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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: Un acuerdo entre extraños

Los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por las cortinas de la habitación azul.

Celina abrió los ojos lentamente.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

La enorme cama.

Las paredes elegantes.

La terraza.

Todo le resultaba extraño.

Entonces la realidad regresó de golpe.

La boda.

Mauricio.

La mansión DoCampo.

Y aquel matrimonio que ninguno de los dos había elegido.

Se incorporó despacio.

Había dormido poco.

Muy poco.

Los pensamientos no le habían dado tregua.

Miró el reloj.

Las siete de la mañana.

Intentó volver a acostarse, pero sabía que era inútil.

Así que se levantó y se dirigió al baño.

Cuando vio su reflejo en el espejo, soltó un suspiro.

El maquillaje ya no ocultaba completamente el hematoma que tenía cerca de las costillas.

Ni los moretones más pequeños en uno de sus brazos.

Rápidamente bajó la manga de la bata.

Nadie debía verlos.

Nadie.

Al bajar al comedor principal, descubrió que la casa ya estaba completamente despierta.

Varios empleados iban y venían.

Todo parecía funcionar con una precisión casi militar.

Elena apareció apenas la vio.

—Buenos días, señora.

—Buenos días.

—¿Descansó bien?

Celina sonrió con educación.

—Más o menos.

—El señor Mauricio llegó hace unos minutos del hospital.

Aquella información provocó una reacción inesperada en ella.

Alivio.

Y eso la sorprendió.

Apenas conocía a aquel hombre.

¿Por qué le importaba?

—¿Su abuelo está mejor?

—Eso parece.

Celina asintió.

En ese momento escuchó pasos.

Mauricio acababa de entrar al comedor.

Llevaba la misma ropa de la noche anterior.

La corbata aflojada.

Los ojos cansados.

Y varias horas sin dormir reflejadas claramente en el rostro.

Parecía agotado.

Pero seguía manteniendo aquella presencia imponente que lo hacía destacar en cualquier lugar.

Cuando la vio, se detuvo unos segundos.

—Buenos días.

—Buenos días.

Ninguno supo qué decir después.

La situación era ridículamente incómoda.

Hasta que Mauricio tomó asiento frente a ella.

—Mi abuelo está estable.

—Me alegra escuchar eso.

Él asintió.

Luego tomó una taza de café.

Durante unos instantes reinó el silencio.

Finalmente Mauricio habló.

—Necesitamos establecer algunas reglas.

Celina levantó una ceja.

—¿Reglas?

—Si vamos a convivir bajo el mismo techo, sí.

Ella cruzó los brazos.

—Te escucho.

Mauricio apoyó la taza.

—Primera regla: ninguno se meterá en la vida personal del otro.

—Perfecto.

—Segunda regla: nadie entrará en la habitación del otro sin permiso.

—De acuerdo.

—Tercera regla: delante de nuestras familias aparentaremos que todo está bien.

Celina lo observó unos segundos.

—¿Y si no está bien?

—No lo está.

La respuesta fue inmediata.

—Pero no pienso darles el gusto de vernos peleando.

Ella tuvo que admitir que aquello tenía sentido.

—Acepto.

—Bien.

—¿Y qué pasa si alguna de esas reglas se rompe?

Mauricio sonrió por primera vez.

Una sonrisa pequeña.

Casi imperceptible.

—Entonces improvisaremos.

La mañana transcurrió con una calma inesperada.

Mauricio tuvo que encerrarse varias horas en su despacho para atender asuntos de la empresa.

Mientras tanto, Celina decidió explorar un poco la propiedad.

Los jardines eran inmensos.

Mucho más grandes de lo que había imaginado.

Caminó por senderos rodeados de flores.

Fuentes.

Árboles antiguos.

Y pequeños rincones que parecían sacados de una pintura.

Por primera vez desde la boda logró sentirse tranquila.

Solo un poco.

Hasta que escuchó voces.

Venían del otro lado de unos arbustos.

—¿Cuánto tiempo crees que dure este matrimonio?

Celina se quedó inmóvil.

Reconoció la voz.

Era una de las empleadas.

—No lo sé —respondió otra—. Pero nunca había visto al señor Mauricio aceptar algo así.

—Quizás ella lo enamore.

Las dos mujeres soltaron una pequeña risa.

Celina sintió calor en las mejillas.

Estaba a punto de marcharse cuando escuchó otra frase.

—Aunque la verdadera pregunta es si ella sobrevivirá a esta familia.

El comentario hizo desaparecer cualquier rastro de diversión.

Celina continuó caminando.

Pero aquellas palabras se quedaron rondando en su cabeza.

Mientras tanto, Mauricio mantenía una reunión virtual con varios directivos.

—Las acciones del grupo Montenegro ya fueron transferidas según el acuerdo.

Mauricio levantó la vista.

—¿Qué acuerdo?

Los ejecutivos intercambiaron miradas.

—El acuerdo matrimonial.

Su expresión se endureció.

—Explíquense.

Uno de ellos aclaró la garganta.

—La unión entre ambas familias incluye una reorganización accionaria.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace meses.

Mauricio sintió una desagradable sensación en el estómago.

Meses.

Aquello había sido planeado durante meses.

Y nadie le había dicho nada.

—Envíen toda la documentación a mi despacho.

—Por supuesto.

La llamada terminó.

Mauricio permaneció inmóvil varios segundos.

Su abuelo no solo había organizado una boda.

Había organizado una fusión.

Y él comenzaba a sospechar que aún no conocía todas las piezas del juego.

Esa misma tarde ocurrió algo inesperado.

Celina estaba leyendo en una de las terrazas cuando escuchó el sonido de un automóvil acercándose.

Pocos segundos después, Elena apareció apresurada.

—Señora.

—¿Qué ocurre?

—Tiene visita.

Celina frunció el ceño.

—¿Visita?

—Sí.

Y entonces la vio.

Inés.

Su hermanastra.

Vestida de manera impecable.

Sonriendo como si fueran las mejores amigas del mundo.

Celina sintió inmediatamente que algo iba mal.

Muy mal.

—¿Qué haces aquí?

Inés abrió los brazos teatralmente.

—¿Así recibes a tu hermana?

—No somos hermanas.

La sonrisa de Inés apenas se movió.

—Qué feo suena eso.

—¿Qué quieres?

Inés avanzó lentamente.

—Vine a felicitarte.

—Ya lo hiciste por teléfono.

—Quería hacerlo en persona.

Celina conocía demasiado bien aquella expresión.

Era la misma que aparecía cada vez que Inés planeaba algo.

—Dime la verdad.

Los ojos de Inés brillaron.

—Está bien.

Se acercó un poco más.

Y bajó la voz.

—Quería conocer a Mauricio.

Celina sintió un desagradable escalofrío.

—¿Por qué?

—Porque todos hablan de él.

—¿Y?

Inés sonrió.

Una sonrisa lenta.

Peligrosa.

—Y creo que cometí un error al rechazar esta boda.

El corazón de Celina se aceleró.

Porque conocía perfectamente a Inés.

Y cuando su hermanastra quería algo...

No se detenía hasta conseguirlo.

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