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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

5

Capítulo 5: Una distancia imposible

El elegante automóvil negro avanzaba por las calles de la ciudad en completo silencio.

Richel observaba el paisaje a través de la ventanilla.

Nunca había viajado en un vehículo tan lujoso.

El interior olía a cuero y a un ligero perfume amaderado que, curiosamente, le resultaba agradable.

Miró de reojo al hombre que conducía.

Ren Ashikaga mantenía ambas manos sobre el volante.

Su expresión era tan seria como siempre.

Durante varios minutos ninguno dijo una sola palabra.

Hasta que Richel rompió el silencio.

—¿Siempre es tan callado?

Ren desvió la mirada hacia ella por un instante.

—¿Le molesta?

Ella sonrió.

—No... solo es curioso.

En las noticias siempre parece muy seguro de sí mismo, pero en persona habla mucho menos.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios del semi zorro.

—Las cámaras hacen hablar de más a las personas.

—¿Y usted?

—Prefiero escuchar.

Richel asintió.

—Eso explica muchas cosas.

Ren levantó una ceja.

—¿Como cuáles?

—Que siempre parece estar observándolo todo.

El comentario lo tomó por sorpresa.

Ella era muy perceptiva.

Mucho más de lo que había imaginado.

—Es un hábito.

Respondió con tranquilidad.

Aunque la verdad era otra.

No era un hábito.

Era su naturaleza.

Los semi zorros analizaban todo lo que ocurría a su alrededor.

Y desde que había conocido a Richel...

Cada uno de sus sentidos permanecía concentrado en ella.

El automóvil se detuvo frente a la cafetería donde trabajaba.

Ren descendió primero y abrió la puerta del copiloto.

Richel bajó con una sonrisa.

—Gracias por traerme.

—Fue un placer.

Ella acomodó la mochila sobre su hombro.

—Supongo que aquí nos despedimos.

Ren quiso responder.

Quiso decir que sí.

Que debía regresar a la empresa.

Pero las palabras nunca salieron.

Su instinto se negaba a dejarla sola.

Entonces ocurrió.

Un repartidor en bicicleta pasó demasiado rápido por la banqueta y estuvo a punto de chocar con Richel.

Ren reaccionó antes de pensar.

La tomó suavemente del brazo y la atrajo hacia él.

La bicicleta pasó rozándolos.

—¡Lo siento!

Gritó el repartidor mientras seguía su camino.

Richel respiró aliviada.

—Últimamente tengo muy mala suerte.

Ren no respondió de inmediato.

Seguía sosteniendo su brazo.

Solo cuando notó que ella lo miraba, retiró la mano con rapidez.

—Disculpe.

Fue un acto reflejo.

Ella negó con una pequeña sonrisa.

—No tiene que disculparse.

Creo que ya me salvó demasiadas veces.

Ren bajó ligeramente la mirada.

—Y lo haría las veces que fueran necesarias.

Las palabras escaparon de sus labios antes de poder detenerlas.

El silencio que siguió hizo que ambos se quedaran inmóviles.

Richel sintió un ligero calor en las mejillas.

No estaba acostumbrada a escuchar ese tipo de frases.

Ren, por su parte, maldijo mentalmente su descuido.

Había hablado guiado por el instinto.

No por la razón.

Afortunadamente, Richel rompió la tensión con una suave risa.

—Espero no darle tanto trabajo entonces.

Él sonrió con alivio.

—Yo también.

Aunque, en el fondo, sabía que era mentira.

Si protegerla significaba permanecer a su lado toda la vida...

Lo haría sin dudar.

Cuando Richel entró en la cafetería, varias de sus compañeras corrieron hacia ella.

—¡Richel!

—¡Lo vimos!

—¿Ese era Ren Ashikaga?

Ella dejó la mochila detrás del mostrador.

—Sí.

Las tres jóvenes comenzaron a gritar emocionadas.

—¡Te trajo en su auto!

—¡Y te abrió la puerta!

—¡Eso parecía una cita!

Richel levantó ambas manos.

—No fue una cita.

Solo me acercó al trabajo.

Las chicas intercambiaron miradas incrédulas.

—¿Y por qué haría eso?

Richel recordó la manera en que él la había sujetado para evitar que la bicicleta la golpeara.

También recordó aquella frase.

"Y lo haría las veces que fueran necesarias."

Sacudió la cabeza.

—No lo sé...

Tal vez solo sea muy amable.

Sin embargo, en el fondo, ni ella misma estaba completamente convencida de esa respuesta.

Muy lejos de allí, Ren permanecía dentro del automóvil sin encender el motor.

Apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos.

Había logrado contener sus instintos una vez más.

Pero cada encuentro con Richel hacía esa batalla más difícil.

Entonces, su teléfono vibró.

Era un mensaje de su jefe de seguridad.

"Señor Ashikaga. Hemos identificado al vehículo que seguía a la señorita Richel. La matrícula es falsa."

La tranquilidad desapareció del rostro de Ren.

Sus ojos dorados se endurecieron.

Aquello confirmaba lo que su instinto llevaba días gritándole.

Alguien estaba vigilando a Richel.

Y esa persona ya había cometido un grave error.

Porque, desde ese momento...

Ren dejaría de esperar a que el peligro apareciera.

Él mismo saldría a buscarlo.

El mensaje permanecía iluminando la pantalla del teléfono.

"La matrícula es falsa."

Ren volvió a leerlo una vez más.

Su expresión no cambió.

