Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho
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Capítulo 3 — El futuro duque
Aurelia no apartó la mirada de Kael.
El niño permanecía frente a ella con los brazos cruzados y una expresión seria que no parecía propia de alguien de nueve años.
En su primera vida, Aurelia había conocido a Kael Draven cuando ambos eran adolescentes.
Para entonces, él ya era famoso.
El hijo del duque de Draven.
Un prodigio de la magia.
Un futuro general.
Y, según los rumores, uno de los hombres más peligrosos del imperio.
Pero aquella era la primera vez que lo veía de niño.
Y resultaba extraño.
Era mucho más pequeño de lo que recordaba.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Aurelia.
Kael no respondió inmediatamente.
El capitán de la guardia hizo una reverencia.
—Su Excelencia el duque Draven ha venido a reunirse con Su Majestad. El joven Kael pidió permiso para visitar los jardines.
Aurelia miró al niño.
—¿Y por qué viniste a mi habitación?
Kael señaló hacia el pasillo.
—Me perdí.
Aurelia parpadeó.
El futuro gran duque, el hombre que en su primera vida había derrotado a tres ejércitos enemigos...
Se había perdido dentro del palacio.
Por alguna razón, Aurelia tuvo que contener una sonrisa.
—El palacio es enorme.
—Eso ya lo descubrí.
—Entonces puedes venir conmigo. Te enseñaré el camino.
Kael pareció sorprendido.
—¿No tienes miedo de mí?
Aurelia se detuvo.
—¿Debería?
—Mi padre dice que las personas de la capital suelen tener miedo de nuestra familia.
Aurelia recordó por qué.
La familia Draven controlaba las fronteras del norte. Eran conocidos por su fuerza militar y por poseer una magia excepcionalmente poderosa.
Pero Aurelia también recordaba otra cosa.
Durante su ejecución, Kael había sido uno de los pocos nobles que se negó a apoyar públicamente la sentencia.
Ahora entendía por qué.
Quizás desde pequeño había sido diferente.
—No pareces aterrador —respondió Aurelia.
Kael frunció el ceño.
—¿Eso es un insulto?
—No.
Aurelia sonrió.
—Es un cumplido.
Kael no supo qué responder.
Finalmente apartó la mirada.
—Entonces muéstrame el camino.
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Los dos niños comenzaron a caminar por los pasillos.
Mireya los siguió a unos pasos de distancia.
Aurelia podía sentir la mirada de Kael sobre ella.
Finalmente él preguntó:
—¿Es verdad que quieres aprender magia?
—Sí.
—¿Qué afinidad tienes?
Aurelia se quedó en silencio.
No podía decirle que poseía Magia Astral.
Ni siquiera sabía si realmente podía utilizarla.
—Todavía no lo sé.
Kael asintió.
—Yo tengo afinidad con el fuego.
Extendió una pequeña mano.
Una diminuta llama apareció sobre su palma.
Aurelia observó el fuego.
Era pequeño.
Pero perfectamente controlado.
—Eso es impresionante.
Kael cerró la mano y apagó la llama.
—Mi padre dice que todavía soy débil.
—Tu padre es un hombre difícil de impresionar.
Kael la miró.
—¿Lo conoces?
Aurelia sonrió.
—Solo conozco su reputación.
Caminaron unos metros más.
Entonces Aurelia se detuvo.
Habían llegado a los jardines.
Los rosales estaban cubiertos de flores.
En el centro había una fuente de mármol.
Era exactamente igual a como la recordaba.
Aurelia sintió una extraña nostalgia.
En aquel jardín había jugado con Adrian cuando era pequeña.
Y allí también había ocurrido uno de los acontecimientos más importantes de su primera vida.
La primera vez que Celestia había intentado hacerla quedar mal delante de los nobles.
Aurelia cerró los ojos.
—¿Estás bien? —preguntó Kael.
—Sí.
Aurelia volvió a mirar el jardín.
—Solo estaba recordando algo.
Kael se quedó callado.
Después preguntó:
—¿Qué recuerdas?
Aurelia lo observó.
Por un instante estuvo a punto de contarle la verdad.
Pero no.
Todavía no.
—Un sueño.
Kael pareció aceptar la respuesta.
Entonces una voz infantil llegó desde el otro lado del jardín.
—¡Aurelia!
Aurelia se giró.
Una niña de cabello dorado corría hacia ellos.
Celestia.
Aurelia sintió que todo su cuerpo se tensaba.
Su hermana se acercó sonriendo.
—¡Te estaba buscando!
Aurelia mantuvo una expresión tranquila.
