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LA ELEGANCIA DE LAS CENIZAS

LA ELEGANCIA DE LAS CENIZAS

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Traicionada por la sangre que la vio nacer y despojada de todo lo que amaba en una sola noche de infamia, Cataleya Mendoza pensó que había tocado fondo al perder su hogar, su hijo y su dignidad bajo los golpes de un amor ciego. Creyó que el exilio y el silencio serían su único destino. Pero el destino, caprichoso y sediento de justicia, la colocó frente al imperio intocable de los Moretti y frente al hombre más temido del país: un titán arrogante al que nadie se atreve a retar. Lo que no sabían ni su exprometido, ni su familia, ni el implacable Gael Moretti, es que una reina destruida no regresa a pedir clemencia... regresa a reclamar su trono.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El Retorno de la Sombra y la Noche de la V

El nombramiento de Cataleya Mendoza como la nueva Jefa de Oncología del complejo hospitalario de los Moretti sacudió los cimientos de la institución en menos de veinticuatro horas. La noticia, aunque manejada con discreción en los altos mandos, generó murmullos de asombro y envidia entre los especialistas veteranos que llevaban años esperando dicha plaza. Sin embargo, nadie se atrevió a cuestionar la decisión, sabiendo que el mismísimo Gael Moretti Ferrer había avalado su ingreso tras someterla a una prueba que ningún otro médico había logrado superar.

Esa misma tarde, Cataleya se encontraba en su nuevo despacho del piso dieciocho. El espacio era amplio, minimalista y sofisticado, con una vista imponente hacia los rascacielos de la ciudad. Vestía un impecable traje sastre de color blanco marfil que estilizaba sus imponentes 1.78 metros de estatura, y su melena negra caía lacia y perfecta sobre sus hombros. Tenía la vista fija en una tablet donde revisaba los historiales clínicos de sus primeros pacientes asignados, cuando un leve toque en la puerta interrumpió su concentración.

—Adelante —dijo Cataleya con voz firme y serena, sin levantar la vista de la pantalla.

La puerta se abrió con suavidad y por ella entró Brenda Moretti Ferrer, portando dos tazas humeantes de café y una sonrisa radiante en el rostro.

—Vaya, jefa de oncología. Suena imponente, ¿notaste? —bromeó Brenda mientras se acercaba al escritorio y dejaba una de las tazas frente a su amiga—. Quería venir a ver cómo te estás adaptando a tu nuevo santuario. Sé que el despacho de mi hermano es intimidante, pero tú te ves como si hubieras nacido para gobernar este lugar.

Cataleya levantó la vista, esbozó una ligera sonrisa que suavizó por un momento la fría dureza de su mirada ámbar y tomó la taza de café entre sus manos finas.

—Gracias, Brenda. La verdad es que este espacio tiene potencial... y lo más importante, tiene las herramientas necesarias para hacer lo que mejor sé hacer: salvar vidas y, cuando sea necesario, destruir las mentiras de quienes creen que pueden pisotear a los demás —respondió Cataleya con un tono calculador que hizo que Brenda suspirara con mezcla de orgullo y cautela.

—Hablando de destruir mentiras... sé que tu mente no descansa, Cataleya. Sé que sigues pensando en lo que pasó allá en la capital, en tu familia, en Dennis y en Carol —dijo Brenda con voz suave, sentándose en la silla frente al escritorio—. Mi abuelo ya está mucho mejor, los médicos dicen que su recuperación va excelente gracias a tu cirugía, y él está más que dispuesto a cumplir su promesa. Si quieres mover fichas contra los Mendoza y los Álvarez, los recursos de los Moretti están a tu entera disposición.

Cataleya dio un sorbo pausado al café, manteniendo la mirada fija en el vapor que emanaba de la taza. Su expresión se ensombreció con una frialdad absoluta. Miró fijamente a su amiga y le comunicó su decisión inquebrantable: iba a regresar a la capital para enfrentar primero sola a su familia y a los responsables de su infierno.

Brenda, alarmada, intentó disuadirla:

—Cataleya, es una locura ir sola. Déjame ir contigo o al menos manda a un grupo de seguridad de los Moretti.

—No, Brenda, no es necesario —respondió Cataleya con una sonrisa gélida y decidida—. Esto es un asunto personal. Debo cerrar este ciclo con mis propias manos.

