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Nuestro Amor Quedó Pendiente

Nuestro Amor Quedó Pendiente

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Escuela / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La conversación que ninguna de las dos quería tener

Valeria pasó aquella noche sin poder dormir.

La fotografía seguía sobre la mesa de noche.

La había mirado tantas veces que ya conocía cada detalle.

Ella y Mateo aparecían jóvenes, felices, convencidos de que el mundo entero estaba frente a ellos.

Nunca imaginaron que la vida los llevaría por caminos tan diferentes.

Valeria tomó la fotografía entre sus manos.

—Éramos unos niños —susurró.

Una lágrima recorrió su mejilla.

No lloraba solamente por Mateo.

Lloraba por aquella muchacha que había sido.

Por todos los sueños que quedaron atrás.

Por las cosas que nunca pudo decir.

Y también por Daniel.

Su esposo había muerto hacía poco tiempo y ella todavía sentía que, de alguna manera, le estaba fallando al recordar a otro hombre.

—Perdóname —murmuró.

No sabía exactamente a quién se lo decía.

Quizá a Daniel.

Quizá a ella misma.

***

A la mañana siguiente, Valeria llevó a Samuel a la escuela.

Intentó comportarse con normalidad.

Pero apenas entró al patio, vio a Elena.

Estaba esperándola.

Valeria se detuvo.

Elena se acercó lentamente.

—¿Podemos hablar?

Valeria supo inmediatamente de qué se trataba.

—Sí.

—Prefiero que sea en un lugar tranquilo.

Las dos caminaron hasta una pequeña cafetería que quedaba cerca de la escuela.

Se sentaron frente a frente.

Durante unos segundos ninguna habló.

Finalmente Elena rompió el silencio.

—Encontré las fotografías.

Valeria bajó la mirada.

—Lo imaginé.

—¿Sabías que él las conservaba?

—No.

—¿Sabías cuánto significaste para él?

Valeria tardó unos segundos en responder.

—No hasta que volvimos a encontrarnos.

Elena la observó.

—¿Lo amabas?

Valeria respiró profundamente.

—Sí.

La sinceridad de la respuesta dejó a Elena en silencio.

—¿Todavía?

Valeria miró por la ventana.

—No sé cómo llamarlo.

—Necesito que me digas la verdad.

Valeria volvió a mirarla.

—Cuando lo vi después de tantos años, sentí algo. No voy a mentirte.

Elena cerró los ojos.

—Eso era lo que temía.

—Pero nunca quise hacerte daño.

—¿Quieres quitármelo?

Valeria negó inmediatamente.

—No.

—Entonces, ¿qué quieres?

Valeria bajó la mirada.

—Quiero que todos podamos seguir con nuestras vidas sin lastimarnos.

Elena soltó una pequeña risa triste.

—Eso sería más fácil si él no sintiera nada por ti.

Valeria no respondió.

Porque sabía que Mateo todavía sentía algo.

Y Elena también lo sabía.

***

Mientras las dos mujeres hablaban, Mateo estaba en la escuela.

Había ido a buscar a Nicolás.

Cuando vio a Valeria salir de la cafetería con Elena, comprendió que finalmente habían hablado.

Esperó hasta que Elena se marchó.

Luego se acercó a Valeria.

—¿Estás bien?

Valeria asintió.

—Sí.

—¿Qué te dijo?

—Nada que no tuviera que decirme.

Mateo la miró preocupado.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte.

—Sí tengo.

Valeria negó con la cabeza.

—Mateo, ella es tu esposa. Tiene derecho a sentirse así.

Él permaneció en silencio.

—No quiero que esto destruya tu familia —continuó Valeria.

—Yo tampoco.

—Entonces debemos poner límites.

Mateo sintió que aquellas palabras le dolían.

—¿Quieres alejarte de mí?

Valeria cerró los ojos.

—Quiero hacer lo correcto.

—¿Y qué es lo correcto?

—No lo sé.

Ambos permanecieron en silencio.

Entonces escucharon a Samuel.

—¡Mamá!

Valeria se giró.

Samuel corría hacia ella.

—¿Qué pasa?

—La profesora quiere hablar contigo.

—Ahora voy.

Samuel miró a Mateo.

—Hola.

—Hola.

El niño sonrió.

—¿Ya terminaron la feria?

Mateo respondió:

—Todavía no.

—Entonces tienen que trabajar juntos.

Valeria y Mateo se miraron.

Samuel no tenía idea de lo complicada que era aquella frase.

***

La feria escolar continuó avanzando.

Valeria y Mateo intentaron mantener una relación estrictamente cordial.

Hablaban de los puestos.

De los juegos.

De los horarios.

De los niños.

Nada más.

Pero a veces una mirada duraba un segundo más de lo necesario.

