¿Qué harías si tras tu muerte, despiertas dos años atras en tu vida?
Joel lo tenía todo hasta que el destino le arrebató a su familia. En su ceguera por el dolor, eligió un culpable: Celene, la mujer que más lo amaba. Tras dos años de indiferencia glacial y rechazos que marchitaron el alma de su esposa, el silencio se vuelve permanente cuando ella muere consumida por la depresión.
Sin embargo, la verdad es un juez implacable. Al descubrir la inocencia de Celene y la realidad tras su tragedia familiar, Joel se quita la vida, incapaz de cargar con su propia culpa. Pero el tiempo decide darle una última oportunidad. Despertando dos años atrás, justo cuando el infierno comenzó, Joel se jura a sí mismo que esta vez no será su verdugo, sino su protector.
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Cap 23 - El bebé estará bien
Cuando Celene despertó, lo primero que hizo fue buscarme con la mirada. Yo estaba sentado a su lado, inclinado hacia adelante, como si no me hubiera movido en horas. En cuanto sus ojos se abrieron, me puse de pie
— Joel… — susurró — Me duele la cabeza
— Tranquila amor. Estás a salvo. Todo pasó — le digo tomando su mano
— Había… cosas — murmuró — Pensé que había bichos sobre mí. Sentía que me ahogaba — dice frunciendo el ceño, confundida
Tragué saliva.
— Fue una reacción — respondí con suavidad — Algo que te hicieron. Pero ya estás mejor — le digo para tranquilizarla
— ¿Y el bebé? — dice cerrando sus dedos con fuerza alrededor de los míos
La pregunta me atravesó como una puñalada. No respondí de inmediato, no sabía que responderle y ella lo notó
— Joel… — insistió, con miedo — Dime la verdad
— Todavía lo están observando — dije al fin — El corazón está latiendo bien, pero los médicos quieren estar seguros antes de darnos certezas
— ¿Qué me pasó? — pregunta con sus ojos llenos de lágrimas
Respiré hondo — Alguien te inyectó una sustancia — expliqué — No era un medicamento del hospital
Celene me miró fijamente, como si de pronto todo encajara y sus ojos se abrieron bien grandes
— La enfermera Joel — susurró — No me respondió cuando le hablé y la note alterada, nerviosa
— No era una enfermera — le respondí
El silencio que siguió fue pesado. Celene llevó una mano a su vientre, protegiéndolo instintivamente, como temiendo que algo malo le pasase a nuestro hijo
— Si algo le pasa… — dijo con la voz rota — Si algo le pasa a nuestro hijo… — y comienza a llorar
— No va a pasar amor — la interrumpí — No voy a permitirlo — le digo con un nudo en la garganta al verla a ella así
Golpearon suavemente la puerta antes de entrar. El médico apareció acompañado por la toxicóloga
— Celene — dijo con calma — ¿Cómo te sentís?
— Cansada — respondió — Con dolor de cabeza y asustada — le responde ella
— Es normal — aseguró — Queremos explicarte lo que sucedió — dice él médico acercándose a ella
La toxicóloga habló con cuidado, eligiendo cada palabra
— La sustancia que te administraron es un derivado de la belladona. Es muy peligrosa, pero logramos neutralizar gran parte de sus efectos — comenzó explicando
— ¿Eso pudo matar a mi bebé? — preguntó Celene abriendo los ojos con horror
— Pudo — respondió el médico con honestidad — Pero actuamos a tiempo. Aun así, necesitamos observar la evolución. Las próximas horas son clave — Asentí en silencio, apretando los dientes
Cuando salieron de la habitación, besé la frente de Celene
— Voy a ausentarme un rato — le dije — Pero vuelvo enseguida
— No tardes — pidió — Por favor
Me dirigí a la bodega, tenía mucha ira acumulada, está vez no perdonaría a Beatriz por haber atentado contra la vida de mí mujer y mí hijo
La bodega estaba fría y en penumbras cuando entré.
Beatriz estaba sentada en una silla, con las manos atadas, el cabello revuelto y los ojos encendidos de odio
— Así que ya sabés — escupió apenas me vio
— Sí — respondí — Belladona — respondí deteniendome frente a ella
Sonrió de lado.
— Una lástima que no haya sido suficiente — dijo riendo burlonamente
La rabia me recorrió el cuerpo entero, pero mantuve la voz firme
— ¿Querías matarla o que perdiera al bebé? — pregunté intentando contenerme
Beatriz soltó una carcajada seca
— ¿Hay diferencia? — dijo — Ella disfruta de todo lo que me pertenece
— Si Celene pierde a ese hijo, no vas a ver la luz del día nunca más — le digo inclinandome hacía ella
— ¿Y si no lo pierde? — preguntó, desafiante — ¿Qué vas a hacer entonces?
