NovelToon NovelToon
CORAZONES REBELDES

CORAZONES REBELDES

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor a primera vista / Triángulo amoroso / Colegial dulce amor / Melodrama / Chico Malo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Entre los secretos de un pasado enterrado que la marcó para siempre y las manipulaciones de una élite dispuesta a devorarla, Ángela deberá descubrir si es capaz de romper los hilos de su propia dinastía antes de que la obliguen a vender el resto de su vida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La fiesta del príncipe

...CAPÍTULO 4...

...----------------...

...ANGELA SALLES ...

Lograrlo fue casi un arte. Sarah distrajo a Marcus, mi chofer, diciéndole que yo estaba en la oficina de orientación entregando unos papeles de última hora, mientras yo me escabullía por la salida del gimnasio. Cuando vi el auto de Christian, un Mustang impecable que brillaba bajo el sol de la tarde, sentí que por fin estaba viviendo la vida de una chica de dieciséis años y no la de una pieza de museo.

—Bonito auto —dije al subir, tratando de que mi voz no sonara tan nerviosa como me sentía.

—Gracias, también me gusta—respondió Christian con una sonrisa genuina mientras arrancaba—Aunque admito que me preocupaba que tu "guardaespaldas" me tacleara antes de salir del estacionamiento.

Reímos, y por un momento, la pesadez del ambiente se desvaneció.

Al llegar a “The Diner”, el lugar estaba lleno de ese ambiente nostálgico de los años cincuenta: asientos de cuero rojo, batidos espesos y el sonido de las risas de otros estudiantes. Nos sentamos en un reservado al fondo.

—Entonces, Ángela... —comenzó Christian, quitándose la sudadera del equipo y dejándola a un lado. Se veía más relajado aquí—. Sé que eres la hija de Nathan Salles y que vienes de otro país, pero ¿quién eres tú cuando no estás esquivando choferes o aguantando las bromas pesadas de tipos como Collins?

—Soy... alguien que todavía está tratando de descubrirlo —admití, jugando con la servilleta—Me gusta la música, pero no de la forma en que mi papá cree. Y me gusta la historia, aunque parezca aburrido.

—No es aburrido —me interrumpió él, mirándome fijamente—. De hecho, es refrescante. En este instituto la mayoría solo habla de la última fiesta o de quién bloqueó a quién en redes sociales. Tú pareces... real.

La camarera trajo dos malteadas gigantes de fresa. Christian tomó la suya y, antes de beber, me miró con una chispa de picardía.

—Tengo que preguntarlo, porque si no me voy a volver loco. ¿Qué hay entre tú y Asher? Lo vi hoy en el pasillo y parecía que quería fulminarme con la mirada solo por respirar cerca de ti.

Sentí que las mejillas me ardían un poco. Aspiré un sorbo de mi malteada para ganar tiempo.

—Nada. Solo somos... amigos. O algo así. Es complicado —respondí, tratando de sonar indiferente—. Cree que soy una niña pequeña que necesita un manual de instrucciones para cruzar la calle.

Christian soltó una risa suave y estiró la mano sobre la mesa, rozando apenas mis dedos por un segundo antes de retirarla. Fue un gesto tan natural que me dejó sin aliento.

—Bueno, yo no veo a una niña —dijo con voz más baja—. Veo a una chica que tiene el valor de escaparse para tomar una malteada con un tipo que apenas conoce. Eso me parece bastante valiente, Ángela.

Pasamos la siguiente hora hablando de cosas sin importancia: su presión por ganar el campeonato, mis ganas de conocer la playa sin escoltas, y los ridículos gustos musicales de sus compañeros de equipo. Christian era fácil de tratar. No había misterios oscuros, ni silencios tensos, ni ataques sarcásticos. Era... normal. Y por primera vez en mucho tiempo, eso era exactamente lo que yo necesitaba.

Sin embargo, justo cuando empezaba a relajarme, Christian soltó algo que me hizo volver a la realidad.

—Me alegra mucho que aceptaras venir el viernes. Mi casa es grande, pero puede ser agobiante. Me gustaría que te quedaras cerca de mí esa noche. No quiero que te sientas incómoda... o que alguien te moleste.

