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Regresé y Mi Lugar Ya Era de Otra

Regresé y Mi Lugar Ya Era de Otra

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:172.1k
Nilai: 4.8
nombre de autor: lulu

Valeria Salcedo se fue de México sin explicar la verdad: estaba enferma, sola y convencida de que dejar a Alejandro Alcázar era la única forma de no arruinarle la vida.

Tres años después, vuelve decidida a empezar de cero con su papá y un nuevo trabajo. Pero el primer proyecto que recibe la pone frente a Camila Rivas, la nueva novia de Alejandro. Una mujer dulce frente a todos, venenosa cuando nadie mira.

Alejandro ya no es el hombre que la amaba. Ahora la humilla, la duda, la acusa y protege a otra con la misma ternura que antes era solo para ella.

Valeria intenta mantenerse lejos, pero cada encuentro abre una herida vieja. Entre mentiras, escándalos, accidentes y nuevas oportunidades, tendrá que decidir si sigue atada al amor que la destruyó o si por fin se elige a sí misma.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21

Vargas sonrió como si acabara de ganar.

—El señor Alcázar tiene razón. Soy generoso. Ven, te compro algo nuevo.

Alejandro no se movió.

Se quedó sentado, con la copa en la mano, mirándome como si aquello no tuviera nada que ver con él.

En ese instante, algo se me rompió por dentro.

Todavía hacía unos segundos, una parte tonta de mí esperaba que se levantara. Que dijera basta. Que recordara aunque fuera un poco los cuatro años en los que yo había sido la persona que cuidaba.

No lo hizo.

—Está bien —dije.

Mi voz salió suave.

Vargas se quedó sorprendido.

Luego se le cerraron los ojos de gusto.

—Eso. Así me gusta.

Se despidió de la mesa con una sonrisa asquerosa y me jaló fuera del comedor. Caminaba rápido, desesperado, arrastrándome por el pasillo hacia las salas privadas del club.

Yo sabía que si entraba ahí, salir iba a ser mucho más difícil.

—Señor Vargas, me está dando náusea —dije, obligándome a sonreír—. Déjeme ir al baño primero. Si vomito sobre usted, no va a ser nada elegante.

—En el privado hay baño. Y regadera.

Me apretó más fuerte.

No pude zafarme.

Entramos a una habitación con sillones de piel, una barra pequeña y una mesa de centro. Vargas cerró con seguro.

Luego me empujó al sillón.

—Ahora sí, belleza.

Se me lanzó encima.

Me encogí por instinto.

El miedo me subió por la espalda, helado, pero me obligué a respirar. Si perdía la cabeza, estaba perdida.

—No se moleste —dije, con una sonrisa que me dio asco—. Yo sola.

Vargas se detuvo.

—Así me gusta. Tú te quitas lo tuyo y yo lo mío. Ahorramos tiempo.

Empezó a sacarse la playera.

Yo desabroché lento el primer botón de mi blusa mientras miraba alrededor. Sobre la mesa había un cenicero pesado de vidrio.

Esperé a que Vargas se atorara con la ropa.

Entonces corrí.

Agarré el cenicero y me lancé hacia la puerta.

No alcancé a abrir.

Vargas me jaló del cabello y me estampó una bofetada.

Caí al suelo. La cabeza me pegó contra el piso. El cenicero se partió en dos y rodó lejos.

El oído me zumbó.

Vargas escupió junto a mí.

—Maldita. ¿Creíste que soy idiota?

Se me subió encima. Me aplastó las piernas con su peso y empezó a romperme la blusa. La tela cedió con un sonido seco.

Grité, pero mi voz se ahogó en la habitación.

Estiré la mano hacia la mitad rota del cenicero. Mis dedos apenas la rozaron. Vargas intentó arrancarme el sostén.

Entonces lo alcancé.

Apreté el vidrio y se lo estrellé en la cara.

La sangre le saltó de la frente.

Vargas se quedó congelado.

Después rugió.

Me golpeó una vez.

Otra.

La cara me ardió. La boca se me llenó de sangre. El mundo se movía raro.

Me levantó y me aventó contra el piso.

La cabeza me explotó.

Luego todo se apagó.

...

Abrí los ojos con un sobresalto.

Vi una figura junto a la cama.

Pensé en Vargas.

