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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

El Gran Salón del Hotel Shilla relucía como un palacio de cristal. La gala anual del Grupo Jeon era el evento social más importante del año en Seúl: lámparas de araña gigantescas, orquesta filarmónica en vivo y un mar de empresarios, diplomáticos y celebridades vestidos con alta costura.

En una de las suites del hotel, el caos era de proporciones épicas.

—¡Suki, no te muevas por favor! —suplicaba Bomi, intentando maquillarle los pestañales con precisión de cirujano—. ¡Si te mueves, te clavo el cepillo en un ojo y arruinaremos tres horas de trabajo!

—Es que no puedo respirar, Bomi —gimoteó Suki, mirándose al espejo con los ojos desorbitados—. Siento que el vestido me está apretando la dignidad. ¿Y si me tropiezo en la alfombra roja? ¿Y si rompo una lámpara de araña de trescientos millones de guones?

Suki vestía un deslumbrante vestido de noche color azul medianoche con escote de hombros caídos y pequeños destellos de pedrería que simulaban un cielo estrellado. Estaba sencillamente hermosa, elegante y radiante.

En ese momento, la puerta de la suite se abrió. Jeon Jungkook entró luciendo un esmoquin negro impecable, con el cabello peinado hacia atrás y una pajarita perfectamente anudada. Al ver a Suki, se detuvo en seco en el umbral. El aliento se le congeló en los pulmones.

—Vaya... —susurró Jungkook, caminando hacia ella como si estuviera en un trance mágico.

—¿Te... te gusta? —preguntó Suki, jugando nerviosamente con la tela del vestido—. Siento que parece que me disfracé de alguien importante...

Jungkook se detuvo frente a ella, tomó suavemente sus manos enfundadas en guantes de seda y se las llevó a los labios para besar sus nudillos.

—Estás deslumbrante, Suki —dijo Jungkook con una voz tan suave y profunda que le erizó la piel—. Eres la mujer más hermosa de este lugar. No... de todo Seúl.

—El director estuvo a punto de cancelar tres reuniones esta tarde porque solo podía pensar en verte con ese vestido —chismoseó el secretario Ho-jin, quien asomaba la cabeza por la puerta sujetando un pequeño ramillete de orquídeas blancas.

Jungkook tomó la flor y la colocó delicadamente en la muñeca de Suki.

—¿Lista para conquistar a la alta sociedad? —preguntó él con una sonrisa devota, ofreciéndole su brazo.

—Lista para intentar no destruir el hotel —respondió Suki, aferrándose a su brazo con fuerza.

Al hacer su entrada en el gran salón de la gala, los murmullos recorrieron la sala como una ola.

Los fotógrafos hicieron estallar sus flashes mientras los empresarios y damas de la élite se inclinaban para hablar en susurros detrás de sus abanicos. Las noticias del romance entre el codiciado magnate de la arquitectura y la humilde exniñera habían circulado como pólvora.

Sin embargo, Jungkook no prestó la menor atención a las miradas despectivas o inquisitivas. Caminaba con la cabeza en alto, sujetando la mano de Suki con orgullo, presentándola formalmente ante embajadores y socios comerciales como su compañera de vida.

—Señorita Kim —saludó un importante inversionista extranjero—. Es un honor. El señor Jeon nos ha hablado maravillas de su agudeza y su... calidez.

—El honor es mío —respondió Suki con una reverencia educada y una sonrisa encantadora que se ganó de inmediato la simpatía del hombre.

A unos metros de distancia, en la mesa principal riservada para la junta directiva, la presidenta Noh observaba la escena en silencio. Vestía un *hanbok* bordado en hilos de oro y sostenía su icónico bastón. Aunque su rostro permanecía impenetrable, sus ojos no perdían un solo detalle de la forma en que Suki se desenvolvía y de cómo Jungkook la miraba con adoración absoluta.

De pronto, un murmullo de tensión recorrió la mesa principal. Un mozo, cargando una bandeja gigante metálica de tres pisos repleta de copas de champán de cristal pesado y botellas de vino de reserva, avanzaba a pasos apresurados por el pasillo central.