Esa última frase me quedó dando vueltas en la cabeza mientras terminaba lo que quedaba de mi malteada. Miré a Christian a los ojos; su expresión era abierta, cálida, sin ese doble fondo que siempre encontraba en los ojos verdes de Asher. Pero, ¿era posible que alguien fuera tan... impecable?

—No creo que nadie se atreva a molestarme si estoy con el anfitrión —respondí, forzando una sonrisa ligera—. Además, después de meses de vigilancia de mi padre, creo que sé defenderme sola. Aunque agradezco el gesto, de verdad.

Christian asintió, aunque noté que no retiró esa mirada pícara.

—Solo quiero que te diviertas, Ángela. Sé que este instituto puede ser un nido de víboras si no tienes a alguien que te cuide la espalda —miró su reloj y luego a mí con una mueca de disculpa—Deberíamos irnos. No quiero ser el responsable de que tu "guardaespaldas" llame a la policía nacional porque no apareces.

El regreso en el Mustang fue más silencioso. La adrenalina de la escapada estaba bajando y la realidad de que el viernes se acercaba —y con ella, mi "Plan Maestro" de fuga— empezaba a pesarme en el estómago. Christian conducía con una mano, relajado, mientras la música suave llenaba el espacio que antes ocupaban nuestras risas.

—Gracias por la malteada, Christian. De verdad necesitaba... esto —le dije, acomodando mi mochila sobre las piernas.

—Cuando quieras, Angela. Me encantó compartir este tiempo contigo—respondió él, dedicándome una de esas sonrisas que desarman a cualquiera.

Christian detuvo el auto justo en la esquina de la entrada principal, lo suficientemente lejos para que no pareciera que veníamos juntos, pero lo suficientemente cerca para que yo pudiera caminar hacia la SUV negra que ya estaba estacionada allí, como un monumento a mi falta de libertad.

Él se inclinó un poco hacia mí. Por un segundo, pensé que iba a intentar besarme y mi cuerpo se tensó por puro instinto, pero solo me tomó suavemente del mentón para que lo mirara.

—Nos vemos el viernes, Salles. No me falles.

Caminé rápido hacia donde estaba el SUV que me esperaba para llevarme a mi jaula dorada.

Marcus, el chofer estaba apoyado contra la puerta del copiloto, mirando su reloj con esa expresión de piedra que lo caracterizaba. Al verme aparecer por la acera lateral, enderezó la espalda.

—Es muy tarde, señorita Ángela —dijo Marcus, abriéndome la puerta trasera sin mover un solo músculo de la cara.

—La oficina de orientación estaba llena, Marcus. Ya te lo dije —respondí con mi mejor cara de póker, entrando al interior climatizado del vehículo.

Me senté y suspiré, sintiendo el cuero frío bajo mis manos. A través del cristal tintado, vi cómo el Mustang de Christian se alejaba con un rugido elegante. Marcus arrancó el motor y el silencio sepulcral de la camioneta me envolvió de nuevo.

Entonces, mi teléfono vibró en el bolsillo. Un mensaje de Asher.

Asher: Espero que la malteada haya valido el riesgo, Salles. Pero te lo advierto: Christian Maddox no es la persona que tú piensas. No digas que no te lo dije cuando te des cuenta de lo que es estar en su círculo.

Sentí un escalofrío que me recorrió la columna. Miré por la ventana, buscando su motocicleta o su silueta entre los estudiantes que salían, pero no vi nada.

Una parte de mí quería responderle algo hiriente, pero la otra... la otra simplemente no podía dejar de pensar en que, incluso cuando estoy con el chico perfecto, Asher Collins se las arregla para ser el único que ocupa mi mente.

—¿Todo bien, señorita? —preguntó Marcus por el retrovisor, notando mi tensión.

—Sí, Marcus. Todo perfecto —mentí, bloqueando el teléfono—. Solo es mucha tarea.

...----------------...

El viernes finalmente se materializó con una lentitud tortuosa, pero ahora, encerrada en mi habitación con Sarah, la adrenalina hacía que cada segundo contara. Lograr el "sí" de mi padre para está supuesta pijamada, había sido más fácil de lo que esperaba; supongo que verme con los libros de historia pegados a la cara toda la semana le dio la falsa sensación de que su "niña" estaba bajo control.

