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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:4
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Henrique,

Ella se levanta y va a la pista de baile. La miro, y ella me da la espalda. Respiro hondo y suelto un suspiro, ella puede hacer lo que quiera con su vida. Sigo conversando con Tati, pero de vez en cuando miro a Carolina, que ahora, empieza a bailar más suelta. Me levanto y voy a la parte del bar para tomar un whisky, y es en ese momento cuando la veo bailando funk. Sus cabellos negros se balancean al ritmo del baile, y cuando baja, casi sentándose en el suelo, empieza a perrear.

Me acuerdo de cuando la vi en la discoteca, y empiezo a mirar alrededor. Todos los hombres la están mirando, pues de todas allí, ella es la única que está bailando sensualmente. Me trago el whisky de un trago y me acerco a ella, quedando justo a sus espaldas. Los chicos que estaban mirando, desvían las miradas, y ella se gira de frente hacia mí.

—¿A ti no te gusta bailar, qué estás haciendo aquí?

—No debes bailar de esa forma, estás llamando mucho la atención. ¿Estás queriendo avergonzarme?

—Solo quiero divertirme. Al menos de alguna forma.

—Estás casada, Carolina, respétate. —La agarro del brazo, pero ella lo retira.

—Tú también estás casado, y no te respetas. No te comportas como un hombre casado, ¿por qué me estás cobrando ahora? Ah, disculpa, tu amante no puede venir. Lo siento mucho.

—Ella no es mi amante, ¡es mi novia! Si no hubieras chantajeado a mi madre para casarme contigo, me habría casado con ella. —Ella esboza una leve sonrisa de lado, y se aleja de mí, dándome la espalda una vez más. Se acerca a unas mujeres, y empieza a bailar con ellas.

Respiro hondo, bufo, voy hasta ella y la tomo del brazo, llevándola más lejos de la gente, para una conversación más privada. En cuanto la suelto, ella me mira sin entender, y ya empieza a gritar.

—¿CUÁL ES TU PROBLEMA? Esta es la segunda vez que me ves divirtiéndome, y vienes a molestarme. ¿Solo tú puedes hacer las cosas que te gustan? ¿Estoy obligada a quedarme en tu bolsillo como un llavero?

—¿No querías este matrimonio? Entonces lo tuviste, ahora respétame y no te quedes bailando donde otros hombres se quedan mirándote.

—¿Celos de lo que no es tuyo? —Abro la boca para replicar, pero ella continúa, sin dejarme hablar. —Vete, Henrique, vete con tu rubia aguada, ve allá a quedarte con ella, vete. —Ella me empuja con las dos manos, ya empezando a llorar. La agarro de las muñecas, y hago que me mire.

—¿Por qué estás llorando, interesada? —Ella me mira sorprendida. —Sé muy bien lo que hiciste. Ayudaste a mi madre, y ella debe haber preguntado cómo podría retribuirte. Entonces sugeriste que se casara conmigo. Como mi madre odia quedar debiendo favores, acabó obligándome a casarme contigo.

—¿Crees que fue eso lo que pasó? —Asiento con la cabeza. Ella retira sus brazos de mi mano, me encara y me da una bofetada. —Vete al infierno, tú y la mierda de tu dinero. —Ella me da la espalda y se va en dirección al baño. Me paso la mano por el rostro, y miro a los lados, para asegurarme de que nadie vio, pero, mi madre me mira muy seria y se acerca a mí.

—¡Mierda! —Intento recomponerme, pero cuando ella llega, mira mi rostro y después mis ojos. —Ella está borracha y nerviosa...

—Cállate, Henrique. Estoy viendo todo lo que está pasando. Solo voy a decirte una cosa. Mantén este matrimonio al menos hasta que yo muera, pues si Carolina pide el divorcio, te quito de la presidencia de mi empresa en el mismo día.

—La señora está siendo chantajista, madre. Sabe que no la amo, sabe que solo me casé con ella, porque la señora mandó. Si ella pide el divorcio, va a ser un favor para mí.

—Y tu fin también, porque así que salgas de la presidencia, no tendrás más dinero, y con eso, el amor de tu vida se va a ir, te va a abandonar. Tienes que aprender lo que es valor de verdad. Una te ama, y la otra ama tu dinero. —No voy a discutir con mi madre, voy a mostrarle a ella, que Carolina es la que ama mi dinero.

Ella me da la espalda y va al baño, con certeza a consolar a Carolina. Y yo me quedo aquí, parado, mirando hacia la maleza oscura. No debería haber venido para acá, debería haberme quedado en casa, y a esta hora, estaría con Tati, no oyendo tonterías de estas dos.

Algunos minutos después, las dos salen del baño, es nítido que Carolina estaba llorando. Sus ojos están rojos y la punta de su nariz también. Las dos se acercan a mí, Carolina a mi lado y mi madre frente a nosotros.

—Mañana de día, la fiesta va a ser en la piscina, pero en la noche, va a ser de gala. Carol dijo que no trajo vestido, entonces tú vas con ella a comprar uno, ¿entendido? —Asiento con ella, y mi madre se aleja de nosotros.

Nos quedamos en silencio, sin mirarnos por un tiempo. Pero ella da algunos pasos hacia adelante, y yo la llamo.

—¿A dónde vas?

—A dormir, la noche ya fue arruinada. —Ella sigue caminando sin mirar hacia atrás. Voy tras ella, manteniendo una cierta distancia. Hasta que ella entra en el cuarto donde en la puerta están escritos nuestros nombres.

En el cuarto solo hay una cama, no hay sofá y ni siquiera alfombra en el suelo. Por primera vez voy a tener que dividir la cama con ella, solo espero que Tati nunca descubra esto. Ella abre la maleta, saca algo de la bolsa y va al baño.

Algunos minutos después, ella sale con el cabello mojado y usando una camisola blanca, mi color preferido. Trago saliva cuando veo que ella está arreglando la cama para acostarse, pues la camisola tiene un escote que deja una buena parte de sus pechos a la vista.

Cierro los ojos y reprimo ese sentimiento, pues no puedo sentirme atraído por ella, vamos a mantener este matrimonio hasta donde dé, pero mi deseo mismo es que él acabe lo antes posible.

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