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QUIEN NO HA SUFRIDO LO QUE TÚ, NO TIENE DERECHO A ACONSEJARTE SER BUENO

QUIEN NO HA SUFRIDO LO QUE TÚ, NO TIENE DERECHO A ACONSEJARTE SER BUENO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Sistema / Completas
Popularitas:769
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Vladimir Volstok murió después de dedicar toda su vida a su familia.

Fue el hijo perfecto. El hermano que siempre sacrificaba todo por Raúl, el elegido de la familia y el héroe destinado a tenerlo todo. Pero cuando llegó su final, Vladimir descubrió la verdad: su bondad solo había servido para que todos lo utilizaran.

Entonces el destino le ofreció una segunda oportunidad.

Pero no regresaría como Vladimir Rojas.

Regresaría como Vladimir Volstok: el villano de la historia.

Su misión era sencilla: destruir a todos los héroes.

Vladimir aceptó con una sonrisa.

Porque él conocía el futuro.

Sabía quiénes serían los héroes, quiénes serían sus aliados, qué mujeres amarían y qué oportunidades los convertirían en leyendas.

Y decidió robárselo todo.

Su primera jugada será Miranda, la novia de Raúl.

Primero le robará su amor.

Después, su futuro.

Y cuando Raúl descubra que Miranda espera un hijo de Vladimir, comprenderá demasiado tarde qu

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Juego de Seducción

Transcurrió una semana completa sin que Miranda enviara un solo mensaje o realizara esa llamada.

Desde la majestuosa oficina de la presidencia en el último piso del edificio corporativo Volstok, Vladimir observaba la pantalla bloqueada de su teléfono móvil. Una sonrisa helada y calculadora se dibujó en su rostro mientras tamborileaba rítmicamente sobre el escritorio de caoba maciza.

—Eres dura, Miranda... —murmuró para sí mismo en tono bajo—. Se nota que aún guardas sentimientos por mi hermano. Deberé utilizar algo más definitivo contigo.

Presionó un botón del intercomunicador.

—Thomas —llamó con voz firme.

En menos de tres segundos, la puerta doble se abrió y su asistente personal ingresó inclinando levemente la cabeza.

—Sí, señor Volstok.

Vladimir tomó una carpeta ejecutiva sobre la mesa y se la lanzó con precisión.

—Quiero que sigas a esta muchacha —ordenó Vladimir—. Averigua sus rutinas y avísame de inmediato cuando salga a festejar a una discoteca o club nocturno.

Thomas tomó la carpeta y observó la fotografía de Miranda. Aunque la joven era indudablemente atractiva, Thomas sabía que su jefe tenía a su disposición a las mujeres más influyentes, modelos y herederas de la alta sociedad. Por un instante, no entendió el repentino capricho por una estudiante universitaria.

"Bueno... así son los ricos", pensó Thomas en silencio, manteniendo la disciplina impecable. "Se encaprichan con mujeres ordinarias, las poseen y luego las desechan. Pobre muchacha, solo será una más en su historial".

—Entendido, señor. Me encargaré de inmediato —respondió Thomas antes de retirarse.

Pasó otra semana entre negociaciones millonarias, fusiones corporativas, compras de activos y el monitoreo silencioso sobre la ruina financiera que se avecinaba para la familia Rojas.

Hasta que, una tarde de viernes, el teléfono de Vladimir sonó.

—Señor Volstok —informó Thomas al otro lado de la línea—. La señorita Miranda se encuentra en este momento celebrando en un club nocturno del centro con sus compañeros de universidad. Acaban de entregarles los resultados finales y obtuvieron las calificaciones más altas de la facultad. Todos están muy eufóricos y bebiendo como si no hubiera un mañana.

—Perfecto —respondió Vladimir, poniéndose de pie de inmediato—. Envíame la ubicación.

Vladimir no vistió sus trajes habituales. Para esta ocasión eligió un atuendo casual pero impecable: un pantalón de mezclilla de corte refinado y una chaqueta de diseñador que resaltaba su estampa imponente.

Al llegar al concurrido club de la juventud acomodada, caminó con paso firme entre las luces tenue y la música vibrante. No tardó en ubicarla: Miranda estaba sentada en una mesa amplia y ruidosa, riendo y brindando entre un grupo entusiasmado de estudiantes.

—Excelente... —murmuró Vladimir.

Hizo un gesto discreto al mesero principal de la zona VIP y le entregó un billete de alta denominación.

—Aumenta las bebidas en aquella mesa —ordenó señalando el grupo de Miranda—. Diles que han ganado una promoción del local y que tienen barra libre toda la noche.

El mesero acató la orden de inmediato. Segundos después, los vítores y gritos de alegría estallaron en la mesa de los universitarios.