—Es un plan brillante, Salles —susurró Sarah, arrojando su mochila sobre mi cama nada más entrar—. Pijamada de estudio. Clásico, infalible y profundamente aburrido... justo lo que Nathan quiere escuchar.

—Shh, baja la voz —le advertí, aunque no pude evitar sonreír—. Mi padre tiene oídos de murciélago cuando se trata de mis planes.

Nos instalamos en el escritorio. Abrimos los libros de texto, esparcimos resaltadores y hojas de notas como si estuviéramos preparando un examen final de la NASA, pero en realidad, debajo de los apuntes de Geopolítica, Sarah estaba desplegando un arsenal de maquillaje y fotos de los vestidos que había traído en su maleta.

—Mira esto —dijo Sarah, mostrándome un vestido negro corto de seda que brillaba bajo la lámpara de mi escritorio—. Es elegante, es corto y grita "tengo dieciséis años y no acepto órdenes". Si Christian no se desmaya cuando te vea, es que está ciego.

—No sé si me atreva a usar eso, Sarah... —murmuré, mirando de reojo la puerta—. Si mi papá entra y ve esto, estoy muerta antes de que empiece la fiesta.

—Para eso están las batas de seda, amiga. Cobertura total hasta que crucemos la ventana.

Justo en ese momento, el pomo de la puerta giró y ambas saltamos sobre los libros como si nos hubieran dado una descarga eléctrica. Sarah empezó a recitar algo sobre la Revolución Industrial a una velocidad absurda mientras yo fingía subrayar frenéticamente un párrafo sobre el Tratado de Versalles.

Chloe entró con una bandeja de plata, luciendo ese resplandor maternal que siempre me hacía sentir un poco culpable por mentirle. Traía dos vasos de limonada fresca y un bol con snacks saludables.

—Hola, chicas —dijo con una sonrisa dulce, dejando la bandeja en una esquina del escritorio—Pensé que necesitarían combustible para el cerebro. Se ven muy concentradas.

—¡Mucho! —exclamó Sarah con una sonrisa demasiado brillante—. Ángela me está explicando las causas de la Primera Guerra Mundial y, vaya, es fascinante.

Chloe me miró y luego a Sarah. Por un segundo, temí que notara el brillo del labial que Sarah había dejado caer bajo la silla, pero solo asintió con suavidad.

—Me alegra ver que se toman esto en serio. Tu padre está muy tranquilo sabiendo que estás aquí, Ángela. Les deseo mucha suerte con sus estudios. Si necesitan algo más, estaré abajo con él viendo una película. No las molestaremos.

—Gracias, Chloe. De verdad —le dije, tratando de que mi voz no temblara.

En cuanto la puerta se cerró y escuchamos sus pasos alejarse por el pasillo, Sarah soltó un suspiro de alivio y se desplomó en la silla.

—Eso estuvo cerca. "Mucha suerte con sus estudios"... si ella supiera que nuestro único estudio hoy es cómo saltar desde ese balcón sin rompernos un tobillo.

Me levanté y caminé hacia la ventana, apartando un poco la cortina. La noche empezaba a caer sobre Malibú y las luces de la ciudad brillaban a lo lejos. En algún lugar, Christian estaba preparándose para su fiesta, y en otro, Asher seguramente estaba pensando que yo me quedaría encerrada en mi torre de cristal.

Horas después…

El reloj digital de mi mesa de noche marcó las 10:00 PM. Sarah y yo nos miramos en el espejo de cuerpo entero. Ella se veía espectacular, pero yo... yo sentía que no era yo.

Llevaba un mini vestido de satén blanco con tirantes de cadena que Sarah me había obligado a ponerme, combinado con unas botas de plataforma para no parecer “tan bajita”. Según ella, ese tipo de vestido se usaba sin ropa interior para que no se marcara nada por lo ajustado que era… y aunque insistió en que “así se veía mucho mejor”, yo no terminaba de sentirme cómoda con la idea.

El vestido era corto, mucho más de lo que mi padre permitiría jamás, y se ajustaba a mi cuerpo de una forma que me hacía sentir expuesta y empoderada al mismo tiempo.

