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Latidos En La Cumbre

Latidos En La Cumbre

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Elara, una veterinaria de élite en Seattle, lo pierde todo tras una negligencia médica provocada por el estrés de un matrimonio abusivo. Buscando anonimato, se muda a Valle Sombrío para dirigir un refugio de animales al borde de la quiebra. Su llegada choca frontalmente con Jason, un hombre huraño y misterioso que vive en una cabaña aislada tras un accidente en el cuerpo de rescate que le dejó una cojera permanente y un alma cerrada bajo llave.

​La rivalidad estalla cuando Elara intenta modernizar el refugio, mientras Jason cree que la naturaleza debe seguir su curso. Sin embargo, la aparición de animales heridos con marcas de redes ilegales los obliga a unir fuerzas. Entre el frío de la montaña y la calidez del refugio, Elara y Jason descubrirán que las cicatrices más profundas no son las que se ven, sino las que sanan cuando alguien decide quedarse.

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capitulo 5

El descenso desde el refugio hacia el centro de Valle Sombrío fue un ejercicio de equilibrio, tanto para los neumáticos de su SUV como para los nervios de Elara. El sol de la mañana era un disco pálido que no calentaba, pero el resplandor sobre la nieve virgen la obligaba a entrecerrar los ojos, dándole al mundo un aspecto onírico y afilado.

​A medida que se acercaba a la calle principal, Elara sintió que la armadura de su bata blanca desaparecía. Sin el estetoscopio al cuello ni la urgencia de una cirugía, era solo una mujer en un pueblo que parecía haberse congelado en el tiempo, protegida por montañas que actuaban como murallas contra el progreso.

​Aparcó frente a "El Roble Viejo", una cafetería que también servía de tienda de suministros y centro de noticias local. Al bajar del coche, el silencio del pueblo la golpeó. No era el silencio pacífico del bosque, sino uno expectante. Una mujer que barría la nieve de su porche se detuvo a mitad de un movimiento, observándola con una curiosidad descarada. Un par de hombres sentados en un banco, con las manos ocultas en los bolsillos de sus abrigos de lana, interrumpieron su conversación.

​Elara se ajustó el abrigo, sintiendo el peso de las miradas en su nuca. En Seattle, ella era invisible entre la multitud; aquí, cada uno de sus pasos era una declaración de intenciones.

​Empujó la puerta de la cafetería. El calor del interior, cargado de aroma a café quemado, canela y leña, la envolvió de golpe. El tintineo de la campana sobre la puerta actuó como un interruptor de silencio. Las conversaciones en las tres mesas ocupadas bajaron de volumen hasta convertirse en un murmullo indescifrable.

​Caminó hacia el mostrador, tratando de mantener un paso firme y una expresión amable, aunque sentía los músculos faciales rígidos por la falta de práctica. Detrás de la barra, una mujer de unos cincuenta años con el cabello canoso recogido en una trenza apretada la observaba mientras limpiaba un vaso.

​—Buenos días. Soy Elara, la nueva veterinaria del refugio —dijo, extendiendo una mano que la mujer ignoró sutilmente al seguir puliendo el cristal.

​—Ya sabemos quién es, doctora —respondió la mujer con una voz que recordaba al papel de lija—. Las noticias vuelan más rápido que el viento en el desfiladero. Soy Martha. ¿Café negro?

​—Por favor. Y algo para comer, lo que sea que esté fresco.

​Mientras Martha servía el café con movimientos mecánicos, Elara se sentó en un taburete alto. A sus espaldas, el murmullo se reanudó. No eran voces claras, sino jirones de frases que flotaban en el aire denso de la cafetería.

​—...otra de la ciudad. No aguantará hasta el deshielo —susurró una voz de hombre desde la mesa del fondo.

—...el refugio está maldito desde que el viejo Miller murió. Ella solo viene a recoger lo que queda —respondió otra.

​Elara apretó la taza caliente entre sus manos. El calor le devolvió algo de sensibilidad a sus dedos, pero el frío de la recepción del pueblo se le estaba colando en el pecho. Sabía que ganarse la confianza de una comunidad cerrada sería difícil, pero no esperaba ser tratada como un ave de mal agüero.

​El nombre prohibido

​De repente, una frase se escuchó más clara que las demás, pronunciada por un hombre anciano que sostenía un periódico doblado.

​—¿Saben si ya se cruzó con el fantasma de la cabaña? Dicen que Jason bajó ayer al refugio.

​Elara se tensó. El nombre de Jason actuó como un imán para su atención.

​—Ese hombre —dijo Martha, dejando el plato con un trozo de pastel de manzana frente a Elara— debería haberse quedado en la montaña el día del accidente. Hubiera sido más misericordioso.

