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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 12. EL COLAPSO DE UN ALGORITMO.

Parte 1: La perspectiva de José

El cuero del asiento del conductor se sentía frío, pero mis manos sudaban sobre el volante mientras devoraba los kilómetros de regreso al pueblo. El viaje de vuelta desde la capital tras la graduación de mi hermana se me estaba haciendo eterno. El motor de mi coche rugía con potencia, una metáfora perfecta de la urgencia salvaje que me ensordecía el pecho. Llevaba la mano derecha apoyada en la palanca de cambios, pero mis dedos no dejaban de desviarse, casi de forma compulsiva, hacia la guantera.

Ahí dentro, resguardada en una pequeña caja de terciopelo azul que me había costado una fortuna, descansaba una joya. Un anillo de compromiso impecable, de oro blanco y con un diamante central que brillaba con una pureza casi dolorosa.

Habían pasado años. Años de jornadas de dieciséis horas, de picar código informático hasta perder la vista, de negociar con fondos de inversión y de levantar TechCore Solutions desde la absoluta nada. Me había matado a trabajar con un único norte en mi cabeza: Estela. Me había jurado a mí mismo que no abriría la boca hasta que fuera un hombre hecho y derecho, un CEO respetado que pudiera ofrecerle una posición sólida, una buena vida y un futuro blindado contra cualquier carencia económica. Ya no era el vecino pesado de veintitrés años que arreglaba los servidores de la carnicería. Era un empresario de éxito. El momento idóneo en mi planificación cronológica había llegado. Iba a declararme en cuanto pusiera un pie en el jardín de mis padres, donde se celebraría la comida familiar de bienvenida.

Aparqué en la entrada de la casa con el corazón martilleándome las costillas a una velocidad estúpida. Me ajusté la chaqueta del traje frente al retrovisor, aspiré el aire limpio del pueblo y caminé hacia el porche trasero con la cajita firmemente oculta en el bolsillo interior. El jardín estaba lleno de risas; mis tíos, mis padres y Laura ya andaban compartiendo los primeros aperitivos.

—¡Ya llegó el gran empresario! —bromeó mi padre, levantando su copa al verme entrar.

Sonreí de forma mecánica, saludando a todos, pero mis ojos se desviaron de inmediato hacia la verja lateral. La madera crujió. Estela cruzó el umbral del jardín. Iba espectacular, radiante, con un vestido ligero que ondeaba con la brisa de la tarde, pero el aire se me congeló por completo en los pulmones y la sonrisa se me desintegró en la cara en una millonésima de segundo.

No venía sola.

Un tipo alto, de hombros anchos, vestido con una camisa de marca impecable y una sonrisa de suficiencia insufrible caminaba a su lado. Y lo peor de todo, lo que me dio un golpe tan seco en el estómago que sentí náuseas reales, fue ver sus dedos. Estela llevaba su mano izquierda firmemente entrelazada con la de ese completo extraño, con una naturalidad y una complicidad que me arrancaron el suelo bajo los pies.

—Familia, lamento la tardanza —anunció Estela con una voz clara, llenando el silencio del jardín, mientras me clavaba una mirada rápida que no supe descifrar—. Quiero presentaros a todos formalmente. Él es Sergio, mi novio.

El mundo se detuvo. Escuché los saludos educados de mis padres y las felicitaciones de mis tíos como si estuviera debajo del agua, en una distorsión sorda y lejana. La cajita del anillo empezó a quemarme contra el pecho, transformándose en el símbolo patético de mi propia estupidez. Sergio era un hombre maduro, con porte elegante, el yerno ideal que hablaba con soltura de su trabajo en la capital. Estela se había rendido de mí. Se había cansado de esperar mis silencios y mis guerras frías, construyendo una vida entera donde yo ya no figuraba en ninguna línea de código. Sentí una mezcla destructiva de celos posesivos, humillación y una tristeza tan honda que me costaba respirar.

No lo soporté. No iba a quedarme allí a interpretar el papel del hermano mayor simpático mientras ese imbécil le tocaba la cintura a la mujer que amaba. Di media vuelta con brusquedad, ignorando las llamadas de mi madre, y caminé a zancadas hacia el lateral de la casa, buscando la soledad del porche delantero para no estallar en pedazos frente a todos.

Parte 2: La perspectiva de Laura

Dejé la copa de refresco sobre la mesa auxiliar del porche y caminé a paso rápido hacia la fachada delantera de la casa, siguiendo el rastro invisible de destrucción que mi hermano había dejado a su paso. Sabía perfectamente lo que iba a ocurrir. Llevaba meses guardándole el secreto a Estela sobre su relación con Sergio en la capital, respetando su espacio, pero ver la cara de José cuando entraron cogidos de la mano me había roto el alma.

Mi hermano era un lince absoluto para levantar imperios informáticos, pero un completo ciego para los tiempos del amor. Había gestionado sus sentimientos como si la vida fuera un programa informático donde los factores humanos se pueden congelar hasta que el balance financiero cuadre. Y el precio de su orgullo estaba siendo devastador.

Lo encontré apoyado contra la barandilla de piedra de la entrada, de espaldas a la puerta, con los hombros caídos y la cabeza gacha. El imponente CEO de TechCore Solutions, el hombre frío y seguro de sí mismo que salía en los periódicos financieros, parecía ahora un castillo de naipes derribado por el viento. Me acerqué despacio, escuchando el sonido sordo de sus respiraciones entrecortadas en mitad del silencio de la calle.

No hicieron falta palabras. En esta historia de malentendidos cruzados que llevaba diez años activa, los discursos no servían para nada.

Me coloqué a su lado y, simplemente, le pasé los brazos alrededor de la cintura, pegando mi cabeza a su espalda en un abrazo firme, protector e incondicional. Sentí cómo el cuerpo de José se tensaba un segundo, intentando sostener la maldita armadura de hermano mayor maduro, pero la presión fue demasiada. Sus hombros empezaron a temblar violentamente. José se giró en redondo, escondió el rostro en mi hombro y se rompió por completo.

Fue un llanto silencioso, pesado, lleno de la frustración acumulada de todos los años que había pasado trabajando en silencio para ser digno de ella, solo para descubrir que había llegado tarde a la estación. Yo me limité a apretarlo con más fuerza, acariciándole la espalda mientras las lágrimas de mi hermano empapaban mi chaqueta. Me dolía en el fondo del pecho verle sufrir así, porque nadie en este mundo deseaba más que yo verlos juntos, pero en ese instante comprendí que las cosas se habían complicado al extremo. José acababa de descubrir que el tiempo no se congela a voluntad del programador, y la herida de su orgullo herido iba a tardar muchísimo tiempo en supurar.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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