⚠️🚫Un nuevo "asesino perfecto" aparece en la ciudad. No usa feromonas, usa tácticas militares que Ben reconoce. Y ese es solo el inicio de los problemas de la familia Volkov Masson. 🚫⚠️ 💡Estilo staempunk💡
NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Sombra protectora
El despacho de la mansión Volkov nunca se había sentido tan solemne. Jasper Voss, el jefe de seguridad que no parpadeaba ante un tiroteo, sentía que el cuello de su camisa le apretaba más que cualquier armadura. Frente a él, Ben y Valerius lo observaban con una intensidad que lo hacía sudar frío.
—Capitán, Señor Volkov —comenzó Jasper, cuadrándose como si esperara una sentencia—. No estoy aquí para hablar de los perímetros de seguridad. Estoy aquí porque quiero su permiso... para cortejar formalmente a Sage.
El silencio que siguió fue denso. Ben entrecerró sus ojos azules, analizando la postura de Jasper. Valerius, por su parte, soltó una carcajada ronca que rompió la tensión.
—Has tardado años, Voss —dijo Valerius
apoyando los pies sobre el escritorio—. Pensé que tendría que ordenártelo para que dejaras de mirarlo como un cachorro perdido.
Ben, sin embargo, se puso de pie y caminó hacia Jasper. Su mirada de oficial de élite escrutó el alma del alfa.
—Sage ha pasado por el infierno, Jasper. Tú lo sabes. Si lo haces sufrir, si le fallas o si le rompes la paz que tanto nos costó construir... no habrá rincón en este mundo donde puedas esconderte de mí. ¿Entendido?
Jasper tragó saliva, sosteniendo la mirada del Fantasma.
—Con mi vida, Capitán. No busco poseerlo, busco ser su sombra protectora.
Ben asintió lentamente, una pequeña sonrisa apareciendo en su rostro.
—Tienes nuestro permiso. Ahora, vete. Tienes una cena que organizar y mi hermano es un hombre de gustos sencillos pero corazón exigente.
Dos noches después, Puerto Gris se vestía de gala para ellos. Jasper no eligió un restaurante ruidoso en el centro, sino "El Jardín", un pequeño local escondido en una terraza de cristal cerca de los muelles, donde el ruido del vapor era solo un susurro y la vista al río era limpia.
Sage llegó vistiendo una túnica color arena que resaltaba la calidez de su piel. Su aroma a manzanilla era suave, pero denso, delatando sus nervios. Cuando vio a Jasper esperándolo junto a una mesa iluminada por velas de aceite, su corazón dio un vuelco.
—Estás... estás muy elegante, Jasper —susurró Sage, sentándose.
Jasper, que vestía un traje oscuro, le sonrió con una ternura que solo Sage lograba arrancarle. El aroma a olivo del alfa era una presencia constante, calmante y sólida.
—Tú estás radiante, Sage. Gracias por aceptar venir.
La cena transcurrió entre risas tímidas y confidencias. Hablaron de cosas que no tenían que ver con la guerra. Sage le contó sobre sus plantas en el invernadero y Jasper le habló de su infancia en el campo, lejos del hollín de la ciudad.
—A veces me pregunto si esto es real —dijo Sage, jugando con el borde de su copa de vino—. Durante años, la palabra "alfa" significaba dolor para mí. Pensé que mi destino era ser una sombra en el rincón de un burdel hasta que el opio me borrara.
Jasper dejó su cubierto y estiró la mano sobre la mesa, rozando apenas los dedos de Sage.
—Ese mundo ya no existe para ti, Sage. El hombre que fuiste en esos lugares murió el día que Ben te rescató. El hombre que tengo frente a mí hoy es el corazón de esta familia.
Sage lo miró, sintiendo que sus ojos se humedecían.
—Pero sigo teniendo miedo, Jasper. Miedo de que esto sea un sueño, de que un día te canses de un omega que a veces salta cada vez que escucha un ruido fuerte.
—Nunca —sentenció Jasper con una seguridad gélida—. No te busco porque seas perfecto, Sage. Te busco porque eres tú. Me gusta cómo hablas con tus sobrinos, me gusta cómo preparas tus té de hierbas y me gusta que, a pesar de todo lo que pasaste, sigas teniendo bondad en tu mirada.
Sage sintió un aleteo extraño en el estómago, una sensación de ligereza que nunca antes había experimentado. Eran las famosas "mariposas", pero para él se sentían como pequeñas chispas de vida regresando a un cuerpo que creía muerto.
—¿De verdad me ves así? —preguntó Sage, con voz quebrada.
—Te veo como mi hogar —respondió Jasper—. Y si me lo permites, quiero pasar el resto de mi vida asegurándome de que nunca vuelvas a sentirte solo.
Después de la cena, caminaron por la terraza. El viento soplaba con suavidad, agitando el cabello de Sage. Se detuvieron frente a la barandilla de bronce, mirando las luces de la ciudad reflejadas en el agua. El aroma a olivo envolvió a la manzanilla en una danza invisible de aceptación.
Jasper se giró hacia él, acortando la distancia con la lentitud de quien maneja un cristal delicado. Sus manos grandes tomaron el rostro de Sage, sus pulgares acariciando sus pómulos con una suavidad infinita.
—¿Puedo? —preguntó Jasper, pidiendo permiso, respetando el espacio que Sage tanto valoraba.
Sage no respondió con palabras. Se puso de puntillas y cerró la distancia que faltaba.
El beso fue tierno, lento y cargado de promesas silenciosas. No hubo la urgencia animal de Ben y Valerius, sino una entrega pausada. Sabor a vino dulce y a esperanza. En ese contacto, Sage sintió que los años de encierro se disolvían. Las mariposas en su estómago se convirtieron en un fuego cálido que le recorrió la columna vertebral.
Era la primera vez que un alfa lo besaba por amor, y no por derecho.
Cuando se separaron, Sage apoyó la frente en el pecho de Jasper, escuchando el latido rítmico y fuerte del corazón del alfa.
—Hueles a olivo —susurró Sage, sonriendo contra su camisa.
—Y tú a la paz que tanto busqué —respondió Jasper, besando la coronilla de su cabeza.
Aquella noche, en esa terraza de cristal, Sage Masson dejó de ser la víctima de su pasado. Bajo la protección del olivo, la manzanilla finalmente pudo florecer sin miedo. La dinastía Volkov tenía un nuevo vínculo, uno nacido no de la sangre o el poder, sino de la redención.