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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

Desde el episodio de la fiebre, el ambiente en la mansión Jeon se había vuelto extrañamente cálido. Jungkook ya no cenaba en su despacho ni respondía correos durante el desayuno; en su lugar, bajaba a la mesa a tiempo para escuchar las interminables (y absurdas) anécdotas de Suki sobre sus doce empleos fallidos.

Agradecida por la amabilidad de su jefe —y sintiéndose un poco culpable por consumir los ingredientes más caros de la despensa—, Suki decidió que era hora de hacer una buena acción. Su objetivo: la majestuosa biblioteca personal de Jungkook. Era una sala de dos pisos repleta de libros de arquitectura, arte y literatura clásica, donde los volúmenes superiores estaban visiblemente cubiertos por una fina capa de polvo.

—Solo una pequeña limpieza... —se dijo Suki a sí misma, ajustándose un pañuelo en la cabeza y empuñando un plumero rosa como si fuera una espada.

Colocó una alta escalera de madera sobre el estante más alto. Subió escalón por escalón con cuidado, canturreando una canción alegre. Alcanzó un grueso libro de cuero en la repisa superior, pero al tirar de él, la mala suerte insaciable de Kim Suki hizo su entrada triunfal: el tacón de su zapato desgastado se atoró en el peldaño y la madera crujió.

—¡Oh, no, no, no! —chilló Suki.

La escalera se ladeó violentamente hacia la derecha. Suki perdió el equilibrio, soltó el libro y sintió cómo la gravedad la jalaba hacia el vacío. Cerró los ojos con fuerza, esperando el inevitable impacto contra el suelo de madera.

En ese preciso instante, las dobles puertas de la biblioteca se abrieron de par en par.

Jungkook, que acababa de regresar de la oficina para buscar unos planos, vio la escena en cámara lenta. Sin dudarlo un solo segundo, corrió a través del salón con una agilidad impresionante y se lanzó hacia adelante con los brazos extendidos.

*¡BAM!*

Suki cayó directamente sobre el pecho de Jungkook. El impacto de la fuerza del cuerpo de Suki envió a ambos rodando por el suelo hasta colisionar suavemente contra el espacioso sofá de terciopelo azul que estaba en el centro de la sala.

Cuando el polvo se asentó, Suki abrió los ojos de golpe.

Estaba acostada directamente sobre el cuerpo de Jungkook, con las manos apoyadas en su pecho firme y sus piernas enredadas con las de él. Jungkook la sostenía firmemente por la cintura, asegurándose de que no se hubiera golpeado la cabeza. Sus rostros estaban a escasos tres centímetros de distancia.

Suki podía sentir el ritmo acelerado del corazón de Jungkook latiendo bajo sus palmas. Sus miradas se cruzaron en un impacto eléctrico. Jungkook la contemplaba con los ojos muy abiertos, los labios ligeramente entreabiertos y la respiración agitada. Un mechón de su cabello negro caía sobre su frente, dándole un aire de vulnerabilidad y atractivo que dejó a Suki absolutamente sin aliento.

El tiempo pareció congelarse. El silencio en la biblioteca se volvió denso, magnético y cargado de una tensión tan dulce que a Suki le empezó a arder la cara.

—Señorita Kim... —musitó Jungkook con una voz baja, ronca y rasposa que le provocó un escalofrío a Suki por toda la columna—. ¿Está intentando destruirme la casa parte por parte?

—Yo... yo solo... quería quitar el polvo... —balbuceó Suki, incapaz de apartar la mirada de los labios de él.

Jungkook la observó en silencio, rozando inconscientemente con sus dedos la cintura de Suki. La cercanía era tan íntima que Suki sintió que el corazón se le saldría del pecho en cualquier momento.

*¡Ahem!*

Una tos seca y perfectamente ensayada resonó desde la entrada.

Suki y Jungkook se sobresaltaron como si los hubiera alcanzado un rayo. La Sra. Kang estaba de pie en el marco de la puerta, sosteniendo una bandeja con té, con la cara más inexpresiva del planeta.

—Disculpen la interrupción —dijo la Sra. Kang con tono monocorde—. Solo venía a informar que el té de la tarde está listo. Y que los sofás de terciopelo son para sentarse, no para acrobacias.