Antes de salir, abrí el cajón de mi mesa de noche. Allí, al fondo, bajo unos diarios viejos, brillaba el collar de plata con la “A”. Me quedé mirándolo un segundo, con los dedos rozando el metal frío. No me lo puse; lo cerré con llave en el cajón, como si así pudiera encerrar también la parte de mí que todavía buscaba la aprobación de Asher.

—¿Lista, amiga? —susurró Sarah, ya con una pierna fuera del balcón—. Si nos rompemos una pierna, al menos moriremos con estilo.

—Menos drama, Sarah. He practicado karate por meses, sé cómo caer —respondí, aunque mi corazón martilleaba contra mis costillas.

Bajamos por la estructura de la pérgola con una agilidad que me sorprendió a mí misma. El aire de la noche en Malibú era fresco y olía a jazmín y sal. Al tocar tierra, nos pegamos a la sombra de los arbustos.

—Las cámaras tienen un punto ciego de ocho segundos cada vez que giran hacia el ala este —susurré, guiando a Sarah por el borde de la piscina—. Y el guardia del portón, el señor Thompson, siempre se prepara un café a las diez y cuarto. Ese es nuestro momento.

Esquivamos los sensores de movimiento con una precisión que haría que Alaric se sintiera orgulloso de mis habilidades analíticas. Burlamos el portón principal saliendo por la pequeña puerta de servicio del jardín trasero, cuya alarma yo misma había desactivado minutos antes desde mi iPad.

Cuando finalmente pusimos un pie fuera de la propiedad y sentimos el asfalto de la calle bajo nuestros pies, Sarah soltó un chillido ahogado de emoción.

—¡Lo hicimos! ¡Somos unas leyendas! —exclamó, saltando un poco.

—Todavía no cantes victoria —dije, sacando mi teléfono con las manos temblorosas—. Hay que llamar al taxi antes de que Marcus decida hacer una ronda nocturna.

Pedí el auto a través de la aplicación. Cinco minutos después, un sedán gris apareció en la esquina. Subimos al asiento trasero, jadeando y riendo por la descarga de adrenalina.

—¿A dónde las llevo, señoritas? —preguntó el conductor, mirándonos por el retrovisor con una ceja arqueada.

—A la zona de las colinas, por favor —respondió Sarah con voz decidida.

El taxi nos dejó en la entrada de la mansión Maddox y, por un segundo, me quedé petrificada en la acera. Si mi casa era una pieza de museo, la de Christian era un monumento al exceso. La música electrónica vibraba en el asfalto y el olor a cloro, perfume caro y alcohol llenaba el aire húmedo de las colinas.

Había gente por todas partes. Chicas con vestidos mínimos riendo a carcajadas, chicos saltando a la piscina con ropa y parejas que parecían haber olvidado que estaban en público, devorándose a besos cerca de los arbustos perfectamente podados. Lo que más me impactó fue la cantidad de alcohol; había barras improvisadas con pirámides de botellas que harían que a mi padre le diera un infarto fulminante.

—Vaya... esto no es una pijamada de estudio —susurró Sarah, con los ojos brillando como platos.

—¡Ángela! —la voz de Christian cortó el murmullo de la gente.

Apareció entre la multitud, caminando con esa seguridad de quien es el dueño del mundo. Se detuvo a unos pasos y soltó un silbido largo, recorriéndome de arriba abajo con una mirada que me hizo desear, por un microsegundo, tener mi bata de seda puesta.

—Vaya, preciosa... sabía que eras guapa, pero esta noche estás... —hizo una pausa, sonriendo con suficiencia— increíble. Ese vestido debería ser ilegal.

Sarah, a mi lado, se quedó completamente muda, mirándolo como si fuera un dios griego. Christian finalmente notó su presencia y le dedicó una de sus sonrisas de catálogo.

—Hola, Sarah. Me alegra que convencieras a la princesa de salir de su torre —dijo, dándole un toque amistoso en el hombro.

—S-sí, claro... hola, Christian —logró articular ella, roja como un tomate.

Antes de que pudiera responderle algo sobre su "comentario del vestido", un chico rubio con una camisa desabotonada y un vaso rojo en la mano se acercó tambaleándose un poco, rodeando los hombros de Christian con el brazo.

—¡Ey, Maddox! —exclamó el chico, mirándonos con una curiosidad poco disimulada—. No seas egoísta, hermano. Presenta a tus amigas. No nos habías dicho que tenías invitadas de este calibre escondidas.

