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El Contrato Del CEO

El Contrato Del CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Embarazo no planeado / Traiciones y engaños
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: La Boda de verdad.

Capítulo 19: La boda de verdad

Un mes después de mi regreso, todo estaba listo. La mansión lucía diferente porque ya no era una prisión dorada. Ahora era un hogar lleno de flores, de luces, de vida. Porque hoy me casaba de verdad. Sin contratos, sin mentiras ni segundas intenciones. Solo amor.

Nico sería el paje. Llevaría los anillos en una almohadilla blanca. Mi madre me acompañaría al altar. Lucía sería mi dama de honor. Y Sebastián estaría esperando al final del pasillo, con su traje negro y sus ojos brillantes, con una sonrisa que iluminaba toda la iglesia.

—¿Estás lista? —preguntó mi madre.

—Más que nunca.

—Tu padre te estaría mirando desde el cielo.

—Lo sé. Y estoy segura de que está orgulloso de mí.

—Todos lo estamos.

Comenzó la música y caminé. Cada paso era un recuerdo del día que lo conocí. Era como un carrusel que iba girando: la noche en que firmamos el contrato, el beso en la biblioteca, el nacimiento de Nico, la pelea con Rebeca, el enfrentamiento con Elena. Todo lo que me había traído hasta aquí —lo bueno y lo malo— había valido la pena. Finalmente, llegué frente a él.

—Eres hermosa —susurró.

—Tú también —le dije sonriendo.

—¿Nos casamos?

—Sí.

El juez sonrió y comenzó la ceremonia. Mientras nos miraba, sus palabras flotaban en el aire como pétalos de rosa.

—¿Aceptas a este hombre como tu legítimo esposo?

—Sí, acepto.

—¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa?

—Sí, acepto.

—Los declaro marido y mujer.

Sebastián me besó. Pero no como la primera vez. Tampoco como lo hizo en el juzgado. Ni de la manera en que lo hizo en la biblioteca. Hoy Sebastián me besó como si fuera la primera vez. Como si la historia de nuestro amor empezara en ese instante mágico, en que sus labios carnosos tocaron los míos.

El público aplaudió. Nico saltaba de alegría. A su lado, mi madre lloraba de emoción, y Lucía gritaba. Y yo, convertida en la legítima esposa de Sebastián, suspiré emocionada, agradeciéndole a Dios y a la vida por tanta dicha.

Entre los invitados vi a Gonzalo, que había venido con Lucía. Mientras nos miraba emocionado, sonreía y aplaudía. Cuando terminó la ceremonia, se acercó.

—Felicidades, Camila —dijo, abrazándome con calidez.

—Gracias, Gonzalo. Me alegra que hayas venido.

—No me lo habría perdido por nada del mundo. Sebastián tiene suerte.

—La suerte la construimos nosotros.

—Lo sé. Por eso admiro lo que tienen.

Sebastián se acercó y, por un momento, vi una chispa de incomodidad en sus ojos. Pero luego le extendió la mano.

—Gracias por venir.

—Gracias por invitarme —respondió Gonzalo—. Que sean muy felices.

—Lo seremos.

Se dieron la mano sin tensión, sin celos. En ese momento solo eran dos hombres respetándose. Y esa actitud me hizo sentir orgullosa de Sebastián, porque finalmente había aprendido a confiar.

En ese instante recordé mi imagen vestida de novia frente al espejo. Apreté la mano de mi esposo y fui completamente feliz.

La fiesta fue en el jardín de la mansión, con los invitados sentados en mesas vestidas con manteles blancos, bajo las luces de hadas colgando de los árboles. Sobre la tarima adornada para la ocasión, había una orquesta tocando música cubana.

Ese día, dejándome arrastrar por la felicidad, bailé con mi madre y con Nico. Más tarde, con Lucía. Y después, bailé con Sebastián.

—¿Sabes? —me dijo él, mientras nos movíamos al ritmo de un bolero—. Cuando te conocí, nunca imaginé que llegaríamos hasta aquí.

—Yo tampoco. Por eso me parece un sueño hecho realidad.

—Pensé que eras una oportunista. Una mujer que solo quería mi dinero.

—Y yo pensé que eras un asesino. Un hombre frío que solo quería controlarme.

—Por suerte, ambos nos equivocamos para bien.

—He luchado por nuestra felicidad con todas mis armas, y no pienso renunciar a ti.

—Y yo voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que nuestro amor dure toda la vida.

Nos besamos otra vez mientras nos movíamos al compás de una melodía romántica.

A la medianoche cortamos la tarta de tres pisos, rebozada de crema y frutillas, que era la favorita de Nico.

—¡Quiero un pedazo grande! —gritó.

—Tendrás el más grande —dijo Sebastián, cortando una porción enorme.

—¡Eso es mucho! —se quejó Lucía—. Después le va a doler la panza.

—Que le duela. Este también es su día.

Nico devoró la tarta con felicidad. Yo reí y Sebastián me miró.

—Te amo —dijo—. ¿Sabes cuándo me di cuenta?

—¿Cuándo?

—Cuando te fuiste a Europa y pensé que no volverías. Ahí supe que no podía vivir sin ti.

—Yo supe que te amaba con mi vida cuando Elena me secuestró y pensé que nunca volvería a verte. Ahí entendí que habías pasado de ser mi enemigo a ser mi todo.

—Somos unos tontos.

—Tienes razón. Somos los tontos más felices del mundo.

La fiesta terminó al amanecer y los invitados se fueron. Nico se durmió en brazos de mi madre. Sebastián y yo nos quedamos solos en el jardín, agarrados de las manos, bajo las luces de hadas que seguían brillando.

—¿Y ahora qué sigue? —pregunté.

—Lo que tú quieras. Podemos viajar, tener más hijos, continuar con la fundación... En fin, podemos hacer todo lo que desees.

—Entonces quiero seguir así contigo. Con Nico, con nuestra familia.

—Eso es más que suficiente.

Nos besamos cuando el sol empezaba a salir, y un nuevo día comenzaba a nacer sobre el horizonte. Así como empezaba para nosotros una nueva vida. Una nueva historia a la que todavía le faltan muchas páginas de dicha y felicidad por escribir.

1
Saily Smith
muy bueno. me encanta
Olga Robledo
Qué vieja tan mala, pero el karma existe, qué la vida le cobre todas sus intrigas
María Cortez
esta buena la novela con mucha intriga pero sigo aqui desvelandome por leerla .
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