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Heredero Del Pecado

Heredero Del Pecado

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:533.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

Saga de
_ Mis hijos hackearon al CEO

"Me entregué a un monstruo y me devolvió el desprecio. Ahora, que no se atreva a tocar a mi hijo."
Hace tres años, Damián me juró amor y me dejó hundida en la deshonra, sola y con un hijo en el vientre. Mi familia rica me echó a la calle, pero aprendí a ser una leona para proteger a mi pequeño Eithan. Ya no soy la niña ingenua que él rompió; ahora soy una guerrera que no se deja humillar por nadie.
Pero el pasado ha vuelto. El mafioso que me abandonó aparece reclamando lo que es suyo, sin saber que este Heredero del Pecado solo tiene una dueña.
Él quiere poder. Yo solo quiero que se mantenga lejos de mi sangre. ¿Podrá el deseo ganarle al odio o terminaremos destruyéndolo todo?

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Capítulo 22: Cenizas en el paladar

La cocina de la mansión, un santuario de acero inoxidable y tecnología que raramente veía a sus dueños, se sentía extrañamente pequeña esa mañana. Me detuve en el umbral, observando una escena que, en cualquier otra circunstancia, me habría hecho reír. Pero hoy, solo me producía una punzada de ironía.

Damián Smirnov, el hombre que hacía temblar los puertos de Italia con una sola mirada, estaba peleándose con una sartén. Tenía la camisa arremangada, revelando los tatuajes que se entrelazaban con las cicatrices de bala en sus antebrazos, y el ceño tan fruncido que parecía estar planeando un asesinato masivo. En realidad, solo estaba intentando cocinar syrniki, esos panqueques de queso rusos que su madre le había dicho que a Eithan le encantarían.

—Se te van a quemar —dije, apoyándome en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

Damián dio un respingo, casi tirando la espátula. Se giró para mirarme y vi una mancha de harina en su mejilla izquierda. Su mirada, siempre tan afilada, estaba nublada por una frustración que no tenía nada que ver con los negocios.

—La receta dice que el fuego debe ser medio. Está en medio —gruñó, aunque su voz carecía de la autoridad habitual.

—El fuego no sabe de recetas, Damián. Tenés que sentirlo —me acerqué, no porque quisiera ayudarlo, sino porque no quería que el desayuno de mi hijo terminara siendo carbón—. Dejate de jugar al chef. Eithan no necesita un cocinero de cinco estrellas, necesita que dejes de actuar como si estuvieras en una misión de guerra cada vez que entrás a la cocina.

—Quiero que coma algo hecho por mí —admitió él, bajando la vista hacia la sartén. Su voz sonó pequeña, casi humana—. Quiero que sepa que puedo cuidar de él de formas que no impliquen armas.

Me quedé en silencio, observando cómo intentaba dar vuelta un panqueque con una torpeza casi enternecedora. Damián estaba sufriendo. Cada rechazo de Eithan, cada vez que el niño lo llamaba "señor malo", le arrancaba un pedazo de ese orgullo que tanto le había costado construir. Y aunque mi corazón seguía blindado, ver al diablo intentando ser un hombre ordinario era una forma de justicia poética.

Eithan entró corriendo a la cocina, con el oso Mishka arrastrando por el suelo. Se detuvo en seco al ver a Damián cerca de los fuegos. El niño se pegó a mi pierna de inmediato, usándome como escudo humano.

—¿Qué hace el señor malo con mi comida, mami? —preguntó con desconfianza.

Damián cerró los ojos por un segundo, asimilando el golpe. Luego, se puso en cuclillas, manteniendo una distancia que Eithan considerara segura.

—Estoy intentando hacerte algo rico, Eithan. Es una comida de donde yo vengo —dijo Damián, forzando una sonrisa que parecía más una mueca de dolor—. Se llaman syrniki. Tienen queso y miel. ¿Querés probar un pedacito?

Eithan miró la sartén y luego miró a Damián.

—No. Mami cocina mejor. Vos rompés las cosas —sentenció el nene, dándose la vuelta para jugar con su camión en el rincón.

