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Doble Vida.

Doble Vida.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

"Nadie sabe que detrás de esta mujer que plancha camisas y hornea galletas, hay otra que a las diez de la noche se convierte en alguien irreconocible.Y lo peor es que ya no sé cuál de las dos soy yo".¿Podrá Valeria continuar con su doble vida antes de que se derrumbe todo su mundo?

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Las reglas del juego.

El escenario era una plataforma circular elevada unos cincuenta centímetros del suelo, rodeada de luces de neón que cambiaban de color al ritmo de la música: rojo pasión, azul eléctrico, violeta místico. Una barra de acero inoxidable brillaba en el centro, como un eje alrededor del cual giraba todo el universo del Club Eclipse. Las mesas del local estaban dispuestas en semicírculo, cubiertas con manteles negros y adornadas con velas pequeñas que titilaban en la penumbra. Los clientes ocupaban cada asiento: oficinistas de corbata que aún olían a la rutina de la oficina, jubilados con la mirada perdida en fantasías que no se atrevían a confesar, jóvenes con camisetas de fútbol que festejaban despedidas de soltero. Todos con una copa en la mano y los ojos clavados en el escenario como si esperaran una revelación divina.

Valeria sintió el vértigo apoderándose de su estómago. Las luces la cegaban, impidiéndole distinguir los rostros de los clientes, convirtiéndolos en sombras anónimas. La música le retumbaba en los oídos con un ritmo hipnótico que marcaba cada latido de su corazón acelerado. Por un instante, un instante brevísimo que duró una eternidad, estuvo a punto de salir corriendo. De volver al camarín, recoger sus cosas, irse a su casa y olvidar que alguna vez había pisado ese lugar.

Pero entonces recordó a su madre. Recordó la carpeta del oncólogo sobre la mesa de la cocina. Los ochocientos mil pesos mensuales. El verano que quizás nunca llegaría si ella no hacía algo drástico. Y algo se quebró dentro de ella, o algo se endureció: no sabría decirlo con precisión. Solo supo que sus pies comenzaron a moverse.

Y bailó.

No fue un baile perfecto. Sus movimientos eran torpes, inseguros, como los de una gacela que acaba de aprender a caminar. No sabía enroscarse en la barra con la fluidez de una profesional, no dominaba el arte de caminar en tacones de quince centímetros con la cadera suelta y la mirada desafiante. Pero tenía algo que los clientes notaron de inmediato, algo que no se aprende en ninguna academia de baile: autenticidad. No era una bailarina entrenada, era una mujer real, con cuerpo de mujer real, con curvas imperfectas y la mirada de quien está haciendo algo que nunca imaginó hacer y que la aterra y la excita al mismo tiempo.

El primer baile terminó. Hubo aplausos. No fueron aplausos estruendosos como los de un teatro lleno, pero fueron aplausos sinceros. Algunos billetes volaron hasta el escenario: uno de cien, dos de cincuenta, un montón de billetes chicos que sumaban más de lo que Valeria había imaginado.

—¡Bravo, muñeca! ¡Otra, otra! —gritó un cliente desde una mesa del fondo, con la corbata aflojada y una copa de champagne en la mano.

—¿Cómo te llamás, preciosa? —preguntó otro, más joven, con una camiseta de Racing y los ojos brillantes por el alcohol.

—¡Que baile otra vez! —coreó un tercero, golpeando la mesa con la palma de la mano.

Valeria no respondió. Solo sonrió, como le había enseñado Pamela, una sonrisa enigmática que no revelaba nada y lo sugería todo. Dante, recostado contra la barra del fondo con los brazos cruzados, asintió con aprobación, aunque su mirada seguía siendo la de un tiburón evaluando a su presa.

El segundo baile fue mejor. Valeria empezó a soltarse, a encontrar el ritmo, a entender el lenguaje secreto de su propio cuerpo. Descubrió que sus caderas se movían de una manera que desconocía, que sus brazos trazaban figuras en el aire que hipnotizaban a los espectadores. Para el tercer baile, ya no era Valeria. Era Luna. Luna, que reía con una risa nueva y se contorneaba alrededor de la barra como una enredadera, que recogía los billetes del suelo con una elegancia felina que dejaba a los clientes con la boca abierta.

Cuando finalmente bajó del escenario, con las piernas temblorosas y el cuerpo empapado en sudor, las otras chicas la recibieron en el camarín con una ovación improvisada y abrazos que olían a perfume y cigarrillo.

—¡Lo hiciste, nena! ¡Fuiste una bomba atómica! —gritó Lorena, abrazándola con fuerza.

—¿Viste que podías? Es cuestión de actitud. El cuerpo aprende solo si vos le das permiso —sentenció Pamela, ofreciéndole un cigarrillo que Valeria rechazó con un gesto.