—¡¿En serio ganamos un concurso?! ¡Esto es increíble! ¡El destino está de nuestro lado hoy!

Animados por la sorpresa, los jóvenes comenzaron a beber sin medir las consecuencias. Pasada una hora, Vladimir vio a Miranda ponerse de pie, visiblemente mareada y buscando alejarse del ruido para ir al baño.

Vladimir la siguió de manera sigilosa. Cuando Miranda salió del pasillo de los sanitarios, se tambaleaba levemente, tocándose la frente con confusión.

—¿Qué... qué me pasa? —susurró para sí misma.

Al dar un paso en falso, tropezó de frente. Estaba a punto de impactar contra el suelo cuando dos brazos firmes la sostuvieron en el aire con absoluta facilidad, atrayéndola hacia un pecho sólido.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó una voz profunda cerca de su oído.

Miranda levantó la vista lentamente. Al enfocar la mirada, sus ojos se abrieron con sorpresa. Frente a ella estaba el hombre guapo y millonario que había comprado los cuatro trajes en su tienda; el mismo que le había asegurado una comisión de quinientos dólares en un solo día, algo que jamás había logrado antes.

—Señor... ¿Señor Volstok? —murmuró ella reconociéndolo al instante.

—Vaya, la señorita de la boutique de trajes, ¿verdad? —dijo Vladimir sonriendo con amabilidad calculada—. ¿Qué hace aquí tan mareada?

—Festejando con mis amigos... sacamos excelentes notas en la universidad —respondió ella entre risas torpes.

—Me alegro mucho por ti —contestó él.

Tras una breve y fluida conversación donde Vladimir demostró un carisma encantador, Miranda, en su estado de ebriedad, terminó invitándolo a unirse a su mesa. Vladimir aceptó gustoso. En cuestión de minutos, el magnate se adaptó al grupo como si fuera un estudiante más, ganándose la simpatía de todos con su conversación y pagando rondas exclusivas.

Entre risas y tragos, el grupo propuso jugar a Verdad o Reto. La botella giró sobre la mesa de madera hasta apuntar directamente a Miranda.

—¡Reto! —gritaron sus compañeros.

—El reto es simple —decretó uno de los chicos riendo—. ¡Tienes que besar a la persona que esté sentada a tu lado derecho!

Miranda volteó la cabeza. A su lado derecho estaba él: Vladimir Volstok.

Miranda lo miró fijamente durante unos segundos. Con el alcohol nublando sus inhibiciones y atraída por la presencia aplastante del hombre, no ofreció la menor resistencia. Se inclinó y lo besó.

Sin embargo, lo que Miranda no esperaba era la reacción de Vladimir. En lugar de un beso superficial de juego, él tomó suavemente su nuca y profundizó el contacto, transformándolo en un beso intenso, dominante y lleno de pasión que la dejó sin aliento.

La mesa estalló en vítores y aplausos salvajes.

—¡Uhh! ¡Miranda! ¡Miranda!

Cuando se separaron, Miranda tenía las mejillas ardiendo en un rubor intenso y el pulso desbocado. Vladimir la miró divertido, manteniendo la compostura impecable.

Al finalizar la madrugada, Vladimir decidió, por pura cortesía ejecutiva, ordenar transporte seguro para cada uno de los estudiantes y llevar personalmente a Miranda. La última parada fue la residencia universitaria donde ella vivía.

El vehículo se detuvo frente a los dormitorios. Miranda acomodó su bolso y lo miró con ojitos brillantes de cordero, aún bajo los efectos del alcohol y la emoción de la noche.

—Muchas gracias por todo, Vladimir... fuiste muy amable —agradeció con voz dulce.

Vladimir hizo un gesto desinteresado con la mano, restándole importancia.

—No fue nada, descansa.

Miranda sonrió y abrió la puerta del automóvil. Estaba a punto de bajarse cuando Vladimir extendió la mano, la tomó con firmeza del brazo y la jaló de vuelta hacia él. Con la otra mano le acarició suavemente el rostro, delineando su mejilla.

—Miranda... —susurró con voz pausada.

Ella se quedó paralizada, mirándolo fijamente a los ojos. Vladimir se inclinó y la besó de nuevo, un beso largo, profundo y pausado que terminó de derretir cualquier barrera de la joven.

Cuando finalmente la liberó, se acercó a su oído y le dijo suavemente:

—Te llamaré mañana... ¿Estamos?

Miranda asintió en silencio con el corazón latiendo a mil por hora antes de bajar del auto, sabiendo en el fondo que ya no había vuelta atrás.

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Mirna Bracovitte
buenos días autora porque tan corta la historia y todavía falta desarrollarla
EspirituCreativo: Querida lectora actualizare la historia el fin de semana tranquila por temas particulares borre capítulos,
total 1 replies
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