Damián se quedó allí, arrodillado en el suelo de mármol, con la espátula en la mano y el alma en los pies. Fue una humillación silenciosa, más efectiva que cualquier insulto que yo pudiera lanzarle. Él estaba aprendiendo que en el mundo de los sentimientos, su poder no valía nada. Su dinero no podía comprar la confianza de un niño que solo conocía la verdad de la ausencia.

—Dejalo, Damián —le dije con suavidad, aunque mis palabras llevaban el filo de la realidad—. No podés forzarlo. El perdón no es un contrato que se firma. Es algo que crece, o no. Y ahora mismo, vos sos terreno seco para él.

Damián se puso de pie, apagando el fuego con un movimiento brusco. El olor a quemado empezó a llenar la habitación. Justo cuando iba a decir algo, la puerta se abrió e Igor entró a paso rápido. Su rostro estaba pálido, y la urgencia en sus ojos detuvo cualquier conversación doméstica.

—Jefe —dijo Igor, ignorándome por completo—, tenemos un problema. Un problema de los grandes.

Damián recuperó su máscara de frialdad en un segundo. La vulnerabilidad desapareció, reemplazada por el depredador que siempre fue.

—Hablá.

—Localizamos al viejo Valente —Igor me lanzó una mirada de soslayo, llena de advertencia—. No se retiró, Alessandra. Lo que te dijo tu madre sobre que estaba solo era una fachada. Ha estado reuniendo a lo que queda de los mercenarios franceses. Interceptamos una comunicación. Saben que están acá.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Mi padre. El hombre que me había dado la vida ahora estaba cazándome como a un animal, dispuesto a destruir lo único bueno que yo había creado: a mi hijo.

—¿Cuándo? —preguntó Damián, su voz volviéndose gélida.

—Pronto. Estimamos que en menos de doce horas intentarán un ataque directo a la mansión. No vienen por una charla, jefe. Vienen a "limpiar el activo". La orden de Valente fue clara: si no puede tener a su heredera de vuelta, prefiere que nadie la tenga. Ni a ella, ni al bastardo.

Esa palabra, "bastardo", hizo que Damián explotara. Agarró a Igor por la solapa de la chaqueta y lo estampó contra la pared con una fuerza brutal.

—¡Nunca vuelvas a usar esa palabra para referirte a mi hijo! —rugió Damián, sus ojos destellando con una locura asesina—. ¡A mi hijo no lo toca nadie! ¿Me escuchaste? ¡Nadie!

—Perdón, jefe... solo repetía las palabras de Valente —balbuceó Igor, recuperando el aliento cuando Damián lo soltó.

Me quedé helada, abrazando a Eithan que había empezado a llorar por los gritos. La realidad nos había alcanzado. No importaba cuántas paredes de cristal tuviera esta mansión, el odio de mi padre era un misil que buscaba nuestro centro.

Damián se giró hacia mí. Ya no era el hombre torpe que quemaba panqueques. Era el monstruo que yo recordaba, pero esta vez, ese monstruo estaba de mi lado.

—Alessandra, llevate al nene arriba. Ahora mismo —ordenó, y esta vez no discutí—. Igor, quiero a todos los hombres en posición. Cámaras térmicas activas, francotiradores en el perímetro y prepará el búnker del subsuelo. Si un solo mercenario pone un pie en el césped, quiero que su cabeza adorne la entrada.

—¿Qué vas a hacer, Damián? —pregunté, con la voz temblorosa.

Él se acercó a mí y, por primera vez, dejó que su mano rozara mi mejilla con una firmeza que me transmitió una seguridad aterradora.

—Voy a terminar lo que tu padre empezó hace tres años, Alessandra. Voy a demostrarle que meterse con un Smirnov es invitar al diablo a cenar. Y esta vez, no va a haber emboscadas que me detengan.

—¡Es mi padre! —exclamé, aunque sabía que la palabra ya no significaba nada.

—Es un hombre muerto —sentenció Damián—. Solo que todavía no se enteró.

Subí las escaleras corriendo con Eithan en brazos, escuchando cómo la mansión cobraba vida con el sonido de armas siendo cargadas y órdenes gritadas en ruso. La paz se había terminado. La tregua doméstica se había roto ante el avance de la guerra real.

