Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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Capítulo 3: El cielo escarlata
El bullicio de la capital comenzaba a quedar atrás.
El carruaje del barón Harold Beaumont avanzaba por el camino de regreso mientras los caballos mantenían un paso constante. A través de la ventana, los extensos bosques del Imperio Cristal desfilaban lentamente bajo la cálida luz de la tarde.
Sin embargo...
Alisa apenas era consciente del paisaje.
Desde que salió de aquella extraña librería, su mente no había dejado de recordar el rostro de aquel joven.
Aquellos ojos rojos.
Su expresión serena.
Y la extraña sensación que había invadido todo su cuerpo cuando sus manos se rozaron por un instante.
Llevó una mano a su pecho.
Su corazón ya se había calmado, pero aquella calidez seguía allí, como una pequeña llama que se negaba a extinguirse.
—¿Qué fue esa sensación...? —susurró para sí.
Había conocido a muchas personas desde que renació.
Nobles.
Caballeros.
Magos.
Incluso príncipes de otros reinos durante algunos banquetes.
Jamás había sentido algo semejante.
No era simple curiosidad.
Era...
Como si una parte de ella hubiera estado buscándolo durante mucho tiempo.
Sacudió la cabeza.
—Estoy imaginando cosas...
Su padre dejó a un lado unos documentos y la observó.
—¿Ocurre algo, hija?
Alisa sonrió con naturalidad.
—Nada, padre. Solo estoy un poco cansada.
—La capital siempre termina agotándote.
—Sí...
Mintió.
Porque sabía perfectamente que no era el viaje lo que la tenía distraída.
Muy lejos de allí...
En el centro de la capital se alzaba una enorme fortaleza construida con piedra negra y cristales oscuros.
A diferencia del brillante Palacio Imperial, aquel lugar transmitía una sensación de respeto... y temor.
Era la residencia del Archiduque Arion Drakhar.
El hombre más poderoso después de la familia imperial.
Los sirvientes caminaban en absoluto silencio por los inmensos pasillos.
Nadie levantaba demasiado la voz cuando él estaba presente.
No porque lo hubiera ordenado.
Sino porque su sola presencia bastaba para imponer respeto.
Arion permanecía de pie frente a un enorme ventanal.
Desde allí observaba toda la capital.
Pero en realidad...
No veía nada.
Su mente seguía atrapada en aquel pequeño instante ocurrido esa mañana.
La joven de cabellos castaños.
Sus ojos llenos de curiosidad.
Su torpeza al dejar caer los libros.
Y aquella extraña calidez que había recorrido su cuerpo cuando la sostuvo por un instante.
Frunció ligeramente el ceño.
Aquello era imposible.
Los dragones jamás experimentaban ese tipo de emociones con un desconocido.
Mucho menos él.
Había pasado toda su vida controlando cada uno de sus sentimientos.
Jamás permitía que las emociones gobernaran sus decisiones.
Entonces...
¿Por qué no podía dejar de pensar en ella?
Una suave voz rompió el silencio.
—Mi señor.
El anciano de cabello gris apareció detrás de él e hizo una respetuosa reverencia.
—¿Encontraste algo?
—Aún estoy investigando.
Arion permaneció en silencio.
—Pero logré averiguar algunos detalles.
El anciano abrió una pequeña libreta.
—La joven pertenece a la familia Beaumont.
Hija única del barón Harold Beaumont.
Su padre obtuvo el título nobiliario gracias al comercio entre los reinos del norte y el Imperio Cristal.
No posee afinidad mágica conocida.
No participa en la política.
Y según los rumores...
Es una joven muy inteligente, aunque bastante distraída.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Arion.
Tan breve...
Que incluso el anciano dudó haberla visto.
—Continúa investigando.
—¿Hay algo específico que desee saber?
El Archiduque permaneció unos segundos en silencio antes de responder.
—Todo.
El anciano levantó discretamente una ceja.
Era la primera vez que veía a su señor mostrar interés por alguien.
Y eso lo preocupaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Después de hacer una reverencia, abandonó el salón.
Arion volvió a mirar la ciudad.
Instintivamente llevó una mano a su pecho.
Allí también permanecía aquella extraña sensación.
Una emoción desconocida.
Y eso...
Era precisamente lo que más le inquietaba.
Al caer la tarde, el carruaje de los Beaumont finalmente cruzó las puertas de su residencia.
Alisa descendió junto a su padre.
Los sirvientes recibieron al barón mientras descargaban las mercancías compradas en la capital.
—Puedes descansar, hija —dijo Harold con una sonrisa—. Mañana será otro día ocupado.
—Sí, padre.
Después de despedirse de él, Alisa caminó lentamente hacia el jardín de la mansión.
Siempre que necesitaba ordenar sus pensamientos, aquel era su lugar favorito.
El perfume de las flores la envolvía.
El sonido de la fuente transmitía tranquilidad.
Pero esa paz desapareció en cuestión de segundos.
Algo llamó su atención.
Levantó lentamente la vista hacia el cielo.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¿Qué...?
Las nubes comenzaban a teñirse de un intenso color rojo.
No era el rojo anaranjado de un atardecer común.
Era un escarlata profundo.
Como si el propio cielo estuviera cubierto de sangre.
Los pájaros dejaron de cantar.
El viento se detuvo.
Incluso las flores parecían inclinarse lentamente hacia el suelo.
Los sirvientes comenzaron a murmurar entre ellos.
—¿Qué está ocurriendo?
—Nunca había visto algo así...
—¿Será un fenómeno mágico?
Harold también salió de la casa y levantó la mirada.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Esto no es normal...
En ese mismo instante...
A cientos de kilómetros de allí...
Sobre la cima de una antigua montaña, un enorme dragón negro abrió lentamente sus ojos dorados.
Sus escamas brillaban como el metal bajo el cielo escarlata.
La gigantesca criatura elevó la cabeza hacia las nubes.
Después...
Rugió.
El sonido atravesó montañas, bosques y ciudades enteras.
Como si anunciara el comienzo de una nueva era.
Y, sin que nadie pudiera comprenderlo...
En el pecho de Alisa apareció por un instante un tenue brillo plateado, oculto bajo su ropa.
Ella no lo vio.
Pero una antigua fuerza que había permanecido dormida durante siglos...
Acababa de despertar.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/