Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 5: Las Lecciones del Cuervo
Capítulo 5. Las Lecciones del Cuervo
Aldric Ravenhart observó a Aria durante varios segundos.
No parecía particularmente impresionado.
Ni sorprendido.
Ni siquiera interesado.
Aquello resultó irritante.
Durante toda su vida, las personas habían reaccionado ante ella de alguna manera.
Admiración.
Desprecio.
Envidia.
Curiosidad.
Pero Aldric simplemente la estudiaba como si fuera un problema por resolver.
Finalmente suspiró.
—¿Cuántos años tienes?
—Dieciséis.
—Y has viajado sola hasta aquí.
—Sí.
—Mala decisión.
La respuesta llegó tan rápido que Aria parpadeó.
—¿Por qué?
—Porque sigues viva por suerte, no por habilidad.
Aquella afirmación resultó insultante.
Y, peor aún, probablemente era cierta.
Aldric continuó hablando.
—¿Sabes utilizar una espada?
—Un poco.
—¿Montar?
—Sí.
—¿Orientarte en un bosque?
Aria guardó silencio.
El hombre arqueó una ceja.
—Eso pensé.
Antes de que pudiera protestar, Aldric se dio la vuelta.
—Ven.
—¿Adónde?
—Has recorrido medio reino para encontrarme.
Supongo que quieres algo.
Aria lo siguió.
—Quiero respuestas.
—Todo el mundo quiere respuestas.
—Yo tengo preguntas importantes.
—Todo el mundo cree eso.
Aquella conversación empezaba a desesperarla.
El sendero terminó en una cabaña construida entre los árboles.
Era sencilla.
Práctica.
Exactamente el tipo de lugar que Aria habría esperado de alguien como Aldric.
El interior estaba lleno de mapas, libros y armas.
Demasiadas armas.
Espadas.
Arcos.
Dagas.
Lanzas.
Y varias que ni siquiera reconoció.
Aldric dejó una taza sobre la mesa.
—Siéntate.
Durante horas la interrogó.
Sobre el diario.
Las ruinas.
El santuario.
Las inscripciones.
Y cada respuesta parecía hacerlo más serio.
Cuando Aria terminó de relatar todo lo ocurrido, el hombre permaneció en silencio.
Pensando.
Evaluando.
Recordando.
Finalmente habló.
—Elara no estaba completamente equivocada.
Aria levantó la vista.
—¿Qué?
—No eres solo una heredera.
La joven sintió un pinchazo de inquietud.
Pero Aldric continuó:
—Eres una superviviente.
La diferencia era importante.
Aquellas palabras la dejaron inmóvil.
Porque nadie había definido su vida de forma tan precisa.
No una noble.
No una víctima.
No solo una heredera.
Una superviviente.
En el fondo, sabía que era verdad.
Aldric se levantó.
Tomó una espada de entrenamiento.
Y la lanzó hacia ella.
Aria apenas logró atraparla.
—¿Qué se supone que haga con esto?
—Atacarme.
—¿Perdón?
—Atácame.
—No he venido para eso.
—Entonces tampoco has venido por respuestas.
La joven apretó la espada.
—¿Qué tiene que ver esto con Elara?
—Todo.
Aldric cruzó los brazos.
—Porque si vas a perseguir los secretos que ella dejó atrás, algún día alguien intentará matarte.
Aria sintió cómo la frase golpeaba una verdad que ya conocía.
Ya había muerto una vez.
Sabía exactamente lo peligroso que podía volverse el mundo.
—Vamos.
Aldric apuntó con la barbilla hacia ella.
—Muéstrame.
Aria respiró profundamente.
Luego atacó.
Fue una decisión terrible.
Un instante después estaba en el suelo.
La espada había desaparecido de sus manos.
Y Aldric seguía exactamente dónde estaba.
Ni siquiera parecía haberse movido.
—Otra vez.
Volvió a intentarlo.
Y volvió a perder.
Y otra vez.
Y otra más.
Hasta que terminó sentada sobre la hierba, agotada y furiosa.
—¿Ya terminaste?
—No.
—Bien.
Aldric dejó su espada a un lado.
—Porque acabas de aprender la lección más importante.
Aria lo observó.
—¿Cuál?
—Qué crees saber más de lo que realmente sabes.
El silencio se instaló entre ambos.
—La confianza es útil.
El exceso de confianza mata.
Y tú estás peligrosamente cerca de la segunda.
Aquellas palabras la hirieron.
Precisamente porque eran ciertas.
Durante días había confiado en el conocimiento de su vida pasada.
Había asumido que eso la volvía más inteligente.
Más preparada.
Pero Aldric acababa de recordarle algo fundamental.
Conocer el futuro no significaba saber sobrevivir.
El maestro observó el bosque.
Luego volvió a mirarla.
—Tienes potencial.
La sorpresa apareció en el rostro de Aria.
Era el primer elogio que recibía de él.
—¿Lo dices en serio?
—No te emociones.
Todavía eres un desastre.
La expresión de la joven oscureció.
Y Aldric soltó una breve carcajada.
La primera.
—Si realmente quieres respuestas...
El hombre tomó el diario de Elara.
—Entonces necesitarás algo más que curiosidad.
Cerró el cuaderno.
—Necesitarás entrenamiento.
El corazón de Aria se aceleró.
Porque comprendió lo que estaba ocurriendo.
Aldric Ravenhart acababa de tomar una decisión.
Y aquella decisión cambiaría el rumbo de su vida.
El viejo Cuervo extendió una mano.
—¿Qué dices, Aria?
La joven observó aquella mano durante unos segundos.
Luego sonrió.
Y la estrechó.
Sin saber que acababa de encontrar al primero de los aliados que cambiarían el destino del Imperio.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