Sentí una punzada de incomodidad. Christian me miró, y aunque su expresión era protectora, la forma en que su amigo nos "escaneaba" me recordó de golpe las palabras de Asher.

—Cálmate, Miller —respondió Christian, aunque no le quitó el brazo de encima—. Ella es Ángela, y no es "una de mis amigas". Es especial. Ten cuidado con lo que dices si no quieres terminar en la piscina antes de tiempo.

El tal Miller levantó las manos en señal de rendición, riendo, mientras yo intentaba que mi cara de "hielo" no se derritiera ante tanta atención no deseada.

Sentí un calor repentino subirme por el cuello cuando Christian me llamó "especial" frente a sus amigos. Solté una risa nerviosa, de esas que odio porque me hacen sonar exactamente como la niña de catorce años que intento dejar atrás. Christian, notando mi incomodidad con la mirada de Miller, me tomó suavemente del antebrazo.

—Vamos adentro —me susurró al oído, su aliento rozándome la piel—. La cocina está más tranquila y las bebidas son mejores.

Miré hacia atrás un segundo. Sarah ya estaba gesticulando animadamente con Miller y una chica de cabello platino que se les había unido. Parecía estar en su elemento, así que me dejé guiar.

La cocina de los Maddox era del tamaño de mi sala de estar, con encimeras de mármol blanco cubiertas de vasos rojos y botellas de aspecto caro. El ruido de la fiesta se filtraba como un zumbido lejano. Christian se acercó a una de las barras improvisadas y agarró una coctelera.

—¿Qué te apetece, preciosa? —preguntó, mirándome con una chispa de diversión mientras agitaba el metal con destreza.

—Yo... no bebo alcohol, Christian —admití, jugando con la cadena de mi vestido. Mi papá siempre decía que el alcohol era "el enemigo de la disciplina", y hasta hoy, le había creído.

Christian se detuvo y apoyó los codos en la encimera, ladeando la cabeza.

—¿Nunca? ¿Ni una gota? —Arqueó una ceja—¿Quieres probar? Es un cóctel dulce, casi no notarás la diferencia con una malteada, te lo prometo. Solo para brindar por tu libertad de esta noche.

Dudé un segundo. Miré a mi alrededor: la música, las luces, la sensación de estar rompiendo todas las reglas. Si iba a ser rebelde, tenía que hacerlo bien.

—Está bien —asentí—. Solo un poco.

Me sirvió un líquido rosado en un vaso de cristal. Lo acerqué a mis labios con cautela y tomé un sorbo largo. Al principio, el sabor a frutas tropicales y azúcar inundó mi boca, pero luego llegó el golpe: un ardor seco y punzante que me hizo arrugar la nariz y soltar un pequeño carraspeo.

—¡Puaj! —exclamé, aunque después de un segundo, el regusto dulce volvió a mi lengua—Sabe... fuerte, pero está rico.

—Te dije que te gustaría —rió él, observándome con una mezcla de algo más que no supe descifrar.

Le di otro trago, esta vez más grande. Sentí cómo un calor agradable empezaba a expandirse desde mi estómago hacia mis extremidades, relajando mis hombros tensos. Estaba a punto de darle un tercer sorbo cuando la mano de Christian se cerró sobre la mía, retirando el vaso con suavidad pero con firmeza.

—Calma, preciosa —dijo con voz ronca, dejando el vaso fuera de mi alcance—. No te lo puedes beber tan rápido. El alcohol engaña, y no quiero que la noche se te acabe antes de que empiece lo bueno.

Me quedé mirándolo, sintiéndome un poco mareada por la velocidad del trago y por la forma en que me había llamado. Sus dedos todavía rozaban los míos en la encimera.

El calor del cóctel seguía expandiéndose por mi cuerpo, dándome una sensación de ligereza que nunca antes había experimentado. Me sentía... audaz. Miré a Christian, que todavía sostenía el vaso fuera de mi alcance con esa sonrisa de autosuficiencia. Iba a decirle algo, una réplica ingeniosa que demostrara que no era tan frágil como él pensaba, cuando la puerta batiente de la cocina se abrió de par en par.

El aire pareció congelarse al instante, a pesar del calor de la fiesta.

