💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 16: Una invitación a la playa
Después de llegar a la casa, mi tía no dejó que me fuera directamente para mi habitación.
Apenas entré, me miró con esa sonrisa de quien ya sabía que algo había pasado.
—Bueno, mi patico, ahora sí me vas a contar todo.
—Ay, tía...
—Nada de "ay, tía". Siéntate ahí y cuéntame.
Me senté junto a ella y comencé a contarle cómo había sido mi salida con Damián. Le conté que me había recogido, que me abrió la puerta del carro, que fuimos al cine, que comimos algo y que habíamos hablado durante horas.
Mi tía me escuchaba con atención.
—¿Y te trató bien?
—Sí, tía. Muchísimo.
—Eso es lo importante, mi patico. Que te respete y te haga sentir tranquila.
—Me siento muy cómoda con él.
—Entonces disfruta, mija. Pero despacito.
—Sí, tía.
Después de hablar un buen rato, finalmente subí a mi habitación.
Cerré la puerta y me senté frente a mi escritorio.
Saqué mi diario.
Lo abrí y comencé a escribir todo lo que había ocurrido.
Querido diario:
Hoy tuve mi primera salida con Damián.
Todavía me parece increíble.
Me recogió en su carro y cuando me vio me dijo que estaba hermosa. Después me abrió la puerta para que me sentara y durante el camino estuvimos hablando y riéndonos.
Fuimos al cine.
Compartimos crispetas y bebidas y después caminamos por el centro comercial.
Lo que más me gustó fue que Damián quiso conocerme de verdad. Me preguntó por mis sueños, mis gustos y mi familia.
No sentí que estuviera juzgándome.
Pude ser yo misma.
Y creo que eso es lo que más me gusta de él.
No sé exactamente qué somos todavía.
Pero sí sé que cada vez me hace más ilusión verlo.
Cerré el diario y lo guardé en el cajón.
Justo entonces mi celular vibró.
Tiin... tin...
Era el sonido de una notificación.
Lo tomé rápidamente.
Era Damián.
Contesté.
—¿Hola?
—Hola, nena. ¿Cómo estás?
Sonreí.
—Bien.
—¿Bien nada más?
—Bueno... feliz.
Él soltó una pequeña risa.
—Me alegra, gordita hermosa.
—¿Y tú cómo estás?
—También estoy bien. La verdad, todavía estoy pensando en el día de hoy.
—Yo también.
—Me alegra que te haya gustado salir conmigo.
—Muchísimo.
Hubo un pequeño silencio.
Después Damián habló.
—Oye, tengo una idea.
—¿Cuál?
—¿Qué te parece si mañana vamos a la playa?
Me quedé sorprendida.
—¿A la playa?
—Sí, pues. Ya que estamos en Barranquilla, hay que aprovechar.
—Ay, sí quiero.
—¿De verdad?
—Claro. Me encanta la playa.
—Entonces quedó decidido.
—Pero tengo que preguntarle a mi tía.
—Por supuesto. Primero pide permiso.
—Sí, señor.
Me levanté de la cama y salí de mi habitación.
—¡Tía!
—¿Qué pasó, mi patico?
—Damián me invitó mañana a la playa. ¿Puedo ir?
Mi tía me miró y sonrió.
—¿Con él?
—Sí.
—Bueno, mija. Puedes ir, pero me avisas dónde van a estar y me mantienes el celular prendido.
—¡Gracias, tía!
Regresé corriendo a mi habitación.
—Damián.
—¿Sí?
—Me dieron permiso.
—¡Qué bueno, pues!
—¿A qué hora vamos?
—Podemos ir en la mañana, cuando esté más agradable. Yo paso por ti.
—Bueno.
—Entonces mañana tenemos plan.
—Sí.
Me quedé sonriendo.
—Damián.
—¿Qué pasó?
—Gracias por invitarme.
—No tienes que agradecerme. Quiero pasar más tiempo contigo.
Sentí que me daba pena.
—Ay, tú sí sabes qué decir.
—Estoy diciendo la verdad, pues.
—Bueno... buenas noches.
—Buenas noches, bonita. Descansa.
—Tú también.
Colgué y dejé el celular sobre la cama.
Volví a abrir mi diario y escribí una última línea:
Mañana voy a la playa con Damián. Estoy demasiado feliz.
Cerré el diario, lo guardé y me acosté.
Mientras miraba el techo, no podía dejar de imaginar cómo sería el día siguiente.
Después de tantos momentos difíciles, sentía que poco a poco estaban llegando días diferentes.
Días en los que podía reír.
Días en los que podía sentirme tranquila.
Y, ahora, días junto a alguien que estaba empezando a ocupar un lugar muy especial en mi corazón.
—Mañana será otro día bonito —susurré antes de cerrar los ojos.