Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 5 "El inicio de una historia"
El silencio en el taller de pintura era el único bálsamo capaz de calmar los pensamientos de Valentina.
La luz de la tarde caía con suavidad, iluminando el caballete central donde un lienzo a medio terminar cobraba vida, sostenía la paleta de madera en su mano izquierda, mientras que con la derecha deslizaba el pincel con trazos lentos. Estaba concentrada en los detalles de su nueva obra, sumergió las cerdas en una mezcla de óleo que ella misma había preparado con detalle: un tono oscuro profundo, algo que nadie más entendería el significado de ese color, solo ella sabía que había usado como inspiración la mirada de Alexander de la Vega, esos ojos café oscuros y penetrantes que la hacían temblar con solo un segundo de contacto.
Al difuminar el óleo sobre la tela, la textura de la pintura y el aroma actuaron como un portal temporal, sus movimientos se volvieron automáticos y sin poder evitarlo, su mente fue arrastrada hacia el pasado, hacia la noche en que todo cambió entre ellos…
Dos años atrás...
La mansión principal de la familia De la Vega resplandecía como siempre durante una de las tantas cenas familiares obligatorias, sin embargo, para Valentina, el aire dentro del gran comedor se había vuelto sofocante, el tema de conversación en la mesa se había desviado una vez más, hacia el mismo punto que la agobiaba día tras día: los hijos
«¿Para cuándo el heredero, Leonardo?», «Valentina, ¿no has pensando en someterte en algún tratamiento?, una familia necesita niños para consolidar el apellido».
Cada pregunta era una puñalada silenciosa, ella apretaba los puños debajo de la mesa, cargando sola con el peso de un secreto médico que decidió ocultar, aceptando las miradas de lástima de la familia como si el "problema" fuera de ella.
Valentina se disculpó y salió al jardín trasero buscando un respiro, caminó por el sendero de piedra, abrazándose a sí misma, intentando contener las lágrimas de frustración.
A unos metros de distancia, bajo la sombra de un gran roble, la figura alta de Alexander destacaba en la oscuridad, estaba hablando por teléfono, atendiendo una llamada del extranjero sobre una de las sedes internacionales. Al verla salir, él colgó el teléfono y lo guardó en el bolsillo de su saco mientras se acercaba a ella con paso firme.
— Valentina, ¿Cómo estás?
—Bien —mintió ella de inmediato, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Sin embargo, al mirar la genuina preocupación en el rostro de su tío político, Valentina sintió que la máscara de la esposa perfecta se agrietaba. Alexander había sido el único que la había sostenido desde aquella fatídica noche en el hotel meses atrás; había sido su pañuelo de lágrimas y su confidente silencioso a través de mensajes discretos.
Sabiendo que estaban solos en el jardín, aprovechó la situación para dejar salir lo que guardaba en el alma.
—Gracias Alexander —dijo con la voz un poco quebrada— De verdad, gracias por tu tiempo, por tu amistad, por escucharme y sostenerme en los momentos en que más lo he necesitado.
Lo miró a los ojos, sintiendo un nudo en la garganta y pronunció la frase que terminaría por romper la última barrera del hombre :
—No sé qué habría hecho sin ti.
Al escuchar esas palabras, algo cambió en la postura de Alexander, a pesar de ser un hombre maduro, de haber vivido varias relaciones a lo largo de su vida y de tener un control de hierro, sintió que esa vez la razón era aplastada por el impulso, ya no podía seguir reprimiendo lo que sentía.
Días antes, su amigo Julián lo había confrontado directamente en su oficina, obligándolo a admitir en voz alta que estaba perdidamente enamorado de la esposa de su sobrino,él lo había intentado negar, pero tenerla frente a él, vulnerable y agradecida, destrozó su cordura.
Alexander la miró fijamente sin decir nada y Valentina notó que él estaba diferente, la distancia formal que siempre ponía entre los dos se había ido, él dio un paso hacia ella, con lentitud, levantó su mano y tomó con delicadeza el rostro de ella, sus dedos cálidos acunaron su mejilla.
Ella tuvo el tiempo y la oportunidad de alejarse, de dar un paso atrás y regresar a la seguridad de su matrimonio de mentiras, pero no lo hizo, muy en el fondo de su ser, Valentina también deseaba ese contacto.
Y entonces, ocurrió.
Alexander se inclinó y la besó, fue un beso contenido, cargado de todo el fuego y la desesperación que el hombre llevaba meses callando en las sombras, fue lento, profundo, Valentina se esmeró en quedarse inmóvil los primeros segundos; no porque quisiera apartarlo o rechazarlo, sino porque estaba sorprendida por la intensidad del encuentro, pero el choque de la realidad duró poco y sin darse cuenta, sus propios labios cedieron y correspondió el beso con la misma urgencia hambrienta, comprendiendo en ese preciso instante que también estaba enamorada del tío de su esposo.
Cuando ambos se separaron por la falta de aire, Valentina reaccionó asustada por lo que acababan de hacer, dio varios pasos hacia atrás, respirando de forma agitada, con las manos temblorosas.
—Esto... esto... me tengo que ir —tartamudeó nerviosa.
Se dio la vuelta y se marchó a toda prisa hacia la mansión, con el corazón desbocado.
Alexander no la siguió, no intentó detenerla ni pronunció palabra alguna. Se quedó de pie bajo la sombra del roble, observándola huir, perfectamente consciente de que acababa de cruzar una línea de la que jamás podría regresar, la había besado para aceptar sus propios sentimientos y ya no había vuelta atrás…
Fin del Flashback
Un parpadeo la devolvió a la realidad de su taller, el pincel seguía seguía sobre el lienzo, bajó la mano despacio y se tocó los labios con una mezcla de nostalgia y melancolía, sintiendo aquel primer beso todavía grabado en su memoria.
Esa noche había sido el inicio de su verdadera vida.
Bzz... Bzz...
El sonido de su teléfono sobre la mesa de madera rompió el encanto del estudio, Valentina caminó y revisó la pantalla.
Leonardo
{Tenemos cena familiar el fin de semana en casa de los abuelos, Augusto va a empezar a evaluarnos a mi tío y a mí en persona para decidir quién se queda con la presidencia.
{No podemos fallar, nuestro matrimonio es un punto a nuestro favor}
Valentina bloqueó la pantalla y dejó el teléfono en su lugar, sus ojos se desviaron nuevamente hacia el lienzo oscuro que emulaba la mirada de Alexander.
El abuelo iba a evaluar a ambos hombres cara a cara y ella estaría allí, en medio de los dos, lista para presenciar cómo el imperio de su esposo comenzaba a desmoronarse desde adentro.