Sin perder un solo minuto, Cataleya salió de la oficina, acudió al departamento de recursos humanos para solicitar un permiso especial por investigación médica en curso y, con sus ahorros y recursos intactos, tomó el primer vuelo disponible de regreso a la capital.

Al aterrizar, se dirigió directamente al penthouse. Utilizando su huella dactilar y las llaves maestras que legalmente le correspondían como propietaria legítima, abrió la puerta principal y avanzó en silencio hacia el área del comedor.

Para su sorpresa, allí se encontraba reunida toda su familia: sus padres Carlos y Santa, sus hermanos mayores Luis Carlos y Santiago, su exprometido Dennis y su hermana Carol, celebrando una ostentosa cena familiar. El motivo de la celebración, proclamado en voz alta entre risas y copas de champaña, era anunciar que Carol estaba embarazada de Dennis.

Cuando Cataleya cruzó el umbral del comedor y se dejó ver bajo la luz de las lámparas de cristal, un silencio sepulcral cayó sobre la estancia. Los rostros de todos los presentes se tornaron pálidos, como si hubieran visto a un fantasma. Carol, con los ojos abiertos de par en par y el rostro desencajado por el terror, dio un paso atrás y balbuceó entre dientes, creyendo alucinar: “Ella... ella... si está viva...”

El desconcierto inicial de la familia se transformó rápidamente en una furia ciega y colectiva. Hasta ese momento, sus familias no sabían nada del secuestro; creían firmemente en la mentira de que ella había huido por voluntad propia con un amante. Al verla regresar reclamando su espacio, interpretaron su aparición como una provocación imperdonable.

—¡Maldita cínica! ¿A qué vienes a arruinarnos la noche con tus escándalos y tus mentiras? ¡Lárgate de aquí, desgraciada! —gritó Santa de Mendoza, propinándole un fuerte empujón.

—¡Este penthouse lo pagué yo y está a mi nombre! ¡Ustedes no son nadie aquí! —exclamó Cataleya con voz firme, intentando mantenerse en pie ante la agresión.

Con el pecho agitado por la indignación, Cataleya les soltó toda la verdad en la cara, revelando el horror que había vivido:

—¡Ustedes no saben nada! ¡A mí me secuestraron! ¡Carol me mandó a secuestrar el día de la boda con unos criminales para que no llegara a la iglesia, me encerraron y luego intentaron matarme dándome dos disparos en el estómago y tirándome a la calle como si fuera basura! ¡Carol está detrás de todo esto!

Sin embargo, nadie le creyó. Sus palabras fueron recibidas con burlas y rechazo absoluto. Sus hermanos mayores, Luis Carlos y Santiago, ni siquiera pronunciaron una sola palabra para defenderla; en su lugar, se levantaron de la mesa con miradas cargadas de asco y desprecio.

—¡Ya basta de tus patrañas e inventos ridículos para llamar la atención! —bramó Carlos Mendoza, señalándola con furia.

En ese instante, Dennis Álvarez, ciego por el odio y la manipulación, perdió los papeles por completo y se abalanzó sobre ella. La agarró fuertemente de los cabellos y, con una brutalidad desmedida, le estrelló la frente contra el borde de la mesa de caoba. Un golpe seco y desgarrador hizo que Cataleya botara un hilo de sangre que manchó su piel.

Apenas cayó de rodillas al suelo por el impacto, sus hermanos Luis Carlos y Santiago no tuvieron piedad: se sumaron a la agresión, propinándole múltiples patadas en las costillas y en la espalda, mientras Dennis la pateaba también, desatando toda su frustración sobre su cuerpo indefenso. Los golpes llovían sin tregua bajo la mirada cómplice y fría de sus padres, mientras Carol fingía terror detrás de ellos.

Sentía el cuerpo entumecido, el aire le faltaba en los pulmones y un dolor agónico recorría cada centímetro de su ser a causa de los múltiples hematomas que comenzaban a formarse por los golpes y las patadas. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se arrastró un poco, levantó la mirada y fijó sus ojos ensangrentados en sus padres. Con el alma rota pero con una dignidad indestructible, les preguntó:

—Díganme la verdad... ¿De verdad soy su hija? ¿Cómo unos padres pueden permitir que estos miserables me golpeen y me destruyan de esta manera?