—¿Por qué?
Celestia miró a Kael.
—¿Quién es él?
—Kael Draven.
Celestia abrió los ojos.
—¿El hijo del duque Draven?
Kael hizo una pequeña reverencia.
—Princesa Celestia.
Celestia sonrió.
—He escuchado muchas cosas sobre ti.
Aurelia observó a su hermana.
En su primera vida, Celestia había sido exactamente así.
Dulce.
Amable.
Perfecta.
Y por eso nadie sospechaba de ella.
Aurelia conocía su secreto.
Pero no podía revelarlo.
Todavía.
—Aurelia —dijo Celestia—, ¿puedes venir conmigo? Madre quiere hablar contigo.
Aurelia sintió una alarma interna.
Seraphine.
—¿Sobre qué?
—No lo sé.
Aurelia miró a Kael.
—¿Puedes esperarme aquí?
Kael asintió.
—Está bien.
Aurelia siguió a Celestia.
Mientras caminaban, Celestia comenzó a hablar.
—Mamá estaba preocupada por ti.
Aurelia no respondió.
—Dice que desde que te golpeaste la cabeza estás actuando diferente.
Aurelia sonrió ligeramente.
—¿Diferente?
—Sí.
Celestia la miró.
—Antes eras más obediente.
Aurelia se detuvo.
—Quizás he crecido.
Celestia pareció confundida.
—Solo tienes ocho años.
—Y tú tienes siete.
—¿Qué tiene que ver eso?
Aurelia volvió a caminar.
—Nada.
Pero por dentro estaba pensando.
Ella también ha notado el cambio.
Eso era peligroso.
Necesitaba actuar con cuidado.
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Cuando llegaron a los aposentos de la emperatriz, Aurelia encontró a Seraphine sentada junto a una ventana.
La mujer levantó la mirada.
—Aurelia.
—Madre.
—Ven.
Aurelia obedeció.
Seraphine señaló una silla.
—Siéntate.
Aurelia lo hizo.
La emperatriz la observó durante varios segundos.
—Me han dicho que quieres comenzar tus estudios mágicos.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque quiero ser más fuerte.
Seraphine sonrió.
—¿Más fuerte?
—Sí.
—¿Para qué?
Aurelia sostuvo su mirada.
—Para proteger a mi familia.
Durante un instante, la expresión de Seraphine cambió.
Solo un instante.
—Qué noble.
Aurelia sabía que aquella respuesta no le había gustado.
Seraphine se levantó y caminó hacia una estantería.
Tomó un pequeño cristal azul.
—Entonces quizá deberíamos comprobar qué tipo de magia tienes.
Aurelia observó el cristal.
En su primera vida, la prueba de afinidad había ocurrido cuando tenía diez años.
Todavía faltaban dos años.
¿Por qué quería hacerlo ahora?
Seraphine regresó y colocó el cristal frente a ella.
—Pon tu mano encima.
Aurelia obedeció.
El cristal comenzó a brillar.
Primero azul.
Después blanco.
Luego dorado.
Seraphine abrió los ojos.
—¿Qué...?
El cristal empezó a vibrar.
Una grieta apareció en su superficie.
Aurelia retiró rápidamente la mano.
El cristal cayó al suelo y se rompió.
Silencio.
Seraphine miró los fragmentos.
Su rostro había perdido todo rastro de amabilidad.
—Magia Astral...
Aurelia sintió un escalofrío.
Así que era real.
Ella poseía la magia imperial perdida.
Seraphine levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez desde que Aurelia había regresado...
vio miedo en los ojos de la emperatriz.
—No —susurró Seraphine.
Aurelia fingió estar confundida.
—¿Qué sucede, madre?
Seraphine no respondió.
Aurelia bajó la mirada para ocultar su sonrisa.
Había encontrado su primera ventaja.
Su magia.
Y acababa de descubrir algo aún más importante.
Seraphine le tenía miedo.
Aurelia salió de los aposentos de la emperatriz poco después.
Kael la esperaba en el jardín.
—¿Qué pasó?
Aurelia lo miró.
—Descubrí algo interesante.
—¿Qué?
Aurelia levantó la vista hacia las torres del palacio.
—Que quizá no soy la princesa que todos creen que soy.
Kael frunció el ceño.
—¿Entonces qué eres?
Aurelia sonrió.
—Eso todavía tengo que descubrirlo.
Pero una cosa ya estaba clara.
Su segunda vida acababa de cambiar.
Y esta vez, Aurelia no solo iba a luchar por el trono.
Iba a descubrir el verdadero origen de la Familia Imperial.