Pero el aire a su alrededor parecía haberse vuelto más pesado.

Tomó el teléfono y marcó un número.

La llamada fue respondida antes del segundo tono.

—Aquí Kaito.

—Ven a mi oficina.

—¿Ocurrió algo?

—Ahora.

Ren colgó sin decir una palabra más.

---

Treinta minutos después...

En el último piso del Grupo Ashikaga.

Un hombre alto, de cabello gris oscuro, orejas de lobo y una imponente complexión entró al despacho.

Vestía un elegante traje negro, pero sus movimientos dejaban claro que estaba entrenado para el combate.

—¿Me llamó, señor?

Ren deslizó una carpeta sobre el escritorio.

—Quiero saber quién está siguiendo a Richel.

Kaito hojeó los documentos.

—¿La joven universitaria?

Ren levantó lentamente la mirada.

—¿Ya lo sabías?

El lobo carraspeó.

—Todo su equipo de seguridad lo sabe.

Desde que usted empezó a visitar la universidad, era imposible no investigarlo.

Ren suspiró.

No le molestaba.

Era el protocolo.

—Encontramos un vehículo con placas falsas cerca de ella.

Continuó Kaito.

—También descubrimos que alguien la ha fotografiado en varias ocasiones durante la última semana.

Los ojos de Ren se oscurecieron.

—¿Por qué no me lo informaron antes?

—Porque no teníamos pruebas suficientes.

Pensamos que podía tratarse de un paparazzi.

Pero ahora...

Ya no lo creemos.

El silencio invadió la oficina.

La cola rojiza de Ren se movía lentamente detrás de su silla.

Era una señal que muy pocas personas conocían.

Estaba conteniendo su enojo.

—Dupliquen la vigilancia.

Ordenó finalmente.

—Quiero hombres alrededor de la universidad.

También cerca de la cafetería donde trabaja.

Y del edificio donde vive.

Kaito asintió.

—¿Sin que ella lo note?

—Sin que ella lo note.

El lobo sonrió levemente.

Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo.

El poderoso presidente del Grupo Ashikaga ya no protegía a Richel solo por responsabilidad.

La protegía porque era la mujer destinada a compartir su vida.

---

Esa misma noche...

Richel terminó su turno en la cafetería.

Se quitó el delantal mientras bostezaba.

—Estoy agotada.

Su compañera sonrió.

—Te acostumbrarás.

Richel tomó su mochila.

—Buenas noches.

—¡Descansa!

Al salir del local, el aire fresco golpeó suavemente su rostro.

La avenida seguía llena de personas.

Autos.

Motocicletas.

Luces de neón.

Todo parecía completamente normal.

Sin embargo...

No pudo evitar recordar el mensaje anónimo.

Y al hombre vestido de negro que creyó haber visto aquella tarde.

Sacudió la cabeza.

—Estoy imaginando cosas...

Comenzó a caminar.

No muy lejos de allí...

Dos hombres observaban discretamente desde un automóvil.

Uno llevaba una gorra negra.

El otro sostenía una cámara con un potente lente.

—Está sola.

Comentó el primero.

—Síguela.

Respondió el otro.

El vehículo arrancó lentamente.

---

A varias calles de distancia...

Ren acababa de salir de la empresa.

No tenía reuniones.

Ni compromisos.

Simplemente...

Su instinto no le permitía regresar a casa.

Mientras conducía, una sensación de inquietud recorría todo su cuerpo.

De repente...

Su teléfono sonó.

Era Kaito.

—¿Qué ocurre?

—Señor...

Uno de nuestros hombres vio un automóvil sospechoso cerca de la cafetería.

Ren no esperó más explicaciones.

Pisó el acelerador.

El rugido del motor rompió el silencio de la noche.

---

Richel esperaba el semáforo para cruzar la calle.

Fue entonces cuando sintió algo extraño.

Como si alguien estuviera detrás de ella.

Giró lentamente.

No había nadie.

O eso creyó.

Porque, oculto entre los pasajeros de una parada de autobús, un hombre hablaba por un pequeño micrófono.

—El objetivo continúa caminando.

Esperamos instrucciones.

Una voz respondió desde el auricular.

—Todavía no.

No queremos llamar la atención.

Pero no la pierdan de vista.

—Entendido.

Richel siguió caminando, sin saber que cada uno de sus pasos estaba siendo vigilado.

---

Apenas unos minutos después, un elegante automóvil negro se detuvo frente a ella.

La ventanilla descendió.

—Señorita Richel.

Ella sonrió al reconocer la voz.

—¿Señor Ashikaga?

Ren la observó con atención.

Su olfato percibió de inmediato el miedo que ella intentaba ocultar.

—Suba.

La llevaré a casa.

Richel dudó unos segundos.

—No quiero molestarlo otra vez.

—No es una molestia.

Es una petición.

Ella terminó aceptando.

Cuando cerró la puerta del automóvil, Ren respiró con más tranquilidad.

Por primera vez en toda la noche...

Sentía que estaba a salvo.

Sin embargo, al mirar por el espejo retrovisor, distinguió unos faros que comenzaron a seguirlos.

Su expresión cambió al instante.

No dijo una sola palabra.

Pero una certeza cruzó su mente.

Aquellos hombres ya no solo observaban a Richel.

Ahora también lo estaban observando a él.

Y eso significaba una sola cosa.

La verdadera amenaza acababa de dar el primer paso.

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Lariel Flowers
Exelente
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