Ella fue rechazada por su Alfa el día de su propia boda, desechada y reemplazada por su hermana, no le quedó más remedio que aceptar su destino, aceptar el rechazo y huir.
El destino la llevará ante los palacios reales, del verdadero mandatario de las tierras. En donde deberá cuidar al pequeño príncipe, hijo del emperador.
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Capítulo 17
El silencio que siguió a la confesión de Elizabeth fue tan denso que parecía comprimir las paredes del despacho. Vinicius permaneció inmóvil, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella. Aquellas palabras —la revelación de una noble caída en desgracia, un rechazo público, una huida desesperada y la trágica sensación de una loba interior apagada y muerta— encajaban como piezas sueltas en un rompecabezas que ahora comenzaba a cobrar una forma aterradora y fascinante.
Para un alfa puro acostumbrado a dominar, a calcular cada movimiento de su corte y a mantener el control absoluto de su reino, la idea de un espíritu animal silenciado que, al mismo tiempo, desataba un poder milagroso de sanación desafiaba todas las leyes conocidas de su raza.
—Una loba cuya conciencia animal ha muerto... y que, sin embargo, canaliza una energía capaz de devolverle la vista a un emperador y cerrar en segundos la carne de una bestia herida —murmuró Vinicius para sí mismo, con voz grave y profunda, mientras daba un lento paso hacia ella—. No me encajas, Elizabeth. Tu historia habla de derrota y debilidad, pero tus manos demuestran un poder ancestral que ni los hechiceros más veteranos de mi corte pueden explicar.
Elizabeth levantó el mentón, sintiendo que el miedo comenzaba a ceder paso a una chispa de dignidad herida.
—Puede creerme o puede encerrarme, su alteza —respondió con una mezcla de firmeza y amargura contenida—. No tengo cómo probarle que lo que le digo es cierto. Si mi presencia aquí pone en riesgo al príncipe Lucas o a su corona, hágalo de una vez. Pero no me acuse de mentirosa cuando ni yo misma entiendo el desastre en el que se ha convertido mi vida.
La audacia de su respuesta hizo que la mandíbula de Vinicius se tensara. Nadie en el palacio, ni siquiera sus generales más leales, se atrevía a hablarle con ese tono de desafío directo. Sin embargo, en lugar de encenderse en furia, el lobo interior del emperador reaccionó con un rugido sordo de aprobación ante el indomable espíritu que se ocultaba bajo la aparente fragilidad de la joven.
Vinicius acortó la distancia de golpe. Antes de que Elizabeth pudiera retroceder, el emperador levantó la mano y le sostuvo el rostro con una firmeza absoluta, obligándola a mantener los ojos abiertos y fijos en los suyos. El calor de sus dedos sobre su piel envió una corriente eléctrica que hizo que el corazón de la joven diera un vuelco.
—No voy a encerrarte, Elizabeth —sentenció el soberano con un susurro magnético y denso, muy cerca de sus labios—. Porque si lo que dices es verdad, y tu conexión con tu loba está rota, significa que ese poder que guardas en las manos no pertenece a tu espíritu animal... pertenece a algo mucho más antiguo y peligroso. Y un secreto de esa magnitud no va a esconderse en los calabozos de mi palacio.
Los ojos bicolores de Vinicius la escudriñaban con una intensidad abrasadora.
—Desde este instante, dejas de ser una simple niñera a prueba —continuó el emperador, sellando el veredicto con voz implacable—. Te quedarás aquí, bajo mi techo, cumpliendo tus deberes con el príncipe. Pero cada noche, cuando el palacio duerme, vendrás a este despacho. Vamos a descubrir exactamente qué mató a tu loba... y qué clase de monstruo o milagro llevas realmente en la sangre.