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¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Autosuperación / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Eliana Casillas nunca soñó con gobernar un imperio criminal. Gordita, bondadosa y aparentemente inofensiva, siempre prefirió mantenerse al margen de las luchas de poder de su familia. Pero cuando las traiciones amenazan con destruir al clan Casillas y la vida de su pequeña hija Chloe corre peligro, descubre que su mayor fortaleza no está en las armas, sino en su inteligencia.
Entre enemigos disfrazados de aliados, secretos familiares y una conspiración que pretende arrebatarle todo, Eliana tendrá que demostrar que subestimarla fue el peor error de sus adversarios.
Con el destino de su hija en juego y la lealtad de los suyos puesta a prueba, la heredera inesperada deberá tomar el control del imperio.
Porque ser gordita no significa ser débil, y tocar a su familia tiene un precio.
¡Fuera cucarach@s! La nueva jefa ha llegado, y no piensa pedir permiso.

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La jefa en las sombras

El camino de regreso a casa se hizo en absoluto silencio. Leonardo conducía con las manos firmes al volante, la mirada fija en la carretera, sin decir una sola palabra. Marcos iba a su lado, observando por la ventana, como si pudiera leer algo en la oscuridad de la noche. Y en el asiento trasero, Eliana miraba las luces de la ciudad pasar rápidas y borrosas, sintiendo que su mundo entero acababa de girar sobre sí mismo. Cuando llegaron a su casa, no perdieron tiempo. Entraron, cerraron bien la puerta detrás de ellos y se reunieron en la sala, donde la luz tenue apenas iluminaba sus rostros serios y preocupados.

—Primero lo primero —dijo Leonardo, rompiendo el silencio apenas se sentaron—. No entres en pánico. No actúes con prisa. Valeria quiere que pierdas el control. Si gritas, si exiges, si haces algo imprudente, ella dirá que eres inestable, que no puedes cuidar de tu padre ni de la familia. No le des ese gusto. Tienes que ser más fría que ella. Más inteligente.

Eliana tomó aire lentamente y asintió. Sabía que tenía razón, pero sentir el peso de todo sobre sus hombros de golpe era abrumador.

—Mi papá dijo que confiaba en mí —murmuró ella, apretando las manos sobre sus rodillas—. ¿Y si no estoy a la altura? ¿Y si cometo un error y lo pierdo todo? No nací para mandar. Solo quería vender comida y cuidar a mi hija.

Santiago se inclinó hacia adelante, con voz firme pero suave al mismo tiempo.

—Nadie nace preparado para lo que la vida pone delante. Tu abuelo no nació siendo jefe. Tu padre tampoco. Lo aprendieron cuando les tocó. Y tú también lo harás. No tienes que ser dura como el acero. Solo tienes que ser fiel a lo que sabes que es correcto. Eso es más fuerte que cualquier amenaza que nos lance esa mujer.

Marcos, que había estado callado todo este tiempo, abrió una carpeta que llevaba consigo y la puso sobre la mesa. Allí había fotografías, documentos impresos, nombres y números anotados con bolígrafo.

—Mientras nos ocupábamos de vigilar y observar, no nos quedamos quietos —explicó con calma—. Esta es la dirección que viste en esa factura. La investigamos. No es una oficina cualquiera. Es la sede de un bufete que se especializa en decomisos y litigios de propiedades. Y aquí viene lo importante: figuran como socios en casos anteriores donde alguien terminaba con propiedades que no le pertenecían del todo. El patrón es el mismo: se gana la confianza, se busca algo vulnerable en la persona, y de pronto aparecen denuncias, auditorías, problemas legales… hasta que la persona se ve obligada a entregar lo que tiene a cambio de que todo termine. Valeria no actuó sola. Tiene cómplices. Y probablemente Ramiro sea parte de esa misma red.

Eliana sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Todo encajaba de golpe: la aparición tan oportuna de él en el hospital, su amabilidad excesiva, las preguntas sutiles que hacía sobre su familia y su vida. No era casualidad. Era parte del plan desde el principio.

—El hospital… Chloe… —susurró ella, sintiendo cómo se le revolvía el estómago—. Si usaron a mi hija para acercarse a mí… si llegaron a lastimarla…

—No van a poder —le aseguró Santiago con determinación—. Mañana mismo organizamos un sistema de turnos. Uno de nosotros siempre estará cerca de la casa, visible o no. Nadie se acerca a Chloe sin que nosotros lo sepamos. Nadie. Y si Ramiro aparece de nuevo, no se le deja acercarse ni un metro más. Se lo dejamos claro de una vez por todas. ¿Entendido?