Una sonrisa aparecía sin querer.

Un recuerdo regresaba.

Y ambos tenían que volver a controlarse.

Una tarde, mientras decoraban el escenario de la escuela, Mateo encontró una caja vieja.

—Mira esto.

Valeria se acercó.

Dentro había fotografías de varias generaciones de estudiantes.

Comenzaron a revisarlas.

Hasta que encontraron una fotografía de su antigua clase.

Valeria la tomó.

—Mira.

Mateo sonrió.

—Ahí estás.

—Y tú.

—Qué pequeños éramos.

—Y qué felices.

Mateo la miró.

—Lo éramos.

Valeria guardó silencio.

—A veces me pregunto qué habría pasado si no te hubieras ido.

Ella lo miró.

—Yo también.

—Quizá nos habríamos casado.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

—Quizá.

—Quizá habríamos tenido hijos juntos.

Ella bajó la mirada.

—No pienses en eso.

—¿Por qué?

—Porque no podemos cambiar lo que ocurrió.

Mateo asintió.

—Tienes razón.

Pero ambos sabían que imaginar una vida diferente era demasiado fácil.

***

Esa noche, Mateo regresó a casa.

Elena estaba sentada en la sala.

—¿Cómo estuvo la feria?

—Bien.

—¿Trabajaste con ella?

Mateo asintió.

Elena respiró profundamente.

—Quiero pedirte algo.

—¿Qué?

—No quiero que me mientas.

—Nunca lo haría.

—Si algún día descubres que todavía la amas, dímelo.

Mateo se quedó inmóvil.

—Elena...

—No quiero vivir pensando que estoy compitiendo con un recuerdo.

—No estás compitiendo con nadie.

—Entonces demuéstramelo.

Mateo se acercó y tomó su mano.

—Te quiero.

Elena lo miró.

—¿Pero la amas?

Mateo no respondió.

Elena soltó lentamente su mano.

—Eso pensé.

Se levantó y entró en la habitación.

Mateo permaneció solo.

Sabía que había llegado a un punto en el que ya no podía seguir escondiéndose detrás de respuestas incompletas.

Tenía que descubrir qué sentía realmente.

Y, sobre todo, tenía que decidir qué quería hacer con su vida.

***

Mientras tanto, Valeria estaba en casa ayudando a Samuel con una tarea.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Tú eras feliz cuando eras joven?

Valeria sonrió.

—Sí.

—¿Con Mateo?

Ella se quedó quieta.

—¿Por qué preguntas tanto por él?

—Porque Nicolás dice que nuestros padres eran amigos.

Valeria sonrió.

—Éramos compañeros.

—¿Solo compañeros?

Ella soltó una pequeña risa.

—Éramos algo más.

Samuel la observó.

—¿Y por qué no están juntos?

Valeria suspiró.

—Porque la vida no siempre hace las cosas como nosotros queremos.

Samuel pensó unos segundos.

—Pero si dos personas se quieren, ¿no deberían estar juntas?

Valeria acarició su cabello.

—A veces quererse también significa saber cuándo dejar ir.

Samuel no pareció entender completamente.

—Yo no dejaría ir a alguien que quiero.

Valeria sonrió con tristeza.

—Cuando seas mayor entenderás.

***

Esa misma noche, Mateo abrió nuevamente la caja de fotografías.

Encontró una carta que nunca había mostrado a nadie.

La carta que había escrito poco después de la partida de Valeria.

La abrió.

La letra era juvenil y temblorosa.

Había escrito:

“Valeria:

No sé dónde estás.

No sé si alguna vez vas a leer esto.

Pero quiero que sepas que no dejé de buscarte porque dejara de quererte.

Mis padres hicieron todo para separarnos.

Me dijeron que eras una etapa.

Que con el tiempo te olvidaría.

Pero no pudieron decidir lo que sentía mi corazón.

Si algún día vuelves, quizá sea demasiado tarde.

Quizá los dos tengamos otras vidas.

Pero si alguna vez me preguntas si te quise, voy a decirte que sí.

Te quise cuando éramos adolescentes.

Y creo que una parte de mí siempre te va a querer.

Mateo.”

Mateo cerró los ojos.

Habían pasado tantos años.

Y aquella carta seguía teniendo la misma verdad.

Pero ahora había una diferencia.

Ya no eran adolescentes.

Había otras personas.

Había hijos.

Había responsabilidades.

Había heridas.

Y no podían actuar como si nada de eso existiera.

***

Al día siguiente, Mateo tomó una

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Gloria Martinez Rodiguez
me gusta, pero tiene demasiados vacíos, k dejan inconclusa la novela. necesito una o dos capítulos más para un buen final
ariadna violet
☺️
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