Divierte
NovelToon tiene autorización de Lohendy G para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El gran secreto de doña cleotilde
La gallina llevó a don Pancracio hasta la casa de una anciana llamada Doña Rufina.
La mujer abrió la puerta.
—¿Qué quieren?
Pancracio levantó el libro.
—Encontramos esto.
Doña Rufina palideció.
—Entonces finalmente lo encontraron.
Pancracio tragó saliva.
—¿Qué cosa?
La anciana miró a Doña Cleotilde.
—Ella lo sabía.
Pancracio señaló la gallina.
—¿La gallina?
—Sí.
—¿Pero cómo?
Doña Rufina sonrió.
—Porque esa gallina pertenece a una familia que ha protegido el secreto durante generaciones.
Pancracio no entendía nada.
—¿Qué secreto?
Doña Rufina señaló el libro.
—La página desaparecida contiene la verdadera historia de San Jacinto.
Pancracio se sentó.
—¿Y qué dice?
—Que el pueblo no fue fundado por un hombre.
—¿Entonces?
—Fue fundado por una mujer.
Todos quedaron sorprendidos.
La historia oficial estaba equivocada.
Durante años, el pueblo había celebrado a un supuesto fundador llamado Don Jacinto.
Pero la verdadera fundadora había sido una mujer llamada Jacinta.
Pancracio abrió los ojos.
—¡Tenemos que contarlo!
Doña Rufina negó con la cabeza.
—Hay alguien que no quiere que esa historia salga a la luz.
—¿Quién?
La anciana miró hacia la ventana.
—El hombre que pretende quedarse con las tierras del pueblo.
Don Pancracio se puso de pie.
—¡Entonces tenemos trabajo!
Doña Candelaria suspiró.
—Yo sabía que ser alcalde sería una mala idea.
⸻
...El enemigo de Don Pancracio...
El hombre que quería quedarse con las tierras se llamaba Don Basilio.
Era rico, elegante y siempre llevaba un bigote tan grande que parecía tener vida propia.
Don Basilio llegó al pueblo con una sonrisa.
—Buenas tardes.
Don Pancracio lo recibió.
—¿Qué quiere?
—Comprar algunas tierras.
—No están en venta.
—Todo tiene un precio.
Don Pancracio respondió:
—Pues el precio de estas tierras es que usted se vaya.
Don Basilio no sonrió.
—Volveré.
—Traiga sombrilla. Aquí hace calor.
Don Basilio se marchó furioso.
Aquella noche,Don Pancracio reunió al pueblo.
—Tenemos que proteger San Jacinto.
—¿Cómo? —preguntó Don Filemón.
Don Pancracio pensó.
—Organizando una fiesta.
Todos lo miraron.
—¿Una fiesta?
—Sí.
—¿Eso ayudará?
—No tengo idea.
Pero la fiesta comenzó.
Hubo música, comida y concursos.
Don Basilio observaba desde lejos.
De pronto, Doña Cleotilde apareció con la página perdida.
La había encontrado escondida detrás de un viejo cuadro.
Don Pancracio la tomó.
La página demostraba que las tierras pertenecían al pueblo desde hacía más de cien años.
Don Basilio quedó derrotado.
El pueblo celebró.
Pancracio levantó la página.
—¡San Jacinto está a salvo!
Todos aplaudieron.
Foña Candelaria se acercó.
—Por una vez hiciste algo bien.
Don Pancracio sonrió.
—¿Solo una vez?
—No exageres.
... El amor de Don Pancracio...
Pancracio llevaba treinta años casado con doña Candelaria.
Pero aquella semana decidió volver a conquistarla.
—Doña Candelaria.
—¿Qué quieres?
—Te voy a escribir una poesía.
Ella se puso nerviosa.
—Don Pancracio, no hace falta.
—Sí hace falta.
Tomó papel y escribió:
“Candelaria querida,
eres como una sandía…”
Doña Candelaria lo miró.
—¿Una sandía?
—Espera.
“Dulce por dentro,
redonda por fuera…”
—¡Don Pancracio!
—¡Todavía no termino!
La poesía terminó siendo tan mala que Doña Candelaria comenzó a reír.
Don Pancracio sonrió.
—¿Ves? Te hice feliz.
—Sí.
—Entonces funcionó.
Aquella noche bailaron juntos en la plaza.
Don Pancracio pisó a Doña Candelaria tres veces.
—Perdón.
—No pasa nada.
—¿Seguro?
—Sí.
—Porque yo creo que el zapato fue culpable.
Doña Candelaria lo abrazó.
—Eres imposible.
—Pero me quieres.
—Lamentablemente.
Los dos rieron.