Eliana asintió, agradecida de que no la dejaran sola con ese miedo. Se puso de pie y caminó hacia la ventana, mirando hacia la calle oscura. Tocó el anillo bajo su manga, sintiendo su calidez en la piel. No era solo una joya. Era la autoridad que su padre le había entregado. Era la señal de que, mientras lo llevara, no hablaba solo por sí misma. Hablaba por todos los que creían en ella.

—Mañana dividimos el trabajo —dijo, girándose hacia ellos con voz más segura—. Leonardo, tú encárgate de contactar al abogado de la familia. Dile que necesito verlo con urgencia, que no hable con nadie más sobre el caso, y que nos reúnamos en un lugar seguro, no en su oficina ni aquí. Que sea discreto. Marcos, tú sigue investigando esa dirección y los nombres que aparecen en los documentos. No te acerques personalmente, no quiero que te expongas. Solo reúne información. Cuanta más tengamos, mejor podremos defendernos. Y Santiago… necesito que vigiles la mansión. Sin entrar, sin provocar. Solo observa quién entra y quién sale. Anota los autos que llegan, las horas, cualquier persona que parezca desconocida. Valeria se sentirá poderosa ahora que papá no está. Cuando uno cree que nadie lo ve, baja la guardia. Y ahí es cuando se equivoca.

Los tres primos se miraron entre sí, sorprendidos por la claridad con la que hablaba, por la firmeza en sus palabras. No era la misma mujer que minutos antes se preguntaba si estaba a la altura. Era la hija de Julián Casillas. Y el peso del apellido acababa de asentarse sobre sus hombros.

—¿Y tú qué harás? —le preguntó Leonardo, con respeto en la mirada.

Eliana miró hacia el pasillo donde estaba el cuarto de su hija.

—Yo me quedo aquí con Chloe esta noche. Necesito estar con ella. Y mañana… mañana iré a ver a mi padre. No a la comisaría. A la oficina del fiscal. Exigiré ver los cargos en su contra, revisaré cada documento, y dejaré claro que yo soy la representante legal del clan mientras él no esté. Que cualquier decisión, cualquier trámite, cualquier negociación, pasa por mí. No por Valeria. Por mí. Y si ella intenta firmar algo o mover cualquier cuenta, que sepa que tendrá que enfrentarse a mí y a la ley.

—Eso es —dijo Santiago con una media sonrisa—. Así se habla.

—No busco guerra —añadió Eliana, volviendo a sentarse junto a ellos—. Pero si alguien declaró la guerra a mi familia, entonces acepto el reto. Que vengan con sus papeles y sus trucos. Nosotros tenemos algo que ellos no pueden comprar: la verdad. Y la verdad siempre sale a la luz. Solo necesitamos mantener la calma, estar unidos y no cometer errores. ¿Estamos de acuerdo?

—Estamos contigo —respondieron los tres al unísono.

Se despidieron esa noche con un plan claro y una promesa: nadie actuaría solo. Nadie tomaría decisiones sin avisar a los demás primero. Y nadie, bajo ninguna circunstancia, subestimaría a la mujer que ahora llevaba el anillo del clan.

Cuando se quedó sola, Eliana entró en el cuarto de Chloe y se sentó junto a su cama. Su hija dormía tranquila, ajena a toda la tormenta que se desataba a su alrededor. Acarició su cabello suavemente y le susurró, aunque ella no pudiera escucharla:

—No tengas miedo, mi amor. Mamá va a arreglar todo. Nadie nos va a quitar lo que es nuestro. Nadie nos va a hacer daño. Lo prometo.

Esa noche no durmió mucho tiempo. Se quedó pensando, trazando planes, anticipando movimientos. Por primera vez en su vida, entendió lo que significaba ser el escudo de la familia. No era poder. Era responsabilidad. Era saber que dependían de ti y no podías fallarles. Y por primera vez, dejó de preguntarse si estaba lista. Porque no había otra opción. Y a veces, no tener opción es justo lo que necesitas para descubrir de qué estás hecha.

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Ivyta🇦🇷💙💛💙
amo tus novelas! te falta uno de amor entre mujeres 🙏🏾 porfis! ❤️
Ivyta🇦🇷💙💛💙: la que se te ocurra! tenés una escritura que me atrapa y varias veces me he ido a dormir tarde🤣
total 2 replies
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