Entre la neblina dorada que empezaba a nublar mi vista, lo vi. Asher. Llevaba su sempiterna chaqueta de cuero y esa expresión de aburrimiento letal que tanto me sacaba de quicio. Pero no estaba solo. A su lado, con un vestido rojo que gritaba "mírenme", estaba Sabrina Wilson. Ella tenía el brazo entrelazado con el de él, sonriendo como si acabara de ganar la lotería.

Sus ojos verdes chocaron con los míos. La mirada que me lanzó no fue de indiferencia, ni de sorpresa. Fue de pura, cruda molestia. Apretó la mandíbula al ver mi vaso rojo en la encimera y la mano de Christian rozando la mía. Sentí un vuelco en el estómago, y no fue por el alcohol.

Christian, a mi lado, se enderezó, genuinamente sorprendido. Soltó una risa corta, sin rastro de su habitual carisma.

—Vaya, Collins. Esto sí que es una novedad —dijo Christian, cruzándose de brazos, con un tono de voz que no supe descifrar—. Siempre te invito a mis fiestas y siempre me dices que prefieres quedarte en casa escuchando tus discos viejos.¿Qué te hizo cambiar de opinión hoy? ¿El encanto de Sabrina o es que por fin decidiste unirte al mundo de los vivos?

Asher no respondió de inmediato. Miró a Christian, luego a Sabrina y, finalmente, volvió a clavar sus ojos en mí. Su silencio era ensordecedor, mucho más que la música que retumbaba fuera.

—No te ilusiones, Maddox —soltó Asher con su voz ronca, arrastrando las palabras—. Solo vinimos por un trago. No pensamos quedarnos mucho tiempo.

—Bueno, el bar está por allá —respondió Christian, señalando la encimera con indiferencia, y luego se giró hacia mí, ignorando olímpicamente la presencia de la pareja—. ¿Sabes qué, Angela? Esta cocina se está poniendo demasiado aburrida. Vamos a la pista de baile. Necesito que me demuestres si tienes el mismo ritmo para bailar que para debatir sobre historia.

Me tomó de la mano antes de que pudiera protestar. Miré a Asher una última vez. Él no se había movido, pero la molestia en su rostro había dado paso a algo que parecía... decepción. Sabrina, ajena a todo, le decía algo al oído con una sonrisa triunfal.

Me dejé llevar por Christian. Al salir de la cocina, la música nos golpeó con toda su fuerza. Las luces de colores giraban, mareándome un poco más. Nos abrimos paso entre la multitud hasta el centro de la pista.

Con la guardia baja por la bebida y la necesidad desesperada de olvidar la mirada de Asher, me dejé llevar por el ritmo. La música electrónica vibraba en mi pecho. Christian se acercó a mí, sus movimientos eran seguros y coordinados. Empezamos a bailar.

No sé cuánto tiempo pasó. Perdimos la noción del tiempo. Bailábamos muy cerca, más cerca de lo que jamás me había permitido estar con nadie. Su mano bajó hasta mi cintura para guiarme en un giro, y yo no la aparté. En ese momento, solo existía la música, el movimiento y la extraña certeza de que estaba haciendo exactamente lo que se suponía que no debía hacer.

La música electrónica parecía bombear directamente en mis venas, y el calor del cuerpo de Christian contra el mío, sumado al efecto mareante del cóctel rosa, me tenía flotando en una burbuja de irrealidad. Sus movimientos eran seguros, envolventes. Cerré los ojos un segundo, dejándome llevar por el ritmo, y cuando los abrí, su rostro estaba a milímetros del mío.

No tuve tiempo de reaccionar. Christian aprovechó mi segundo de vulnerabilidad, esa neblina dorada que me nublaba el juicio, y acortó la distancia. Sentí sus labios contra los míos.

Fue suave, experto, pero mi mundo se detuvo en seco. No fue como en las películas. No hubo fuegos artificiales, ni música de violines. Solo sentí una confusión abrumadora. Mis manos se quedaron paralizadas en sus hombros.

Mi primer beso.

No me lo había imaginado así. No en medio de una pista de baile abarrotada, con el sabor del alcohol de contrabando en la boca y la mirada de reproche de Asher grabada en mi mente.