— Vas a pagar igual — la miré con desprecio — Pero no por mis manos — dije dandome la vuelta y saliendo sin mirar atrás
Cuando regresé al hospital, el pasillo estaba en silencio. El mismo médico me esperaba
— Joel — dijo — Hay algo que tenés que saber
Mi corazón volvió a acelerarse
— El bebé sigue estable — continuó — Pero detectamos signos de estrés. No podemos afirmar aún si habrá consecuencias a largo plazo
Cerré los ojos un instante.
— ¿Cuándo lo sabremos? — pregunté
— Pronto — respondió — Pero no hoy
Entré de nuevo a la habitación de Celene. Ella dormía, agotada. Me senté a su lado y apoyé la mano sobre su vientre
— Aguantá un poco más — susurré — Los necesito a ambos a mí lado
El monitor emitía un sonido constante, casi hipnótico.
Me quedé de pie junto a la cama de Celene, observando cómo su pecho subía y bajaba con cada respiración. Dormía profundamente, agotada, como si su cuerpo hubiera decidido desconectarse para sobrevivir
Yo no podía hacer lo mismo, tenía un cóctel de emociones que no me permitían cerrar los ojos ni por un segundo
Una enfermera entró en silencio y ajustó uno de los sensores sobre el vientre de Celene. Miró la pantalla, frunció apenas el ceño y salió sin decir una palabra
Ese gesto mínimo fue suficiente para volver a encender el miedo que tenía dentro mío
Minutos después, el médico regresó acompañado por un especialista. Traían un equipo portátil y una expresión que no lograba descifrar
— Vamos a hacer un control más — dijo — Solo para asegurarnos
Celene se movió un poco, pero no despertó.
El gel frío tocó su piel y la pantalla se llenó de sombras y líneas incomprensibles para mí. Mis ojos buscaban desesperadamente una señal, algo que me indicara que todo estaba bien
— ¿Está latiendo? — pregunté, incapaz de contenerme
— Sí. El corazón está fuerte — dijo el médico asintiendo
Sentí que el aire volvía a entrar en mis pulmones.
Pero no terminó ahí
— Sin embargo — continuó — Hubo un episodio de estrés. No es raro, considerando lo que sufrió su madre
— ¿Eso qué significa? — pregunté de inmediato sintiendo una gran tensión
El especialista habló con calma, como si midiera cada palabra
— Que el bebé reaccionó al impacto de la sustancia. Por ahora no vemos daño estructural, pero necesitamos observar la evolución neurológica con el paso de las horas — respondió
— ¿Puede… — me detuve — puede haber consecuencias después?
El silencio fue breve, pero pesado
— Existe esa posibilidad — respondió — También existe la posibilidad de que no quede ningún efecto. Aún es pronto para saberlo, apenas está de dos meses de embarazo — dijo y yo abri los ojos, era tan pequeño aún
— ¿Cuándo lo sabremos? — dije apretando los puños
— No hoy — dijo — Tal vez tampoco mañana. Este tipo de situaciones no dan respuestas inmediatas
Asentí lentamente, aunque por dentro todo gritaba.
Cuando terminaron el control, me quedé solo otra vez. Me senté al borde de la cama y apoyé la mano sobre el vientre de Celene, con un cuidado casi reverencial
— Tenés que quedarte — le murmuré al bebé — Se fuerte, no nos dejes
Celene se movió apenas, como si hubiera escuchado.
— Joel… — susurró, todavía dormida
— Estoy acá amor — le dije inclinandome hacía ella — Siempre
Abrió los ojos despacio.
— ¿El bebé? — preguntó, con voz débil
— Está luchando — respondí sin mentir — Igual que vos
Sus ojos se humedecieron, pero no lloró
— Tengo miedo — confesó en voz baja
— Yo también — confesé — Pero no estás sola amor, estamos juntos en esto
Nos quedamos en silencio, compartiendo ese temor que no necesitaba palabras.
Horas más tarde, cuando Celene volvió a dormirse, el médico regresó una última vez
— Joel, Hay algo importante que quiero que sepa — dijo haciendo que mí corazón se acelerara — El hecho de que el bebé haya resistido el primer impacto es una buena señal — explicó — No nos permite asegurar nada aún, pero… hay esperanza
Asentí, aferrándome a esa palabra como a un salvavidas
— Gracias — murmuré sintiendo un alivio bien grande dentro de mí
Cuando se fue, me quedé mirando a Celene y al hijo que crecía dentro de ella
El destino ya había intentado arrebatarme todo una vez. Esta vez, no pensaba apartar la mirada ni un solo segundo.