.
—Buenos días.
La voz de Andrés sonaba impaciente.
—¿Dónde estás? La ceremonia empieza pronto.
—Estoy en casa.
—¿Por qué no estás en camino?
Verónica caminó hacia la ventana mientras sostenía el teléfono.
—Porque no voy a ir.
Hubo un silencio inmediato.
—¿Qué acabas de decir?
—No voy a casarme contigo.
La voz de Andrés cambió.
—Verónica, no es momento para bromas.
—No estoy bromeando.
—La ceremonia está lista.
—Entonces deberías cancelarla. Porque la novia no va.
El tono de Andrés se volvió más duro.
—No puedes hacer esto ahora.
—Puedo hacerlo.
—¿Tienes idea de lo que va a pasar si cancelas la boda hoy?
—Sí.
—Habrá un escándalo enorme.
—No me importa. Tu serás que darás la cara. Siempre lo haces.
Andrés guardó silencio unos segundos.
—Explícame qué está pasando.
Verónica apoyó una mano en el marco de la ventana.
—Simplemente tomé una decisión.
—¿De un momento a otro?
—No exactamente.
—Entonces dime la razón.
Verónica sonrió levemente.
—Digamos que comprendí que casarme contigo sería un error.
La voz de Andrés se volvió fría.
—No puedes hablar en serio.
—Lo estoy haciendo.
—Verónica, hay inversionistas importantes aquí, socios de la empresa, nuestras familias.
—Eso no cambia mi decisión.
—Estás arruinando todo.
—No —respondió ella con tranquilidad—. Estoy evitando algo peor.
Laura observaba la escena con incredulidad.
—Esto no se queda así —dijo Andrés.— Voy a ir a buscarte ahora mismo.
—No hace falta. Nada me hará cambiar de opinión.
—Claro que hace falta.
—La conversación ya terminó.
—No cuando yo digo que terminó.
Verónica habló con calma.
—Adiós, Andrés.
La llamada terminó.
Laura todavía estaba mirando a Verónica como si estuviera frente a alguien que no reconocía.
—Acabas de cancelar tu boda.
Verónica dejó el teléfono sobre la mesa.
—Sí.
—¿Estás segura de lo que hiciste?
—Completamente.
Laura respiró hondo.
—Esto va a provocar un desastre.
Verónica caminó hacia el espejo y comenzó a quitarse los pendientes con movimientos tranquilos.
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