Me arranqué la sábana y quise correr, pero el cuerpo no respondió. Caí de la cama con un golpe seco.

Alguien intentó levantarme.

—No, por favor, no...

—Señorita Salcedo, está a salvo.

La voz no era de Vargas.

Parpadeé varias veces.

Era Gómez.

El hombre serio del campo de golf.

—¿Estoy en un hospital?

—Sí. Yo la traje.

Me miré el cuerpo. Traía bata de hospital.

El pánico volvió.

—No pasó nada —dijo Gómez, entendiendo mi miedo—. Vargas no alcanzó a hacerle nada. La ropa se la cambiaron las enfermeras.

Solo entonces pude respirar.

Gómez me ayudó a volver a la cama.

—¿Usted me salvó?

—Fui a buscar unas cosas al privado de al lado. Oí golpes. Toqué la puerta, nadie abrió y pedí que la abrieran. Vargas estaba herido. Usted estaba inconsciente.

—¿Dónde está él? Voy a denunciarlo.

Gómez guardó silencio.

—No está en este hospital. Sus lesiones son graves. Con suerte, si despierta, no volverá a caminar.

Me quedé helada.

—Yo solo le golpeé la cabeza.

Gómez no contestó.

Dejó una carpeta sobre la cama.

—Antes de decidir, vea esto.

Dentro estaba el reporte médico de Vargas. Conmoción severa. Fracturas en columna, pelvis, costillas. Las fotos eran insoportables.

Aparté la mirada.

—¿Quién le hizo eso?

Gómez bajó los ojos.

—Descanse. Vargas no es alguien menor. Si lo acorrala, puede arrastrarla a usted y a su familia al infierno. Piénselo.

Entonces entendí por qué estaba ahí.

No por bondad.

Por miedo a que yo denunciara.

—Si la víctima fuera alguien de su familia, ¿también me diría que me calle?

Gómez no respondió.

—Váyase —dije—. Estoy cansada.

Dejó la carpeta y salió.

Me quedé mirando las fotos.

¿Quién había golpeado así a Vargas?

Solo una persona de esa mesa tenía poder y motivo.

Alejandro.

Pero él me había dejado ir.

¿Por qué ayudarme después?

Vi mi bolsa en la mesa de noche. La abrí con miedo. El celular y las tarjetas seguían ahí.

Recordé a mi papá.

Tenía llamadas perdidas.

Le marqué y mentí.

Le dije que la empresa me había mandado de viaje dos días, que se me descargó el celular, que estaba bien.

Él suspiró aliviado y me recordó que faltaban pocos días para mi compromiso con Emiliano.

Me dolió mentirle.

Después escribí a Leonardo y a mis compañeras diciendo que estaba enferma y que necesitaba descanso.

No había llamadas de Emiliano.

Eso me alivió y me dio culpa al mismo tiempo.

Me levanté despacio y fui al baño.

El espejo me devolvió una cara hinchada, labios partidos, moretones en la piel.

Quise matar a Vargas.

Luego recordé las fotos y la rabia se mezcló con miedo.

Volví a la cama.

Estaba peleando conmigo misma cuando tocaron la puerta.

Me encogí contra la pared.

La puerta se abrió.

Alejandro entró.

Al verlo, el miedo se convirtió en ira.

—¿Fuiste tú quien lo dejó así?

Alejandro me miró unos segundos.

—Sí.

—¿Por qué?

Su voz salió fría.

—No por ti. Tú ibas conmigo. Si él fuerza algo en una reunión mía, me deja sin cara frente a todos.

Ah.

Su cara.

Siempre su cara.

—Tranquilo —dije—. No voy a ilusionarme. Ayer te pedí ayuda y no moviste un dedo. No voy a volver a esperar nada de ti.

—Mejor.

Saqué la tarjeta del bolso y se la tendí.

—Toma el dinero. Después de esto, tú y yo quedamos sin deudas.

Alejandro miró la tarjeta.

—Con la cara así de hinchada y sigues pensando en limpiarte para casarte con Fuentes. Eres increíble.

Apreté los dedos.

—Sí. Quiero casarme con Emiliano. En sus ojos, aunque yo sea tan mala como tú dices, sigo siendo alguien valioso. Tú ya no significas nada para mí.

Su rostro se endureció.

Mi celular sonó.

Emiliano.

