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Te Encontré En Mis Sueños

Te Encontré En Mis Sueños

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:685
Nilai: 5
nombre de autor: inkdreams

Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.

NovelToon tiene autorización de inkdreams para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El choque de la realidad

Punto de vista: Alexander

El aire se me congeló en los pulmones. El pulso me golpeó en los oídos con la violencia de una ola rompiéndose contra un acantilado.

El mundo entero —la sala de juntas, el murmullo de los ejecutivos, las luces del techo, incluso la voz lejana de Lucas a mi lado— desapareció por completo. Mi cerebro se negó rotundamente a procesar la imagen que mis ojos intentaban transmitirle.

Allí, sentada al final de la mesa de cristal, estaba ella.

No era una ilusión teñida por la penumbra de mis sueños. No era el humo de mi imaginación tratando de darle forma al estrés.

Tenía exactamente la misma melena ondulada color castaño oscuro cayéndole por la espalda hasta la cintura, la misma piel suave como la porcelana y esos imposibles, magnéticos y penetrantes ojos color ámbar que me observaban de frente con la boca sutilmente entreabierta.

«Los Ángeles...»

La palabra que ella había pronunciado en mi sueño antes de que la alarma me arrancara de la cama resonó en mi cabeza como una detonación.

—¿Alex...? —la voz de Lucas sonó a mi lado, más baja, cargada de una extraña alerta—. ¿Ocurre algo? Estás blanco.

Apreté los puños a los costados de mi traje gris, clavándome las uñas en la palma de las manos para asegurarme de que no estaba atrapado en un segundo sueño. El dolor físico fue real. El sudor frío que me erizó la nuca fue real.

Ella estaba viva. Existía. Estaba respirando a menos de cinco metros de mí, luciendo un elegante traje beige que acentuaba la silueta que yo había recorrido con mis manos mil veces en la oscuridad.

Forcé a mi mente ejecutiva a tomar el control antes de perder los papeles frente a diez personas. Pasé saliva, tragándome el nudo amargo de la conmoción, y di un paso adelante. Cada centímetro que me acercaba a la mesa hacía que la atmósfera de la habitación se volviera densa, pesada, cargada de una electricidad estática tan fuerte que casi se podía escuchar.

Cuando volví a cruzar mi mirada con la suya, vi el temblor imperceptible en sus hombros. Ella me estaba mirando exactamente de la misma manera: no como a un jefe, no como al CEO de la compañía, sino con el pánico y el choque salvaje de quien está viendo a un fantasma cobrar vida.

«Tú también lo sabes...», pensé con una desesperación oscura arañándome la garganta. «Tú también me estás reconociendo».

Pero era imposible. Si abría la boca para preguntarle si me conocía de una terraza imaginaria, me encerrarían en un psiquiátrico antes del mediodía.

—Buenos días a todos —dije, logrando que mi voz saliera grave, firme y profunda, aunque el esfuerzo por mantener la compostura me quemaba por dentro.

Al escuchar mi voz, vi cómo la chica de ojos ámbar daba un pequeño respingo en su silla. Sus dedos se apretaron contra el borde del maletín de cuero que tenía sobre la mesa. La corriente eléctrica entre los dos se volvió una hoguera invisible. Su sola presencia me provocaba un tirón visceral en el bajo vientre, una atracción puramente física y salvaje que amenazaba con derrumbar toda mi fachada de frialdad.

A su lado, un tipo de cabello negro rizado y expresión atenta la miró de reojo con preocupación, colocándole una mano protectora sobre la espalda. El gesto me provocó un ardor repentino e irracional en el pecho que me obligó a apretar la mandíbula con dureza.

—Bienvenidos a Hale Developments —continué, caminando despacio alrededor de la mesa, manteniendo la vista fija en la carpeta que Lucas me había entregado, negándome a volver a mirarla directamente para no perder la cordura—. El programa International Talent no es una guardería corporativa.

Aquí no venimos a enseñarles lo básico; venimos a exigirles el máximo nivel arquitectónico de sus vidas.

Hice una pausa estratégica y levanté la vista. La tentación fue más fuerte que yo. Mis ojos azules volvieron a buscar los suyos.

Alana no bajó la mirada. Me sostuvo el choque visual con un coraje que me aceleró el corazón. Había una tensión sexual tan abrumadora en el aire, un hilo invisible que nos tensaba a ambos, que resultaba absurdo que nadie más en la sala lo notara. El ambiente olía a una mezcla de perfume de flores silvestres y la tensión de dos cuerpos que ansiaban tocarse para comprobar si el otro era de carne y hueso.

—Señor Vance —llamé a Lucas sin apartar los ojos de la chica de cabello oscuro—, presénteme a los pasantes del sector latinoamericano.

Lucas carraspeó, mirando fijamente la extraña dinámica que se estaba desplegando frente a sus ojos. Había reconocido de inmediato la descripción que le había dado en mi oficina el día anterior.

—Por supuesto... —dijo Lucas, dando un paso al frente—. De la Universidad Nacional de México, nos acompañan Mateo Ríos... —el chico de cabello rizado asintió con una leve inclinación de cabeza—... y la ganadora de la Beca de Excelencia Internacional, la señorita Alana Mendoza.

Alana.

El nombre resonó en mi mente como una melodía sagrada. Durante seis meses había intentado pronunciarlo en mis noches sin éxito, y ahora, tener la etiqueta real para la mujer que atormentaba mis madrugadas me produjo un escalofrío de arriba abajo.

—Señorita Mendoza... —pronuncié despacio, saboreando cada sílaba en voz alta por primera vez.

Ella tragó saliva con dificultad, dando un paso al frente desde su asiento.

—Señor Hale —respondió con una voz suave, pero cargada de una firmeza que me hizo hervir la sangre.

Su voz real era exactamente la misma. La misma voz que gemía mi nombre falso contra mi oído. La misma voz que se reía entre mis brazos.

—Espero que su talento esté a la altura de las expectativas de esta firma —sentencié, imponiendo mi distancia ejecutiva mientras mi cuerpo entero exigía a gritos acortar los tres pasos que nos separaban, tomarla por la nuca y besarla hasta dejarla sin aire ahí mismo.

—Le aseguro que lo está, señor Hale —contestó ella, clavándome esa mirada ámbar cargada de una provocación inocente pero letal.

Me giré bruscamente sobre mis talones, incapaz de resistir la presión un segundo más.

—Lucas, encárgate del recorrido por las instalaciones. Los quiero en el taller de diseño a las dos de la tarde para la revisión de los primeros bocetos de la Torre Malibú.

—Entendido, Alex —asintió Lucas con la mirada encendida de curiosidad.

Salí de la sala de juntas a pasos agigantados, sintiendo que el aire de la oficina me faltaba. Caminé directamente hacia mi despacho, cerré la puerta con seguro y me apoyé de espaldas contra la madera noble, cerrando los ojos mientras trataba de calmar las pulsaciones desbocadas de mi corazón.

Me pasé las manos por la cara, soltando una risa amarga y descontrolada.

No era una alucinación. No estaba loco.

La mujer de mis sueños era la nueva pasante de mi empresa.

Y la atracción que nos quemaba en la oscuridad de nuestras mentes estaba a punto de hacer volar por aires mi vida real.

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