El mozo lucía sudoroso y fatigado. Al pasar justo al lado de la mesa de la Sra. Noh, la legendaria e imbatible "ley de atracción de catástrofes" de Kim Suki volvió a manifestarse de la forma más insólita posible.

La rueda del cochecito del mozo se trabó en el borde de un cable de sonido oculto bajo la alfombra roja. El mozo perdió el equilibrio por completo.

—¡Cuidado! —gritó alguien.

La pesada bandeja metálica con docenas de copas de cristal y botellas de vino salió disparada por el aire, proyectándose directamente hacia la cabeza de la anciana presidenta Noh, quien estaba de espaldas y no tenía tiempo de reaccionar.

Todo sucedió en una fracción de segundo.

Suki, que estaba a dos metros de distancia conversando con Jungkook, vio la trayectoria del desastre. Sin dudarlo un solo milisegundo, olvidando su vestido de alta costura, el protocolo y la elegancia, Suki activó sus reflejos de "salvadora desafortunada".

—¡Cuidado, presidenta! —chilló Suki.

Suki se lanzó en una estirada digna de un portero de fútbol profesional. Empujó la silla de la Sra. Noh hacia un lado para quitarla del peligro justo a tiempo.

*¡CRASH!*

El estruendo fue ensordecedor. Las botellas y copas de cristal se estrellaron contra la mesa y el suelo, bañando a Suki en una lluvia de champán, vino tinto y fragmentos de vidrio.

El salón entero se quedó en un silencio sepulcral, tan denso que se podía escuchar caer un alfiler.

Jungkook sintió que el corazón se le detenía.

—¡Suki! —gritó Jungkook, corriendo hacia ella y arrodillándose de inmediato en medio de la marea de vino y cristal roto.

Suki estaba tirada en el suelo sobre la alfombra húmeda. Su hermoso vestido azul estaba completamente manchado de rojo y champán, llevaba una hoja de menta pegada en la frente y un pedazo de hielo dentro del escote.

La Sra. Noh, que había sido salvada por milímetros de recibir el impacto de una botella pesada en la cabeza, respiraba agitadamente en su silla desplazada, con los ojos abiertos de par en par por el impacto.

—Suki... por Dios, ¿estás bien? ¿Te cortaste? —preguntó Jungkook desesperado, revisándole los brazos y las manos con pánico en los ojos.

Suki parpadeó, sacudiéndose el pedazo de hielo del escote y limpiándose una gota de vino de la mejilla. Miró a Jungkook y luego miró a la anciana.

—Estoy bien... creo que el vino tinto le da un toque moderno a mi vestido —dijo Suki con una sonrisa tragicómica, antes de girarse hacia la matriarca—. Sra. Noh... ¿se encuentra bien? No le cayó nada encima, ¿verdad?

La presidenta Noh se quedó mirando a la chica tirada en el suelo. Vio el vestido arruinado, vio la preocupación genuina en los ojos de Suki hacia ella y comprendió todo de golpe. Esta chica no había dudado un segundo en arruinar su gran noche y poner su propio cuerpo en riesgo para proteger a una anciana que la había tratado con crueldad días atrás.

Un murmullo de desaprobación empezó a surgir entre algunos invitados de la aristocracia:

—Vaya desastre... qué vergüenza para el evento...

—Era de esperarse de alguien de su clase...

Jungkook apretó los puños, listo para estallar contra la multitud, pero una voz potente y autoritaria resonó por todo el salón, silenciando a todos al instante.

—¡Silencio! —ordenó la Sra. Noh, poniéndose de pie con la ayuda de su bastón.

La anciana caminó a pasos firmes hacia donde Suki y Jungkook estaban en el suelo. Los invitados aguantaron la respiración, esperando el regaño definitivo.

Sin embargo, la Sra. Noh se detuvo frente a Suki. Extendió su mano derecha, arrugada pero elegante, hacia la joven.

—Levántate, hija —dijo la abuela con una voz que, por primera vez en años, sonaba cálida y profundamente conmovida.

Suki miró la mano de la anciana, parpadeando atónita. Jungkook la ayudó a ponerse de pie y Suki tomó la mano de la presidenta.