—No puedo creerlo. Estoy temblando entera —dijo Valeria, dejándose caer en el taburete.

—Es la adrenalina. Después de un tiempo te acostumbrás. O no, pero aprendés a disimular —explicó Lorena.

—¿Cuántas veces tengo que bailar por noche?

—Depende de la cantidad de clientes. Entre semana, tres o cuatro pases. Los viernes y sábados, hasta seis. Pero las propinas son mejores los fines de semana.

—¿Y los privados? Dante mencionó algo de bailes privados.

—Eso es aparte. Se pagan el doble, pero son en salas VIP. Yo te recomiendo que al principio no los tomes, hasta que te sientas segura.

Dante apareció en la puerta del camarín, con su sempiterna sonrisa de tiburón satisfecho. Llevaba un sobre blanco en la mano.

—Bien, Luna. El puesto es tuyo. No estuvo nada mal para ser tu primera noche. Turnos de diez de la noche a cuatro de la mañana. Pago en efectivo al final de cada noche. Diez por ciento para la casa, que cubre seguridad y publicidad. El resto, todo tuyo. Bienvenida al equipo.

—¿Diez por ciento? —preguntó Valeria.

—Es estándar en el rubro, nena. Todas pagamos el diez por ciento —confirmó Lorena, asintiendo.

—Bienvenida al equipo, Luna. No me hagas arrepentirme de haberte dado esta oportunidad.

—No lo hará, Dante. Se lo aseguro.

Valeria abrió el sobre con dedos temblorosos. Contó el dinero dos veces, incrédula. Veinticinco mil pesos en propinas, más otros diez mil que Dante le entregó como adelanto por los shows de la semana.

—Lorena, esto es una locura. Nunca gané tanta plata en una sola noche.

—Bienvenida al lado oscuro. Acá la plata es rápida, pero también es sucia. No te olvides de eso nunca.

—¿Sucia? ¿Qué querés decir?

—Los billetes vienen de tipos que no te ven como persona. Para ellos sos un cuerpo, un espectáculo, nada más. Si recordás eso, no te va a doler tanto.

—¿Y vos cómo hacés para no olvidarte de quién sos realmente?

—Cuando vuelvo a casa y veo a mi hijo Thiago dormir, me acuerdo. Él es mi ancla. ¿Cuál es la tuya?

Valeria se quedó en silencio. Su ancla eran sus hijos, Mateo y Sofi. Y Andrés. Y su madre Elena. Demasiadas anclas para un barco que empezaba a hacer agua por todos lados.

Esa noche, mientras volvía a casa en taxi por las calles vacías de Buenos Aires, Valeria se miró en el espejo retrovisor. La mujer que la miraba tenía los labios manchados de rojo carmín y los ojos brillantes por el rímel corrido. No era Valeria. Pero tampoco era Luna. Era algo intermedio, un fantasma atrapado entre dos mundos que no tardarían en colisionar.

—¿Salida de trabajar, señora? —preguntó el taxista, un hombre mayor de bigote cano.

—Algo así. Una noche larga.

—¿Está bien? La noto preocupada.

—Estoy bien. Solo cansada. Muy cansada.

—¿La dejo en esta dirección?

—Sí, por favor. En la esquina está bien, así camino un poco.

Se bajó del taxi, caminó los últimos metros hasta su edificio y entró en puntas de pie, como una ladrona en su propia casa. El departamento estaba en silencio. Los chicos dormían en su habitación, Andrés roncaba suavemente en la cama matrimonial. Valeria se lavó la cara en el baño de servicio, se puso el pijama de conejitos que le había regalado Sofi en su último cumpleaños y se deslizó bajo las sábanas junto a su marido, que ni siquiera se movió.

—Perdón, Andrés. Perdón por lo que estoy haciendo. Perdón por lo que voy a hacer —susurró en la oscuridad.

El silencio fue su única respuesta.

1
noris partidas
que bella familia. que logren sus sueños ubt3 gan éxito
noris partidas
hermosa novela escritora la felicito
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
me encanta la historia rñee está novela escritora. una mujer que lucho por su madre y por su matrimonio
noris partidas
me gusta la trama, a pesar de todo la comprensión del esposo. y que van a poner preso a esow corruptos desalmadow
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
es duro pero debe decirle a su esposo. sino si matrimonio se viene abajo
Loba
pobrecita Sofi🥰
Loba
me gusta cantidad.
Sonia
preciosa novela
Sonia
preciosa 💖
Jaly
me encantó 🥰
Jaly
Muy bonita esta novela . La continuaré leyendo.
Betty
linda novela
Betty
linda novela 👏
Liane
preciosa sigue así 👏
Virgo
👏👏👏👏
Ceni
me encanta esta novela
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