Me aparté bruscamente, jadeando, rompiendo el contacto. Christian me miró con una sonrisa, como si acabara de ganar, pero yo solo sentía ganas de salir corriendo.

—Ángela... —empezó a decir, pero no lo escuché.

Me abrí paso entre la multitud como pude, esquivando cuerpos sudorosos y vasos rojos. Necesitaba aire. Salí por las puertas de cristal hacia la zona de la piscina. El aire de la noche me golpeó la cara, pero no fue suficiente para despejarme la cabeza. Me acerqué a una de las mesas y agarré el primer vaso rojo que vi, dándole un trago largo para intentar tragarme la angustia que sentía en la garganta. El líquido quemaba, era fuerte, mucho más que el cóctel de Christian.

Nerviosa, empecé a buscar a Sarah con la mirada entre la gente que bailaba cerca del agua. Tenía que contarle lo que había pasado, tenía que irme de aquí. Pero en lugar de su sonrisa reconfortante, me topé con una figura vestida de rojo que me bloqueaba el paso.

Sabrina Wilson.

Tenía una sonrisa venenosa en los labios y una mirada que destilaba puro desprecio. Se cruzó de brazos, acorralándome contra la barandilla de piedra de la piscina.

—Vaya, vaya, pero si es la "niña de papá" —soltó con una voz cargada de sarcasmo—. Veo que el trago te ha dado valor, mosquita muerta. No creas que no te vi con Christian en la pista de baile. Patética.

—No sé de qué hablas, Sabrina —respondí, tratando de mantener mi voz de hielo, aunque por dentro temblaba.

—No te hagas la tonta conmigo, Salles —se acercó más, invadiendo mi espacio personal—. Sé perfectamente que andas detrás de Asher. Llevas su collar puesto todo el tiempo, como si fuera una marca de propiedad. Pero te lo advierto: aléjate de él. Él es mío. Lo que tuvimos no se ha acabado, y tú solo eres un capricho pasajero para él.

Sentí una punzada de rabia. La neblina del alcohol se disipó un poco, dejando paso a una furia fría. Me erguí, ignorando el mareo, y clavé mi mirada en la suya.

—¿"Tuyo", Sabrina? —solté con una risa amarga—. Deberías valorarte un poco más si crees que una persona puede ser propiedad de otra. Y déjame aclararte algo: yo no ando detrás de Asher Collins. No tengo por qué hacerlo. Al contrario de ti, yo sí tengo autoestima. No necesito mendigar la atención de nadie. Si alguien está tras de alguien aquí, es Asher de mí. Él fue quien me regaló el collar, él fue quien me invitó a su casa, y él es quien me mira como si yo fuera la única persona en el mundo... mientras tú solo eres un recuerdo molesto para él.

La cara de Sabrina se transformó. La furia y la humillación se apoderaron de sus facciones. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y, antes de que pudiera reaccionar, me plantó las manos en el pecho y me empujó con todas sus fuerzas.

Trastabillé hacia atrás, perdiendo el equilibrio. Mis botas de plataforma no me ayudaron. Caí de espaldas a la piscina.

El agua fría me envolvió, cortándome la respiración y apagando el ruido de la fiesta por un segundo. Salí a la superficie jadeando, escupiendo agua clorada. El shock inicial fue reemplazado por una humillación atroz.

A mi alrededor, la música se detuvo. El silencio fue peor que cualquier grito. Vi cómo docenas de teléfonos se levantaban, las luces de los flashes apuntándome directamente. Empezaron las risas, los murmullos, el sonido humillante de las grabaciones. Estaba congelada, tiritando en medio del agua, deseando que la tierra me tragara.

Intenté salir por el borde, pero mis manos resbalaban. Fue entonces cuando noté la mirada de la gente. No solo se reían de mi caída. Se reían de mí. Bajé la vista y sentí que el corazón se me detenía. Mi vestido de satén blanco, empapado, se había vuelto completamente transparente bajo las luces de la piscina. Se transparentaba todo. Me sentí más expuesta, y más humillada de lo que jamás me había sentido en mi vida. Traté de cubrirme con los brazos, pero era inútil. Las lágrimas de rabia y vergüenza empezaron a nublarme la vista.

—¡Borren eso! —grité, con la voz quebrada— ¡Por favor, borren eso!

