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LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

​Sinopsis Corta
​Tras años de separación, dolor y una condena a muerte dictada por engaños en el oscuro mundo de la mafia, Valerio De Santis y Lysandra Varesi vuelven a cruzar sus caminos. En medio de traiciones familiares y la amenaza inminente de sus enemigos, Valerio renunciará al poder terrenal y arriesgará su vida para proteger a Lysandra y a sus hijos mellizos, Eren y Lyra. Una apasionante historia de amor, sacrificio y redención donde las cicatrices del pasado se transforman en el cimiento de una vida en paz.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: La promesa del atardecer y el anhelo de libertad

​El mediodía siciliano derramaba una luz cálida sobre el patio de la villa, donde los cipreses antiguos proyectaban sombras alargadas contra la piedra blanca. Tras dejar a los mellizos en su primer día de clases, la casa respiraba un silencio sereno, interrumpido solo por el murmullo del viento entre los vides y el tintineo de las tazas en la terraza.

​Domitilla acomodaba unos jarrones de cristal sobre la mesa de hierro forjado, mientras Aurelio terminaba de revisar los documentos de la fundación en su despacho portátil. Lysandra se encontraba de pie junto al mirador, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte del mar Tirreno. Tenía una postura tensa, revelando una inquietud que no encajaba del todo con la tranquilidad del entorno.

​Valerio caminó despacio hacia ella, sosteniendo dos copas de agua fresca con rodajas de limón. Se detuvo a su lado y le tendió una.

​—Pareces muy distante, Lysandra —dijo Valerio con voz baja y pausada, observando el perfil de su esposa—. La casa está tranquila por primera vez en semanas, pero tus ojos siguen fijos en la distancia. ¿En qué piensas?

​Lysandra tomó la copa, suspiró profundamente y se giró para mirarlo directamente a los ojos. Su expresión era seria, cargada de una determinación incuestionable.

​—Pienso en mi vida, Valerio —respondió ella con la voz firme y clara—. Ahora que los niños están en el colegio y todo está seguro, no quiero pasarme los días atrapada entre estas paredes sin hacer nada.

​Valerio frunció levemente el ceño, desconcertado por el tono directo de su esposa.

​—Lysandra, aquí lo tienes todo —intervino Domitilla, acercándose con una sonrisa suave—. Has sufrido demasiado durante años. Ahora es momento de que descanses, te relajes en la villa y te enfoques en disfrutar de tu hogar y de tus hijos.

​—Con todo respeto, suegra, yo no nací para ser un adorno en una villa por muy hermosa que sea —respondió Lysandra con educación, pero con absoluta firmeza—. Durante ocho años me mantuve a mí misma y a mis hijos con mi propio trabajo y mi esfuerzo. No me voy a quedar encerrada aquí esperando a que el día pase. Necesito trabajar, sentirme útil y ejercer mi carrera.

​Aurelio salió de la biblioteca y se unió al grupo en la terraza, escuchando con atención la conversación. Miró a Lysandra con curiosidad.

​—¿Trabajar? —preguntó Aurelio con su habitual voz grave—. Eres la esposa de Valerio De Santis y la madre de mis nietos. No tienes necesidad de trabajar para nadie, Lysandra. La familia tiene recursos de sobra para cubrir cualquier deseo o proyecto.

​—No se trata del dinero, suegro —rebatió Lysandra, mirando al patriarca con la barbilla en alto—. Se trata de mi independencia y de mi dignidad. No quiero que mi única ocupación sea ver pasar las horas. Quiero ejercer la docencia y la investigación sobre educación inclusiva en Palermo. Tengo títulos, tengo experiencia y tengo vocación.

​Valerio contempló a Lysandra en silencio durante varios segundos. Al principio, su instinto protector le sugería mantenerla en la finca, resguardada de todo, pero al mirar la determinación en sus ojos verde oliva, recordó a la mujer valiente y fuerte de la que se había enamorado y que había sobrevivido a todo por sus propios medios.

​—¿Tienes algo en mente, Lysandra? —preguntó Valerio, dando un paso hacia ella y demostrando que respetaba su postura.

​—Sí —afirmó Lysandra, cruzándose de brazos—. He estado revisando las convocatorias de la Universidad de Palermo y del centro educativo de la fundación que estás organizando. Puedo aportar en la estructuración de proyectos de integración y pedagogía. O puedo buscar un puesto en un colegio público. Pero voy a trabajar, Valerio. Eso no es negociable.

​Domitilla miró a su hijo, esperando una objeción, pero Valerio esbozó una sonrisa tenue y llena de admiración sincera.

​—Jamás pretendí encerrarte en una jaula de oro, Lysandra —dijo Valerio con voz profunda y serena—. Te prometí que serías libre y lo mantendré. Tu talento y tu vocación no deben quedarse guardados en esta casa. Si quieres incorporarte a la universidad o dirigir el área pedagógica del centro educativo de la fundación, tienes todo mi apoyo.