Suki se levantó de un salto, tropezando con su propio pie y chocando contra la esquina del sofá antes de ponerse de pie, con el rostro rojo como un tomate hervido.

—¡L-lo siento! ¡Gracias por salvarme! ¡Voy a ver a Byul! —gritó Suki a toda velocidad, saliendo disparada de la biblioteca como si la persiguiera un fantasma.

Jungkook se incorporó lentamente en el sofá, pasándose una mano por el cabello helado, mientras la Sra. Kang servía el té.

—Señor Jeon —comentó el ama de llaves sin mirarlo—, sus mejillas están del mismo color que las cortinas rojas del comedor.

Jungkook se cubrió la cara con ambas manos, dejando escapar un suspiro rendido.

Más tarde esa misma tarde, Jungkook decidió que no podía permitir que su niñera siguiera caminando por la casa con zapatos descompuestos que ponían en riesgo su vida (y su salud mental).

—Suba al auto, señorita Kim —ordenó Jungkook en la entrada de la mansión, poniéndose sus gafas de sol de diseñador.

—¿A dónde vamos, Sr. Jeon? —preguntó Suki curiosa.

—A evitar que vuelva a caerse de las alturas —respondió él fríamente, aunque una chispa de diversión brillaba en sus ojos.

Veinte minutos después, Suki se encontraba en el centro comercial más exclusivo de Gangnam. Jungkook la llevó a una boutique de lujo donde cada prenda costaba lo equivalente a tres meses de su sueldo anterior.

—¡Sr. Jeon, esto es demasiado caro! ¡Un suéter aquí cuesta más que mi dignidad! —susurró Suki horrorizada, mirando las etiquetas.

—Es el código de vestimenta de la mansión —mintió Jungkook sin pestañear—. Necesita ropa cómoda, resistente y zapatos que no se rompan cada diez minutos. Elija.

Mientras las empleadas de la tienda llenaban el vestidor de Suki con vestidos florales, suéteres suaves y zapatos cómodos pero elegantes, Jungkook decidió probarse algunos trajes que el estilista de la tienda le sugirió.

Lo que siguió fue una tortura cómica y adorable para Kim Suki.

Cada vez que la cortina del vestidor de Jungkook se abría, salía un Jeon Jungkook digno de una pasarela internacional:

Primero, salió vistiendo un traje ajustado color azul marino, acomodándose los gemelos de las mangas mientras miraba a Suki a través del espejo.

Suki, que estaba bebiendo un sorbo del agua con gas que le habían servido, casi escupe todo al verlo.

—¿Qué tal este? —preguntó él, inclinando la cabeza.

—B-bueno... muy... formal... —balbuceó Suki, abanicándose la cara con la revista que tenía en las manos.

Luego, se probó un estilo más casual: un suéter de cuello alto color crema sobre un abrigo largo de tono café. Se acercó a Suki, se inclinó ligeramente hacia ella y le sonrió de lado.

—¿Y este, Suki? ¿Me veo demasiado accesible?

A Suki se le secó la garganta por completo. Su cara ardía a niveles peligrosos.

—Está... está perfecto. Usted se ve bien hasta con una bolsa de basura puesta, Sr. Jeon, por favor deje de mirarme así —confesó Suki sin pensar, cubriéndose el rostro con la revista.

Jungkook dejó escapar una risa baja y satisfecho. Ver a la normalmente ruidosa e indomable Suki ponerse nerviosa y sonrojada por su culpa se había convertido, oficialmente, en su pasatiempo favorito.

Al final de la tarde, regresaron al auto con decenas de bolsas. Jungkook no solo le había comprado un guardarropa completo, sino que también le había regalado un par de tenis deportivos amarillos de alta calidad.

—Para que no se tropiece —dijo él, entregándole la caja mientras el secretario Ho-jin encendía el motor.

Suki miró la caja de zapatos y luego miró a Jungkook, quien observaba la ciudad por la ventana con una expresión tranquila y una ligera sonrisa en los labios.

Suki apretó la caja contra su pecho, sintiendo un aleteo incontrolable en el estómago. La mala suerte la había perseguido toda su vida, pero al mirar al hombre sentado a su lado, comenzó a pensar que tal vez, solo tal vez, su cuota de desastres había valió la pena solo para terminar en esa mansión.

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