Una torpe pareja entre un policía novato y una periodista se ve involucrada en la verdad tras el mortal virus zombie y en el propio apocalipsis zombie que envolvió el mundo.
Ahora los dos, tendrán que hacer todo lo posible para salir vivos y huir al refugio más cercano de Alley City.
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Capitulo #5: El comienzo de la Pesadilla
...⚠️ ESTE EPISODIO ES NARRADO POR STAN⚠️...
Habían pasado unos días desde que había terminado la academia o al menos las prácticas para aprender a usar un arma.
Y por recomendación de uno de mis profesores de la academia, recibí un trabajo de policía en la ciudad de Alley City. Como no tenía auto, y como tampoco sabía conducir, no me quedó de otra que viajar a esa ciudad usando el camión público.
Fueron horas tan largas que me quedé dormido en mi asiento, intenté ver una de mis series favoritas para no dormirme pero creo que al final el aburrimiento terminó por ganarme.
No obstante, esta vez no fueron sueños los que me golpearon, sino que fue el inicio de una pesadilla que jamás me soltaría…
Me desperté al escuchar una explosión en un edificio de Glaver, toda la ciudad tembló y en las calles se escucharon gritos, al abrir los ojos lo primero que vi fue como una patrulla impactaba contra el camión, haciendo que se volcara en medio de la calle.
Pude sobrevivir… pero… debajo de mi cuerpo había cadáveres sin vida e inmóviles, ellos…
—¡¡Ayuda!! ¡Por favor alguien! —gritó una mujer en el fondo del camión, mientras era aplastada por personas sin vida—.
Ni siquiera tuve capacidad de reaccionar, pues una multitud de personas destrozaron algunas las ventanas para intentar comerse a las personas, dejándome sin otra opción más que escapar de ahí antes de ser devorado.
Para escapar de ahí antes de esos monstruos tuve que quitar una ventana con todas las patadas que podía dar, lo peor no fue que me hice daño al hacer eso, sino que al salir por la ventana que rompí, me clavé varios cristales en las manos.
Corrí por la acera de las calles, viendo como la ciudad estaba volviéndose un caos, carros chocando por infectados, helicópteros cayendo y gente corriendo de una horda de zombies.
Mis piernas no dejaban de correr sin rumbo, las manos me temblaban por el ardor de los cristales y el viento golpeando cada segundo las heridas, las cuales dolían más cuando un cristal se despegaba de mi piel por la carrera en la ciudad, mi visión estaba volteando a los alrededores en busca de un camino hacia la comisaría.
Aunque cuando había encontrado una ruta, escuché el llanto de una niña pelirroja con pequeñas pecas en sus mejillas, que estaba frente a un inmenso hombre de casi 3 metros que estaba partiendo en dos a un soldado, manchando el suelo con sus vísceras.
—Guinevere… —jadeó ese hombre volteando a ver a la pequeña—.
—¡Basta! ¡Papá! —le gritó la niña entre llanto mientras retrocedía—.
Mi cuerpo se desvió de forma instintiva, y en cuanto ese hombre trató de hacerle daño con sus puños a su propia hija, me lancé para protegerla. Ambos rodamos por el suelo pero pudimos esquivar los gigantescos puños de su padre.
—¿Por qué te entrometes? Esto no es tu problema
—Pa… Papá…
Jadeando y aprovechando que esa última caída me había terminado por quitar los cristales de las palmas, cargue a la niña para intentar irme con ella.
—Este no es tu problema ¡Niño! —dijo con una voz que estaba conformada por múltiples voces—. Mi hija… —enfurecido arrancó la puerta de un auto—. ¡Nos hizo esto!
Esa cosa me lanzó la puerta del auto con todas fuerzas, lo que pudimos esquivar para acto seguido desenfundar mi pistola y dispararle cada maldita bala, eso lo aturdió… al menos lo suficiente…
Para que pudiera correr lejos de él con la pequeña Guinevere…
—¡¡No!! —gritó mientras su voz se distorsionaba y dejaba escuchar a las voces de todas las personas que estaban atrapadas dentro de su cuerpo—. Ella no se irá contigo…
Estuve por poner un pie en la ruta que llevaba a la comisaría cuando esa cosa me sujetó de mi mochila para lanzarme con todas sus fuerzas hacia un auto, el golpe fue tan doloroso que sentí como algunos huesos crujían.
Por fortuna mi cuerpo suavizó el impacto para la niña, para ella no fue más que unos cuantos raspones. En cuanto a mí, no fue lo suficiente para matarme, pero me dejó aturdido y con una pérdida de equilibrio temporal.
—¿A dónde crees que vas? ¡Niño héroe!
—¡Señor! ¡Basta! —me imploró la niña al ver mis heridas—.
Tambaleando me puse de pie mientras sujetaba mi pistola y a la niña con fuerza, mis oídos no dejaban de pitar, mis manos temblaban, la sangre brotaba de mi cabeza, de mis brazos y de mi boca.
—No… no dejaré que le hagas daño a la niña
Ese hombre sonrió si es que podía sonreír con esa masa deforme que tenía por cara, sabía que no podía ganar, de la misma manera que entendía que también estaba la posibilidad de que uno de los muertos vivientes cualquiera me pudiera atacar por la espalda.
Por ende en un último acto desesperado le disparé para aturdir a esa cosa y darme una chance de escapar en esos segundos que estaba distraído. Le disparé mientras caminaba de espaldas hacia la ruta que llevaba hacia la comisaría.
Sin embargo, cuando pensaba que mi plan no iba a funcionar, mi suerte trajo un camión lleno de refrescos que impactó contra él, y lo lanzó lejos de nosotros, dándonos la oportunidad de huir.
Caminé como pude y lo más rápido que mi cuerpo permitía, llegando de milagro al edificio donde tenían que estar mis compañeros de trabajo. Tenía la esperanza de encontrar un sitio para sentirme en paz antes de morir por las heridas que tenía, aunque en lugar de encontrarme con mis compañeros me encontré con un lugar bañado en sangre, vísceras y con una mujer de bata blanca armada hasta los dientes.
—¡¿Quién eres tú?! —me pregunto la mujer apuntándome con una pistola y deteniéndome justo en la puerta principal—.
—¡Mami! —chilló la niña al ver a esa mujer frente a nosotros—.
—¿Guinevere? —jadeó bajando su pistola al momento de reconocer a su hija—. ¡Rápido! ¡Entren! No quiero que mi marido nos encuentre, no ahora —nos ordenó acercándose a nosotros para meternos dentro—.
—¿Q-Quién es usted? —le pregunté jadeando y tambaleando—.
—Trabajo en Glaver y eso de afuera es… es culpa de mi esposo por así decirlo, soy… soy Annie Martinez —me respondió mientras cerraba la puerta de la comisaría—.
—Stan Nick Brown… —me presente extendiendo mi mano hacia ella—.
—Mm… —gruñó al darse cuenta de mis heridas—. Ven, sígueme, antes de que te mueras desangrado