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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

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Capítulo 4: Territorio Neutral

El crujido del cuero fino al sentarse fue el único sonido que se atrevió a romper la quietud sepulcral de la sala.

Richard Sterling se aclaró la garganta con un carraspeo nervioso que delató sus sesenta años de diplomacia corporativa. A su lado, Julian y Thomas se hundieron en sus sillones de nogal con la disciplina de dos cadetes esperando el pelotón de fusilamiento.

Bastian Thorne no se movió de inmediato. Permaneció de pie frente al ventanal un par de segundos más, disfrutando deliberadamente del peso de su silencio, antes de caminar hacia el otro extremo de la mesa ovalada. Cada paso suyo sobre la moqueta pesada parecía calibrado para medir el espacio... y a su ocupante.

—Cuarenta y cinco minutos —dijo Bastian, tomando asiento lentamente frente a ella. Apoyó los antebrazos sobre el cristal ahumado y entrelazó los dedos, dejando a la vista el brillo discreto de un Patek Philippe de platino—. Un plazo interesante para alguien que necesita mis rutas comerciales para no asfixiar sus balances del próximo trimestre.

—Necesitamos una alianza eficiente, señor Thorne, no un rescate —replicó Valeria sin pestañear, deslizando una copia del contrato con un dedo engalanado por un anillo de titanio—. Y el tiempo no lo marco por capricho, sino por rentabilidad. Si su equipo legal hubiera leído la cláusula dieciséis sobre las tarifas de atraque en Róterdam antes de enviar el borrador a las tres de la madrugada, no estaríamos perdiendo preciosos minutos en corregir errores de principiante.

Al lado de Bastian, su abogado en jefe, un suizo de mandíbula cuadrada, enrojeció de golpe. Intentó abrir la boca para defenderse, pero una leve inclinación de la mano de Bastian lo detuvo en seco.

Los ojos de Bastian no se apartaban de Valeria. Había en la mirada del magnate una curiosidad densa, casi depredadora. Acostumbrado a directores ejecutivos que sudaban la gota gorda con solo escuchar el rumor de una adquisición de Thorne Maritime, encontrarse con esta mujer —con las mangas de la camisa remangadas como si viniera de una trinchera, la barbilla alzada y una compostura de reina medieval— resultaba un estimulante imprevisto.

—Nuestras tarifas en Róterdam reflejan la seguridad y la velocidad de nuestros convoyes —argumentó él, bajando la voz a un tono aterciopelado que contrastaba con la frialdad de sus palabras—. En aguas internacionales, lo barato se paga en naufragios o en semanas de retraso retenidos en aduanas. Quien viaja con Thorne llega a tiempo. Siempre.

—Y quien negocia con Sterling no paga sobreprecios por comodidades que sus propios barcos no garantizan —contraatacó Valeria, inclinándose hacia adelante apenas unos centímetros.

El movimiento redujo la distancia entre ambos sobre la mesa. Bastian percibió de golpe un contraste desconcertante: el aroma sofisticado a jazmín y sándalo propio de un perfume parisino de alta gama... mezclado con una nota dulce, inconfundible y disparatadamente inocente de fresas frescas.

La contradicción entre la ejecutiva letal que descuartizaba sus márgenes de ganancia y ese rastro infantil y dulce le provocó un cosquilleo de desconcierto en la nuca.

—Es usted tenaz, señorita Sterling —murmuró Bastian, inclinando la cabeza con una sonrisa que apenas enseñó los dientes—. Pero la tenacidad sin concesiones en el negocio marítimo se llama colisión. Mi propuesta inicial era del cuarenta por ciento del control de los muelles de Nueva Jersey a cambio de nuestra red atlántica. No pienso ceder el cuatro por ciento de flete sin una contraprestación tangible.

—La contraprestación tangible es que mis astilleros en Newark tienen la única tecnología de carga automatizada capaz de reducir en un treinta por ciento el tiempo de descarga de sus buques clase Pánamax —soltó ella, sacando un gráfico comparativo y deslizándolo frente a los ojos del magnate—. Si no se asocia con nosotros, sus naves seguirán esperando cuarenta y ocho horas en la bahía perdiendo doscientos mil dólares diarios por barco en combustible auxiliar. Haga los números, señor Thorne. Sé que los europeos son muy amantes de la precisión.

