Laura murió después de descubrir la verdad.
Durante diez años, su esposo Manuel y su supuesta mejor amiga, Ariana, la engañaron, destruyeron sus sueños y estuvieron detrás de la tragedia que acabó con su familia. Protegidos por el poder de los Betancourt, nunca pagaron por sus crímenes.
Pero Laura despertó diez años atrás.
Esta vez conoce sus secretos. Sabe quiénes son. Sabe lo que harán.
Y no piensa volver a ser su víctima.
Para derrotarlos necesitará el mismo poder que una vez los protegió. Por eso pondrá sus ojos en Don Álvaro Betancourt, el padre de Ariana.
Se convertirá en su amante.
No por amor.
Por venganza.
Laura no vino a negociar. Regresó para destruirlo todo, aunque tenga que quemar su propio corazón en el camino.
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Cerca, muy cerca
Mi primer día en la empresa transcurrió igual que para todos. Nos hicieron la visita guiada, nos entregaron las identificaciones, llenamos formularios y dimos nuestros números de cuenta para el pago. Todo formal, ordenado, impersonal. Hasta que me condujeron al área de becarios.
—Ustedes son cuatro —nos dijo nuestra jefa, mirándonos con severidad—: dos chicos y dos chicas. Las expectativas no son tan altas con ustedes, pero eso no significa que puedan ser irresponsables. ¿Entendido?
—Sí, jefa —respondimos al unísono.
Apenas habíamos empezado a revisar los primeros documentos cuando sonó su teléfono. Lo atendió, colgó y me miró de golpe:
—Tú… Laura, toma. Debo entregar estos documentos en Gerencia General y se me hizo tarde. El señor Betancourt los está exigiendo ahora mismo. Ve tú. Eres joven y bonita, no te llamará la atención. Por favor, hazme este favor —dijo juntando las manos.
—Claro que sí —respondí tomando las carpetas.
Antes de entrar, me detuve un instante. Me desabotoné un par de botones de la blusa, lo justo para que se adivinaran mis formas. Me arreglé el cabello y pasé brillo a los labios. Respiré hondo y toqué la puerta.
—¡Adelante! —su voz sonó firme, impaciente—. Y espero que tengas una buena excusa para este retraso.
Entré. Él levantó la vista de golpe. Su expresión de molestia se transformó en sorpresa… y luego en alegría pura.
—¿Laura? ¿Eres tú?
Me acerqué despacio:
—Sí, Don Álvaro. Traigo los documentos. Me perdí en el camino… nadie nos mostró cómo llegar a Gerencia. Lo siento mucho —dije con mi mejor cara de disculpa sincera.
—No, no te preocupes —respondió suavizando el tono de inmediato—. Es completamente normal. Qué barbaridad que no les hayan enseñado el recorrido. Y discúlpame si te asusté con mi tono… me molesta la ineficiencia, pero contigo es distinto.
Claro que sí, pensé con frialdad. Me justificas porque te gusto. Lo sé.
—Gracias por ser tan considerado —dije bajando la mirada con modestia.
Sus ojos no se apartaban de mí. El deseo era evidente, ya no intentaba ocultarlo. Dejé las carpetas sobre su escritorio y me giré:
—Si no necesita nada más, me retiro.
—Espera —dijo rápido—. Quédate un momento. Escribiré a tu jefa para decirle que te necesito aquí. Tengo mucho archivo pendiente y a nadie le gusta hacerlo. Estará encantada de que te quedes.
—Bueno… Don Álvaro, pero tanta confianza… ¿no podría causar malentendidos? Estamos en su empresa.
Sonrió y soltó una risa suave:
—Tienes razón. Eres hermosa y sensata. Una excelente combinación.
Pasé el resto de la mañana archivando, subiendo y bajando por una pequeña escalera. Cada vez que subía, me aseguraba de que se moviera un poco más de lo normal.
—Don Álvaro… —lo llamé con voz temblorosa—. Disculpe, la escalera se mueve mucho… ¿podría sostenérmela? Sé que es mucho pedir al Gerente General, pero tengo miedo de caerme.
No dudó ni un segundo. Se acercó de inmediato:
—Claro, Laurita. La seguridad ante todo.
Allí estaba, sosteniendo la escalera, mirando hacia arriba, sin disimular. Yo no me cubrí. Dejé que viera todo lo que quería ver. Era parte del plan. Y él caía en cada trampa.
Cuando terminé y mi horario concluyó, me acerqué a su escritorio:
—Ya todo está ordenado. Espero haber hecho bien mi trabajo y no haberlo decepcionado.
Me miró con esa sonrisa satisfecha:
—Lo has hecho excelente, Laura. ¿Te parece si te invito a comer para agradecerte?
Le devolví la sonrisa, suave y complaciente:
—Claro que sí, Don Álvaro. Será un placer.
es increíble como puede manipular así
espero con ansias los siguientes capítulos
con esa familia , y no termines vos perdiendo tu vida en una trampa de ellos 🤔😕