Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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ella aprende a contratacar
Valeria no era mala. Era persistente. Y estaba convencida de que Luis era suyo.
Llevaban 6 meses separados, pero ella nunca aceptó el final. Cuando se enteró de que ahora pasaba todo el tiempo con Greicy, sintió que le habían robado algo.
El viernes, antes de la final nacional, se apareció en la universidad. Alta, arreglada, con esa seguridad que Greicy aún estaba construyendo.
"Hola, Luisito", dijo, abrazándolo por detrás mientras él hablaba con Greicy.
Greicy vio el cambio en la cara de Luis. Sorpresa, incomodidad, culpa vieja.
"Vale. ¿Qué haces aquí?"
"Vine a desearte suerte. Supe que estás en la final. Como antes, ¿te acuerdas?"
Greicy se cruzó de brazos. No dijo nada, pero su mirada era filosa.
Valeria la miró de arriba a abajo y sonrió. "Tú debes ser Greicy. Luis me ha contado mucho de ti."
Mentira. Luis no le había contado nada.
"Qué bien", dijo Greicy seca.
La tensión se podía cortar con cuchillo. Luis intentó mediar: "Vale, tenemos que ensayar..."
"Sí, claro. Solo quería decirte que después de la final te espero. Tenemos que hablar de lo de tu mamá. Me llamó."
Eso era mentira también, pero Luis no lo sabía. Su mamá estaba enferma y Valeria lo sabía.
Luis se tensó. Greicy notó el cambio.
"Ve", dijo Greicy, con voz más fría de lo que quería sonar. "Hablen."
No fue a ensayar esa tarde. Se fue a su cuarto y no contestó mensajes.
Luis fue a buscarla a las 10 de la noche. Llevaba serenata a medias y una disculpa completa.
"Toc toc", dijo en su ventana. Vivía en primer piso.
Greicy abrió, con ojos hinchados de haber llorado de rabia.
"¿Terminaste con tu ex?"
"No tengo nada con ella, Greicy. Te lo juro. Terminamos hace mucho."
"Pues no parece. Parece que ella cree que todavía son algo. Y tú no la detuviste."
Luis suspiró y se apoyó en el marco. "Tienes razón. Fui un cobarde. Pero es que... me da miedo ser como mi papá. Que deja todo a medias."
Greicy lo miró. Por primera vez lo vio vulnerable, no como el chico sabelotodo de debates.
"Yo también tengo miedo", admitió ella. "Miedo de que esto sea solo un juego para ti. Que me besas para callarme y ya."
Luis entró sin pedir permiso, la tomó de las manos. Sus manos eran más grandes y cálidas.
"No es un juego. Desde que te besé la primera vez, no puedo pensar en otra cosa. Me tienes mal, Reyes. Me haces pelear mejor, escribir mejor, ser mejor. Tenías que ser tú. De todas las personas en esta universidad, tenías que ser tú la que me pusiera de cabeza."
Greicy sintió que se le aflojaban las rodillas. Nadie le había hablado así.
"¿Tenía que ser yo qué?"
"La que me guste tanto que me da miedo."
Ella no contestó con palabras. Lo jaló de la playera y lo besó. Fue un beso diferente. No para callar, no para ganar. Para decir "yo también tengo miedo, pero aquí estoy".
Se quedaron abrazados mucho rato. Esa noche, Valeria les mandó un mensaje a ambos desde el celular de Luis que había tomado prestado sin permiso: una foto vieja de ellos dos con un texto que decía "Te extraño". Greicy lo vio.
Y el caos que habían controlado por semanas, explotó.