Encerrada en la suite, miré a mi hijo, que ahora dormitaba agotado por el llanto, abrazando al oso de Damián. Me di cuenta de que Elena tenía razón: el niño necesitaba a su familia. Pero no por el dinero o el apellido, sino porque en un mundo donde su propio abuelo quería matarlo, solo un monstruo como Damián podía mantenerlo con vida.

El perdón seguía lejos, muy lejos. Pero mientras escuchaba el helicóptero de seguridad sobrevolando la propiedad, supe que si salíamos de esta, Damián Smirnov se habría ganado, al menos, el derecho de luchar por nosotros. La noche caía sobre Nueva York, y con ella, el olor a pólvora empezaba a ganarle la batalla al aroma de los panqueques quemados.

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Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Gladys Dona
Felicitaciones 👏 muy linda tú novela
Gladys Dona
Realmente yo leí la otra y ahora esta pero para entender cada persona primero es esta y después Mis Hijos Hackaron al Ceo
Gladys Dona
En la otra novela cuando Elara tiene un niño y una niña y Eithan entra cuando esta naciendo la nena y Alessandro tiene 2 hijas a la cual andan atrás de los gemelos genio que son hijos solo de Elara y Killian Vane les da el apellido
Natalia Cruz
si nunca dejo de ser dueño de tu corazón!!🥰
Arcadia Med Caudillo
jajaja jajaja pasaron oscuros marrón a grises 😂
Arcadia Med Caudillo
pero según darían la vida por un de ellos y es mentira el propio padre lo abandonó
Gladys Dona
Si Elara era la madre de los gemelos Killian era hermano de Demetri y Julian cuando el creyó que sus padres habían muertos aparecieron y eran unos genios como los gemelos
Arcadia Med Caudillo
sí pero Alexandra también tiene razón el la lastimó y quería que abortara y ella lo amaba 50 50
Gladys Dona
Vuelvo con lo mismo la otra novela Dimitri es el peor y el le gustaba Katia la hermana de Damian pero se deja de una putizorra le llene la cabeza si la hueca es ella envidiosa araña 🕷 ponzoñosa
Gladys Dona
Cuanto niño sufren porque hay madre que le llenan la cabeza a su hijo o sus hijos porque ello tuvieron una convivencia fallida y no los dejan ver a su padre y es ese odio que tienen rencor acá ella le está haciendo pagar lo que el hizo son palabras muy dolorosas Deshazte de eso Es un error y pasar hambre y privarle muchas cosas a su hijo hay que estar pero ella tiene que hablar con Eithan y decirle que no es un hombre malo y de a poco hacer que el niño se acerque a su padre
Gladys Dona
Era el que le falto los huevos qué no tiene y a ella le sobran ovarios para enfrentarse a el cuando le dijo cuantas sartas de barbaridad y ahora quiere al hijo
Gladys Dona
Realmente no se que pasó porque la novela que leí ante Mis Hijos Hackearon al Ceo Damian esta con Alessandra la verdad que primero tendría que haber leído esta y después la otra pero realmente no se que le pasó
Gladys Dona
Se repitió el capítulo
Gladys Dona
Que se trae la Buanca esa pelea con su hermana porque decía que ella iba ser la mujer que Damian según el padre iba a ser trato
Gladys Dona
Que le habrá pasado porque en la Novela Mis hijos Hackearon al Ceo ello están juntos y tienen gemelas también
Almonte De Rodriguez Yamilet: hola lo que pasa es la escritora para enter mejor la trama agregó la historia de Alessandra y Damián y así poder saber dé dónde aparecen ellos
total 1 replies
Ani España
bueno está por tu terquedad de humillarlo a cada rato hora vas a ser vos quien sienta su indiferencia que se que al final se resolverá todo entre ustedes dos es un poquito de tu mismo chocolate
Ani España
ya estuvo suave Alessandra con esa actitud vas a perder a Damián y va ser toda tu culpa por no actuar como mujer echa y derecha después no andas a dar escenas de arrepentimiento porque Damián la espalda te va a voltear
Betty Manzur
no me está gustando está novela que más quiere esa Alexandra que el haga por ella el orgullo la está matando
Betty Manzur
así es chica despierta mata a la víbora de tu hermana
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