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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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Los Bandidos

La llegada a Dyo fue como entrar en una pesadilla a cámara lenta. El aire olía a humo y madera quemada; las casas, muchas de ellas reducidas a escombros humeantes, proyectaban sombras irregulares sobre calles llenas de escombros. Aldeanos corrían en todas direcciones, con mantas y niños en brazos, ojos desorbitados y voces que se quebraban en sollozos. Edran y Lira se detuvieron en el borde del poblado, pegados a la pared de una casa intacta por milagro, observando sin poder intervenir: cualquier movimiento en falso podía empeorar la masacre.

Se movieron como sombras. Buscaron refugio en un granero medio derruido y, desde allí, escucharon los pasos y las órdenes de los atacantes. Los bandidos no eran meros saqueadores: actuaban con frialdad profesional, entrando en casas concretas, rompiendo cofres y arrancando amuletos de cuellos y cajas con símbolos antiguos. No robaban comida ni monedas; buscaban algo específico, algo que los aldeanos protegían con celo. En los susurros que alcanzaron a oírse entre los escombros, la palabra reliquia apareció como un cuchillo.

Se cruzaron con ellos en la plaza central: tres figuras que imponían por tamaño y presencia. El primero, un joven de cabello rojo como brasas, se movía con una mezcla de nervio y destreza; su mirada, a pesar de la máscara, dejaba entrever humanidad. A su lado, Tozoku, un gigante de músculos y cicatrices, portaba una maza que parecía haber aplastado más de una vida; detrás, con la autoridad de quien no tolera preguntas, estaba Gorukipa, el jefe: una sombra alta, voz de trueno y ojos que no mostraban piedad.

Ran fue el primero en acercarse a una mujer que intentaba esconder un relicario bajo su falda. Sus manos temblaron, y por un instante la dureza de su oficio cedió a la duda. Edran lo notó: la forma en que Ran apartó la mirada cuando la anciana le suplicó que la dejara en paz; la manera en que sus dedos rozaron el relicario sin arrancarlo de inmediato. Fue un gesto pequeño, humano, que Edran guardó en la memoria como una grieta en la armadura del enemigo.

La tensión estalló cuando un niño, escondido en un pajar, dejó escapar un sollozo. Gorukipa no toleró la distracción: dio la orden de limpiar la plaza y de encontrar el objeto que buscaban. Ran vaciló, y ese titubeo fue suficiente para que Edran y Lira decidieran actuar. Salieron de su escondite con la Zalamander en alto y la Daga Lunar lista; Lira invocó un murmullo de luz para cegar por un segundo a los atacantes y darles ventaja.

El choque fue feroz y desigual. Tozoku embistió con la fuerza de un ariete; su maza partió tablas y dejó a Edran con la respiración rota tras un golpe que le hizo ver estrellas. La Zalamander cortó y quemó, pero la superioridad numérica y la coordinación de los bandidos les pasaron factura. Ran, en medio del combate, mostró retazos de resistencia: desvió un golpe que habría aplastado a una anciana, y en un instante de confusión dejó caer su espada para ayudar a un aldeano a ponerse a salvo. Gorukipa, sin embargo, no perdonó la desobediencia: con un gesto frío, ordenó a Tozoku que neutralizara a cualquiera que interfiriera.

Edran recibió un golpe en la costilla que lo dejó sin aliento; Lira, agotada por curar, vio cómo su energía flaqueaba. La Daga Lunar vibró con la marca de Amaranto, pero la resonancia no bastó para cambiar el curso. En un momento crítico, Ran se interpuso entre Gorukipa y un grupo de mujeres que intentaban huir; su rostro, descubierto por un instante, mostró conflicto. Gorukipa lo empujó con desprecio y le dio una orden que Ran obedeció con la mirada baja, como quien acepta una condena.

La derrota fue amarga y rápida. Los bandidos, con eficiencia despiadada, los superaron: Tozoku lanzó a Edran contra una pila de escombros, y Gorukipa, con una sonrisa que no alcanzó a sus ojos, arrancó de un aldeano un pequeño relicario que brilló con una luz mortecina. Ran, obligado por la cadena de mando, no alzó la mano contra su jefe, pero tampoco ayudó a rematar a los heridos. Ese silencio pesó más que cualquier golpe.

Cuando la oportunidad de huir se presentó, Lira y Edran la aprovecharon. Rodaron entre sombras, se arrastraron por callejones llenos de humo y escaparon por un sendero lateral que conocía Lira. Detrás, el grito de Gorukipa ordenando perseguirlos se perdió entre el crepitar de las llamas. Antes de desaparecer entre los árboles, Edran lanzó una mirada hacia la plaza: Ran estaba allí, inmóvil, observando cómo su gente saqueaba lo que quedaba; en sus ojos había algo parecido a remordimiento.

Heridos y con el corazón encogido, los jóvenes se internaron en el bosque que rodeaba Dyo. La noche los envolvió como un manto frío. Lira apoyó la cabeza en el hombro de Edran por un instante; ninguno de los dos habló. Habían perdido la batalla, pero no la voluntad. Lira sintió en los dedos el peso del anillo mágico y la frustración de no haber podido invocar: los nervios le habían cerrado la garganta justo cuando más lo necesitaba. Además, al revisar sus alforjas descubrieron que las pociones escaseaban; las pocas que quedaban no bastarían para otro enfrentamiento. Decidieron, entonces, que lo más sensato era dirigirse a la siguiente aldea: reponer ítems, curarse y buscar aliados que les ayudaran a enfrentar a los bandidos. La visión de la anciana muerta en Ennea y la destrucción de Dyo se mezclaban en su mente como una advertencia: quienes buscaban reliquias no se detenían ante nada.

Mientras se alejaban, Edran apretó la empuñadura de la Daga Lunar y sintió la vibración de la marca como un latido que pedía respuestas. Lira, con el anillo tibio en su dedo, murmuró una promesa que sonó más a juramento que a consuelo: volveremos. La noche respondió con un susurro de hojas, y en la distancia, la silueta de Ran quedó grabada en su memoria como un enigma: enemigo por obligación, humano por elección.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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