La llamada llegó como si el cielo me diera un arma.

Contesté.

—Emiliano.

—Valeria, ¿cenamos hoy? Renata dice que abrieron un restaurante japonés muy bueno en Polanco.

Miré a Alejandro.

—No puedo. Tengo fiebre. Pedí dos días en la empresa.

—¿Fuiste al médico? ¿Quieres que vaya a verte?

—No. Ya me revisaron. Solo quiero dormir.

Emiliano me dio varias recomendaciones y colgó.

Yo bajé el teléfono.

—No sabía que al señor Alcázar le interesaban las llamadas de pareja.

Alejandro no sonrió.

—Vine a decirte que Vargas ya recibió castigo. Olvídate de denunciarlo.

—No te corresponde decidirlo.

—Si lo haces, vas a sufrir.

—Eso ya lo hice.

Me miró largo.

—El dinero queda para tus gastos médicos. Desde hoy, no nos debemos nada.

Abrió la puerta.

—Y como quieres, no tendremos más nada que ver.

Se fue.

La garganta se me cerró.

No marqué a nadie.

1
Nerida Navas
EXCELENTE, ES UNA LINDA HISTORIA, ME ENCANTÓ DE PRINCIPIO A FIN... FELICITACIONES Y BENDICIONES PARA TI... SIENTO QUE YA LA HABÍA LEÍDO, PERO IGUAL LA DISFRUTÉ MUCHO... QUÉ DIOS TE BENDIGA Y PROTEJA Y AYUDE A TENER MUCHOS ÉXITOS EN TU VIDA 🙏💐🌹
Guiomar Elena
Hermosa historia. Gracias por compartir. Éxitos y muchas bendiciones para ti.
Encarnación Sañudo Barrientos
Por fin algo bonito y diferente en el último capítulo. Que novela tan llena de tragedia
Mary Cabrera
un fin un poco no se natural, fácil, sin golpes o humillación, sin sobresaltos, por qué esa mujer era de nunca morir por qué si que recibió golpes, enferma y rechazada, el hombre la amo mucho pero también la destruyó, y el dolor de un hijo perdido no lo cura nada
Ada Luque
final muy flojo
Mary Cabrera
junnn otra bruja 🤨
Mildred Maiz
de verdad le deseo toda la suerte a caminar que te destruya hasta el polvo
Mildred Maiz
perdón por nuestro gremio, pero en estos momentos me alegra loquera lentamente porque nonouwdo entender como una mujer tan inteligente según lo que narran, se comporte como una cosa por no decir el nombre, le pagan, la manosean, casilla violín, la venden como prostituta barata y aun sigue
a y como midiera emiliano que como hombre acepta este tipo de cosas y aun asi sigue detrás de ella
esta esceitora pone a la mujer peor que una botella vacía de agua en l alcalde pateada hasta por el perro callejero
Mary Cabrera
la escritora la odia, por qué a cada rato le pegan la maltratan humillan, cuánto más? 🤨
Mary Cabrera
😭😭😭😭no injusto, Santiago no debería haber muerto 🥹🥹
Mary Cabrera
pues tenia que salvarla después de enterarse de todo lo que hizo la bruja y el le hizo caso, así que ojalá no se quede con él
Mary Cabrera
y vuelve la burra al trigo🤨 es más bruta sabiendo la calaña y todavía vuelve a qué la sigan maltratando más estúpida no puede ser😏
Mary Cabrera
haber si con esto abre los ojos
Mary Cabrera
la bruja hizo eso por qué el hijo no era de el y ahora moto al propio🤨 y la idiota todavía hay😏
Encarnación Sañudo Barrientos
No, no, no, siento que voy a explotar por dentro
Mary Cabrera
🤨 no entiendo que quiere, investigar bien, pero acaso no entiende que ese tipo aunque sea tan estúpido y manipulable y según no sepa la verdad es un idiota y que ya le a echo mucho daño😏
Mary Cabrera
drogada🤨
Mary Cabrera
no pero está todavía sigue viva con todo lo que le pasa 🤨
Mary Cabrera
hay no pero como hace eso si quería protección era con emiliano y no con este baboso, de verdad que es más bruta que cualquiera 🤨
Mary Cabrera
por favor 😏 es que es bruta y no sabe hacer nada bien, hay me cansa eso 🤨
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