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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los dulces que llegaron en el corazón

Aquella noche Fernanda durmió profundamente.

Por primera vez en mucho tiempo no se quedó despierta pensando en sus problemas.

No pensó en la discusión con Pedro.

No pensó en lo que tendría que hacer al día siguiente.

Tampoco se quedó imaginando todas las cosas que podían salir mal.

Simplemente cerró los ojos y descansó.

Había sido un día demasiado difícil, pero las palabras de Andrés habían conseguido darle un poco de tranquilidad.

A la mañana siguiente, cuando despertó, tomó su teléfono.

Tenía un mensaje.

Era de Andrés.

“Hoy amanecí pensando en ti.”

Fernanda sonrió al leerlo.

Después llegó otro mensaje.

“Ya no quiero que estés triste.”

Ella permaneció mirando la pantalla.

Andrés continuó:

“Cuando Pedro se vaya al trabajo voy a pasar por tu casa. Te voy a llevar algo.”

Fernanda comenzó a escribir una respuesta, pero no la terminó.

No sabía qué decir.

Entonces llegó otro mensaje:

“Voy a pasar rápido. No quiero que la gente nos vea y empiece a malinterpretar las cosas.”

Fernanda finalmente dejó el teléfono a un lado.

No respondió.

Pero en el fondo se sentía feliz.

No podía evitarlo.

Después de un rato, Pedro se preparó para irse a trabajar.

Fernanda hizo todo lo posible para comportarse con normalidad.

Lo vio salir.

Esperó unos minutos.

Entonces su teléfono volvió a vibrar.

Era Andrés.

“En unos minutos paso por tu casa.”

“Te voy a pitar y sales a recibir algo.”

Fernanda miró hacia abajo.

Todavía llevaba su pijama vieja.

No se había arreglado.

Tenía el cabello desordenado y no había tenido tiempo de preocuparse por su apariencia.

—Dios mío —murmuró.

Pero no tuvo tiempo de cambiarse.

Unos minutos después escuchó el sonido de una bocina.

Fernanda miró por la ventana.

Era la camioneta de Andrés.

Salió rápidamente.

Andrés bajó apenas la ventana y le entregó una pequeña funda blanca.

—Esto es para ti.

Fernanda la recibió sorprendida.

—¿Qué es?

Andrés sonrió.

—Ábrela después.

—Gracias.

—Cuídate.

Y rápidamente se marchó.

Fernanda entró nuevamente a la casa y cerró la puerta.

Miró la funda.

Sentía curiosidad.

La abrió.

Dentro había una caja de chocolates.

Fernanda sonrió.

Pero cuando sacó la caja, vio que encima había una pequeña nota.

La abrió.

Decía:

“Dicen que los dulces arreglan el alma.

Por eso te traje dulces para que ya no estés triste.”

Fernanda sonrió.

Aquella frase sencilla consiguió tocarle el corazón.

Tomó su teléfono y le escribió:

“¿Cómo sabías que estos chocolates son mis favoritos?”

Andrés respondió:

“No lo sabía.”

Fernanda sonrió.

“Cuando los vi en la tienda pensé: seguro esto le va a encantar a ella.”

Después añadió:

“Los compré porque quería que dejaras de estar triste.”

Fernanda miró nuevamente la caja.

Por primera vez desde el día anterior, sintió que podía sonreír sin sentirse culpable.

Pero después recordó algo.

Pedro.

Entonces escribió:

“Por favor, no hagas nada.”

Andrés respondió:

“¿Qué quieres decir?”

Fernanda explicó:

“Cuando veas a Pedro en el trabajo, por favor no le digas nada. No quiero que hagas nada hasta que yo tenga claro qué quiero hacer con mi vida.”

Andrés tardó unos segundos en responder.

“Está bien.”

Fernanda continuó:

“Necesito tiempo.”

“Lo entiendo.”

“Además, aunque ahora estoy pasando por todo esto, no puedo olvidar que Pedro estuvo conmigo en un momento muy difícil de mi vida.”

Andrés leyó el mensaje.

Fernanda continuó escribiendo:

“Cuando lo conocí, no era así.”

“Antes era un hombre increíble.”

“Cuando yo estaba pasando por una mala situación, él me apoyó.”

“No solamente económicamente.”

“También emocionalmente.”

“Estuvo conmigo cuando más lo necesitaba.”

Andrés no respondió inmediatamente.

Fernanda escribió:

“Por eso me duele tanto verlo convertido en la persona que es ahora.”

“Antes hacía todo lo posible para verme feliz.”

“Ahora siento que es un hombre egoísta, tacaño y distante.”

“Pero no puedo borrar de mi cabeza todos los años que vivimos juntos.”

Andrés finalmente respondió:

“Y no tienes que borrarlos.”

Fernanda se quedó mirando el mensaje.

“Los recuerdos buenos también forman parte de tu historia.”

“Pero tampoco tienes que permitir que los recuerdos buenos justifiquen que alguien te haga daño.”

Fernanda sintió un nudo en la garganta.

Andrés continuó:

“Yo no quiero decidir por ti.”

“Quiero que tú decidas qué quieres para tu vida.”

“Cuando estés lista, yo voy a escucharte.”

Fernanda dejó el teléfono sobre la mesa.

Miró la caja de chocolates.

Después miró hacia la puerta.

Por primera vez comenzó a comprender que lo que sentía por Andrés no era solamente una ilusión nacida después de una pelea.

Había algo más.

Pero también comprendía que todavía tenía heridas que sanar.

No quería saltar de una relación a otra.

No quería utilizar a Andrés para escapar de Pedro.

Quería recuperar primero su propia vida.

Quería volver a sentirse segura.

Quería volver a reconocerse frente al espejo.

Y, aunque Andrés le gustaba, sabía que necesitaba tiempo.

Mientras tanto, Andrés regresó a su trabajo.

Cuando vio a Pedro entrar, sintió que la rabia volvía.

Recordó las lágrimas de Fernanda.

Recordó sus palabras.

Recordó lo que ella le había contado.

Durante unos segundos tuvo ganas de enfrentarlo.

Pero recordó la petición de Fernanda.

“No hagas nada hasta que yo tenga claro qué quiero hacer.”

Andrés respiró profundamente.

Se contuvo.

No dijo nada.

Continuó trabajando como si no hubiera ocurrido nada.

Pero dentro de él había una decisión.

No iba a presionar a Fernanda.

No iba a obligarla a elegirlo.

Y tampoco iba a permitir que ella creyera que necesitaba convertirse en otra mujer para ser amada.

Porque para Andrés, aquella mujer que había recibido los chocolates aquella mañana, todavía con su pijama vieja, el cabello desordenado y los ojos cansados, era precisamente la mujer que había aprendido a querer.

No la mujer de las fotografías.

No la mujer del pasado.

Fernanda, tal como era ahora.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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