Divierte
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El misterio de la gallina
...** El misterio de la gallina**...
Desde aquel día, Don Pancracio comenzó a sospechar que la gallina blanca tenía algo extraño.
La bautizó como Doña Cleotilde.
—¿Por qué Doña Cleotilde? —preguntó doña Candelaria.
—Porque tiene cara de saber secretos.
—Es una gallina
—Precisamente
Pancracio comenzó a seguirla.
Doña Cleotilde caminaba por el pueblo como si fuera dueña de todo.
Entraba en patios
Subía escaleras
Se metía en tiendas.
Y, sorprendentemente, siempre aparecía donde ocurría algún problema.
Un día desaparecieron las llaves del alcalde.
La gallina apareció junto a ellas.
Otro día desaparecieron unas monedas.
La gallina estaba cerca.
Después desapareció el sombrero de don Filemón.
La gallina estaba sentada encima.
—¡Esta gallina sabe demasiado! —dijo Pancracio.
Doña mara respondió:
—O quizás tú estás viendo demasiadas películas.
Pancracio no aceptó la explicación.
Decidió convertirse en detective.
Compró una lupa
Un cuaderno
Y una gabardina
El problema era que hacia treinta grados de calor.
A los diez minutos estaba sudando.
—Los grandes detectives sufren —dijo.
Candelaria lo miró
—Los grandes detectives también piensan.
Pancracio ignoró el comentario.
Esa noche siguió a doña Cleotilde.
La gallina caminó hasta la plaza.
Luego entró en una casa abandonada.
Pancracio abrió la puerta lentamente.
—Aquí se descubrirá la verdad.
Dio un paso
El piso cruzó
— ¿Quién anda ahí? —gritó una voz.
Pancracio se escondió detrás de una cortina.
Entraron dos hombres
—Mañana será el gran golpe.
Pancracio abrió los ojos.
—¡Criminales!
Uno de los hombres continuó:
—Tenemos que mover todo antes de que llegue el alcalde.
Pancracio tembló
Sacó su cuaderno
Pero en ese momento estornudó.
—¡Achís!
Los hombres se giraron.
—¿Quién está ahí?
Don Pancracio salió corriendo
La gallina salió detrás.
Los hombres corrieron detrás de don Pancracio.
Y así comenzó la persecución más absurda de la historia de San Jacinto.
...La persecución del siglo...
Don Pancracio corría como si hubiera ganado la lotería y estuviera escapando con el boleto.
—¡Auxilio!
Detrás de él corrieron los dos desconocidos.
Detrás de ellos corría Doña Cleotilde.
Y detrás de la gallina corría un perro que nadie sabía de dónde había salido.
Al llegar a la plaza, Pancracio tropezó con una cuerda.
Cayó
Los hombres tropezaron con él.
El perro saltó sobre los tres.
La gallina se subió al perro.
Y durante unos segundos nadie entendió absolutamente nada.
El alcalde apareció
—¿Qué sucede?
Pancracio levantó una mano.
—¡Tengo pruebas!
—¿De qué?
—¡De todo!
—¿Qué pruebas?
Pancracio abrió su cuaderno.
Estaba en blanco
—Esto es confidencial
Los dos hombres escaparon.
El alcalde gritó:
—¡Deténganlos!
Pero nadie los alcanzó.
Pancracio se levantó
—¡Tenemos un misterio!
Candelaria apareció con los brazos cruzados.
—Tenemos algo peor
—¿Qué?
—Tú
Pancracio decidió ignorarla
Al día siguiente Reunión al pueblo.
—Él descubrió una conspiración.
Todos quedaron atentos
—Hay alguien robando cosas.
Y doña mara levanta la mano
—A mí me desapareció una escoba.
—¡Exactamente!
Otro hombre dijo:
—A mí, una gallina.
Don Pancracio miró a doña Cleotilde.
—Eso también
El alcalde preguntó:
—¿Y qué debemos hacer?
Don Pancracio respiró profundamente
—Necesitamos un héroe
Todos miraron alrededor
Don Pancracio levantó lentamente la mano.
—Estoy disponible
Doña Candelaria murmuró:
—Dios nos ayude