​—Me parece una excelente decisión si es para la fundación —añadió Aurelio con una leve inclinación de cabeza y un gesto de aprobación—. Tus conocimientos en educación pueden transformar ese proyecto en algo de verdadero prestigio.

​Lysandra relajó la postura y miró a Valerio con una chispa de gratitud y alivio en los ojos.

​—Gracias, Valerio. Significa mucho para mí que lo entiendas —dijo ella en un susurro cálido.

​—Entiendo que eres una mujer inquebrantable, mi reina —respondió Valerio, tomándole la mano y besando con ternura el dorso de sus dedos—. Y jamás volveré a cometer el error de limitar tu camino.

​Pocas horas después, el reloj del colegio marcó la hora de salida. Valerio y Lysandra esperaban junto a la gran puerta de hierro mientras decenas de estudiantes salían corriendo entre risas.

​De pronto, los mellizos aparecieron en el umbral. Eren venía despeinado y con la corbata ligeramente torcida, mientras que Lyra traía una hoja de papel grande llena de trazos coloridos.

​—¡Mamá! ¡Papá! —gritó Eren, corriendo hacia ellos con la pelota de fútbol bajo el brazo que le había prestado el profesor de deportes.

​—¡Mis amores! —exclamó Lysandra, agachándose para recibirlos con los brazos abiertos.

​Eren se abrazó al cuello de su madre y luego miró a Valerio con los ojos muy abiertos.

​—¡Papá, el entrenador me vio jugar y dijo que tengo buena zurda! —contó Eren emocionado, dando un salto en el sitio—. ¡Me dijo que el próximo viernes puedo entrenar con el equipo oficial!

​Valerio se arrodilló al lado de su hijo, acomodándole el cuello de la camisa con una sonrisa amplia y llena de orgullo.

​—Te lo dije, campeón —respondió Valerio, revolviéndole el cabello con cariño—. Si trabajas duro y escuchas a tu entrenador, vas a llegar muy lejos. Estoy muy orgulloso de ti.

​Lyra se acercó a Lysandra y le extendió la hoja de papel con una gran sonrisa.

​—Mira, mamá, la maestra de arte me ayudó a pintar nuestra casa de Sicilia con el mar y con las flores de la abuela Tilla —explicó la pequeña con entusiasmo—. Me dijo que tengo mucho talento para los colores.

​Lysandra contempló el dibujo, sintiendo que las lágrimas de felicidad volvían a asomar a sus ojos. Besó la frente de su hija y la estrechó contra su pecho.

​—Es el dibujo más hermoso del mundo, mi vida —susurró Lysandra—. Vamos a ponerle un marco y a colgarlo en el salón principal de la casa. Y además, tengo una noticia: pronto mamá también empezará a trabajar en su nuevo proyecto en la universidad y en el centro educativo.

​—¡Qué bien, mamá! —exclamó Lyra, dándole un beso en la mejilla—. ¡Tú eres la maestra más inteligente del mundo!

​Aurelio y Domitilla, que esperaban junto al automóvil, contemplaban la escena con los rostros iluminados por la plenitud.

​—¿Listos para el helado, niños? —preguntó Aurelio con una sonrisa afectuosa, abriéndoles la puerta del vehículo.

​—¡Sí, abuelo! —gritaron Eren y Lyra al unísono, corriendo hacia los ancianos para subir al auto.

​Valerio y Lysandra se quedaron un momento atrás, tomados de la mano bajo la sombra de las palmeras del bulevar. Él la miró a los ojos, apretando suavemente sus dedos con amor inquebrantable.

​—¿Estás lista para tu nuevo comienzo profesional y familiar, mi reina? —preguntó Valerio con voz profunda y llena de ternura.

​—Más que lista, Valerio —respondió Lysandra con una sonrisa radiante, apoyando la cabeza en su hombro mientras caminaban hacia el automóvil—. Ahora sí tenemos una vida completa por delante.

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Marly
excelente novela felicidades al autor
Leila Tapia
/Facepalm/
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante y muy buen final felicitaciones 👏👏👏
Mirna Lobo
me encantó felicidades escritora 😊👏👏
Belkys Natalia Quintero García
MUY bonita historia felicitaciones autora recomendada para leer al 💯
Belkys Natalia Quintero García
está bueno que se jodan hasta más de la mitad jajaja
Belkys Natalia Quintero García
ése capo de pacotilla no da ni risa 😄😄, dan ganas de levantalo a cacheta por estupido y dejarse manejar como marionetas del orestes malandro ése, ahora que lisandra no lo perdone y lo ponga a lamerle las botas, por desgraciado infeliz y ella se dé su valor
neumidia ruiz
me encantó la historia pe4o mas el mensaje felicidades escritora
neumidia ruiz
ay yo pensé que iban a tener otro hijo☺️
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