La Sra. Noh sacó un pañuelo de seda de su bolsillo y le limpió suavemente la gota de vino de la mejilla a Suki frente a toda la élite de Seúl.

—Una mujer que no duda en proteger a la familia, sin importar la elegancia o el protocolo, es la única mujer que merece estar al lado de mi nieto —declaró la presidenta Noh en voz alta para que todo el salón la escuchara—. Kim Suki... gracias por salvarme.

Los murmullos se transformaron al instante en un aplauso cerrado y atronador. Los empresarios e inversionistas comenzaron a vitorear, admirando la valentía de la joven.

Jungkook miró a su abuela con los ojos brillando de gratitud y luego miró a Suki, abrazándola por la cintura sin importarle en absoluto quedar manchado de vino tinto.

—Te lo dije —susurró Jungkook al oído de Suki con orgullo desbordado—. Eres la mujer más increíble del mundo.

Veinte minutos después, en el área de descanso VIP del hotel, el drama había dado paso a la comedia más tierna.

Suki estaba sentada en un sofácito luciendo una bata de baño blanca gigante del hotel sobre su ropa arruinada, con una toalla en la cabeza y sosteniendo un vaso de té caliente. Jungkook estaba sentado a su lado, secándole el cabello húmedo con un paño con infinita delicadeza, mientras el pequeño Byul caminaba a su alrededor comiéndose un plato de bocadillos.

—¡Suki voló por el aire como una superheroína de película! —celebraba Byul dando patadas al aire—. ¡Pum! ¡Zas! ¡Y salvó a la abuelita gruñona!

La puerta de la suite se abrió y la Sra. Noh entró, seguida por el secretario Ho-jin, quien llevaba una caja de terciopelo azul marino en sus manos.

—Abuela... —dijo Jungkook poniéndose de pie.

—Siéntate, Jungkook —pidió la anciana. Se acercó a Suki, quien intentó levantarse apresuradamente.

—No te levantes, Suki —le indicó la Sra. Noh con una sonrisa suave—. Has tenido un día agitado.

La matriarca tomó la caja de terciopelo que le ofrecía Ho-jin y la abrió. Dentro descansaba un impresionante collar de jade y diamantes, una reliquia familiar que había pertenecido a la dinastía Jeon por tres generaciones.

—Este collar pertenecería a la futura esposa de Jeon Jungkook —dijo la Sra. Noh, mirando a Suki a los ojos—. Durante mucho tiempo busqué a una mujer de la alta sociedad que fuera digna de llevarlo. Pero me equivoqué. El verdadero valor de una persona no está en sus apellidos, sino en la nobleza de su corazón.

La anciana sacó el collar y, ante los ojos desorbitados de Suki, se lo colocó alrededor del cuello sobre la bata de baño blanca.

—Bienvenida oficialmente a la familia Jeon, Kim Suki —dijo la abuela con una leve inclinación de cabeza—. Tienes mi bendición completa.

Suki sintió que las lágrimas de felicidad le inundaban los ojos. Miró el collar brillante sobre la toalla de baño y luego miró a Jungkook, quien la observaba con una sonrisa tan radiante que parecía iluminar la noche entera.

—Gracias... muchas gracias, presidenta —alcanzó a decir Suki con la voz entrecortada por la emoción.

—Dime abuela —la corrigió la anciana con un giño juguetón antes de salir de la habitación.

Byul corrió y se lanzó a los brazos de Suki, abrazándola por el cuello.

—¡Sí! ¡Ya es oficial! ¡Suki es mi tía! ¡Suki es mi tía! —cantaba el pequeño fuera de sí de la alegría.

Jungkook se agachó y envolvió a ambos en un abrazo apretado. Inclinó la cabeza y le dio a Suki un beso dulce y apasionado en los labios, sellando su triunfo ante el mundo.

Entre batas de baño, manchas de vino, collares de diamantes y la risa contagiosa de Byul, la mala suerte de Kim Suki había completado su obra maestra: había transformado la tragedia en la historia de amor más perfecta de Seúl.

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