Bastian bajó la vista hacia el papel. Los cálculos eran impecables. Rápidos, despiadados, quirúrgicos.

Por debajo de la mesa, Thomas le dio un codazo disimulado a Julian, rezando en silencio para que su hermana no provocara la Tercera Guerra Mundial. Valeria, por su parte, le propinó una patada certera a Thomas por debajo del tablero sin mover un solo músculo de la cara. El joven ahogó un quejido apretando los dientes.

Bastian levantó la vista del documento. Por una fracción de segundo, la comisura de sus labios se crispó en una auténtica muestra de diversión.

—Veo que no solo revisó mi balance, sino que estudió el calado de mis buques.

—No hago negocios a ciegas —respondió ella, sosteniéndole la mirada tormentosa.

Había algo en el timbre de esa voz, y sobre todo en la forma en que los ojos grises de Bastian se entrecerraban al evaluar una cifra, que le resultaba inquietantemente familiar a Valeria. Un déjà vu punzante que le erizó los vellos de los brazos. Se obligó a atribuirlo a la tensión del momento. Bastante tenía con no dejarse intimidar por la imponente presencia física del hombre: hombros anchos, manos grandes con dedos largos y seguros, y una elegancia sobria que desprendía peligro a raudales.

—Bien —dijo Bastian de pronto, empujando la carpeta hacia el centro—. Reconozco el valor de su infraestructura en Newark. Pero no firmo sociedades de diez cifras basándome en una reunión apresurada de cuarenta y cinco minutos.

Valeria arqueó una ceja.

—¿Sugiere que dilatemos esto?

—Sugiero que celebremos un terreno neutral —repuso él, levantándose con una gracia felina que obligó a los demás hombres de la sala a ponerse de pie por puro reflejo—. Esta noche su familia ofrece una gala de bienvenida en el Museo Metropolitano para presentar la alianza a la prensa y a los accionistas. Asistiré. Cenaremos, evaluaremos los últimos anexos técnicos y, si para la medianoche su encanto financiero sigue siendo tan persuasivo como esta mañana, estamparé mi firma en su contrato.

Richard Sterling soltó un suspiro de alivio tan sonoro que casi pareció un fuelle desinflándose.

—Será un honor tenerlo allí, Bastian —intervino el patriarca apresuradamente, estrechando la mano que el magnate le ofrecía con cortesía distante—. Valeria se encargará personalmente de que la velada sea... productiva.

Bastian no miró a Richard. Sus ojos grises volvieron a clavarse en Valeria, bajando con deliberada lentitud desde sus ojos decididos hasta sus labios pintados de carmín sobrio, antes de regresar a su mirada con una intensidad que hizo subir la temperatura de la habitación varios grados.

—Contaré los minutos hasta la noche, señorita Sterling —dijo en un susurro bajo, cargado de una velada promesa que sonó mucho más a un reto personal que a una cita corporativa.

—No gaste tanto tiempo contando, señor Thorne —disparó Valeria con una sonrisa gélida e impecable—. Asegúrese de traer su mejor pluma. La necesitará.

Bastian inclinó la cabeza con un destello de admiración oscura en el rostro y, sin decir una palabra más, salió de la sala escoltado por su comitiva.

En cuanto las puertas de caoba se cerraron, Julian se desplomó sobre la mesa, mientras Thomas se frotaba la espinilla adolorida.

—Estás loca, Val —gimió Thomas—. Por un momento pensé que te iba a comprar la empresa entera solo para despedirte.

—No puede comprar lo que no está en venta —respondió Valeria, guardando sus papeles con una calma que no sentía del todo en el pecho.

Su corazón latía a un ritmo acelerado, traicionero. Y no era solo por la adrenalina del dinero en juego. La vibración de la voz de ese hombre y la sombra de su mirada la habían dejado extrañamente inquieta.

Miró su reloj: eran casi las once. Tenía siete horas para coordinar la niñera de la noche, sobrevivir a un reporte de prensa y prepararse para una cena que olía a emboscada. Lo que Valeria Sterling aún no sabía era que el destino ya había contratado a tres pequeños saboteadores para destruir sus cuidadosos planes mucho antes de la medianoche.

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Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
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