Nadie me escuchó. Las risas seguían.

De repente, una figura irrumpió entre la multitud.

Asher.

Saltó al borde de la piscina, apartando a Miller de un empujón. Tenía una expresión de furia en el rostro que nunca antes le había visto. Se quitó su chaqueta de cuero en un movimiento rápido y se inclinó hacia el agua.

—Toma mi mano, Ángela —dijo, con una voz ronca que no admitía réplicas.

Me agarré a él como si fuera mi único salvavidas. Me sacó del agua con un movimiento firme. Antes de que pudiera dar un paso, antes de que alguien pudiera ver nada más, me envolvió con su chaqueta de cuero. El calor de la prenda y el aroma a cuero y menta me rodearon, ocultándome de las miradas lascivas y los teléfonos.

Me quedé allí, tiritando contra él, escondiendo la cara en su pecho para escapar de la humillación. Él no me soltó. Con una mano me sujetaba con fuerza, y con la otra, fulminó con la mirada a la multitud que seguía grabando.

—Si vuelvo a ver un solo teléfono apuntando hacia ella —soltó Asher, con una voz que heló la sangre de todos los presentes—, les juro que no les va a quedar ni un solo diente para sonreír en sus próximas historias de Instagram. ¡Lárguense todos!

1
Maria Elena Martinez Lazaro
Por favor Yazz , que la historia de Sofía y Nathan no se repita en ellos porfis
Maria Elena Martinez Lazaro
Vuelvo y digo ya esto no me está gustando Angela se encuentra a Mark hasta en la sopa, mientras que Asher se está alejando que será lo que irá a pasar entre ellas
Maria Elena Martinez Lazaro
Ya esto no me está gustando, le va a llegar competencia a Asher. Será que Angela le va pasar lo mismo que Sofía ella también se tropezó con Alari en la universidad . ojalá que no se repita la historia
Maria Elena Martinez Lazaro
excelente que buena está la historia , gracias querida Dios te bendiga
Maria Elena Martinez Lazaro
Pero como cambia la plata a las personas si Sofía también era una muerta de hambre que trabajaba con el cuñado si no fue porque conoció a. Alarith no hubiera conseguido lo que tiene ahora y eso que no digo de lo soberbia y altiva que es porque eso siempre lo ha sido creyéndose más que otros y que Nathan
Yausmira Alvarez Herrera
sofia que triste ver en lo que te convertiste mas con tu hija y ese hombre que tanto te amado solo por apariencias
😜 Betsy 🇻🇪
Q le pasa a Sofía ps' no puedes llegar con esa soberbia no joda así se habla Ángela un peo con los errores del pasado 😡
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja Sarat tu y tus locuras 😜 menos mal q es una novela 😉 porq mi mamá me decía q si me tragaba el chiche se me quedaba pegado del culo 🤣😂🤣😂🤣😂
😜 Betsy 🇻🇪
No joda se te tenía que decir y se dijo 👏👏 así se habla Alaric
😜 Betsy 🇻🇪
Entiendo tus miedos Sofía pero asfixia a Ángela todos cometemos errores pero cada quien como sus propios errores eso es inevitable
😜 Betsy 🇻🇪
Hay Sofía tu cómo siempre 😵‍💫😵‍💫 cuando te enteres q serás abuela te va a dar un soponsio y q vas hacer un coño 😡
😜 Betsy 🇻🇪
A bueno ahora falta Sofía 🫣🫣
😜 Betsy 🇻🇪
Así es mi Nathan 🥰 jajajaja como q raro vas hacer un excelente abuelito 😜 al caracolito no le faltará amor ❤️❤️
😜 Betsy 🇻🇪
Excelente palabras Chloe 👏👏👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Bueno no va hacer facil lo q les esperan pero pa' Lante es paya 💪💪
😜 Betsy 🇻🇪
Hay q bellos 🥰 y con su futuro caracolito 🥰
😜 Betsy 🇻🇪
Muy bien dicho Ángela 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Me encanta Nathan siempre un padre comprensivo 😜
😜 Betsy 🇻🇪
No joda así se habla carajo 👏👏👏👏 ahora sí tienes los pantalones bien puesto 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
No joda Ángela te tardaste en hablar y ya se te adelantaron 😬😬
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play