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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Elara

El bosque había cambiado desde aquella madrugada en la que desperté con el pulso al borde del caos.

El sol ya no se filtraba con suavidad entre los árboles; la luz parecía temer romper la sombra que lo cubría todo. Cada rama crujía bajo mis pies, cada hoja susurraba secretos que solo el viento podía entender. Y, sin embargo, no estaba sola. Kael estaba conmigo. Su mano firme sujetaba la mía, su calor me envolvía y me recordaba que, pese al miedo, había un hilo que nos mantenía unidos.

Había pasado un día desde nuestro encuentro con las sombras del bosque. Las heridas físicas eran pocas, pero las emociones… las emociones eran otra historia. La tensión que nos unía no había disminuido.

Ni un instante.

—¿Sigues sintiéndolo? —preguntó Kael mientras avanzábamos por un sendero cubierto de musgo.

—¿El qué? —pregunté, tratando de ocultar que mis sentidos aún vibraban con su cercanía.

—El fuego —dijo, con una mirada que no necesitaba explicación—. Tu energía. Está creciendo. Y no siempre es controlable.

Lo miré, intentando sonreír. Una sonrisa que no llegó del todo.

—Tal vez no quiero controlarlo.

Kael frunció el ceño, un gesto que usualmente me intimidaba, pero ahora me parecía… humano. Vulnerable.

—Eso no cambiará lo que vendrá —susurró, y por un instante sus palabras me hicieron temblar.

En ese momento, algo extraño se movió entre los árboles. No era un animal común. Sus ojos brillaban como perlas de luna, y su cuerpo parecía compuesto por humo y luz líquida. Era pequeño, no más grande que un zorro, pero sus patas dejaban huellas que desaparecían al instante.

Un grifo de bruma, pensé en un instante, aunque su forma parecía aún más etérea, casi intangible.

El animal se detuvo frente a nosotros. Nos observó durante unos segundos, inclinando la cabeza como si estudiara nuestra alma. Entonces emitió un sonido que no era un gruñido ni un canto, sino un tono musical que vibró en mis huesos.

—Kael… —susurré, fascinada—, ¿lo escuchaste?

—Sí —respondió él, tensando los músculos—. No es solo un animal. Es un guardián. Y nos está evaluando.

El grifo avanzó un paso y luego desapareció entre la niebla, dejándonos un aroma a tierra mojada y a flores nocturnas. Pero sobre el suelo quedó algo: un pequeño fragmento de cristal que brillaba con la misma luz azul que mi colgante. Lo recogí, sintiendo cómo vibraba entre mis dedos.

—Nos está dando una señal —dijo Kael, sus ojos reflejando la luz—. Si quieres sobrevivir, debemos seguirla.

No tuve tiempo de preguntar qué significaba. El bosque parecía cerrarse a nuestro alrededor, y un viento frío nos obligó a avanzar. Caminamos horas, guiados por el rastro de luz que dejaba el cristal y por un instinto que ya no entendía del todo. Cada vez que Kael me rozaba, el vínculo brillaba dentro de mí, un calor que subía hasta la garganta y que me dejaba sin palabras.

Al caer la noche, llegamos a un claro que parecía… distinto. El aire era más ligero, como si la presión del Velo no existiera allí. Y en el centro, una pequeña cascada de agua negra caía sobre un estanque que brillaba con reflejos verdes y azules.

—Este lugar… —dije con voz baja—. Nunca he visto nada así.

—No es de este mundo —Kael respondió, observando cada sombra, cada reflejo—. Es un refugio. Nadie debería saber de él.

Nos acercamos al borde del agua, y un reflejo me hizo estremecer. No era solo mi rostro. Era el suyo, Kael, pero mezclado con sombras que se movían dentro de su reflejo como si tuviera vida propia.

—¿Qué… qué es esto? —pregunté, temblando.

Kael se inclinó hacia el agua, observando con atención.

—Tu fuego y mi sombra. Aquí se mezclan. Es un lugar neutral, un espacio donde podemos ser lo que somos sin que el Velo lo note.

Sentí un impulso irrefrenable y extendí la mano. La tocó el agua, y el reflejo se onduló, mostrando no solo mi rostro, sino fragmentos de nuestro futuro: una torre derrumbada, un cielo incendiado, y nuestros cuerpos cruzados entre sombras y luz.

—Kael… —susurré, el miedo y el deseo peleando dentro de mí—. ¿Es esto…?

—Una advertencia —respondió él, tomando mi mano de nuevo—. Si seguimos este camino, no habrá vuelta atrás.

La sensación que me recorrió fue más intensa que cualquier cosa que hubiera sentido antes. Su proximidad, la mezcla de miedo y deseo, y el lazo que nos unía… Todo ardía dentro de mí. Y, por primera vez, no tuve miedo.

Kael me observaba con esos ojos que me desarmaban, tan oscuros, tan profundos, y sentí cómo su aliento rozaba mi piel. No era un gesto de romance, ni un intento de besarme, pero me estremeció. Como si cada fibra de mi ser supiera que estaba destinada a él, que nuestro fuego no podía ignorarse.

—Elara —dijo con voz baja, casi un susurro—. No lo olvides. Esto nos cambiará. Para bien o para mal.

Asentí, incapaz de articular palabra.

El vínculo crepitaba dentro de mí, pulsando en sincronía con su corazón.

Pasamos la noche allí, junto al estanque, hablando poco, observando cómo las estrellas parecían inclinarse hacia nosotros. El animal de bruma apareció de nuevo, esta vez más cerca. Su mirada, intensa y silenciosa, parecía transmitirnos una lección: la magia no solo protege, también prueba.

Al amanecer, nos incorporamos. Había un aire distinto, más pesado, pero menos amenazante. El cristal que el grifo nos había dado vibraba en mi bolsillo, indicándonos que nuestra ruta no terminaba allí.

Kael y yo nos miramos. Había un entendimiento tácito: el peligro nos seguía, pero por ahora, éramos solo nosotros dos y el mundo que nos pertenecía en ese instante.

—Debemos avanzar —dijo Kael finalmente—. Hacia el norte. Hay un santuario que puede protegerte y enseñarte a controlar tu fuego.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿No temes que te atrapen?

—Temo muchas cosas —respondió él, con un destello de humor en la voz—. Pero no temo perderte.

Mis mejillas se encendieron.

—Eso… eso no lo había escuchado antes —dije, intentando no temblar—.

—No lo dije antes —replicó, y un suspiro escapó de sus labios—. No cuando estabas en peligro. Ni cuando yo estaba encadenado. Pero ahora… ahora estamos juntos. Aunque el mundo se caiga.

Elara y Kael continuaron caminando, dejando atrás el refugio de la cascada negra, con el viento soplando a sus espaldas y la sensación de que algo los observaba desde el bosque. El animal de bruma desapareció tras un destello plateado, como si nos hubiese dado su aprobación y su bendición.

Cada paso era un recordatorio: la Luz y la Sombra se habían encontrado, y el mundo nunca volvería a ser igual.

Pero a medida que avanzábamos hacia el norte, un fuego nuevo crecía dentro de mí. No era miedo, ni peligro. Era algo más intenso. Una certeza que me hizo sentir viva como nunca antes.

> “Te encontraré”, había dicho Kael.

Y por primera vez, supe que no era solo una promesa. Era un destino.

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