​Elara miró a Martha, buscando alguna señal de compasión, pero solo encontró una resignación fría.

​—¿Por qué dicen eso? —preguntó Elara, intentando que su voz sonara casual—. He tratado con él. Es... difícil, pero parece saber lo que hace con los animales.

​Un silencio pesado cayó sobre la barra. Martha se apoyó en el mostrador, bajando la voz hasta que fue apenas un aliento.

​—Jason era el mejor de nosotros, doctora. El hijo de oro de Valle Sombrío. Jefe de rescate, el primero en subir cuando nadie más se atrevía. Pero la montaña se cobra sus deudas. Aquel accidente no solo le rompió la pierna; se llevó a su equipo y su orgullo. Dicen que sobrevivió a la nieve, pero perdió el alma allá arriba. Ahora es un animal más, huraño y peligroso. No se acerque demasiado a él, jovencita. La amargura es contagiosa, y ese hombre tiene suficiente para infectar a todo el valle.

​Rumores y verdades a medias

​Elara sintió una punzada de algo que no supo identificar. No era lástima; era una extraña forma de reconocimiento. Ella también había "sobrevivido" a un desastre profesional y personal, y también sentía que una parte de su alma se había quedado en aquella clínica de Seattle, bajo el escrutinio de Marcus.

​—Dicen que ahora trabaja con los traficantes —añadió una mujer desde una mesa cercana, interviniendo sin invitación—. Que los deja pasar por sus tierras a cambio de que lo dejen en paz.

​—Eso es mentira y lo sabes, Irene —replicó el anciano del periódico—. Jason odia a los furtivos tanto como odia a la gente. Simplemente no le importa nada que no respire a cuatro patas.

​La conversación siguió fluyendo a su alrededor como una corriente de agua turbia. Elara se dio cuenta de que Jason era la leyenda negra del pueblo, el chivo expiatorio y el héroe caído, todo en uno. Para el valle, él era una advertencia; para ella, empezaba a ser un enigma que compartía su mismo idioma de cicatrices.

​La curiosidad no deseada

​Cuando terminó su café y se dispuso a pagar, Martha la miró fijamente a los ojos.

​—Un consejo gratis, doctora. En este pueblo, preferimos los problemas que ya conocemos a las soluciones que vienen de fuera con olor a perfume caro. No intente cambiar las cosas demasiado rápido. El refugio ha sobrevivido a duras penas, y si usted agita demasiado el avispero, puede que nadie esté allí para ayudarla cuando las cosas se pongan feas.

​Elara dejó unos billetes sobre el mostrador, sintiendo un nudo de frustración en la garganta.

​—No vengo a agitar nada, Martha. Vengo a curar. Y eso incluye al refugio.

​Salió de la cafetería y el aire gélido la recibió como una bofetada necesaria. Mientras caminaba hacia su coche, sintió que varias cortinas se movían en las ventanas de las casas de enfrente. Valle Sombrío no era solo un lugar geográfico; era un estado mental de sospecha constante.

​Subió al SUV y apoyó la frente contra el volante un momento. El murmullo del valle seguía resonando en sus oídos. "El hombre que perdió el alma". Aquella frase se le quedó grabada. Miró hacia las cumbres nevadas donde Jason vivía aislado.

​Elara se dio cuenta de que su llegada no solo había despertado la curiosidad del pueblo, sino que la había puesto en una trayectoria de colisión con un hombre que el mundo había decidido dar por muerto. Y mientras arrancaba el motor, supo que, a pesar de las advertencias de Martha, no iba a poder mantenerse alejada del "fantasma de la cabaña". Porque en ese valle lleno de secretos y ojos vigilantes, el huraño Jason era el único que parecía hablar con una verdad que ella podía entender.

​El refugio la esperaba con sus propias ruinas, pero ahora, Elara llevaba consigo el peso de los rumores del valle. No solo luchaba contra la nieve y las deudas; ahora luchaba contra el estigma de ser una extraña en una tierra que no quería ser salvada.

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Carmen Malpica
Excelente novela
Felisa Bendisky
excelente novela felicitaciones a la escritora súper recomendado 🥰👏👏👏
Toña Chong Montes
Después de haber leído tantas historias aquí,está novela me fascinó,con una narración limpia,bonita,con toques románticos y de aventura.👏👏👏👍👍👍
Antonia Garcia
muy bonita historia gracias por compartir
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
Celina Espinoza
me gusta🥰/Pray/
Celina Espinoza
excelente historia 🥰😍🙏
Lobelia ❣️
🙏😘😊
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