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Señor Valdés, quiero el divorcio

Señor Valdés, quiero el divorcio

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:489
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23. Esto no se iba a quedar así

Elena oyó el saludo y se volvió.

Su mirada se encontró con la de Marina.

La sonrisa de su hermana desapareció.

Marina apartó los ojos enseguida. Volvió a dirigirse a Gabriel como si Elena no estuviera allí.

Él habló primero.

—Ella es Marina Salazar. Elena, ¿quieres que te la presente?

La pregunta dejó claro lo que Marina no sabía: Gabriel conocía a Elena y estaba de su lado.

Marina lo miró.

—¿Eso significa que mañana ya no tengo que presentarme en Nova Áurea?

Gabriel dejó la copa.

—Exactamente.

Podría haber buscado una explicación más diplomática.

No lo hizo.

Quería que entendiera que la decisión estaba tomada y que la relación de Marina con Elena era la razón.

Marina no pidió más detalles.

En su opinión, Nova Áurea era una buena empresa, pero no tenía el poder de la familia Valdés. Gabriel no estaba en posición de hacerla sentir inferior.

Se dio la vuelta y se alejó.

Elena lo miró con gratitud.

Iba a decir algo cuando descubrió que Adrián y sus amigos observaban desde el otro lado del salón.

Habían seguido a Marina con la vista. Así habían encontrado a Elena.

Ricardo y Sebastián parecían sorprendidos de verla allí.

Adrián no mostró nada.

La miró como habría mirado a una invitada desconocida.

—¿Qué pasa? —preguntó Gabriel.

—Nada.

Marina llegó junto a ellos y los tres dejaron de mirar hacia donde estaba Elena.

Ella retomó la conversación con Márquez.

***

Cuando el profesor se marchó, Elena tomó un poco de su bebida.

Al levantar la vista encontró a Ricardo observándola con una sonrisa que no le gustó.

Adrián estaba de espaldas.

Ricardo levantó su copa hacia ella.

Después sonrió de lado y se volvió.

Elena tardó un momento en entender.

Creía que ella y Gabriel habían perjudicado a Marina. Aquel gesto parecía anunciarle que no iba a terminar allí.

Elena frunció el ceño.

***

El anfitrión regresó después de recorrer el salón.

Conversaron unos minutos antes de que preguntara a Gabriel:

—¿Conoces a la señorita Salazar?

—Un poco. ¿Por qué?

—Su familia es de Monterrey. Les va bien allí, pero no tienen la influencia de los Valdés, los Herrera o los Peña.

Gabriel lo dejó continuar.

—A una familia así le costaría mucho entrar en ese grupo. Ella ya está dentro y parece conocerlos de toda la vida.

El hombre miró hacia la zona donde había estado Adrián.

—Al principio no entendía por qué Valdés había aceptado mi invitación. Después me di cuenta: vino a presentarle gente.

Elena mantuvo la copa en la mano.

El anfitrión seguía hablando con entusiasmo.

—No solo la acompañó. Trajo a sus amigos y la está acercando a personas que normalmente no tendría oportunidad de conocer. Eso habla de una relación seria.

Gabriel no respondió.

—Con él abriéndoles puertas, los Salazar van a crecer muchísimo —concluyó el anfitrión—. Qué suerte tener una hija así.

Elena miró hacia el otro extremo del salón.

Adrián ya no estaba.

Ni siquiera se había acercado a saludarla antes de irse.

Media hora después, ella y Gabriel también se marcharon.

***

El teléfono sonó cuando Elena llegó a su departamento.

Adrián.

Pensó en el gesto de Ricardo. ¿Iba a reprocharle lo de Marina?

Dejó sonar un par de segundos y contestó.

—Hola.

—Ven a casa.

—Si necesitas decirme algo, puedes hacerlo por teléfono.

—Lucía tiene fiebre. Quiere verte.

Colgó.

Elena miró la pantalla.

Tomó las llaves y volvió a salir.

***

Al entrar en la casa no vio a Adrián.

No se detuvo a buscarlo. Fue al cuarto de Lucía.

La niña estaba acostada, con el médico a su lado y el suero colocado en una mano. Rosa la acompañaba.

—Mamá...

Lucía levantó el otro brazo.

Elena se sentó junto a ella y la abrazó con cuidado, sin moverle la mano.

—¿Comió algo? —preguntó a Rosa.

—Un poco, pero lo devolvió.

Elena habló con el médico para saber cómo estaba.

También preguntó por Mateo. Rosa le explicó que ya dormía en su cuarto y se encontraba bien.

Lucía no quería separarse de su madre.

—¿Tienes hambre? Puedo prepararte el caldo con arroz que te gusta. Lo pruebas después, si quieres.

La niña asintió.

Cuando estaba enferma siempre buscaba lo que Elena le preparaba. Lo que hacían los demás no le sabía igual.

Se acomodó contra ella.

—¿Papá todavía no llega?

Elena se quedó quieta.

Al recibir la llamada había supuesto que Adrián ya estaba en casa. Como no lo vio al entrar, pensó que estaba en el despacho.

No había llegado.

Él había salido de la cena al menos media hora antes que ella. El hotel también quedaba más cerca de la casa que su departamento.

Incluso si había llevado a Marina, ya había tenido tiempo de volver.

A menos que se hubiera quedado con ella.

Elena miró a su hija, que seguía aferrada a su ropa.

No respondió a lo que todavía no sabía.

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