Santa y Carlos desviaron la mirada con absoluta indiferencia, negándola con gestos de desprecio. Mientras tanto, Carol se derrumbó en el suelo fingiendo un llanto histérico, haciéndose la víctima absoluta mientras miraba a Dennis:

—¿Por qué nos haces esto, Cataleya? ¡Soy tu hermana! ¡Solo quieres destruir mi felicidad y mi embarazo! —sollozaba Carol teatralmente.

Cataleya se apoyó contra la pared, limpiándose la sangre de la frente con el dorso de la mano temblorosa, respirando con extrema dificultad debido al dolor en las costillas, pero con una mirada tan afilada y aterradora que hizo que hasta el propio Dennis diera un paso atrás.

—No me creyeron... Me mandaron a matar, sobreviví, y ahora me golpean de nuevo como a un animal —declaró Cataleya con una voz baja, pausada y gélida que resonó en cada rincón del comedor—. Les di la oportunidad de escuchar la verdad, pero se negaron y me masacraron. Y les juro que se van a arrepentir de cada segundo de su ceguera y de cada golpe. Me voy a vengar de todos ustedes.

Dándose la vuelta con lo último que le quedaba de orgullo, con la ropa maltratada, la frente sangrando y el cuerpo adolorido por los múltiples hematomas, Cataleya salió del penthouse bajo las miradas despectivas y frías de su propia familia.

Ya en la calle, mientras tomaba un taxi para alejarse de aquel antro de traiciones, su teléfono celular comenzó a vibrar con insistencia. Era Brenda Moretti Ferrer, quien al otro lado de la línea le preguntó con angustia si estaba bien.

—Estoy bien, Brenda —respondió Cataleya con voz ronca, conteniendo el dolor físico—. Me voy a quedar en un hotel discreto durante una semana... exactamente lo que necesito para que sanen la herida de la frente y todos los hematomas. Y cuando esté completamente recuperada, comenzará el verdadero juego.

1
Cliente anónimo
Excelente
keila arias
Como puedes tu permitir que vengan a tu casa a molestar insultar y humillar y de paso tu misma familia??? Loa agarro y los despacho de una qué se vayan para el carajo vergacion
Diana Quintero
Espectacular novela ♥♥♥♥👏👏👏👏👏👏
Diana Quintero
Serán padres de gemelos, Fael atino muy bien 🤣🤣🤣♥♥♥
Diana Quintero
Cataleya va a resultar embarazada 🤰 Gael no ka deja respirar 🤣🤣🤣
Diana Quintero
Cataleya nunca les dijo del bebé que perdió a causa de los disparos 🤔🤔
Diana Quintero
Al fin Cataleya logró su venganza, gracias a su tóxico esposo 👏👏😉🤣🤣 todos quedaron en prisión
Diana Quintero
Todos son unos seres miserables y repugnantes 🤬🤬🤬 pero a cualquier detenido les hacen un juicio, porque los llevaron directamente a la cárcel? 🤔
Diana Quintero
Los hermanos cayeron 👏👏👏 ahora faltan los padres y Carol 🤬🤬🤬
Diana Quintero
Al fin esa basura Dennis esta en la cárcel 👏👏 ahora faltan todos esos engendros de la familia 🤬🤬
Diana Quintero
Gael y Cataleya son venganza y Amor al mismo tiempo, ellos no pierden el tiempo 🤭😉
Diana Quintero
El abuelo casi los encuentra en plena faena 🤣🤣🤣😉
Diana Quintero
Eso si fue un amor a primera vista ♥♥♥
Diana Quintero
La familia Alvarez no tendrá una mañana calida 🤬🤬🤬 ya deben saber la noticia 🤣🤣🤣
Diana Quintero
Al fin empezó la venganza de Cataleya, encontra de esos miserables 👏👏🤬🤬🤬
Diana Quintero
waaaaooooo impresionante ♥♥♥♥
Diana Quintero
Serán la pareja perfecta, ambos son implacables 👏♥
Diana Quintero
Cataleya deje que Gael la ayude, sola no puede contra esos miserables 😔😔🤬🤬🤬
Diana Quintero
Brenda le advirtió que no fuera sola, pero no le hizo caso y la golpiza que esos infelices le propinaron fue grande 😔😔🤬🤬🤬🤬
Diana Quintero
Gael se topo con una Eminencia y termina babeando por ella 🤗🤣😉
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